La palabra Hierbas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece hierbas.
Estadisticas de la palabra hierbas
Hierbas es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 7613 según la RAE.
Hierbas aparece de media 11.01 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la hierbas en las obras de referencia de la RAE contandose 1673 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Hierbas
Cómo se escribe hierbas o hierrbas?
Cómo se escribe hierbas o hierbaz?
Cómo se escribe hierbas o hiervas?
Cómo se escribe hierbas o ierbas?

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece hierbas
La palabra hierbas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1262
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Había corrido mundo, tenía la deferencia de hablarle siempre en castellano, era entendido en hierbas medicinales, sin arrebatarle por esto sus clientes; en fin: que resultaba la única persona de la huerta capaz de alternar con él. ...
En la línea 1985
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... En platos cóncavos de loza servían las criadas de la taberna las negras y aceitosas morcillas, el queso fresco, las aceitunas partidas, con su caldo, en el que flotaban olorosas hierbas; y sobre las mesas veíase el pan de trigo nuevo, los rollos de rubia corteza, mostrando en su interior la miga morena y suculenta de la gruesa harina de la huerta. ...
En la línea 738
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Arrastrado por su entusiasmo enumeraba al sacerdote, como si éste fuese un cultivador, todas las operaciones que durante el año había que realizar con aquella tierra, sometida a un continuo trabajo para que diese su dulce sangre. En los tres meses últimos del año se abrían las _piletas_, los hoyos en torno de las cepas para que recibiesen la lluvia: a esta labor la llamaban _Chata_. También hacían entonces la poda, que provocaba conflictos entre los viñadores y hasta algunas veces había ocasionado muertes, por si debía hacerse con tijeras, como deseaban los amos, o con las antiguas podaderas, unos machetes cortos y pesados, como lo querían los trabajadores. Luego venía la labor llamada _Cava bien_, durante Enero y Febrero, que igualaba la tierra, dejándola llana como si la hubiesen pasado un rasero. Después el _Golpe lleno_ en Marzo, para destruir las hierbas crecidas con las lluvias, esponjando al mismo tiempo el suelo; y en Junio y Julio la _Vina_, que apretaba la tierra, formando una dura corteza, para que conservase todo su jugo, trasmitiéndolo a la cepa. Aparte de esto, en Mayo azufraban las vides, cuando empezaban a apuntar los racimos, para evitar el _cenizo_, una enfermedad que endurecía los granos. ...
En la línea 784
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Cerca del altar, sentadas en rojos sillones, estaban las señoras de la familia, y detrás los parientes y los empleados. El ara estaba adornada con hierbas del monte y flores del invernadero del hotel de los Dupont. ...
En la línea 1068
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Anduvieron toda una tarde las dos por las colinas vecinas buscando hierbas, y solicitaron de la mujer de _Zarandilla_ los más disparatados ingredientes para una famosa cataplasma que pensaban preparar. Por la noche, los hombres de la gañanía contemplaron en silencio las manipulaciones de las dos brujas en torno de un puchero puesto a la lumbre, con ese respeto crédulo de las gentes del campo por todo lo maravilloso. ...
En la línea 1317
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La alegría de la muchacha, la frescura de su piel de morena fuerte, producían en el señorito cierta emoción. La castidad voluntaria que observaba en su retiro, le hacían ver considerablemente agrandados los encantos de la campesina. Siempre había sentido cierta predilección por la muchacha, encontrando en ella un encanto modesto, pero picante y fuerte, como el perfume de las hierbas del campo. Pero ahora, en la soledad, María de la Luz le parecía superior a la _Marquesita_ y a todas las cantaoras y mozas de arranque de Jerez. ...
En la línea 10806
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Un si lencio de muerte aplastaba toda la naturaleza; el suelo estaba húmedo y resbaladizo por la lluvia que acababa de caer, y las hierbas reanima das despedían su olor con más energía. ...
En la línea 3148
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Sobre las altas hierbas ondulantes extendían los robustísimos castaños, en plena floración, sus gigantescas y sombrosas ramas. ...
En la línea 6276
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Las flores y hierbas aromáticas que crecen en abundancia, difunden en torno sus perfumes. ...
En la línea 7167
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Este es el Dar-dwag—dijo el _mohasni_—; esta es la casa de la corteza, y a esta casa se traen las pieles; todas las que se preparan para usarlas en Tánger se traen a esta casa, y aquí las curten con cal, corteza y hierbas. ...
En la línea 45
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Sólo dos clases de aves se encuentran en las Peñas de San Pablo: el pájaro bobo y el búho. Estas dos aves tienen un carácter tan tranquilo, tan estúpidos, y están tan poco habituadas a recibir visitas, que con mi martillo de geólogo hubiera podido matar cuantas quisiese. El pájaro bobo pone los huevos en la roca pelada; el búho, por el contrario, construye un nido muy sencillo con hierbas marinas. Junto a gran número de esos nidos veíase un pececillo volador que el macho (supongo) había llevado para la hembra ocupada en incubar. Un grueso cangrejo de mar muy activo (Grapsus), que habita en las grietas de las rocas, me daba un espectáculo muy divertido: en cuanto separaba yo de allí a la incubadora, acudía él a robar el pez puesto junto al nido. Sir W. ...
En la línea 50
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... BAHIA o SAN SALVADOR, BRASIL. 29 de febrero.¡Qué delicioso día! Pero la palabra delicioso es harto débil para expresar los sentimientos de un naturalista que por vez primera vaga por un bosque brasileño. Llénanme de admiración la elegancia de las hierbas, la novedad de las plantas parásitas, la hermosura de las flores, el verde deslumbrante del follaje; pero, por encima de todo, el vigor y esplendor general de la vegetación. Extraña mezcla de rumores y de silencio reina en todas las partes cubiertas de bosque. Los insectos hacen tal ruido, que puede oírseles desde el barco, anclado a varios centenares de metros de la costa; sin embargo, en el interior de la selva parece imperar universal silencio. Todo el que ame a la Historia Natural siente en un día como este un placer y un júbilo más intensos que puede prometerse experimentar de nuevo. ...
En la línea 118
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Llenan esas celdas de arañas y orugas, a las cuales parecen saber picar admirablemente con el aguijón, de modo que las paralizan sin matarlas, y allí permanecen medio muertas hasta que se abran los huevos maduros las larvas se alimentan con esa horrible masa de víctimas impotentes, pero vivas aún; ¡tremendo espectáculo que un naturalista entusiasta7 llama, sin embargo, divertido y curioso! Un día observé con mucho interés un combate terrible entre un Pepsis y una gruesa araña del género Lycosa. La avispa arrojóse de repente sobre su presa y voló enseguida. Evidentemente quedó herida la araña, pues al tratar de huir rodó a lo largo de una cuestecilla del terreno; sin embargo, aún le quedó fuerza suficiente para arrastrarse hasta unas matas de hierbas, donde se ocultó. Volvió bien pronto la avispa y pareció sorprenderse al no hallar inmediatamente a su víctima. Comenzó entonces una cacería, tan regular como pudiera serlo la de un perro que persigue a una zorra; voló acá y allá, haciendo vibrar todo el tiempo sus alas y sus antenas. Muy luego fue descubierta la araña; y la avispa, temiendo evidentemente las mandíbulas de su adversaria, maniobró con cuidado para acercarse a ella, y acabó 7 En un manuscrito del British Museum, obra de Mr. Abbot, que ha hecho sus observaciones en Georgia. Véase la Memoria de Mr. A. White en los Annals of Nat. Hist., tomo VII, pág. 472. El teniente Hutton ha descrito un Sphex que vive en las Indias y que tiene las mismas costumbres (Journal of the Asiatic Society, tomo 1, pág. ...
En la línea 123
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Sabido es que cuando un insecto grande queda preso en sus telas, la mayoría de nuestras arañas inglesas tratan de cortar los hilos y poner en libertad a aquél, para salvar sus redes de una destrucción completa. Sin embargo, una vez vi en un invernadero, en 8 Don Félix Azara (tomo I, pág. 175), hablando de un insecto himenóptero perteneciente con toda probabilidad al mismo género, dice que le vio arrastrar el cadáver de una araña a través de altas hierbas, en línea recta hasta su nido, que estaba a una distancia de 163 pasos. Añade que la avispa, con el fin de reconocer el camino, daba de vez en cuando «rodeos de unos tres palmos». ...
En la línea 1390
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Los indígenas continuaban allí, más numerosos que en la víspera. Tal vez eran quinientos o seiscientos. Aprovechándose de la marea baja, algunos habían avanzado sobre las crestas de los arrecifes hasta menos de dos cables del Nautilus. Los distinguía fácilmente. Eran verdaderos papúes, de atlética estatura. Hombres de espléndida raza, tenían una frente ancha y alta, la nariz gruesa, pero no achatada, y los dientes muy blancos. El color rojo con que teñían su cabellera lanosa contrastaba con sus cuerpos negros y relucientes como los de los nubios. De los lóbulos de sus orejas, cortadas y dilatadas, pendían huesos ensartados. Iban casi todos desnudos. Entre ellos vi a algunas mujeres, vestidas desde las caderas hasta las rodillas con una verdadera crinolina de hierbas sostenida por un cinturón vegetal. Algunos jefes se adornaban el cuello con collares de cuentas de vidrio rojas y blancas. Casi todos estaban armados de arcos, flechas y escudos, y llevaban a la espalda una especie de red con las piedras redondeadas que con tanta destreza lanzan con sus hondas. ...
En la línea 2369
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A las dos horas de nuestra partida del Nautilus habíamos atravesado la línea de árboles, y ya, a cien pies por encima de nuestras cabezas, se erguía el pico de la montaña cuya proyección trazaba su sombra sobre la brillante irradiación de la vertiente opuesta. Algunos arbustos petrificados corrían aquí y allá en ondulantes zigzags. Los peces se levantaban en masa bajo nuestros pasos como pájaros sorprendidos en las altas hierbas. La masa rocosa estaba torturada por impenetrables anfractuosidades, profundas grutas, insondables agujeros en cuyos fondos oía yo removerse cosas formidables. La sangre me asaltaba a torrentes el corazón cuando veía una antena enorme cerrarme la ruta o cuando alguna pinza espantosa se cerraba ruidosamente en la sombra de las cavidades. Millares de puntos luminosos acribillaban las tinieblas. Eran los ojos de crustáceos gigantescos, agazapados en sus guaridas, de enormes bogavantes erguidos como alabarderos haciendo resonar sus patas con un estrépito de chatarra, titánicos cangrejos apuntados como cañones sobre sus cureñas, y pulpos espantosos entrelazando sus tentáculos como un matorral vivo de serpientes. ...
En la línea 2465
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El mar de los Sargazos, hablando propiamente, cubre toda la parte sumergida de la Atlántida. Algunos autores han llegado incluso a mantener que las espesas hierbas de las que está sembrado las ha arrancado de las praderas de ese antiguo continente. Es más probable, sin embargo, que esas masas herbáceas, algas y fucos, arrancadas de las orillas de Europa y América, hayan sido arrastradas hasta esa zona por el Gulf Stream. Ésa fue una de las razones que llevaron a Colón a suponer la existencia de un nuevo mundo. Cuando los navíos del audaz explorador llegaron al mar de los Sargazos, navegaron no sin dificultad en medio de estas hierbas que detenían su marcha, con gran espanto de las tripulaciones, y perdieron tres semanas en atravesarlas. ...
En la línea 2465
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El mar de los Sargazos, hablando propiamente, cubre toda la parte sumergida de la Atlántida. Algunos autores han llegado incluso a mantener que las espesas hierbas de las que está sembrado las ha arrancado de las praderas de ese antiguo continente. Es más probable, sin embargo, que esas masas herbáceas, algas y fucos, arrancadas de las orillas de Europa y América, hayan sido arrastradas hasta esa zona por el Gulf Stream. Ésa fue una de las razones que llevaron a Colón a suponer la existencia de un nuevo mundo. Cuando los navíos del audaz explorador llegaron al mar de los Sargazos, navegaron no sin dificultad en medio de estas hierbas que detenían su marcha, con gran espanto de las tripulaciones, y perdieron tres semanas en atravesarlas. ...
En la línea 296
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... A su vez la consideraba Artegui como aquel que, volviendo de países nevados y desiertos, mira a un vallecillo alegre que por casualidad encuentra en el camino. Jamás había visto reunidas en nadie tanta juventud, robustez y frescura. A pesar de la noche pasada en ferrocarril, estaba el rostro de Lucía más lozano que unas hierbas de San Juan, y sus cabellos revueltos y a trechos aplastados, le prestaban cierto aspecto de ninfa que sale del baño, destocada y húmeda. Reíansele los ojos, las facciones todas, y el sol, indiscreto cronista de los cutis marchitos, jugaba sin temor entre el dorado imperceptible vello que tapizaba las mejillas de la niña, tiñéndolas con tonos calientes de rancio mármol. ...
En la línea 586
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -En eso yerra usted, hija -dijo Artegui soltándole la mano con uno de sus lánguidos movimientos de autómata-. Es lo contrario lo que sucede. Cuando nace y se engendra la tristeza de alguna causa, puede desaparecer si la causa cesa; pero si la tristeza brota espontáneamente como esas malas hierbas y esos juncos que usted ve al borde del pantano; si está en nosotros; si forma la esencia de nuestro ser mismo; si no se encuentra aquí ni allí solamente, sino en todas partes; si ninguna cosa de la tierra alcanza a darle alivio, entonces… créame usted, niña, el enfermo está desahuciado. No hay esperanza. ...
En la línea 1185
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Al andar así vagando, Picaporte descubrió algunas violetas entre las hierbas. ...

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Más información sobre la palabra Hierbas en internet
Hierbas en la RAE.
Hierbas en Word Reference.
Hierbas en la wikipedia.
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