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La palabra jugar
Cómo se escribe

la palabra jugar

La palabra Jugar ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Niebla de Miguel De Unamuno
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece jugar.

Estadisticas de la palabra jugar

Jugar es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1288 según la RAE.

Jugar tienen una frecuencia media de 71.62 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la jugar en 150 obras del castellano contandose 10886 apariciones en total.

Más información sobre la palabra Jugar en internet

Jugar en la RAE.
Jugar en Word Reference.
Jugar en la wikipedia.
Sinonimos de Jugar.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece jugar

La palabra jugar puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1260
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Ambos emprendían una interminable conversación, y los discípulos abandonaban los bancos para oírlos de cerca o iban a jugar con las ovejas, que rumiaban la hierba de los ribazos cercanos. ...

En la línea 2158
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Cada vez que veía a su marido limpiando los dos cañones del arma, cambiando los cartuchos o haciendo jugar la palanca para convencerse de que se abría con suavidad, pasaba por su memoria la imagen del presidio y la terrible historia del tío Barret. ...

En la línea 1326
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --¡Pero, sosa, mala sombra! ¡Si ha sido sin intención; nada más que por jugar, para ver ese hociquillo tan mono que pones cuando te enfadas!... ...

En la línea 937
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Como la cita con el rey no era hasta las doce, había proyectado con Porthos y Aramis ir a jugar a la pelota a un garito situado al lado de las caballerizas del Luxemburgo. ...

En la línea 4401
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Cuál?-Es que, como me aburría cruelmente, como vos decís, y tenía en mi bolsillo las sesenta y cinco pistolas que vos me habéis dado, para distraerme hice subir a mi c uarto a un gentilhombre que estaba de pa so y al cual propuse jugar una partidita de dados. ...

En la línea 5165
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Pues qué habéis hecho además?-Después de haber perdido mi ca ballo (nueve contra diez, ved qué suerte), me vino la idea de jugar el vuestro. ...

En la línea 5179
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Pero ¿qué pudisteis jugar si no os quedaba nada?-Sí quedaba, amigo mío, sí quedaba; nos quedaba ese diamante que brilla en vuestro dedo, y en el que me fijé ayer. ...

En la línea 5277
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Este Ginés, pues, temeroso de no ser hallado de la justicia, que le buscaba para castigarle de sus infinitas bellaquerías y delitos, que fueron tantos y tales, que él mismo compuso un gran volumen contándolos, determinó pasarse al reino de Aragón y cubrirse el ojo izquierdo, acomodándose al oficio de titerero; que esto y el jugar de manos lo sabía hacer por estremo. ...

En la línea 5656
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En lo que yo pienso entretenerme es en jugar al triunfo envidado las pascuas, y a los bolos los domingos y fiestas; que esas cazas ni cazos no dicen con mi condición ni hacen con mi conciencia. ...

En la línea 6634
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -¿Cómo tengo de caminar, desventurado yo -respondió Sancho-, que no puedo jugar las choquezuelas de las rodillas, porque me lo impiden estas tablas que tan cosidas tengo con mis carnes? Lo que han de hacer es llevarme en brazos y ponerme, atravesado o en pie, en algún postigo, que yo le guardaré, o con esta lanza o con mi cuerpo. ...

En la línea 522
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Durante los seis meses últimos he tenido ocasión de estudiar el carácter de los habitantes de estas provincias. Los gauchos o campesinos son muy superiores a los habitantes de la ciudad. Invariablemente, el gaucho es muy servicial, muy cortés, muy hospitalario; nunca he visto un ejemplo de grosería o de inhospitalidad Lleno de modestia cuando habla de sí mismo o de su país, al mismo tiempo es atrevido y valiente. Por otra parte, siempre se oye hablar de robos y homicidios; la costumbre de llevar cuchillo es la principal causa de estos últimos. Es deplorable pensar en el número de muertes causadas por insignificantes disputas. Cada uno de los combatientes trata de tocar a su adversario en la cara, de cortarle la nariz o de arrancarle los ojos; prueba de ello, las horribles cicatrices que casi todos llevan. Los robos provienen naturalmente de las arraigadas costumbres de jugar y beber de los gauchos y de su indolencia suma. Una vez pregunté en Mercedes a dos hombres, con quienes me encontré, por qué no trabajaban. «Los días son demasiado largos», me respondió el uno; «soy demasiado pobre», me contestó el otro. Hay siempre un número de caballos tan grande y tal profusión de alimentos, que no se siente la necesidad de industria. Además, es incalculable el número de los días feriados; por último, una empresa no tiene algunas probabilidades de buen éxito sino comenzándola en luna creciente; de suerte que estas dos causas hacen perder la mitad del mes. Nada hay menos eficaz que la policía y la justicia. Si un hombre pobre comete un homicidio, se le encarcela y hasta quizá se le fusila; pero si es rico y tiene amigos, puede contar con que el asunto no tendrá ninguna mala consecuencia para él. Es de advertir que la mayoría de los habitantes respetables del país ayudan invariablemente a los homicidas a escaparse; parecen pensar que el asesino ha cometido un delito contra el gobierno y no un crimen contra la sociedad. Un viajero no tiene otra protección sino sus armas de fuego, y el hábito constante de llevarlas es lo único que impide mayor frecuencia en los robos. ...

En la línea 718
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Al día siguiente, 28, supimos felizmente, al volver, que había reinado la tranquilidad más perfecta; los salvajes se ocupaban, cuando llegamos, en pescar desde sus canoas. Se decidió el capitán a que regresaran al barco dos de nuestras lanchas y a ir con las otras dos a explorar las partes occidentales del canal del Beagle, y se propuso visitar a la vuelta el establecimiento que acababa- de fundar. Toma el mando directo de uno de los botes, en el que tuvo la bondad de permitirme que le acompañase, y confía el del otro a Mister Hammond. Salimos, y con gran sorpresa nuestra observamos un calor extraordinario, tanto que nos angustia. Con este admirable tiempo la vista que presenta el canal es hermosísima. Delante y detrás de nosotros se extiende esta sábana de agua encajada entre las montañas que se confunden en el horizonte. La presencia de varias ballenas inmensas proyectando agua en diferentes direcciones probaba, sin género de duda, que nos encontrábamos en un brazo de mar. Entonces tuve ocasión de ver dos de estos monstruos, probablemente macho y hembra, jugar contra las piedras de la costa cubierta de árboles, cuyas ramas se bañaban en el agua. ...

En la línea 1729
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... a este propósito cuenta la anécdota siguiente: se iba a poner a jugar a las cartas, cuando un alemán, uno de los huéspedes, se levanta y dice que no consentirá jamás, en este país, estar en un gabinete con la puerta cerrada, porque había corrido riesgo de ser aplastado en Copiapó por esta circunstancia. dirige, pues, a la puerta para abrirla, y apenas la había abierto, grita: «¡Un terremoto!» Era el famoso choque que comenzaba ...

En la línea 2259
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... uí como en todas partes cambian las modas con bastante frecuencia; pero quieras o no quieras, hay que someterse a dejar que reine cuando se es joven. este modo cada viejo lleva impresa, por decirlo así, su edad en su cuerpo y no puede jugar a los pollos ...

En la línea 2335
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En efecto, aunque el jefe de Fomento aseguraba que todos los vetustenses eran unos chambones, no era esto más que un pretexto para subir al cuarto del crimen en busca de más pingües y rápidas ganancias; porque jugar se jugaba en el Casino de Vetusta con una perfección que ya era famosa. ...

En la línea 2356
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Antes venía de su pueblo durante las ferias a jugar al tresillo; después se hizo diputado provincial para venir a jugar al tresillo también, y por fin se hizo vecino de Vetusta para no separarse nunca de aquellos espadas a quien admiraba, de camino que les hacía ricos sin sospecharlo. ...

En la línea 2356
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Antes venía de su pueblo durante las ferias a jugar al tresillo; después se hizo diputado provincial para venir a jugar al tresillo también, y por fin se hizo vecino de Vetusta para no separarse nunca de aquellos espadas a quien admiraba, de camino que les hacía ricos sin sospecharlo. ...

En la línea 2558
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En el salón de baile, donde no se permitía jugar ni tomar café, se paseaban los señores de la Audiencia y otros personajes, v. ...

En la línea 488
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Barbarita, que conocía bien a su amiga, no machacaba como D. Baldomero, dejándola comer lo que quisiese o no comer nada. Si por acaso estaba en la mesa el gordo Arnaiz, se permitía algunas cuchufletas de buen género sobre aquellos antiquísimos estilos de santidad, consistentes en no comer. «Lo que entra por la boca no daña al alma. Lo ha dicho San Francisco de Sales nada menos». La de Pacheco, que tenía buenas despachaderas, no se quedaba callada, y respondía con donaire a todas las bromas sin enojarse nunca. Concluida la comida, se diseminaban los comensales, unos a tomar café al despacho y a jugar al tresillo, otros a formar grupos más o menos animados y chismosos, y Guillermina a su sillita baja y al teje maneje de las agujas. Jacinta se le ponía al lado y tomaba muy a menudo parte en aquellas tareas, tan simpáticas a su corazón. Guillermina hacía camisolas, calzones y chambritas para sus ciento y pico de hijos de ambos sexos. ...

En la línea 821
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Qué tropa, Dios! —exclamó la zancuda con indignación de celador de ornato público, que no causó efecto—. Cuidado donde se van a poner… ¡Fuera, fuera!… y tú, pitoja, recoge a tu hermanillo, que le vamos a espachurrar». Estas amonestaciones de una autoridad tan celosa fueron oídas con el más insolente desdén. Uno de los mocosos arrastraba su panza por el suelo, abierto de las cuatro patas; el otro cogía puñados de arena y se lavaba la cara con ella, acción muy lógica, puesto que la arena representaba el agua. «Vamos, hijos, quitaos de en medio—les dijo Guillermina a punto que la zancuda destruía con el pie el lavadero, gritando—: Sinvergüenzonas, ¿no tenéis otro sitio donde jugar? ¡Vaya con la canalla esta… !». y echó adelante resuelta a destruir cualquier obstáculo que se pusiera al paso. Las otras chiquillas cogieron a los mocosos, como habrían cogido una muñeca, y poniéndoselos al cuadril, volaron por aquellos corredores. ...

En la línea 1173
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Si habrá nacido de pie este bendito Plácido—dijo D. Baldomero a su nuera—, que hasta se saca la lotería sin jugar!». ...

En la línea 1489
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El chico le echó los brazos al cuello y miró a los demás con rencor, como indignado de la nota infamante que se quería arrojar sobre su estirpe. Los otros niños se le llevaron para jugar, no sin que antes le hiciera Jacinta muchas carantoñas, por lo cual dijo Benigna que no debía darle tan fuerte. ...

En la línea 125
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Hombre, de jugar, jugar bien. ...

En la línea 126
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¿Y por qué no jugar mal? ¿Y qué es jugar bien y qué jugar mal? ¿Por qué no hemos de mover estas piezas de otro modo que como las movemos? ...

En la línea 126
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¿Y por qué no jugar mal? ¿Y qué es jugar bien y qué jugar mal? ¿Por qué no hemos de mover estas piezas de otro modo que como las movemos? ...

En la línea 126
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¿Y por qué no jugar mal? ¿Y qué es jugar bien y qué jugar mal? ¿Por qué no hemos de mover estas piezas de otro modo que como las movemos? ...

En la línea 428
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿Hay alguna señorita Havisham en el pueblo? - replicó mi hermana -. Quiere que se le mande a ese muchacho para que vaya a jugar a su casa. Y, naturalmente, irá. Y lo mejor que podrá hacer es jugar allí - explicó mi hermana meneando la cabeza al mirarme, como si qu¬isiera infundirme los ánimos necesarios para que me mostrase extremadamente alegre y juguetón -. Pero si no lo hace, se las verá conmigo. ...

En la línea 432
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Alguien - replicó suavemente Joe - mencionó el hecho de que ella quería que fuese el chico allí para jugar. ...

En la línea 433
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿Y no es posible que haya preguntado al tío Pumblechook si conoce algún muchacho para que vaya a jugar a su casa? ¿No puede ser que el tío Pumblechook sea uno de sus arrendatarios y que algunas veces, no diré si cada trimestre o cada medio año, porque eso tal vez sería demasiado, pero sí algunas veces, va allí a pagar su arrendamiento? ¿Y no podría, entonces, preguntar ella al tío Pumblechook si conoce algún muchacho para que vaya a jugar a su casa? Y como el tío Pumblechook es hombre muy considerado y que siempre nos recuerda cuando puede hacernos algún favor, aunque tú no lo creas, Joe - añadió en tono de profundo reproche, como si mi amigo fuese el más desnaturalizado de los sobrinos -, nombró a este muchacho, que está dando saltos de alegría - cosa que, según declaro solemnemente, yo no hacía en manera alguna y por el cual he sido siempre una esclava. ...

En la línea 433
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿Y no es posible que haya preguntado al tío Pumblechook si conoce algún muchacho para que vaya a jugar a su casa? ¿No puede ser que el tío Pumblechook sea uno de sus arrendatarios y que algunas veces, no diré si cada trimestre o cada medio año, porque eso tal vez sería demasiado, pero sí algunas veces, va allí a pagar su arrendamiento? ¿Y no podría, entonces, preguntar ella al tío Pumblechook si conoce algún muchacho para que vaya a jugar a su casa? Y como el tío Pumblechook es hombre muy considerado y que siempre nos recuerda cuando puede hacernos algún favor, aunque tú no lo creas, Joe - añadió en tono de profundo reproche, como si mi amigo fuese el más desnaturalizado de los sobrinos -, nombró a este muchacho, que está dando saltos de alegría - cosa que, según declaro solemnemente, yo no hacía en manera alguna y por el cual he sido siempre una esclava. ...

En la línea 2414
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «Pero llevad cuidado y no pretendáis jugar conmigo como el gato con el ratón. Esto no es noble, Porfirio Petrovitch, y yo no lo puedo permitir. Si seguís así, me levantaré y os arrojaré a la cara toda la verdad. Entonces veréis hasta qué punto os desprecio.» ...

En la línea 88
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Su orden de jugar a la ruleta me había producido el efecto de un golpe en la cabeza. Cosa extraña: entonces, que tenía tantos motivos de meditación, me absorbía en el análisis de los sentimientos que experimentaba respecto a Paulina. A decir verdad, durante esos quince días de ausencia tenía el corazón menos oprimido que en el día de regreso. Sin embargo, durante el viaje había sentido una angustia loca, desvariando constantemente y viéndola en todo instante como en sueños. Una vez —fue en Suiza—me dormí en el vagón y empecé a hablar, según parece, en voz alta con Paulina, lo que motivó las risas de mis compañeras de viaje. ...

En la línea 94
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... No tenía tiempo para reflexionar el porqué ni en qué plazo era preciso ganar ni qué nuevas fantasías estarían germinando en aquella cabecita que constantemente calculaba. Además, durante aquellos quince días era evidente que habían ocurrido una multitud de nuevos hechos, de los que no me había dado todavía cuenta. Era menester averiguarlo, aclararlo todo lo más pronto posible. Pero, por lo pronto, no era cuestión de eso… Yo debía ir a jugar y ganar a la ruleta. ...

En la línea 96
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Confieso que aquella misión me era desagradable. Aunque decidido a jugar, no pensaba empezar por cuenta ajena. ...

En la línea 100
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Cuando, por primera vez en mi vida, puse los pies en la sala, permanecí algún tiempo dudando antes de jugar. Además, la gente paralizaba mis movimientos. Pero aunque hubiese estado solo habría ocurrido exactamente lo mismo. Creo que, en vez de jugar, quizá me habría salido en seguida. Lo confieso: el corazón me latía con violencia y no estaba tranquilo. Desde hacía tiempo estaba persuadido de que no saldría de Ruletenburg sin una aventura, sin que algo radical y definitivo se mezclase fatalmente a mi destino. Así debe ser y así será. ...

En la línea 572
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Una tarde de la primavera de 1818, una mujer de aspecto poco agradable se hallaba sentada frente a la puerta de la taberna, mirando jugar a sus dos pequeñas hijas, una de pelo castaño, la otra morena, una de unos dos años y medio, la otra de un año y medio. ...

En la línea 917
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Prefería Miranda el salón de lectura, donde hallaba cantidad de periódicos españoles, incluso el órgano de Colmenar, que leía dándose tono de hombre político. A Perico se le encontraba con más frecuencia en otro departamento tétrico como una espelunca, las paredes color de avellana tostada, los cortinajes gris sucio con franjas rojas, donde una hilera de bancos de gutapercha moteada hacía frente a otra hilera de mesas, cubiertas con el sacramental, melodramático y resobadísimo tapete verde. Así como la marea al retirarse va dejando en la playa orlas paralelas de algas, así se advertían en los respaldos de los bancos de gutapercha roja series de capas de mugre, depositadas por la cabeza y espaldas de los jugadores, señales que iban en aumento desde el primer banco hasta el último, conforme se ascendía del inofensivo piquet al vertiginoso écarté, porque la hilera empezaba en el juego de sociedad, acabando en el de azar. Los bancos de la entrada estaban limpios, en comparación de los del fondo. Aquella pieza donde tan nefando culto se tributaba a la Ninfa de las aguas fue testigo de hartas proezas de Perico, que, por su semejanza con todas las de la misma laya, no merecen narrarse. Ni menos requiere ser descrito el espectáculo, caro a los novelistas, de las febriles peripecias que en torno de las mesas se sucedían. Tiene el juego en Vichy algo de la higiénica elegancia del pueblo todo, cuyos habitantes se complacen en repetir que en su villa nadie se levantó la tapa de los sesos por cuestión del tapete verde, como sucede en Mónaco a cada paso; de suerte que no se presta la sala del Casino a descripciones del género dramático espeluznante; allí el que pierde se mete las manos en los bolsillos, y sale mejor o peor humorado, según es de nervioso o linfático temperamento, pero convencido de la legalidad de su desplume, que le garantizan agentes de la Autoridad y comisionados de la Compañía arrendataria, presentes siempre para evitar fraudes, quimeras y otros lances, propios solamente de garitos de baja estofa, no de aquellas olímpicas regiones en que se talla calzados los guantes. Es de advertir que Perico, aun siendo de los que más ayudaban a engrasar y bruñir con la pomada de su pelo y el frote de sus lomos los bancos de gutapercha, no realizaba el tipo clásico del jugador que anda en estampas y aleluyas morales y edificantes. Cuando perdía, no le ocurrió jamás tirarse de los cabellos, blasfemar ni enseñar los puños a la bóveda celeste. Eso sí, él tomaba cuantas precauciones caben, a fin de no perder. Análogo es el juego a la guerra: dícese de ambos que los decide la suerte y el destino; pero harto saben los estratégicos consumados que una combinación a la vez instintiva y profunda, analítica y sintética, suele traerles atada de manos y pies la victoria. En una y otra lucha hay errores fatales de cálculo que en un segundo conducen al abismo, y en una y otra, si vencen de ordinario los hábiles, en ocasiones los osados lo arrollan todo y a su vez triunfan. Perico poseía a fondo la ciencia del juego, y además observaba atentamente el carácter de sus adversarios, método que rara vez deja de producir resultados felices. Hay personas que al jugar se enojan o aturden, y obran conforme al estado del ánimo, de tal manera, que es fácil sorprenderlas y dominarlas. Quizá la quisicosa indefinible que llaman vena, racha o cuarto de hora no es sino la superioridad de un hombre sereno y lúcido sobre muchos ebrios de emoción. En resumen: Perico, que tenía movimientos vivos y locuacidad inagotable, pero de hielo la cabeza, de tal suerte entendió las marchas y contramarchas, retiradas y avances de la empeñada acción que todos los días se libraba en el Casino, que después de varias fortunitas chicas, vino a caerle un fortunón, en forma de un mediano legajo de billetes de a mil francos, que se guardó apaciblemente en el bolsillo del chaleco, saliendo de allí con su paso y fisonomía de costumbre, y dejando al perdidoso dado a reflexionar en lo efímero de los bienes terrenales. Aconteció esto al otro día de aquel en que Lucía manifestara a Pilar tal interés por la salud de la madre de Artegui. Era Perico naturalmente desprendido, a menos que careciese de oro para sus diversiones, que entonces escatimaría un maravedí, y avisando a Pilar que estaba en el salón de Damas, reuniose con ella en la azotea, y le dijo dándole el brazo: ...

En la línea 10
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Lo cierto era que desde hacía largos años Phileas Fogg no había dejado Londres. Los que tenían el honor de conocerle más a fondo que los demás, atestiguaban que -excepción hecha del camino diariamente recorrido por él desde su casa al club- nadie podía pretender haberio visto en otra parte. Era su único pasatiempo leer los periódicos y jugar al whist. Solía ganar a ese silencioso juego, tan apropiado a su natural, pero sus beneficios nunca entraban en su bolsillo, que figuraban por una suma respetable en su presupuesto de caridad. Por lo demás- bueno es consignarlo-, míster Fogg, evidentemente jugaba por jugar, no por ganar. Para él, el juego era un combate, una lucha contra una dificultad; pero lucha sin movimiento y sin fatigas, condiciones ambas que convenían mucho a su carácter. ...

En la línea 78
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -Os toca jugar a vos -dijo Phi leas Fogg. ...

En la línea 1247
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Esos narigudos forman una corporación particular, colocada bajo la advocación directa del dios Tingú. Vestidos cual héroes de la Edad Media, llevaban un espléndido par de alas en sus espaldas. Pero lo que especialmente los distinguía, era una nariz larga con que llevaban adornado el rostro, y, sobre todo, el uso que de ella hacían. Esas narices no eran otra cosa más que unos bambúes, de cinco, seis y aun diez pies de longitud, rectos unos, encorvados otros, lisos éstos, verrugosos aquellos. Sobre estos apéndices, fijados con solidez, se verificaban los ejercicios de equilibrio. Una docena de los sectarios del dios Tingú se echaron de espaldas, y sus compañeros se pusieron a jugar sobre sus narices enhiestas cual pararrayos, saltando, volteando de una a otra y ejecutando suertes inverosímiles. ...

En la línea 1436
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -A bordo de los buques- repuso el inspector- teníais costumbre de jugar vuestra partida de whist. ...


la Ortografía es divertida

Errores Ortográficos típicos con la palabra Jugar

Cómo se escribe jugar o jugarr?
Cómo se escribe jugar o gugar?
Cómo se escribe jugar o jujar?

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