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La palabra bello
Cómo se escribe

la palabra bello

La palabra Bello ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece bello.

Estadisticas de la palabra bello

Bello es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4644 según la RAE.

Bello tienen una frecuencia media de 19.62 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la bello en 150 obras del castellano contandose 2982 apariciones en total.

Más información sobre la palabra Bello en internet

Bello en la RAE.
Bello en Word Reference.
Bello en la wikipedia.
Sinonimos de Bello.

Algunas Frases de libros en las que aparece bello

La palabra bello puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1906
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Olvidáis ese bello pañuelo bordado, blasonado. ...

En la línea 2067
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Su caminar era el de una reina o de una diosa; sus ojos, que despedían reflejos de esmeralda, eran perfectamente bello s, y al mismo tiempo llenos de dulzura y de majestad. ...

En la línea 5425
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Porthosaprovechó la circunstancia para echar una ojeada a las mujeres; gracias a los buenos cuidados de Mosquetón, el, exterior estaba lejos de anunciar las penurias del interior: su sombrero estaba ciertamente algo pelado, su pluma descolorida, sus brocados algo des lustrados, sus puntillas bastante raídas, pero a media luz todas estas bagatelas desaparecían y Porthos seguía siendo el bello Porthos. ...

En la línea 8495
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady volvió a sentarse echando espuma; el oficial se inclinó, la miró a su vez y pareció sorprendido al ver aquel rostro, tan bello no hacía mucho, trastornado por la rabia y vuelto casi repelente. ...

En la línea 965
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Era un altar druida, el más bello y completo de cuantos yo había visto hasta entonces. ...

En la línea 2201
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Venga usted conmigo, puesto que usted tiene también un alma noble y sensible capaz de apreciar lo bello; venga usted conmigo y le enseñaré un cuadro de Murillo que... ...

En la línea 2331
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Poco hay que decir de Córdoba, ciudad pobre, sucia y triste, llena de angostas callejuelas, sin plazas ni edificios públicos dignos de atención, salvo y excepto su Catedral, dondequiera famosa; su emplazamiento es, sin embargo, bello y pintoresco. ...

En la línea 2643
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero, con su melancolía y todo, ¡qué interesante, más aún, qué espléndido lugar es Salamanca! ¡Cuán soberbias sus iglesias, qué estupendos sus conventos abandonados, y con qué sublime pero adusta grandeza sus enormes y ruinosos muros, que coronan la escarpada orilla del Tormes, miran al ameno río y a su venerable puente! ¡Lástima que de los muchos ríos de España casi ninguno sea navegable! El Tormes es bello, pero de poca agua, y en lugar de ser manantial de prosperidades y de riqueza para esta parte de Castilla, sólo sirve para mover unos cuantos pequeños molinos instalados en las presas de piedra que de trecho en trecho atraviesan el cauce. ...

En la línea 2767
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Trabuco tenía que confesarse inferior a este que era su bello ideal. ...

En la línea 5673
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Cuando Camoirán llegó a Vetusta, se vio acosado por el bello sexo de todas las clases: todas querían al Obispo por padre espiritual. ...

En la línea 6644
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Ripamilán, casi oculto entre las faldas de doña Petronila, a quien llevaba enfrente, iba en sus glorias; no por su contacto con el Gran Constantino, sino por ir entre damas, bajo sombrillas, oliendo perfumes femeniles, y sintiendo el aliento de los abanicos; ¡salir al campo con señoras! ¡la bucólica cortesana, o poco menos! El bello ideal del poeta setentón, del eterno amador platónico de Filis y Amarilis con corpiño de seda, se estaba cumpliendo. ...

En la línea 13562
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Esto era para la de Fandiño el bello ideal de la coquetería. ...

En la línea 344
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Calixto III, que únicamente pensaba en su guerra contra los turcos, se confió a la pericia de este cardenal de veintiséis años, encargándole todos los asuntos de Roma y los Estados pontificios. Según los historiadores de la época, tenía hermosa figura y una naturaleza ardientemente sensual, que sojuzgaba al otro sexo con fuerza irresistible. Un contemporáneo, Gaspar de Verona, lo describía así: «Es bello, de semblante sereno y gracioso, de una elocuencia dulce y llena de ornato. Con sólo mirar a las mujeres nobles, enciende en ellas el amor con maravilloso modo, y las atrae a sí más fuertemente que el imán atrae el hierro.» ...

En la línea 588
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Repartíase entre los poderosos el bálsamo protector de la hija de Cicerón para usos medicinales, y el cadáver de quince siglos, bello como la antigüedad clásica, se disgregaba a las cuarenta y ocho horas bajo la acción del aire y la luz, falto de su envoltura líquida. La blanca Venus había vuelto a la Tierra. ...

En la línea 1244
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Además, César nunca fue en sus combinaciones criminales amigo de tapujos. Luego de organizar el bello engaño de Sinigaglia para librarse de sus capitanes rebeldes, se jactó de la maestría con que había preparado dicha ejecución. Mataba él mismo, baje el imperio de su cólera, o confiaba el homicidio a sus íntimos, públicamente, asumiendo la responsabilidad. ...

En la línea 1266
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Las bodas de Lucrecia y Alfonso se celebraron en Roma al principio del verano de 1498. Presentábase el novio en la ciudad papal, dotado por su tío el rey de Nápoles con los ducados de Biseglia y de Quadrata. Al contrario de su hermana Sancha, este Alfonso era débil de carácter y algo tímido. Tenía diecisiete años, uno menos que Lucrecia, y no parecía sentir gran entusiasmo por el matrimonio. En cam blo, la hija del Papa mostró una verdadera pasión por este joven napolitano, esbelto, elegante y de bello rostro. Su carácter, siempre pasivo hasta entonces, se caldeó con el fuego del deseo. Fue ella la que amó verdaderamente, y el duque de Biseglia se dejó admirar, correspondiendo con cierta tranquilidad a los transportes de su esposa. ...

En la línea 826
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Ella no es inglesa, Yáñez. Me habló de un mar más azul y más bello que el nuestro que baña las costas de su patria; me habló de una tierra cubierta de flores que domina un volcán humeante, de un paraíso terrestre donde se habla una lengua armoniosa que nada tiene de común con la inglesa. ...

En la línea 887
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Transcurrió así todo el día, sin que el capitán Nemo me honrara con su visita. No se descubrieron los cristales de observación, como si se quisiera evitar que nuestros sentidos se mellaran en la costumbre de tan bello espectáculo. ...

En la línea 2890
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Tenía razón Ned. Era demasiado bello. ...

En la línea 3365
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A las tres de la mañana, inquieto, subí a la plataforma. El capitán Nemo no la había abandonado. Estaba en pie, a proa, cerca de su pabellón, al que la ligera brisa desplegaba por encima de su cabeza. No perdía de vista al navío. Su mirada, de una extraordinaria intensidad, parecía atraerlo, fascinarlo, tirar de él más seguramente que si lo hubiera remolcado. La luna pasaba por el meridiano. júpiter se elevaba hacia el Este. El cielo y el océano rivalizaban en tranquilidad, y la mar ofrecía al astro nocturno el más bello espejo que nunca hubiese reflejado su imagen. ...

En la línea 4274
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof había apoyado el codo del brazo derecho en la mesa y, con el mentón sobre la mano, observaba atentamente a su interlocutor. El aspecto de aquel rostro le había causado siempre un asombro profundo. En verdad, era un rostro extraño. Tenía algo de máscara. La piel era blanca y sonrosada; los labios, de un rojo vivo; la barba, muy rubia; el cabello, también rubio y además espeso. Sus ojos eran de un azul nítido, y su mirada, pesada e inmóvil. Aunque bello y joven ‑cosa sorprendente dada su edad‑, aquel rostro tenía un algo profundamente antipático. Svidrigailof llevaba un elegante traje de verano. Su camisa, finísima, era de una blancura irreprochable. Una gran sortija con una valiosa piedra brillaba en su dedo. ...

En la línea 4578
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... De la ventana llegaba un aire frío y húmedo. Sin moverse de donde estaba, Svidrigailof tiró de la cubierta y se envolvió en ella. Pero no encendió la bujía. No pensaba en nada, no quería pensar. Sin embargo, vagas visiones, ideas incoherentes, iban desfilando por su cerebro. Cayó en una especie de letargo. Fuera por la influencia del frío, de la humedad, de las tinieblas o del viento que seguía agitando el ramaje, lo cierto es que sus pensamientos tomaron un rumbo fantástico. No veía más que flores. Un bello paisaje se ofrecía a sus ojos. Era un día tibio, casi cálido; un día de fiesta: la Trinidad. Estaba contemplando un lujoso chalé de tipo inglés rodeado de macizos repletos de flores. Plantas trepadoras adornaban la escalinata guarnecida de rosas. A ambos lados de las gradas de mármol, cubiertas por una rica alfombra, se veían jarrones chinescos repletos de flores raras. Las ventanas ostentaban la delicada blancura de los jacintos, que pendían de sus largos y verdes tallos sumergidos en floreros, y de ellos se desprendía un perfume embriagador. ...

En la línea 84
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Pero el más bello altar -decía- es el alma de un infeliz consolado en su infortunio, y que da gracias a Dios. ...

En la línea 93
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - Señora Magloire -respondió el obispo-, os engañáis: lo bello vale tanto como lo útil. ...

En la línea 1208
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... A ser Sardiola alguna pared de cal y canto, atendiera más a las invectivas de Miranda de lo que lo hizo. Con soberana indiferencia y fuerza hercúlea cargó en sus hombros el bello bulto inanimado, y separando al marido de un vigoroso empujón, tomó escalera arriba, no parando hasta depositar la preciosa carga en un sofá de la estancia mortuoria. Tras él entró el energúmeno, pero se contuvo algo al ver la actitud briosa y los centelleantes ojos del ex voluntario carlista, que con su cuerpo hacía parapeto al de la desmayada. ...


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