La palabra Oigo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece oigo.
Estadisticas de la palabra oigo
Oigo es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 9173 según la RAE.
Oigo aparece de media 8.67 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la oigo en las obras de referencia de la RAE contandose 1318 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Oigo
Cómo se escribe oigo o hoigo?
Cómo se escribe oigo o oijo?
Más información sobre la palabra Oigo en internet
Oigo en la RAE.
Oigo en Word Reference.
Oigo en la wikipedia.
Sinonimos de Oigo.

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece oigo
La palabra oigo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1859
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Aramis! ¿Quién es ése?-Vamos! ¿Vais a decirme que no conocéis a Aramis?-Es la primera vez que oigo pronunciar ese nombre. ...
En la línea 3911
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Es que contáis conesperarme?-No, es que desde mi arresto y el robo que han cometido en mi casa, me asusto cada vez que oigo abrir una puerta, y sobre todo por la noche. ...
En la línea 6569
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Silencio; oigo a mi hermano, es inútil que os encuentre aquí Llamó. ...
En la línea 8115
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Y sobre quién disparan? No oigo silbar las balas y no veo a nadie. ...
En la línea 1194
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Había en la cocina dos individuos de mala catadura, fumando unos cigarros; y como se me ocurriera decir no sé qué cosa a Antonio en _caló_, uno de aquellos tipos, notable por sus inmensos bigotes, exclamó: «¿Qué es lo que oigo? ¿Te atreves a hablar en _caló_ delante de mí, que soy _chalan_ y nacional? Malditos gitanos, ¿cómo os atrevéis a entrar en esta _posada_ y a hablar en esa lengua delante de mí? ¿No está prohibida por la ley, como os está prohibido entrar en el _mercado_? Amigo, como vuelva yo a oír de tu boca una palabra en _caló_ te muelo los huesos a palos, y de un puntapié vas volando al tejado.» «Haría usted muy bien—dijo su compañero—, porque la insolencia de estos gitanos es ya inaguantable. ...
En la línea 3318
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Lo peor del gallego es que todos piensan al oirlo por primera vez que es facilísimo de aprender, porque a cada momento perciben vocablos ya oídos antes; pero eso sirve tan sólo de mayor extravío y embrollo, y para que se entienda mal lo que se oye; mientras que si ignorasen totalmente esta lengua, aguzarían el oído para entenderla, como me pasa a mí cuando oigo hablar vascuence, bien que no conozco más palabra de este idioma que _jaungicoa_.» Al cerrar la noche me fuí a la cama, donde estuve cuatro o cinco horas intranquilo y desvelado, porque aún no estaba limpio de fiebre. ...
En la línea 3769
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Los naturales de Pontevedra—observé yo—me parecen más versados en gallego que en castellano, pues la mayor parte de las conversaciones que oigo en la calle son en aquel dialecto. ...
En la línea 4219
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Usted se le parece algo en la cara, y cuando le oigo a usted hablar me parece oír la voz del almirante. ...
En la línea 1935
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Estaba esperando el cura la respuesta de Luscinda, que se detuvo un buen espacio en darla, y, cuando yo pensé que sacaba la daga para acreditarse, o desataba la lengua para decir alguna verdad o desengaño que en mi provecho redundase, oigo que dijo con voz desmayada y flaca: ''Sí quiero''; y lo mesmo dijo don Fernando; y, dándole el anillo, quedaron en disoluble nudo ligados. ...
En la línea 2724
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Oyó estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaba tan junto de quien las decía que sola la puerta del aposento de don Quijote estaba en medio; y, así como las oyó, dando una gran voz dijo: -¡Válgame Dios! ¿Qué es esto que oigo? ¿Qué voz es esta que ha llegado a mis oídos? Volvió la cabeza a estos gritos aquella señora, toda sobresaltada, y, no viendo quién las daba, se levantó en pie y fuese a entrar en el aposento; lo cual visto por el caballero, la detuvo, sin dejarla mover un paso. ...
En la línea 3280
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y hay más: que cada vez que le veo o le oigo cantar, tiemblo toda y me sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de nuestros deseos. ...
En la línea 4256
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Ven acá, hereje: ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que sólo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta? -Ahora lo oigo -respondió Sancho-; y digo que, pues vuestra merced no la ha visto, ni yo tampoco... ...
En la línea 386
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Llegamos después de cerrar la noche a la posta, sita en las márgenes del río Tapalguen. Al cenar, según algunas palabras que oigo decir, me estremezco repentinamente de horror pensando que como uno de los platos favoritos del país: ternera sin acabar de formarse. Era puma: la carne de este animal es muy blanca y tiene gusto a ternera. Mucho se han burlado del doctor Shaw por haber dicho que «la carne del león es muy estimada y que por su color y sabor se parece mucho a la carne de ternera». Así sucede ciertamente con el puma. Los gauchos difieren de opinión en cuanto al jaguar; pero todos ellos dicen que el gato es un manjar excelente. ...
En la línea 2995
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... rteneciente a una raza cruzada muchas veces, no tiene la expresión desagradable de los mulatos, aun cuando tiene la piel muy bronceada. muy fino y muy pacífico, caracteres con que distinguen la mayor parte de los habitantes de esta isla. sin gran sorpresa oigo a este hombre casi blanco hablar indiferente de la época en que era esclavo ...
En la línea 3085
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... davía hoy, cuando oigo un lamento lejano me acuerdo de que el pasar por delante de una casa de Pernambuco oí quejarse; en el acto se me representó en la imaginación, y así era en efecto, que atormentaban a un pobre esclavo; pero al mismo tiempo comprendí que no podía intervenir. Río Janeiro vivía yo en frente de casa de una señora vieja que tenía tornillos para estrujarles los dedos a sus esclavas. vivido también en una casa en la que un joven mulato era sin cesar insultado, perseguido y apaleado con una rabia que no se emplearía contra el animal más ínfimo. día he visto, antes que pudiese interponerme, dar a un niño de seis o siete años tres porrazos en la cabeza con el mango de un látigo, por haberme traído un vaso que no estaba limpio; el padre del chico presenció este verdadero tormento y bajó la cabeza sin atreverse a proferir ni una palabra ...
En la línea 5736
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Nos vamos, nos vamos; ea, ea, conversación; no oigo nada. ...
En la línea 7691
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Allá dentro, bien os oigo, miserables, no os ocultéis. ...
En la línea 7692
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... bien os oigo repartiros mi dinero, ladrones; ese oro es mío; esa plata es del cerero. ...
En la línea 13986
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Mientras Quintanar duerme la siesta (costumbre nueva) y ronca (achaque antiguo y digno de respeto) yo abro la ventana y oigo el rumor de la lluvia sobre las hojas y el ruido de las alas de las palomas que se esponjan sobre los tejadillos de su palomar cuadrado, entrando y saliendo por las ventanas angostas. ...
En la línea 2029
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al día siguiente, después de otro altercado con su sobrino, apuntaron vagamente en su alma las ideas de transacción. Ya no cabía duda de que la pasión de Maximiliano era tenaz y profunda, y de que le prestaba energías incontrastables. Ponerse frente a ella era como ponerse delante de una ola muy hinchada en el momento de reventar. Doña Lupe reflexionó mucho todo aquel día, y como tenía un gran sentido de la realidad, empezó a reconocer el poder que ejercen sobre nuestras acciones los hechos consumados, y el escaso valor de las ideas contra ellos. Lo de Maxi sería un disparate, ella seguía creyendo que era una burrada atroz; mas era un hecho, y no había otro remedio que admitirlo como tal. Pensó entonces con admirable tino que cuando en el orden privado, lo mismo que en el público, se inicia un poderoso impulso revolucionario, lógico, motivado, que arranca de la naturaleza misma de las cosas y se fortifica en las circunstancias, es locura plantársele delante; lo práctico es sortearlo y con él dejarse ir aspirando a dirigirlo y encauzarlo. Pues a sortear y dirigir aquella revolución doméstica; que atajarla era imposible, y el que se le pusiera delante, arrollado sería sin remedio… De esta idea provino la relativa tolerancia con que habló a su sobrino en la segunda noche de confianzas, la maña con que le fue sacando noticias y pormenores de su novia, sin aparentar curiosidad, aventurándose a darle algunos consejos. Verdad que entre col y col le soltaba ciertas frescuras; pero esto era muy estudiado para que Maxi no viera el juego. «No cuentes conmigo para nada; allá te las hayas… Ya te he dicho que no quiero saber si tu novia tiene los ojos negros o amarillos. A mí no me vengas con zalamerías. Te oigo por consideración; pero no me importa. ¿Que la vaya yo a ver? ¡Estás tú fresco… !». ...
En la línea 2434
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y llegaba a creerse la muy tonta que la forma, la idea blanca, le decía con familiar lenguaje semejante al suyo: «No mires tanto este cerco de oro y piedras que me rodea, y mírame a mí que soy la verdad. Yo te he dado el único bien que puedes esperar. Con ser poco, es más de lo que te mereces. Acéptalo y no me pidas imposibles. ¿Crees que estamos aquí para mandar, verbi gracia, que se altere la ley de la sociedad sólo porque a una marmotona como tú se le antoja? El hombre que me pides es un señor de muchas campanillas y tú una pobre muchacha. ¿Te parece fácil que Yo haga casar a los señoritos con las criadas o que a las muchachas del pueblo las convierta en señoras? ¡Qué cosas se os ocurren, hijas! Y además, tonta, ¿no ves que es casado, casado por mi religión y en mis altares?, ¡y con quién!, con uno de mis ángeles hembras. ¿Te parece que no hay más que enviudar a un hombre para satisfacer el antojito de una corrida como tú? Cierto que lo que a mí me conviene, como tú has dicho, es traerme acá a Jacinta. Pero eso no es cuenta tuya. Y supón que la traigo, supón que se queda viudo. ¡Bah! ¿Crees que se va a casar contigo? Sí, para ti estaba. ¡Pues no se casaría si te hubieras conservado honrada, cuanti más, sosona, habiéndote echado tan a perder! Si es lo que Yo digo: parece que estáis locas rematadas, y que el vicio os ha secado la mollera. Me pedís unos disparates que no sé cómo los oigo. Lo que importa es dirigirse a Mí con el corazón limpio y la intención recta, como os ha dicho ayer vuestro capellán, que no habrá inventado la pólvora; pero, en fin, es buen hombre y sabe su obligación. A ti, Fortunata, te miré con indilugencia entre las descarriadas, porque volvías a Mí tus ojos alguna vez, y Yo vi en ti deseos de enmienda; pero ahora, hija, me sales con que sí, serás honrada, todo lo honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te dé el hombre de tu gusto… ¡Vaya una gracia!… Pero en fin, no me quiero enfadar. Lo dicho, dicho: soy infinitamente misericordioso contigo, dándote un bien que no mereces, deparándote un marido honrado y que te adora, y todavía refunfuñas y pides más, más, más… Ved aquí por qué se cansa Uno de decir que sí a todo… No calculan, no se hacen cargo estas desgraciadas. Dispone Uno que a tal o cual hombre se le meta en la cabeza la idea de regenerarlas, y luego vienen ellas poniendo peros. Ya salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no, no. Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y capirotes de mis propias leyes. ¡Para hombres bonitos está el tiempo! Con que resignarse, hijas mías, que por ser cabras no ha de abandonaros vuestro pastor; tomad ejemplo de las ovejas con quien vivís; y tú, Fortunata, agradéceme sinceramente el bien inmenso que te doy y que no te mereces, y déjate de hacer melindres y de pedir gollerías, porque entonces no te doy nada y tirarás otra vez al monte. Con que, cuidadito… ». ...
En la línea 2874
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pero doña Lupe le infundía ideas optimistas. ¡Parecía mentira! La perspicaz, la sabia y experimentada señora de Jáuregui dijo más de una vez a su sobrino: «¡Qué trabajadora es tu mujer! Siempre que vengo aquí me la encuentro planchando o lavando. Francamente, no creí… Te ayudará, te ayudará. Y luego tan calladita… Hay días que no le oigo el metal de voz». ...
En la línea 3357
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Sobre esto se habló mucho, y el forastero sacó a relucir otras cosas. «Yo de mí sé decir que cuando paso la frontera para acá recibo las más tristes impresiones. Habrá algo que admirar; a mí se me esconde, y no veo más que la grosería, los malos modos, la pobreza, hombres que parecen salvajes, liados en mantas; mujeres flacas… Lo que más me choca es lo desmedrado de la casta. Rara vez ve usted un hombrachón robusto y una mujer fresca. No lo duden ustedes, nuestra raza está mal alimentada, y no es de ahora; viene pasando hambres desde hace siglos… Mi país me es bastante antipático, y desde que me meto en el express de Irún ya estoy renegando. Por la mañana, cuando despierto en la Sierra y oigo pregonar el botijo e leche, me siento mal; créanlo ustedes… Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones, las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar». ...
En la línea 3750
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Dígame francamente qué es lo que desea de mí… Sólo oigo de usted alusiones. ¿Es que ha venido usted con el propósito de torturarme? ...
En la línea 1346
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Al acercarme a la sala de juego, cuando oigo sonar las monedas, me siento casi desfallecer. ...

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