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La palabra acabamos
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la palabra acabamos

La palabra Acabamos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Niebla de Miguel De Unamuno
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece acabamos.

Estadisticas de la palabra acabamos

Acabamos es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 9893 según la RAE.

Acabamos aparece de media 7.88 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la acabamos en las obras de referencia de la RAE contandose 1198 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Acabamos

Cómo se escribe acabamos o hacabamos?
Cómo se escribe acabamos o acabamoz?
Cómo se escribe acabamos o acavamos?

Más información sobre la palabra Acabamos en internet

Acabamos en la RAE.
Acabamos en Word Reference.
Acabamos en la wikipedia.
Sinonimos de Acabamos.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece acabamos

La palabra acabamos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2177
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El amor que le había inspirado su joven mujer, por ser un sentimiento totalmente secundario, no podía luchar con los sentimientos primitivos que acabamos de enumerar. ...

En la línea 2324
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El pobre mercero permaneció de pie a la puerta, mientras los ojos del personaje que acabamos de describir se fijaban en él y parecían penetrar hasta el fondo del pasado. ...

En la línea 5391
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Oh! No hay más que decirlo - prosiguió Aramis-, acabamos de hacer nuestras cuentas con una cicatería de espartanos y necesita mos cada uno de nosotros mil quinientas libras. ...

En la línea 6984
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Vos sabéis algo de eso, igual que yo, ¿no es así? Ahora bien, si vuestra amante no está muerta, si esla que acabamos de ver, la encontraréis un día a otro. ...

En la línea 320
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... En Montevideo, de donde acabábamos de salir, en los veintitrés días comprendidos entre el 26 de julio y el 19 de agosto, la temperatura media, deducida de 276 observaciones, elevóse a 14,60 centígrados; la temperatura media del día más cálido fue de 18,6° y la del día frío fue de 7,7°-. El punto más bajo donde descendió el termómetro fue de 5,30 y subió a veces en el día hasta el de 20,5°- a 21,1°-. Sin embargo, a pesar de esta elevada temperatura, casi todos los escarabajos, varios géneros de arañas, los limacos, los moluscos terrestres, los sapos y los lagartos estaban escondidos todos ellos debajo de las piedras y soñolientos. Por el contrario, acabamos de ver que en Bahía Blanca, que sólo está 4° de latitud más al sur, y donde, por consiguiente, es muy pequeña la diferencia de clima, esa misma temperatura con un calor extremo algo menor, basta para despertar a los seres animados, de todos los órdenes. Esto prueba cómo el estímulo necesario para hacer salir a los animales del estado de sueño engendrado por la invernada, se rige admirablemente por el clima ordinario del país y no por el calor absoluto. Sabido es que entre los trópicos la soñolencia de verano de los animales está determinada, no por la temperatura, sino por los momentos de sequía. Al pronto quedé muy sorprendido al observar junto a Río de Janeiro, que numerosos moluscos e insectos, bien desarrollados, que debieron de haber estado sumidos en letargo, poblaban en pocos días las menores depresiones que habían estado llenas de agua. Humboldt ha referido un extraño accidente: una choza construida en un lugar donde un cocodrilo joven estaba enterrado en barro endurecido. Y añade: «los indios encuentran a menudo enormes boas, que llaman ellos ují (serpiente de agua), sumidas en un estado letárgico; para reanimarlas, es menester irritarlas o mojarlas». ...

En la línea 438
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... el mylodon). En el mismo período, poco más o menos, como lo prueban las conchas de Bahía Blanca, la América meridional poseía, según acabamos de verlo, un mastodonte, el caballo, un rumiante de cuernos huecos y los mismos tres géneros de desdentados, aparte de otros varios más. ...

En la línea 660
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ¿Puede haber nada más notable que ver un cuerpo, semejante a una planta, producir un huevo dotado de la facultad de nadar y elegir el lugar conveniente para residencia? Este huevo se desarrolla luego bajo la forma de ramajes, que cada uno lleva innumerables animales distintos, que a veces tienen organismos muy complicados. Las ramas tienen también, en ocasiones, como acabamos de decirlo, órganos que tienen la facultad de moverse y que son independientes de los pólipos. Por sorprendente que aparezca siempre esta reunión de individuos distintos en un tallo común, cada árbol nos presenta el mismo fenómeno; porque sus yemas deben considerarse como otras tantas plantas individuales. No obstante, parece natural considerar a un pólipo que tiene boca, intestinos y otros órganos, como un individuo distinto, mientas que la individualidad de una yema no se concibe con igual facilidad. Por eso la reunión de individuos diferentes en un cuerpo común es más extraña en una colonia de zoófitos que en un árbol. Con menos dificultad se concibe lo que puede ser un animal compuesto, cuando la individualidad de cada una de sus partes no es completa, bajo ciertos puntos de vista, recordando que pueden producirse criaturas distintas cortando una sola con un cuchillo, y que la naturaleza se encarga por sí misma de hacer esta vivisección. Podemos considerar los pólipos de un zoófito y las yemas de un árbol como casos en que la división del individuo no se ha operado por completo. Verdad es que en los árboles y juzgando por analogía, en los zoófitos, los individuos propagados por medio de botones parecen tener entre sí un parentesco mucho más íntimo que el que existe entre los huevos o granos y los padres. Parece, sin embargo, bien establecido que las plantas propagadas por medio de yemas tienen todas vida de igual duración; y todo el mundo sabe qué singulares y cuán numerosos caracteres se transmiten con seguridad por medio de los botones, de las estacas y de los injertos; caracteres que no se transmiten nunca o rara vez por la germinación seminal. ...

En la línea 993
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... te procedimiento puede repetirse seis o siete veces con la misma tierra, pero cada vez es menor la cantidad de oro recogido y más el tiempo necesario para engendrar el oro, como dicen los indígenas. indudablemente que la acción química de que acabamos de hablar se realiza sobre alguna combinación en la cual se encuentra el oro al cual pone en libertad. descubrimiento de un medio que permitiese obtener este resultado sin tener que pulverizar el mineral, aumentaría el valor de éste en proporciones extraordinarias. muy curioso ver cómo las particulitas de oro esparcidas en todas direcciones y tan brillantes acaban por formar una masa de importancia ...

En la línea 854
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¡Natural! Y si no acudo a tiempo y entramos en razón me las lío al otro mundo. Pero curé de aquello en ambos sentidos, volví a mi mujer y nos calmamos y resignamos. Y poco a poco volvió a reinar en casa no ya la paz, sino hasta la dicha. Al principio de esta nueva vida, a los cuatro o cinco años de casados, lamentábamos alguna que otra vez nuestra soledad, pero muy pronto no sólo nos consolamos, sino que nos habituamos. Y acabamos no sólo por no echar de menos a los hijos, sino hasta por compadecer a los que los tienen. Nos habituamos uno a otro, nos hicimos el uno costumbre del otro. Tú no puedes entender esto… ...

En la línea 1409
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Y fueron nuestros amores, si es que así quiere usted llamarlos unos amores secos y mudos, hechos de fuego y rabia, sin ternezas de palabra. Mi mujer, la madre de mis hijos quiero decir, porque esta y no otra es mi mujer, mi mujer es, como usted habrá visto, una mujer agraciada, tal vez hermosa, pero a mí nunca me inspiró ardor de deseos, y esto a pesar de la convivencia. Y aun después que acabamos en lo que le digo me figuré no estar en exceso enamorado de ella, hasta que pude convencerme de lo contrario. Y es que una vez, después de uno de sus partos, después del nacimiento del cuarto de nuestros hijos, se me puso tan mal, tan mal, que creí que se me moría. Perdió la más de la sangre de sus venas, se quedó como la cera de blanca, se le cerraban los párpados… Creí perderla. Y me puse como loco, blanco yo también como la cera, la sangre se me helaba. Y fui a un rincón de la casa, donde nadie me viese, y me arrodillé y pedí a Dios que me matara antes de que dejase morir a aquella santa mujer. Y lloré y me pellizqué y me arañé el pecho hasta sacarme sangre. Y comprendí con cuán fuerte atadura estaba mi corazón atado al corazón de la madre de mis hijos. Y cuando esta se repuso algo y recobró conocimiento y salió de peligro, acerqué mi boca a su oído, según ella sonreía a la vida renaciente tendida en la cama, y le dije lo que nunca le había dicho y nunca le he vuelto de la misma manera a decir. Y ella sonreía, sonreía, sonreía mirando al techo. Y puse mi boca sobre su boca, y me enlacé con sus desnudos brazos el cuello, y acabé llorando de mis ojos sobre sus ojos. Y me dijo: «Gracias, Antonio, gracias, por mí, por nuestros hijos, por nuestros hijos todos… todos… todos… por ella, por Rita… » Rita es nuestra hija mayor, la hija del ladrón… no, no, nuestra hija, mi hija. La del ladrón es la otra, es la de la que se llamó mi mujer en un tiempo. ¿Lo comprende usted ahora todo? ...

En la línea 658
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Su camarote es contiguo al mío -me dijo, al tiempo que abría una puerta-. Y el mío da al salón del que acabamos de salir. ...

En la línea 770
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Para ello, señor profesor, había establecido yo mis talleres en un islote desierto, en pleno océano. Allí, mis obreros, es decir, mis bravos compañeros, a los que he instruido y formado, y yo, acabamos nuestro Nautilus. Luego, una vez terminada la operación, el fuego destruyó toda huella de nuestro paso por el islote, al que habría hecho saltar de poder hacerlo. ...

En la línea 1402
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —No, Mr. Astley; después de todo lo que acabamos de hablar… ...


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