Cómo se escribe.org.es

La palabra veredas
Cómo se escribe

la palabra veredas

La palabra Veredas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece veredas.

Estadisticas de la palabra veredas

Veredas es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 22043 según la RAE.

Veredas aparece de media 2.65 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la veredas en las obras de referencia de la RAE contandose 403 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Veredas

Cómo se escribe veredas o verredas?
Cómo se escribe veredas o veredaz?
Cómo se escribe veredas o beredas?

Más información sobre la palabra Veredas en internet

Veredas en la RAE.
Veredas en Word Reference.
Veredas en la wikipedia.
Sinonimos de Veredas.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece veredas

La palabra veredas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4061
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Emprendimos, pues, la marcha a paso vivo por ásperos caminos de herradura y veredas, rodeados de brezos y jaras. ...

En la línea 2274
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El entusiasmo que la joven sentía era como los encantos de una moda que empieza. Iban, pues, los dos amantes, como he dicho, por aquellos altozanos de Vallehermoso, ya entre tejares, ya por veredas trazadas en un campo de cebada, y al fin se cansaron de tanta charla religiosa. A Rubín se le acabó su saber de liturgia, y a Fortunata le empezaba a molestar un pie, a causa de la apretura de la bota. El calzado estrecho es gran suplicio, y la molestia física corta los vuelos de la mente. Habían pasado por junto a los cementerios del Norte, luego hicieron alto en los depósitos de agua; la samaritana se sentó en un sillar y se quitó la bota. Maximiliano le hizo notar lo bien que lucía desde allí el apretado caserío de Madrid con tanta cúpula y detrás un horizonte inmenso que parecía la mar. Después le señaló hacia el lado del Oriente una mole de ladrillo rojo, parte en construcción, y le dijo que aquel era el convento de las Micaelas donde ella iba a entrar. Pareciéronle a Fortunata bonitos el edificio y su situación, expresando el deseo de entrar pronto, aquel mismo día si era posible. Asaltó entonces el pensamiento de Rubín una idea triste. Bueno era lo bueno, pero no lo demasiado. Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días… ¡Oh!, esta idea sofocó tanto al pobre redentor, que se puso rojo. Y bien podía suceder, porque algunas que entraban allí cargadas de pecados se corregían de tal modo y se daban con tanta gana a la penitencia, que no querían salir más, y hablarles de casarse era como hablarles del demonio… Pero no, Fortunata no sería así; no tenía ella cariz de volverse santa en toda la extensión de la palabra, como diría doña Lupe. Si lo fuera, Maximiliano se moriría de pena, se volvería entonces protestante, masón, judío, ateo. ...

En la línea 2303
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... También se paseaba por aquellos andurriales, sin perder de vista el convento; iba y venía por las veredas que el paso traza en los terrenos, matando la yerba, y a ratos sentábase al sol, cuando este no picaba mucho. Montones de estiércol y paja rompían a lo lejos la uniformidad del suelo; aquí y allí tapias de ladrillo de color de polvo, letreros industriales sobre faja de yeso, casas que intentaban rodearse de un jardinillo sin poderlo conseguir; más allá tejares y las casetas plomizas de los vigilantes de consumos, y en todo lo que la vista abarca un sentimiento profundísimo de soledad expectante. Turbábala sólo algún perro sabio de los que, huyendo de la estricnina municipal, se pasean por allí sin quitar la vista del suelo. A veces el joven volvía al camino real y se dejaba ir un buen trecho hacia el Norte; pero no tenía ganas de ver gente y se echaba fuera, metiéndose otra vez por el campo hasta divisar las arcadas del acueducto del Lozoya. La vista de la sierra lejana suspendía su atención, y le encantaba un momento con aquellos brochazos de azul intensísimo y sus toques de nieve; pero muy luego volvía los ojos al Sur, buscando los andamiajes y la mole de las Micaelas, que se confundía con las casas más excéntricas de Chamberí. ...


la Ortografía es divertida

Busca otras palabras en esta web

Palabras parecidas a veredas

La palabra abstuve
La palabra estadea
La palabra risible
La palabra pesca
La palabra bajada
La palabra lume
La palabra acampar

Webs Amigas:

Ciclos Fp de Automoción en Barcelona . Ciclos Fp de Automoción en Málaga . Ciclos Fp de Administración y Finanzas en Alicante . - Toledo Hotel Fenix Layos Golf