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La palabra tremenda
Cómo se escribe

la palabra tremenda

La palabra Tremenda ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece tremenda.

Estadisticas de la palabra tremenda

Tremenda es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 7776 según la RAE.

Tremenda aparece de media 10.68 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la tremenda en las obras de referencia de la RAE contandose 1624 apariciones .

Más información sobre la palabra Tremenda en internet

Tremenda en la RAE.
Tremenda en Word Reference.
Tremenda en la wikipedia.
Sinonimos de Tremenda.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece tremenda

La palabra tremenda puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3746
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me miró un instante, guiñó los ojos, ahogó una risita de triunfo, y prosiguió su camino andando a tremenda velocidad. ...

En la línea 6728
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Sin embargo, al descender a una profunda cueva, observé en una cavidad de importancia excepcional dos enormes carronadas, asestadas con notable malicia y picardía contra una roca en pendiente, que acaso, pero no sin dificultad tremenda, podía ser escalada. ...

En la línea 6913
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El viento había refrescado mucho, y como soplaba casi de popa, corríamos con tremenda velocidad, amenazándonos las grandes velas latinas con sepultarnos a cada momento bajo las olas que la corriente contraria levantaba frente a nosotros. ...

En la línea 6978
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Ingleses, señor—— adelantándome le tendí la mano, que casi aplastó con su tremenda zarpa. ...

En la línea 1175
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s hace promesas engañosas; nos asalta tremenda tempestad del- noroeste con acompañamiento de lluvia torrencial ...

En la línea 1403
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... n embargo, declaro haber visto con satisfacción que todos los habitantes parecían más activos y más felices de lo que podía esperarse tras de tan tremenda catástrofe. ha observado, con repetición y con verdad, que cuando la destrucción es universal, nadie se encuentra más humillado que su vecino, nadie puede acusar a sus amigos de despego, causas ambas que añaden vivo dolor a la pérdida de las riquezas1. ...

En la línea 1441
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... os hombres que cortaban leña cerca de la base de uno de estos volcanes no sintieron el terremoto del 20 de febrero de 1835, a pesar de la sacudida tremenda de toda la comarca circundante. este sitio se producía, pues, una erupción en lugar de un terremoto, que es lo que hubiera sucedido en Concepción, si, como pensaban las gentes ignorantes de la ciudad no hubiesen tapado las brujas el volcán de Antuco ...

En la línea 1535
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... egados a la cumbre, miramos alrededor y se nos presenta el más soberbio espectáculo. atmósfera límpida, el cielo azul intenso, los valles profundos, los picos desnudos con sus formas extrañas, las ruinas amontonadas durante tantos siglos, las rocas de brillantes colores que contrastan con la blancura de la nieve, todo lo que me rodea forma un panorama indescriptible. plantas, ni pájaros, fuera de algunos cóndores que se ciernen sobre los picos más altos, distraen mi atención de las masas inanimadas. siento feliz de estar solo; experimento lo que se siente cuando se presencia una tempestad tremenda o cuando se oye un coro de El Mesías ejecutado por una gran orquesta. ...

En la línea 10858
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¿Pero después? El infierno, aquella verdad tremenda, sublime en su mal sin término. ...

En la línea 13538
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se le había ocurrido aquella tremenda traza de mortificación propia en la novena de los Dolores, oyendo el Stabat Mater de Rossini, figurándose con calenturienta fantasía la escena del Calvario, viendo a María a los pies de su hijo, dum pendebat filius, como decía la letra. ...

En la línea 82
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Las ganancias del establecimiento no eran escasas; pero los esposos Arnaiz no podían llamarse ricos, porque con tanto parto y tanta muerte de hijos y aquel familión de hembras la casa no acababa de florecer como debiera. Aunque Isabel hacía milagros de arreglo y economía, el considerable gasto cotidiano quitaba al establecimiento mucha savia. Pero nunca dejó de cumplir Gumersindo sus compromisos comerciales, y si su capital no era grande, tampoco tenía deudas. El quid estaba en colocar bien las siete chicas, pues mientras esta tremenda campaña matrimoñesca no fuera coronada por un éxito brillante, en la casa no podía haber grandes ahorros. ...

En la línea 112
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Era Plácido hermano de la Paz y Caridad, cofradía cuyo domicilio estuvo en la derribada parroquia. Iba, pues, a auxiliar a los reos de muerte en la capilla y a darles conversación en la hora tremenda, hablándoles de lo tonta que es esta vida, de lo bueno que es Dios y de lo ricamente que iban a estar en la gloria. ¡Qué sería de los pobrecitos reos si no tuvieran quien les diera un poco de jarabe de pico antes de entregar su cuello al verdugo! ...

En la línea 1576
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Sí; y no puedes figurarte lo bien que le cae. Parece que lo ha llevado toda la vida… ¿Te acuerdas del pañolito por la cabeza con el pico arriba y la lazada?… ¡Quién lo diría! ¡Qué transiciones!… Lo que te digo… Las que tienen genio, aprenden en un abrir y cerrar de ojos. La raza española es tremenda, chico, para la asimilación de todo lo que pertenece a la forma… ¡Pero si habías de verla tú… ! Yo, te lo confieso, estaba pasmado, absorto, embebe… ...

En la línea 2045
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Levantose al fin de mala gana. Ya lavado y vestido, vacilaba en salir, y se estuvo un ratito con la mano en el picaporte. Doña Lupe tocó a la puerta, y entonces ya no hubo más remedio que salir. Estaba pálido y daba lástima verle. Abrazó a su hermano, y en el mirar de este, en el tono de sus palabras, conoció al punto que sabía la grande, increíble historia. No tenía ganas el joven de explicaciones ni disputas aquella hora, y como era un poco tarde se apresuró a irse a la clase. Mas no tuvo sosiego en ella, ni cesó de pensar en lo que su hermano diría y haría. Esta perplejidad le arrancaba suspiros. El miedo, el pícaro miedo era su principal enemigo. Conveníale, pues, quitarse pronto la máscara ante su hermano como se la había quitado ante doña Lupe, pues hasta que lo hiciera no se reintegraría en el uso de su voluntad. Si Juan Pablo salía por la tremenda, quizás era mejor, porque así no estaba Maximiliano en el caso de guardarle consideraciones; pero si se ponía en un pie de astucias diplomáticas, fingiendo ceder para resistir con la inercia, entonces… Esto ¡ay!, lo temía más que nada. ...

En la línea 2429
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Cambiada la ruta, los piratas trabajaron febrilmente para disponerse a la lucha, que sería tremenda y quizás la última que emprendieran contra el aborrecido enemigo. Cargaban cañones, montaban culebrinas, abrían barriles de pólvora, improvisaban barricadas y preparaban las grapas de abordaje. ...

En la línea 3003
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... De repente, el Nautilus, llevado por su tremenda sobrecarga, se hundió como un obús bajo las aguas, por las que cayó como lo hubiera hecho en el vacío. ...

En la línea 3008
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Miré al reloj. Eran las once de la mañana. Debíamos estar a 28 de marzo. El Nautilus navegaba a la tremenda velocidad de cuarenta millas por hora y se retorcía en el agua. ...

En la línea 3391
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Diré también que el canadiense, al cabo de sus fuerzas y de su paciencia, tampoco aparecía. Conseil no podía sacar de él una sola palabra, y temía que se suicidase, en un acceso de delirio bajo el imperio de su tremenda nostalgia. Le vigilaba a cada instante con una abnegación sin límites. En tales condiciones, la situación era ya insostenible. ...

En la línea 3412
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Quise verificar el rumbo del Nautílus y me dirigí al salón. Llevábamos rumbo Norte Nordeste, a una tremenda velocidad y a cincuenta metros de profundidad. ...

En la línea 1009
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Cuando hubimos tomado el camino de regreso estaban todos tan contentos que empezaron a cantar a coro. E1 señor Wopsle tomó a su cargo el acompañamiento, asegurando con voz tremenda y fuerte, en contestación a la pregunta que el tenor le hacía en la canción, que él era un hombre en cuya cabeza flotaban al viento los mechones blancos y que, entre todos los demás, él era el peregrino más débil y fatigado. Finalmente, recuerdo que cuando me metí en mi cama me sentía muy desgraciado y convencido de que nunca me gustaría el oficio de Joe. Antes me habría gustado, pero ahora ya no. ...

En la línea 2090
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Fue una muerte repentina. La desgracia ocurrió el mismo día en que te envié mi última carta. Su marido, ese monstruo, ha sido sin duda el culpable. Dicen que le dio una tremenda paliza. ...

En la línea 255
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Buck había saltado al agua al instante; y tras cubrir unos doscientos cincuenta kilómetros, dio alcance a Thornton envuelto en un furioso torbellino. Cuando sintió que el hombre se agarraba de su cola, Buck se dirigió a nado a la orilla, desplegando su formidable energía. Pero el avance hacia la margen era lento, y la corriente, increíblemente rápida. Desde un poco más lejos llegaba el ominoso estruendo del lugar donde la corriente cobraba más ímpetu y saltaba convertida en remolinos y espuma por las rocas que la hendían como los dientes de un inmenso peine. La fuerza de arrastre del agua en el último tramo donde comenzaba a precipitarse era tremenda, y Thornton sabía que arrimarse a la orilla era imposible. Rozó una roca manoteando con furia, se magulló al pasar sobre otra y se dio violentamente contra una tercera. Se aferró con ambas manos a la superficie resbaladiza y, soltando a Buck, le gritó, por encima del estruendo de la agitada corriente: ...

En la línea 319
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Empezó a dormir fuera por las noches y a pasar días enteros lejos del campamento. Una vez cruzó la divisoria en la fuente del riachuelo y se internó en la comarca de los bosques y las corrientes. Estuvo una semana recorriéndola, buscando vanamente algún indicio reciente del hermano salvaje, matando para comer durante la marcha y andando con ese desenvuelto paso largo que según dicen nunca agota. Pescó un salmón en un ancho río que desembocaba en el mar por alguna parte y, en sus orillas, mató a un gran oso negro que, cegado por los mosquitos mientras pescaba, había caminado rugiendo por el bosque, incapacitado y terrible. Aun así, la pelea fue tremenda y puso en acción las dosis de ferocidad latentes en Buck. Y dos días más tarde, cuando volvió al mismo lugar y encontró a una docena de glotones disputándose los despojos de su víctima, los dispersó como si fueran paja; y los fugitivos dejaron atrás a dos de ellos que no volverían a disputar por nada. ...


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