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La palabra privados
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la palabra privados

La palabra Privados ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece privados.

Estadisticas de la palabra privados

Privados es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3299 según la RAE.

Privados tienen una frecuencia media de 28.41 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la privados en 150 obras del castellano contandose 4319 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Privados

Cómo se escribe privados o prrivados?
Cómo se escribe privados o privadoz?
Cómo se escribe privados o pribados?

Más información sobre la palabra Privados en internet

Privados en la RAE.
Privados en Word Reference.
Privados en la wikipedia.
Sinonimos de Privados.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece privados

La palabra privados puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 9752
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Cuando comparaba los crímenes públicos de este ministro, críme nes brillantes, crímenes europeos, si así se podía decir, con los críme nes privados y desconocidos con que lo había cargado Milady, Felton encontraba que el más culpable de los dos hombres que en sí contenía Buckingham era aq uel cuya vida no conocía el público. ...

En la línea 904
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Comer de fonda!». Esta idea se le clavó en el cerebro. Un rato estuvo Ido del Sagrario ante el establecimiento de El Tartera, que así se llamaba, mirando los dos tiestos de bónibus llenos de polvo, las insignias de los bolos y la rayuela, la mano negra con el dedo tieso señalando la puerta, y no se decidía a obedecer la indicación de aquel dedo. ¡Le sentaba tan mal la carne… ! Desde que la comía le entraba aquel mal tan extraño y daba en la gracia estúpida de creer que Nicanora era la Venus de Médicis. Acordose, no obstante, de que el médico le recetaba siempre comer carne, y cuanto más cruda mejor. De lo más hondo de su naturaleza salía un bramido que le pedía ¡carne, carne, carne! Era una voz, un prurito irresistible, una imperiosa necesidad orgánica, como la que sienten los borrachos cuando están privados del fuego y de la picazón del alcohol. ...

En la línea 2475
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Los temores de Ned Land estaban justificados. En estos mares privados de islas no era posible ninguna tentativa de evasión. Ningún medio de oponerse a la voluntad del capitán Nemo. No había otro partido que el de someterse. Pero lo que no cabía ya esperar de la fuerza o de la astucia, podía obtenerse, me decía yo, por la persuasión. Terminado el viaje, ¿no accedería el capitán Nemo a devolvernos la libertad bajo el juramento de no revelar jamás su existencia? juramento de honor que cumpliríamos escrupulosamente. Pero había que tratar de esta delicada cuestión con el capitán, y ¿podía yo reclamar nuestra libertad? ¿Acaso no había declarado él mismo, desde el principio y muy solemnemente, que el secreto de su vida exigía nuestro aprisionamiento a perpetuidad a bordo del Nautilus? Mi silencio durante esos cuatro meses ¿no le habría parecido una tácita aceptación de la situación? Volver sobre el asunto implicaba el riesgo de hacer nacer sospechas que podrían perjudicar a nuestros proyectos si más tarde se presentara alguna circunstancia favorable para su ejecución. Sopesaba y daba vueltas en mi mente a todas estas razones, y las sometía a Conseil, quien no se mostraba menos perplejo que yo. En definitiva, y aunque yo no me desanimaba fácilmente, comprendía que las probabilidades de volver a ver alguna vez a mis semejantes disminuían de día en día, a medida que el capitán Nemo avanzaba temerariamente hacia el sur del Atlántico. ...

En la línea 3015
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Quienes, por desgracia, han estado demasiado tiempo privados de alimento no pueden lanzarse sin riesgo sobre la primera comida que se les presente. Nada nos obligaba a nosotros, por el contrario, a moderarnos; podíamos aspirar a pleno pulmón los átomos de la atmósfera, y era la brisa, aquella brisa, la que nos infundía una voluptuosa embriaguez. ...

En la línea 4789
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Ya comprendo. He oído decir que eran ustedes amigos. Pues bien, ya no está aquí. Desde anteayer nos vemos privados de sus servicios. Discutió con nosotros y estuvo bastante grosero. Habíamos fundado ciertas esperanzas en él, pero ¡vaya usted a entenderse con nuestra brillante juventud! Se le ha metido en la cabeza presentarse a unos exámenes sólo para poder darse importancia. No tiene nada en común con usted ni con su amigo el señor Rasumikhine. Ustedes viven para la ciencia, y los reveses no pueden abatirlos. Las diversiones no son nada para ustedes. Nihil esi, como dicen. Ustedes llevan una vida austera, monástica, y un libro, una pluma en la oreja, una indagación científica, bastan para hacerlos felices. Incluso yo, hasta cierto punto… ¿Ha leído usted las Memorias de Livingstone? ...


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