La palabra Descendiendo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece descendiendo.
Estadisticas de la palabra descendiendo
Descendiendo es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 19082 según la RAE.
Descendiendo aparece de media 3.26 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la descendiendo en las obras de referencia de la RAE contandose 495 apariciones .
Más información sobre la palabra Descendiendo en internet
Descendiendo en la RAE.
Descendiendo en Word Reference.
Descendiendo en la wikipedia.
Sinonimos de Descendiendo.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece descendiendo
La palabra descendiendo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 9748
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Al cabo de cien pasos, como él terreno iba descendiendo, no podía ya ver más que el mástil de la balandra. ...
En la línea 6369
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Como yo había hecho con frecuencia el viaje del Guadalquivir, remontando y descendiendo el famoso río, no sentí la inquietud y curiosidad que la gente experimenta al hallarse, sea con luz o a obscuras, en paraje extraño, y como no conocía a ninguno de los pasajeros que charlaban sobre cubierta, pensé que lo mejor sería retirarme a la cámara y descansar un poco, a ser posible. ...
En la línea 408
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Habían seguido los dos su carrera amorosa de distinto modo, con falta de sincronismo. En el primer tiempo era él quien amaba con mayor vehemencia, y ahora reconocía que, por una misteriosa ley de gravitación, este amor iba descendiendo. Ella, por el contrario, se había sentido al principio menos apasionada, con instintiva Inquietud, como sí temiese ir demasiado lejos. ...
En la línea 3993
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Subió Nones, y la dama, después de recomendar al sillero y a otros vecinos que barrieran la delantera de las respectivas puertas, iba a subir también; pero le interceptaron el paso dos sujetos que bajaban. Era el uno don José Ido del Sagrario, a quien no conocerían los testigos de sus románticas hazañas al principio de esta historia, según estaba ya de bien trajeado y limpio. Visto por detrás, parecía otra persona; mas de frente, lo desengonzado de su cuerpo, la escualidez carunculosa de su cara y el desarrollo cada vez mayor de la nuez, le declaraban idéntico a sí mismo. El que le acompañaba era un infeliz músico, habitante en el segundo patio y en el mismo cuchitril en que anidara antes Izquierdo. Lo primero que se notaba en él era la gran bufanda que le envolvía el cuello subiendo en sus vueltas hasta más arriba de las orejas, y descendiendo hasta el pecho. Llevaba gorra con galón, y de la bufanda para abajo toda la ropa era de purísimo verano, y además adelgazada por el uso. Temblaba de frío, y con el brazo derecho oprimía los aros broncíneos de un trombón, dirigiendo la abollada boca hacia adelante como si quisiera bostezar con ella en vez de hacerlo con la suya propia. ...
En la línea 1696
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Señor profesor -dijo el capitán Nemo-, la pesca de perlas se efectúa en el golfo de Bengala, en el mar de las Indias, en los mares de China y del Japón, en aguas de América del Sur, en el golfo de Panamá y en el de California, pero es en Ceilán donde se hace con más provecho. Llegamos un poco pronto, cierto. Los pescadores no se concentran en el golfo de Manaar hasta el mes de marzo. En ese tiempo y durante treinta días sus trescientos barcos se entregan a esta lucrativa explotación de los tesoros del mar. Cada barco tiene una dotación de diez remeros y diez pescadores. Éstos, divididos en dos grupos, bucean alternativamente descendiendo hasta una profundidad de doce metros por medio de una pesada piedra entre sus pies, que una cuerda liga al barco. ...
En la línea 2496
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Miré al manómetro. El instrumento indicaba una profundidad de seis mil metros. Llevábamos ya una hora en inmersión. El Nautilus continuaba descendiendo en plano inclinado. Las aguas eran admirablemente transparentes y de una diafanidad indescriptible. Una hora más tarde nos hallábamos ya a trece mil metros -unas tres leguas y cuarto-, y el fondo del océano no se dejaba aún presentir. ...
En la línea 2805
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Era la fatalidad. Imposible efectuar la observación. Y si ésta no podía hacerse al día siguiente, tendríamos que renunciar definitivamente a fijar nuestra posición. En efecto, aquel día -era precisamente el 20 de marzo. Y al día siguiente, 21, el día del equinoccio, el sol, si no teníamos en cuenta la refracción, desaparecería del horizonte por un período de seis meses y con su desaparición comenzaría la larga noche polar. Surgido con el equinoccio de septiembre por el horizonte septentrional, el sol había ido elevándose en espirales alargadas hasta el 21 de diciembre. Desde ese día, solsticio de verano de las regiones boreales, había ido descendiendo y ahora se disponía a lanzar sus últimos rayos. ...
En la línea 3258
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El Nautilus continuó descendiendo. Yo pensaba que hallaría la calma a una profundidad de quince metros. No. Las capas superiores estaban demasiado violentamente agitadas. Hubo que descender hasta cincuenta metros en las entrañas del mar para hallar el reposo. Allí, ¡qué tranquilidad!, ¡qué silencio!, ¡qué paz! ¿Quién hubiese dicho que un terrible huracán se desencadenaba entonces en la superficie del océano? ...

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Errores Ortográficos típicos con la palabra Descendiendo
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