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La palabra prisionero
Cómo se escribe

la palabra prisionero

La palabra Prisionero ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece prisionero.

Estadisticas de la palabra prisionero

Prisionero es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 8918 según la RAE.

Prisionero aparece de media 8.95 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la prisionero en las obras de referencia de la RAE contandose 1361 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Prisionero

Cómo se escribe prisionero o prrisionerro?
Cómo se escribe prisionero o pricionero?
Cómo se escribe prisionero o prizionero?

Más información sobre la palabra Prisionero en internet

Prisionero en la RAE.
Prisionero en Word Reference.
Prisionero en la wikipedia.
Sinonimos de Prisionero.


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece prisionero

La palabra prisionero puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2166
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los dos guardias condujeron al prisionero ante la mesa y, a una señal del comisario, se alejaron fuera del alcance de la voz. ...

En la línea 2207
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Llevaos al prisionero -dijo el comisario a los dos guardias. ...

En la línea 2213
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Oh, Dios mío! ¡Tened piedad de mí!Sin escuchar para nada las lamentaciones de maese Bonacieux, lamentaciones a las que por otra parte debían estar acostumbrados, los dos guardias cogieron al prisionero por un brazo y se lo llevaron, mientras el comisario escribía deprisa una carta que su escribano es peraba. ...

En la línea 2290
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... A través de la reja cerrada con candado, el prisionero veía las ca sas y el camino, eso era todo; pero, como auténtico parisiense que era, Bonacieux reconocía cada calle por los guardacantones, por las mues tras, por los reverberos. ...

En la línea 4813
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Me llevaron prisionero a las Provincias Vascongadas, y los carlistas se regocijaron mucho con mi captura, porque el nombre de Flinter era muy sonado en sus filas. ...

En la línea 5170
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero, antes de llegar a la mitad de la calle de Alcalá, dos individuos vinieron a mí, y, diciéndome que era su prisionero, me mandaron seguirlos a la oficina del _corregidor_. ...

En la línea 6022
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Ya entrada la noche, el _alcalde_ visitó al prisionero, a la cabeza de sus doce hombres, como de costumbre. ...

En la línea 6042
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El cónclave quedó deliberando a solas, y resolvió enviar el prisionero a Guadalajara al otro día, poniéndolo en manos del gobernador civil. ...

En la línea 470
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 20 de octubre.- Al llegar a la desembocadura del Paraná y con mucha prisa por ir a Buenos Aires, desembarco en Las Conchas proponiéndome continuar el viaje a caballo. Con gran sorpresa mía, en cuanto desembarco, noto que hasta cierto punto se me considera como un prisionero. Ha estallado una violenta revolución y están bloqueados todos los puertos. Me es imposible regresar al barco de donde acabo de salir; y en cuanto a dirigirme por tierra a la capital, eso ni pensarlo. Después de larga conversación con el comandante, obtengo permiso para dirigirme al general Rolor, que manda una división de rebeldes desde la capital a esta parte. Al siguiente día por la mañana voy a su campamento: general, oficiales y soldados, pareciéronme todos unos despreciables granujas; y creo que lo eran realmente. Ejemplo al canto: el general, la misma víspera del día en que salió de Buenos Aires fue voluntariamente a visitar al gobernador; y poniéndole la mano en el corazón le juró que, él al menos, permanecería fiel hasta la muerte. El general me dice que la capital está herméticamente bloqueada; y que todo cuanto puede hacer es darme un pasaporte para dirigirme al comandante en jefe de los rebeldes, acampado en Quilmes. Por tanto, tenía que dar una vuelta grandísima rodeando a Buenos Aires; y me costó suma dificultad proporcionarme caballos. ...

En la línea 1687
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... r la tarde cae un ligero chubasco, primera lluvia que veo desde el 11 y 12 de septiembre del año anterior, cuando tuve que estar prisionero dos días por las fortísimas lluvias en los baños de Cauquenes ...

En la línea 1769
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 2 de junio.- Salimos para el valle de Guasco siguiendo el camino que bordea el mar, menos desierto que el interior, nos han dicho. primera etapa termina en una casa solitaria llamada Hierba Buena, donde encontramos pasto para los caballos. lluvia que cayó hace quince días y de que ya he hablado, no se extendió más que la mitad del camino de Guasco. la primera parte de nuestro viaje, encontramos, por lo tanto, el ligero tinte verde que no tardará en desaparecer; pero aun donde más brillante es esta verdura apenas recuerda el verde y las flores que indican la primavera en otros países. atravesar estos desiertos se experimenta lo que debía sentir un prisionero encerrado en oscura cárcel: se aspira cerca de un poco de verde y se querría poder respirar un poco de humedad. ...

En la línea 1966
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... spués de salir nosotros de América meridional le sucedió a éste lo que a todos; fue derrotado, hecho prisionero y fusilado. ...

En la línea 1173
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Nadie ayudaba al Papa en esta campaña. Los Savellis, los Colonnas y otros feudatarios de la Santa Sede incluso el señor de Pésaro, marido de Lucrecia, se mantenían expectantes, deseando en el fondo de su ánimo la derrota del Papa. Esta surgió inesperadamente a fines de enero de 1497. Gandía y Guidobaldo levantaron el sitio de Braciano para cortar el paso a un ejército de refuerzo que enviaban los amigos de los Orsinis. El choque ocurrió cerca del pueblo de Soriano, una de las batallas más sangrientas y empeñadas de aquella época, que tuvo como final la fuga de las tropas papales. Guidobaldo quedó prisionero, y el duque de Gandía, herido en el rostro, tuvo que huir, luego de batirse valerosamente. ...

En la línea 1228
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Se tuvieron sospechas de los Orsinis, enemigos del Pontífice v en especial de Gandía, el cual les resultaba más insufrible que su padre, a causa de su jactanciosa mocedad. Se sospechó también del cardenal Ascanio Sforza, que había disputado recientemente con Juan; de Bartolomé de Albiano, enemigo suyo; del duque de Urbino, prisionero en el desastre de Soriano, que se mostraba furioso contra los Borgias porque no le habían ayudado a pagar su rescate; de Juan Sforza, el antiguo esposo de Lucrecia, y hasta de los Colonnas, siempre amigos de aquéllos. ...

En la línea 1507
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A Paolo Orsini, el tercer prisionero, lo guardó para conducirlo a Roma y confrontarlo con otros miembros de su familia que habían preparado una conjuración contra la vida de! Pontífice. Dicha revuelta debía iniciarse en la capital tan pronto como se recibiesen nuevas de la prisión de César en Sinigaglia, o de su muerte. Pero la noticia que llegó a Roma fue la del inesperado triunfo de César, y Alejandro VI se apresuró a encarcelar en el Vaticano a todos los de la familia Orsini, un cardenal, un arzobispo, un protonotario de la curia y varios hombres más de guerra. ...

En la línea 1764
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A principios de 1501 aún estaba el duque de las Romanas tendido en su lecho, rodeado de amigos fieles y procurando no comer más alimentos que los preparados por aquéllos, pues temía, con razón, verse suprimido como el viejo Pío III. La victoria definitiva de los españoles sobre los franceses en el reino napolitano contribuyó a que Julio II no se atreviese a abreviar la vida de su prisionero. ...

En la línea 125
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Mientras permanecía inmóvil fue examinando lo que le rodeaba. La muchedumbre era cada vez más numerosa en torno de su cuerpo y en las profundidades del bosque. El zumbido de sus palabras y sus gritos iba en aumento. Se presentía la llegada incesante de nuevos grupos. Por entre los cuatro aeroplanos inmóviles al extremo de sus cables volaban otros completamente libres, que se complacían en pasar y repasar sobre la nariz del prisionero. Eran dragones rojos y verdes, serpientes de enroscada cola, peces de lomo redondo, todos con alas, con escamas de diversos colores y con ojos enormes. Gillespie adivinó que eran las luciérnagas que en la noche anterior lanzaban mangas de luz por sus faros, ahora extinguidos. ...

En la línea 128
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Iba ya transcurrida una hora, y el prisionero empezaba a encontrar penosa su inmovilidad, cuando se hizo un profundo silencio. Procurando no moverse, torció a un lado y a otro sus ojos para examinar a la muchedumbre. Todos miraban en la misma dirección, y Gillespie se creyó autorizado para volver la cabeza en idéntico sentido. Entonces vio, como a dos metros de su rostro, un gran vehículo que acababa de detenerse. Este automóvil tenia la forma de una lechuza, y los faros que le servían de ojos, aunque apagados, brillaban con un resplandor de pupilas verdes. ...

En la línea 153
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Las palabras del sabio le fueron revelando todo lo ocurrido en esta tierra extraordinaria desde el atardecer del día anterior. Los escasos habitantes de la costa le habían visto aproximarse, poco antes de la puesta del sol, en su bote, más enorme que los mayores navíos del país. La alarma había sido dada al interior, llegando la noticia a los pocos minutos hasta la misma capital de la República. Los miembros del Consejo Ejecutivo habían acordado rápidamente la manera de recibir al visitante inoportuno, haciéndole prisionero para suprimirlo a las pocas horas. Los aparatos voladores del ejército salían a su encuentro una vez cerrada la noche. El Hombre-Montaña pudo vagar a lo largo de la costa sin tropezarse con ningún habitante, porque todos los ribereños se habían metido tierra adentro por orden superior. ...

En la línea 194
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... La doctora volvió a interrumpir las reflexiones del prisionero. ...

En la línea 183
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –El rey su Majestad sabe que el gran mariscal hereditario de Inglaterra se encuentra prisionero en la Torre. No sería bueno que un prisionero… ...

En la línea 356
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... En un momento toda la grave pena y la miseria que el sueño había desterrado cayeron de nueva sobre él, y comprendió que ya no era un príncipe mimado en un palacio, con los adoradores ojos de una nación en él, sino un mendigo, un paria, vestido de harapos, prisionero en un antro digno solo de animales y viviendo con mendigos y ladrones. ...

En la línea 458
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Dijo mi padre que tres años de destierro de mi casa y de Inglaterra podrían hacer de mí un soldado y un hombre, y enseñarme un algo de prudencia. Hice largas pruebas en las guerras continentales, en que supe en demasía lo que eran golpes, duras privaciones y aventuras, pero en la última batalla me tomaron prisionero, y en los siete años que han transcurrido desde entonces me he visto encerrado en un calabozo en tierra extraña. A fuerza de ingenio y de valor conseguí por fin verme libre, y huí hacia aqui en seguida; y ahora acabo de llegar y me encuentro pobre de dineros y ropa, y más pobre todavía en conocimientos de lo que en estos siete tristísimos años ha acontecido en Hendon Hall y a su gente. Y con esto mi pobre historia queda referida a Vuestra Majestad. ...

En la línea 654
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... El prisionero se inclinó hasta tocar el suelo con el rostro, y estalló en frenéticas exclamaciones de gratitud, que terminaron de esta suerte: ...

En la línea 862
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Parece que trae un prisionero, veo una chaqueta roja. -Sí, hay un soldado inglés atado al palo mayor. -¡Ah, si pudiera decirme algo de Mariana! ...

En la línea 869
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¿Dónde lo hiciste prisionero? ...

En la línea 1229
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Yáñez se lanzó detrás. Amordazó al prisionero, lo ató de manos y pies y le dijo, en tono amenazador: ...

En la línea 1406
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Si supiera que es uno solo, saldría para tomarlo prisionero -dijo Sandokán. ...

En la línea 1214
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Con gran sorpresa por mi parte, el capitán Nemo me concedió su autorización con toda facilidad, sin tan siquiera exigirme la promesa de nuestro retorno a bordo. Cierto es que una huida a través de las tierras de la Nueva Guinea era demasiado peligrosa y no sería yo quien aconsejase a Ned Land intentarla. Más valía ser prisionero a bordo del Nautilus que caer entre las manos de los naturales de la Papuasia. ...

En la línea 1218
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Ned Land no podía contener su alegría. Era un prisionero escapado de su cárcel, y no parecía pensar que debía volver a ella. ...

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