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La palabra embajador
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la palabra embajador

La palabra Embajador ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece embajador.

Estadisticas de la palabra embajador

Embajador es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 2371 según la RAE.

Embajador tienen una frecuencia media de 40.3 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la embajador en 150 obras del castellano contandose 6126 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Embajador

Cómo se escribe embajador o hembajador?
Cómo se escribe embajador o enbajador?
Cómo se escribe embajador o embajadorr?
Cómo se escribe embajador o emvajador?
Cómo se escribe embajador o embagador?

Más información sobre la palabra Embajador en internet

Embajador en la RAE.
Embajador en Word Reference.
Embajador en la wikipedia.
Sinonimos de Embajador.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece embajador

La palabra embajador puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2138
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Partid, partid! Os lo suplico, y volved más tarde; volved como embajador, volved como ministro, volved rodeado de guardias que os defiendan, de servidores que vigilen por vos, y entonces no temeré más por vuestra vida y sentiré dicha en volveros a ver. ...

En la línea 7156
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Por su lado Buckingham, aunque ponía ante todo el honor de In glaterra estaba movido por intereses absolutamente semejantes a los del cardenal; Buckingham también perseguía una venganza particular: bajo ningún pretexto había podido Buckingham entrar en Francia co mo embajador, y quería entrar como conquistador. ...

En la línea 9916
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Llevó incluso la severidad de esta orden hasta mantener en Ingla terra al embajador de Dinamarca, que se había despedido, y al emba jador ordinario de Holanda, que debía llevar al puerto de Flessingue los navíos de Indias que Carlos I había hecho devolver a las Provincias Unidas. ...

En la línea 1714
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... CAPÍTULO XII Mi alojamiento en Madrid.—La patrona.—El embajador británico.—Mendizábal.—Baltasar.—Deberes de un Nacional.—Sangre moza.—La ejecución.—La población de Madrid.—Las clases altas.—Las clases bajas.—Las corridas de toros.—El gitano. ...

En la línea 1733
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Antes de dar ese paso, me pareció prudente avistarme con Mister Villiers, embajador de Inglaterra en Madrid, y, con la libertad aneja a mi condición de súbdito británico, pedirle consejo en el asunto. ...

En la línea 1736
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Resolví, a pesar de todo, hacer la prueba, y antes de separarme del embajador obtuve una carta de presentación para Mendizábal. ...

En la línea 1895
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... «Rigen en algunos puntos, y este es uno de ellos—respondió el aragonés—; pero, dígame, ¿quién es usted? ¿Le conoce el embajador de su país?» «¡Oh!, sí, y tiene mucho interés por este asunto.» «¿De veras?—dijo Oliban—; entonces, el caso varía. ...

En la línea 3792
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Certifico con verdad que en veinte y cinco de febrero deste año de seiscientos y quince, habiendo ido el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el embajador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus príncipes y los de España, muchos caballeros franceses, de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y, tocando acaso en éste que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte désta, y las Novelas. ...

En la línea 3792
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Certifico con verdad que en veinte y cinco de febrero deste año de seiscientos y quince, habiendo ido el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el embajador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de sus príncipes y los de España, muchos caballeros franceses, de los que vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y, tocando acaso en éste que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se tenían sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la primera parte désta, y las Novelas. ...

En la línea 6505
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -¿Que todavía se afirma vuestra merced, señor mío -dijo el bachiller-, ser verdad esto del gobierno de Sancho, y de que hay duquesa en el mundo que le envíe presentes y le escriba? Porque nosotros, aunque tocamos los presentes y hemos leído las cartas, no lo creemos, y pensamos que ésta es una de las cosas de don Quijote, nuestro compatrioto, que todas piensa que son hechas por encantamento; y así, estoy por decir que quiero tocar y palpar a vuestra merced, por ver si es embajador fantástico o hombre de carne y hueso. ...

En la línea 6506
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Señores, yo no sé más de mí -respondió el paje- sino que soy embajador verdadero, y que el señor Sancho Panza es gobernador efectivo, y que mis señores duque y duquesa pueden dar, y han dado, el tal gobierno; y que he oído decir que en él se porta valentísimamente el tal Sancho Panza; si en esto hay encantamento o no, vuestras mercedes lo disputen allá entre ellos, que yo no sé otra cosa, para el juramento que hago, que es por vida de mis padres, que los tengo vivos y los amo y los quiero mucho. ...

En la línea 97
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... La carta del canónigo puso en pie en la memoria de Claudio tres figuras sólo entrevistas durante los últimos meses como fugaces e indecisos fantasmas: el embajador Bustamante. su cuñada doña Nati y la dulce Estela. Esta última, sin embargo, persistía en su recuerdo, según sus propias palabras, «como un perfume lejano de violeta adormecida entre hojas». ...

En la línea 98
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Rosaura se acordó igualmente de los olvidados Bustamantes. Don Arístides y su familia habían pasado por la Costa Azul cuando ella viajaba lejos con Claudio. El embajador le había enviado al principio, desde Roma, varías cartas describiendo en estilo pomposo las fiestas dadas en su palacio, las invitaciones y honores de que era objeto, apremiándola para que le hiciese una visita y participase de tanto esplendor. Luego, tenaz silencio. ...

En la línea 403
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Contemplaba remozados por el atractivo de la novedad al solemne embajador en Roma don Arístides Bustamante, a su cuñada doña Nati, al majestuoso Enciso de las Casas, «primer diplomático-artista de la América del Sur». ...

En la línea 518
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Ya estaba el canónigo de regreso en su caserón-archivo, haciéndose lenguas de lo que llevaba visto en Roma, gracias al apoyo del embajador español y de aquel diplomático sudamericano, el señor Enciso de las Casas, que él apreciaba como uno de los personaje;, más importantes de la Ciudad Eterna, después del Papa, por su palacio comparable a un almacén de antigüedades, por su amistad con numerosos príncipes de la Iglesia que asistían a sus banquetes, por los libros que publicaba magníficamente impresos, de los cuales había dado algunos a Figueras edición especial destinada a los bibliófilos. ...

En la línea 304
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... La vanguardia de la esperada procesión hizo su aparición en la puerta principal: una tropa de alabarderos. Iban vestidos con calzas de listas negras y leonadas, gorras de terciopelo adornadas a los lados con rasas de plata, y jubones de paño azul y morado, bordados por delante y por detrás con las tres plumas, el blasón del príncipe, tejidas en oro. Las astas de las alabardas estaban cubiertas de terciopelo carmesí, sujeto con clavos dorados y adornadas con borlas de oro. Desfilando a derecha e izquierda, formaban dos largas hileras que se extendían desde la puerta principal del palacio hasta la orilla del agua. Después se desplegó un grueso paño o tapiz rayado, y unos servidores, ataviados con las libreas de oro y carmesí del príncipe, lo tendieron entre los alabarderos. Hecho esto, resonó dentro un floreo de trompetas. Los músicos del río comenzaran un animado preludio y dos ujieres con varas blancas salieron por la puerta con lento y majestuoso paso. Iban seguidos por un oficial que llevaba la maza municipal, tras el cual venía otro con la Espada de la Ciudad; luego varios alguaciles de la guarnición de la ciudad, con uniforme de gala, y con divisas en las mangas. Venía luego el rey de armas de la Jarretera, con su tabardo; lo seguían varios caballeros del Baño, cada uno con una cinta blanca en la manga; luego sus escuderos; después los jueces, con sus togas escarlatas y sus cofias; luego el lord gran canciller de Inglaterra, con su toga escarlata, abierta por delante y, orlada de piel blanca con manchas negras; luego una comisión de regidores con sus capas escarlata, y luego los principales de las diferentes compañías cívicas en traje de ceremonia. Después venían doce caballeros franceses, con espléndidos atavíos, consistentes en jubones de damasco blanco listado de oro, capas cortas de terciopelo carmesí, forradas de tafetán violeta y calzas color carne, y comenzaron a descender por la escalinata. Eran el séquito del embajador francés, e iban seguidos por doce caballeros del séquito del embajador español, vestidos de terciopelo negro sin ningún adorno. En pos de éstos venían varios importantes nobles ingleses con sus servidores. ...


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