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La palabra llevando
Cómo se escribe

la palabra llevando

La palabra Llevando ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Niebla de Miguel De Unamuno
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece llevando.

Estadisticas de la palabra llevando

Llevando es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4349 según la RAE.

Llevando tienen una frecuencia media de 21.07 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la llevando en 150 obras del castellano contandose 3202 apariciones en total.

Más información sobre la palabra Llevando en internet

Llevando en la RAE.
Llevando en Word Reference.
Llevando en la wikipedia.
Sinonimos de Llevando.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece llevando

La palabra llevando puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1816
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Emprendieron la marcha los chicuelos, llevando en alto grandes ramos de albahaca. ...

En la línea 2110
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y rápidamente se vio otra vez con todos sus muebles sobre el carro, errante por los caminos, en busca de lo desconocido, para crearse otra existencia, llevando como tétrica escolta la fea hambre, que iría pisándole los talones. ...

En la línea 222
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El compadre, llevando de la mano a Rafaelillo, que era ya un rapaz, marchó a Algar, a su pueblo de la serranía, para ser gañán en un cortijo, si es que le aceptaban viéndole entrado en años y enfermo. ...

En la línea 275
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El mozo era de los de caballería y no se limitaba a entrar tabaco. Los judíos de Gibraltar le hacían crédito, y su alazán trotaba llevando a la grupa fardos de sedas y de vistosos pañolones de China. Ante el absorto padrino y su hija María de la Luz, que le miraba fijamente con sus ojos de brasa, el muchacho sacaba a puñados las monedas de oro, las libras inglesas, como si fuesen ochavos, y acababa por extraer de las alforjas algún pañuelo vistoso o puntilla complicada, para hacer regalo de ello a la hija del capataz. ...

En la línea 325
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... ¡Qué de disgustos proporcionaron las dos _Marquesitas_, como las llamaban en la ciudad, a la austera doña Elvira!... Mercedes, la soltera, se fugó con un inglés rico. De tarde en tarde llegaban vagas noticias que hacían palidecer de rabia a la noble señora. Unas veces la veían en París, otras en Madrid, llevando una vida de _cocotte_ elegante. Cambiaba con frecuencia de protectores, pues los atraía a docenas con su gracia picaresca. Además, en ciertas vanidades producía gran impresión el título de marquesa de San Dionisio, que había unido a su nombre, y la corona nobiliaria con que adornaba sus camisas de noche y las sábanas de una cama tan frecuentada como la acera de una gran calle. ...

En la línea 463
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y mientras Salvatierra aproximábase a la lumbre, que comenzaba a crepitar con alegre llama, el aperador salió de la cocina. Poco después volvió, llevando al brazo su capote de monte. ...

En la línea 866
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Lue go hicieron sonar la campana y llevando cuatro de las cinco espadas se encaminaron ebrios de alegría hacia el palacio del señor de Tréville. ...

En la línea 2147
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Y Ana de Austria regresó a sus habitaciones y salió casi al momen to, llevando en la mano un pequeño cofre de palo de rosa con sus ini ciales, incrustado de oro. ...

En la línea 3236
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Cuando los dos amigos hablaban desde hacía algunos instantes, un servidor del señor de Tréville entró llevando un sobre sellado. ...

En la línea 4149
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Pero pronto sus gritos fueron aho gados; los tres hombres se acercaron a la ventana, llevando a la mujer en sus brazos; dos descendieron por la escalera y la transportaron al coche, donde el viejo entró junto a ella. ...

En la línea 1141
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Hermano, confío en el _bar lachí_, como los _Caloré_ de otro tiempo: aunque me viera en el golfo de _Bombardó_ sin una tabla a qué agarrarme, no tendría miedo; porque llevando tan preciosa piedra, ella me sacaría sano y salvo a la costa. ...

En la línea 1180
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No tardé en oír las pisadas de los animales, y un momento después apareció Antonio llevando el caballo por la brida; el _macho_ iba detrás. ...

En la línea 2640
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Hasta mucho después de cerrar la noche, no llegamos a la puerta de la ciudad, cerrada y guardada en previsión de un ataque carlista; no sin dificultad nos permitieron entrar, y llevando nuestros caballos por calles desiertas, silenciosas y obscuras, dimos con un individuo que nos encaminó a una _posada_, la del Toro, grande, sombría e incómoda, la mejor de la ciudad, según comprobé más adelante. ...

En la línea 3290
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Lugo estaba a diez leguas; al parecer no había por el momento otro remedio que tener paciencia, y tomado algún descanso seguimos el viaje, llevando los caballos por las riendas. ...

En la línea 479
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz, diciendo: -¡Oh señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que, por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla! El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcaíno, todo fue en un tiempo, llevando determinación de aventurarlo todo a la de un golpe solo. ...

En la línea 875
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... En resolución, Sancho acomodó a don Quijote sobre el asno y puso de reata a Rocinante; y, llevando al asno de cabestro, se encaminó, poco más a menos, hacia donde le pareció que podía estar el camino real. ...

En la línea 1015
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Así debe de ser -respondió Sancho-, puesto que yo no lo sé; sólo sé que, después que somos caballeros andantes, o vuestra merced lo es (que yo no hay para qué me cuente en tan honroso número), jamás hemos vencido batalla alguna, si no fue la del vizcaíno, y aun de aquélla salió vuestra merced con media oreja y media celada menos; que, después acá, todo ha sido palos y más palos, puñadas y más puñadas, llevando yo de ventaja el manteamiento y haberme sucedido por personas encantadas, de quien no puedo vengarme, para saber hasta dónde llega el gusto del vencimiento del enemigo, como vuestra merced dice. ...

En la línea 1219
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Seguíale Sancho a pie, llevando, como tenía de costumbre, del cabestro a su jumento, perpetuo compañero de sus prósperas y adversas fortunas; y, habiendo andado una buena pieza por entre aquellos castaños y árboles sombríos, dieron en un pradecillo que al pie de unas altas peñas se hacía, de las cuales se precipitaba un grandísimo golpe de agua. ...

En la línea 338
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ¡Qué magnífico espectáculo debió ser, qué hermoso asunto de cuadro para un pintor: el cuerpo desnudo y bronceado del viejo llevando en un, brazo a su tierno hijo, colgando, como Mazeppa, de su caballo blanco, y escapándose así de la persecución de sus enemigos! Un día vi a un soldado sacar chispas de un trozo de sílex, que al punto conocí que había formado parte de una punta de flecha. Me dijo haberlo encontrado cerca de la isla Cholechel, y que había muchos en ese sitio. Ese pedazo de cuarzo tenía entre dos y tres pulgadas de longitud; por lo tanto, la flecha aquella era doble mayor que las empleadas hoy en la Tierra de Fuego. Estaba formada por un trozo de sílex opaco, de color blanquecino; pero la punta y las aristas estaban rotas. Sabido es que ningún indio de las Pampas emplea hoy arco ni flechas, excepto (según creo) una pequeña tribu en la banda oriental. Pero esta última tribu está muy lejos de los indios de las Pampas y muy cerca, por el contrario, de las tribus que viven en los bosques y que nunca montan a caballo. ...

En la línea 589
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Durante su último viaje lo había remontado el capitán Stokes en una extensión de cerca de 30 millas; pero la falta de provisiones le obligó a retroceder. No se conocía de este río más que lo descubierto en la excursión de que acabo de hablar. El capitán Fitz-Roy se resuelve a penetrar todo lo que el tiempo permitiese, y partimos el 18 en tres balleneras llevando provisiones para tres semanas. Componíase nuestra -expedición de 25 hombres, fuerza suficiente para desafiar a un ejército de indios. La marea ascendente nos arrastró muy pronto; el tiempo estaba bueno e hicimos una larga etapa; no tardamos en beber agua dulce del río, y por la tarde nos encontramos donde ya no se dejaba sentir la marea. ...

En la línea 598
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El basalto es pura y simplemente lava que ha corrido bajo el mar; pero han debido producirse las erupciones en gran escala. En efecto, en el punto en que primero hemos observado esta formación tiene 120 pies de espesor. ¡Cuál no será el grueso de esta capa en la cordillera! No tengo ningún dato que me permita decirlo, pero la plataforma alcanza allí una altura aproximada de 3.000 pies sobre el nivel del mar. Por consiguiente, debemos buscar el origen de esta capa en las montañas de esta gran cadena; y bien dignos son de tal origen estos torrentes de lava que han corrido a una distancia de 100 millas sobre el lecho tan poco inclinado del mar. No hay más que echar una ojeada sobre los cantiles de basalto de los dos lados opuestos del valle para convencerse de que en otro tiempo no debieron ser más que un solo bloque. ¿Cuál es el agente que ha arrastrado a una distancia tan excesivamente larga una masa sólida de roca tan dura, y con un espesor de 300 pies y en una anchura que varía de poco menos de dos hasta cuatro millas? Por más que el río tenga tan poca potencia cuando se trata de acarrear fragmentos, aunque sean de poco volumen, hubiera podido ejercer en el transcurso de los tiempos una erosión gradual; efecto cuya importancia sería difícil de determinar. Pero en el caso que nos ocupa, además del poco alcance de un agente de esta naturaleza, podría darse una serie de excelentes razones para sostener que un brazo de mar ha atravesado en otras épocas este valle. Sería superfluo en esta obra detallar los argumentos que inducen a esta conclusión, sacados de la forma y de la naturaleza de los terrenos, que afectan la disposición de gigantescas escaleras y que ocupan los dos lados del valle; de la manera como el fondo de éste se extiende en una llanura en forma de bahía cerca de los Andes, llanura entrecortada por colinas de arena, y de algunas conchas marinas que se encuentran en el lecho del río. Si no tuviera limitado el espacio de que puedo disponer, demostraría que en otro tiempo atravesaba la América meridional en este punto un estrecho parecido al de Magallanes, y que, como éste, unía el océano Atlántico al océano Pacífico. Pero no por eso dejaremos de preguntar: ¿Cómo ha sido arrastrado el basalto sólido? Los antiguos geólogos hubieran llamado en su auxilio la acción violenta de alguna espantosa catástrofe; pero tan suposición, en este caso, sería inadmisible; porque las mismas mesetas dispuestas en gradas y llevando en su superficie conchas existentes en la actualidad, mesetas que bordean la larga extensión de las costas de la Patagonia, rodean también el valle del Santa Cruz. ...

En la línea 949
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 5 de septiembre.- Cerca de las 12 del día llegamos a uno de esos puentes colgantes hechos con pieles, que atraviesan el Maypugrán, río de rápida corriente que pasa a pocas leguas al sur de Santiago. Triste cosa son los tales puentes! El piso, que se presta a todos los movimientos de las cuerdas que lo sostienen, consiste en tablas colocadas unas junto 4 otras; y con mucha frecuencia faltan y aparece un agujero; al; peso de un hombre, llevando el caballo de la brida, oscila todo el puente de un modo terrible ...

En la línea 2514
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Juraba que jamás llevando botas nuevas le había favorecido la suerte. ...

En la línea 5110
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Tú (vuelta a contar por los dedos, pero además con pataditas en el suelo, como llevando el compás) tienes fanatizado a medio pueblo; las de Carraspique se han metido monjas por culpa tuya, y una de ellas está muriendo tísica por culpa tuya también, como si tú fueras la humedad y la inmundicia de aquella pocilga; tú tienes la culpa de que no se case la de Páez, la primera millonaria de Vetusta, que no encuentra novio que le agrade. ...

En la línea 5741
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se levantó y se dirigió a la puerta llevando como a remolque a la de Páez. ...

En la línea 6560
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Mesía no pudo menos de sonreír, a pesar de que le estaban llevando los demonios. ...

En la línea 513
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Y se dedicó a organizar su trabajo, lo mismo que si preparase un remedio. Alquiló una casa en las afueras de Madrid, llevando a ella libros y muebles que las andanzas de su vida le hacían hecho confiar a la custodia de varios amigos. Con repentino optimismo ideó la producción de varias obras literarias que llegarían a hacerse famosas. Indudablemente, su ruptura con Rosaura tenía algo de providencial. Iba a escribir en seguida la novela poemática del Papa Luna, contando sus aventuras pontificales de mar y tierra. Luego seguiría dedicándose al género novelesco, produciendo nuevas historias de la vida contemporánea. ...

En la línea 650
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Solo comía en vajilla de oro; montaba los más valiosos corceles; su servidumbre vestía de seda y púrpura; iba a todas partes llevando un cortejo de poetas y pintores; daba la importancia de negocios de Estado a la organización en sus palacios y jardines de funciones teatrales y representaciones bélicas. «Quiso competir—dijo Platina, el humanista protegido por él y nombrado por Sixto IV bibliotecario del Vaticano—con todos los personajes antiguos en grandiosidad y magnificencia… , lo mismo en las cosas buenas que en los vicios.» ...

En la línea 665
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Todo esto no fue obstáculo para que el fastuoso cardenal—obispo de Valencia—diese grandes banquetes en su palacio. La ciudad había adornado sus calles en relación con la especialidad de los comerciantes o menestrales establecidos en ella. En la Tapinería, donde trabajaban los comerciantes de tapines o chapines, calzado alto. Inventado por los moros, que aumentaba la estatura de las mujeres y cuya moda se extendía hasta Venecia, las casas se mostraban cubiertas de chapines de los más caros, que tenían las suelas con adornos de oro plata y diamantes. En la calle de las Platerías. los orfebres ostentaban sobre tapices de brocado sus obras más suntuosas, y en la Puerta Nueva, cerca del sitio donde se iba a construir poco después la famosa Lonja, aparecían revestidos dos edificios, del tejado al suelo, con piezas de ricas telas. Los señores circulaban entre la muchedumbre montados en mulas y llevando a la grupa a su dama. ...

En la línea 709
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... No pasaba un solo día sin asesinatos. Las turbas vivían olvidadas / de tonas las imposiciones del orden. El médico del Papa, que era judío, hizo degollar a tres niños de diez años—según contaban las crónicas de entonces—, llevando al enfermo la sangre de ellos para que la bebiese, único medicamento capaz de reanimar su vigor. Este remedio monstruoso no era raro en la Medicina de aquella época, siempre predispuesta a emplear la sangre humana para fines terapéuticos. ...

En la línea 193
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Vio además Gillespie que la mayor parte de los jinetes que mantenían en respeto a la muchedumbre eran hombres igualmente; hombres enormes y barbudos, con una expresión de estupidez disciplinada, de brutalidad automática, reveladora de su situación inferior. A pesar de que iban armados con grandes cimitarras, su traje era una túnica igual a la de las mujeres. Todos ellos parecían simples soldados. Varias muchachas de bélica elegancia, llevando sobre sus cortas melenas el casquete alado, hacían caracolear sus caballos entre las de estos guerreros inferiores, dándoles órdenes con un laconismo de jefes. ...

En la línea 300
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Entraron en el patio los tambores, que eran unos treinta, y detrás de ellos igual número de trompeteros. A continuación desfiló una tropa del ejército de línea, o sea de aquellas muchachas con casco de aletas que Gillespie había visto al despertar. Los soldados iban armados, unos con arcos y otros con alabardas. Después pasaron los guardias porta-espada, llevando con la punta en alto y sostenidos por sus dos manos cerradas sobre el pecho unos mandobles enormes que brillaban lo mismo que si fuesen de plata. ...

En la línea 308
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Deseosos de suprimir cuanto antes esta molestia general, los organizadores del desfile hicieron aparecer en el patio a una veintena de siervos desnudos, llevando entre ellos, muy tirante y rígida, una especie de alfombra cuadrada, de color blanco, con un ribete suavemente azul, y que ostentaba en uno de sus ángulos un jeroglífico bordado, que, según la declaración del profesor Flimnap, se componía de letras entrelazadas. ...

En la línea 311
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Luego entraron mas siervos desnudos llevando a brazo nuevos objetos. Seis de ellos sostenían como un peso abrumador el libro de notas cuyas hojas había traducido Flimnap. Después otros atletas pasaron, rodando sobre el suelo, lo mismo que si fuesen toneles, varios discos de metal, grandes, chatos y exactamente redondos, encontrados en los bolsillos del gigante. ...

En la línea 1748
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Volvió a su cuarto, llevando la mano del almirez, y echada otra vez la llave, tapó el agujero con un pañuelo. ...

En la línea 2251
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Mascando el último bocado, salió Maximiliano para irse a clase, llevando la carga de sus libros, y mucho después almorzó Juan Pablo solo. Aquellos almuerzos servidos a distintas horas molestaban mucho a doña Lupe. ¿Se creían sus sobrinos que aquella casa era una posada? El único que tenía consideración, el que menos guerra daba y el que menos comía era Maxi, el de la pasta de ángel, siempre comedido, aun después de que le volvieron tarumba los ojos de una mujer. Sobre esto reflexionaba doña Lupe aquella tarde, cosiendo en la sillita, junto al balcón de la calle, sin más compañía que la del gato. ...

En la línea 2700
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Doña Lupe dejó las ociosas plumas a las cinco de la mañana cuando aún no era de día, y arrancó de la cama a Papitos, tirándole de una oreja, para que encendiera la lumbre. ¡Flojita tarea la de aquel día; un almuerzo para doce personas! Llamó a Fortunata para que se fuera arreglando, y acordaron dejar dormir a Maxi hasta la hora precisa, porque los madrugones le sentaban mal. Dio varias disposiciones a la novia para que trabajara en la cocina, y se fue a la compra con Papitos, llevando el cesto más grande que en la casa había. ...

En la línea 3060
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En las tertulias de los cafés hay siempre dos categorías de individuos, una es la de los que ponen la broza en la conversación, llevando noticias absurdas o diciendo bromas groseras sobre personas y cosas; otra es la de los que dan la última palabra sobre lo que se debate, soltando un juicio doctoral y reduciendo a su verdadero valor las bromas y los dicharachos. Donde quiera que hay hombres, hay autoridad, y estas autoridades de café, definiendo a veces, a veces profetizando y siempre influyendo, por la sensatez aparente de sus juicios, sobre la vulgar multitud, constituyen una especie de opinión, que suele traslucirse a la prensa, allí donde no existe otra de mejor ley. ...

En la línea 790
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Yo soy Yokel, y fui en otro tiempo un labrador próspero, con una esposa amante y chiquillos; y ahora soy algo muy distinto por mi estado y profesión. Mi mujer y mis hijos murieron. Tal vez estén en el cielo, o tal vez… en el otro sitio… Pero, ¡Dios sea loado!, ya no tienen nada que ver con Inglarterra. Mi buena madre, que era de conducta intachable, trató de ganarse el pan asistiendo a los enfermos, pero uno de ellos se murió sin que el médico supiera de qué, y por lo tanto quemaron a mi madre por bruja, mientras mis niños lo contemplaron, gimiendo. ¡Ley de Inglaterra! ¡Levantad el vaso y bebamos todos juntos a la salud de las misericordiosas leyes inglesas, que la libraron del infierno de Inglaterra! ¡Gracias, camaradas, gracias a todos! Yo pedí limosna de casa en casa con mi mujer, llevando a los famélicos niños; pero como es un delito tener hambre en Inglaterra, nos desnudaron y nos llevaron por tres pueblos dándonos azotes. ¡Bebamos todos otra vez por las piadosas leyes inglesas, porque su látigo se bebió la sangre de mi María, y así llegó muy pronto su bendita libertad! Ahora duerme en la bendita tierra, a salvo de todo daño; y los niños… Los niños, mientras la ley me iba azotando de pueblo en pueblo, se murieron de hambre. ¡Bebed, muchachos, bebed, aunque no sea más que una gota, por los pobres niños que no hicieron nunca daño a nadie! Yo volví a mendigar en busca de un mendrugo, y me pusieron en la picota y perdí una oreja… Mirad, aquí está lo que de ella queda. Volví a pedir limosna, y, para que no se me olvide, aquí tenéis lo que resto de la otra. Volví otra vez, y me vendieron como esclavo. Aquí, en la mejilla, debajo de esta mancha, si me lavara, podríais ver la S roja que dejó la marca del hierro al rojo vivo. ¡Esclavo! ¿Comprendéis esta palabra? ¡Un esclavo inglés es el que tenéis delante! Me he escapado de mi amo, y cuando me encuentren –¡caiga la maldición del cielo sobre la tierra que lo ha ordenado!–, cuando me encuentren, me ahorcarán.[11] ...

En la línea 1842
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... «Pero ¿por qué me miras así, Orfeo? ¡Si parece que lloras sin lágrimas… ! ¿Es que me quieres decir algo?, te veo sufrir por no tener palabras. ¡Qué pronto aseguré que tú no sueñas! ¡Tú sí que me estás soñando, Orfeo! ¿Por qué somos hombres los hombres sino porque hay perros y gatos y caballos y bueyes y ovejas y animales de toda clase, sobre todo domésticos?, ¿es que a falta de animales domésticos en que descargar el peso de la animalidad de la vida habría el hombre llegado a su humanidad? ¿Es que a no haber domesticado el hombre al caballo no andaría la mitad de nuestro linaje llevando a cuestas a la otra mitad? Sí, a vosotros se os debe la civilización. Y a las mujeres. Pero ¿no es acaso la mujer otro animal doméstico? Y de no haber mujeres, ¿serían hombres los hombres? ¡Ay, Orfeo, viene de fuera quien de casa te echa! » ...

En la línea 721
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... En efecto, no menos de dos billetes de una libra esterlina, que parecían haber estado circulando por todos los mercados de ganado del condado. Joe se puso el sombrero otra vez y, llevando los billetes, se encaminó a Los Tres Alegres Barqueros para devolverlos a su propietario. Mientras estuvo fuera me senté en mi taburete acostumbrado, mirando con asombro a mi hermana y sintiendo la convicción de que aquel hombre ya no estaría allí. ...

En la línea 859
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Nada importa para mi objeto que una puerta que había en la pared del jardín y por la que me subí el primer día para mirar al otro lado estuviera aquel día abierta o cerrada. Basta decir que no la vi siquiera y que ahora la descubrí. Y como estaba abierta y yo sabía que Estella había acompañado a las visitas hasta la calle - porque volvió llevando las llaves en la mano -, me aventuré a entrar en el jardín y lo recorrí por entero. Era completamente silvestre y divisé algunas cáscaras de melón y de pepinos que parecían, en su estado de desecación, haber fructificado espontáneamente, aunque sin vigor, para producir débiles tentativas de viejos sombreros y de botas, con algunos renuevos, de vez en cuando, en forma de cacharros estropeados. ...

En la línea 898
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Cuando llegó el día de mi visita a la escena de mi violencia, mis terrores llegaron a su colmo. ¿Y si algunos agentes, esbirros de la justicia, especialmente enviados desde Londres, estaban emboscados detrás de la puerta? ¿Y si la señorita Havisham, deseosa de tomar venganza personal de un ultraje cometido en su casa, se pusiera en pie, llevando aquel traje sepulcral, y, apuntándome con una pistola, me mataba de un tiro? ¿Quién sabe si cierto número de muchachos sobornados —una numerosa banda de mercenarios— se habrían comprometido a esperarme en la fábrica de cerveza para caer sobre mí y matarme a puñetazos? Pero tenía tanta confianza en la lealtad del joven y pálido caballero, que nunca le creí autor o inspirador de tales desquites, los cuales siempre se presentaban a mi imaginación como obra de sus parientes, incitados por el estado de su rostro y por la indignación que había de producirles ver tan malparados los rasgos familiares. ...

En la línea 1428
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Yo debía marcharme del pueblo a las cinco de la mañana, llevando mi maletín, y dije a Joe que quería marcharme solo. Temo y me apena mucho pensar ahora que ello se debió a mi deseo de evitar el contraste que ofreceríamos Joe y yo si íbamos los dos juntos hasta el coche. Me dije que no había nada de eso, pero cuando aquella noche me fui a mi cuartito, me vi obligado a confesarme la verdad y sentí el impulso de bajar otra vez y de rogar a Joe que me acompañase a la mañana siguiente. Pero no lo hice. ...

En la línea 590
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «Debe de ser un hombre alto y grueso», pensó Raskolnikof llevando la mano al mango del hacha. Verdaderamente, todo aquello parecía un mal sueño. El desconocido tiró violentamente del cordón de la campanilla. ...

En la línea 1736
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Padre, eso son palabras y nada más que palabras… ¡Perdonar… ! Si no le hubiesen atropellado, esta noche habría vuelto borracho, llevando sobre su cuerpo la única camisa que tiene, esa camisa vieja y sucia, y se habría echado en la cama bonitamente para roncar, mientras yo habría tenido que estar trajinando toda la noche. Habría tenido que lavar sus harapos y los de los niños; después, ponerlos a secar en la ventana, y, finalmente, apenas apuntara el día, los habría tenido que remendar. ¡Así habría pasado yo la noche! No, no quiero oír hablar de perdón… Además, ya le he perdonado. ...

En la línea 2644
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿De qué se ríe? Óigame: yo sólo le di dos latigazos tan flojos que ni siquiera dejaron señal… Le ruego que no me crea un cínico. Yo sé perfectamente que esto es innoble y… , etcétera; pero también sé que a Marfa Petrovna no le desagradó… mi arrebato, digámoslo así. El asunto relacionado con la hermana de usted estaba ya agotado, y Marfa Petrovna, no teniendo ningún asunto que ir llevando por las casas de la ciudad, se veía obligada a permanecer en casa desde hacia tres días. Ya había fastidiado a todo el mundo con la lectura de la carta (¿ha oído usted hablar de esa carta?). De pronto cayeron sobre ella, como enviados por el cielo, aquellos dos latigazos. Lo primero que hizo fue ordenar que preparasen el coche… Sin hablar de esos casos especiales en que las mujeres experimentan un gran placer en que las ofendan, a pesar de la indignación que simulan (casos que se presentan a veces), al hombre, en general, le gusta que lo humillen. ¿No lo ha observado usted? Pero esta particularidad es especialmente frecuente en las mujeres. Incluso se puede afirmar que es algo esencial en su vida. ...

En la línea 4129
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Sí, ahora podía tener una salida, un medio de poner fin a la espantosa situación que le asfixiaba y le tenía sumido en una especie de embrutecimiento desde la confesión de Mikolka en casa de Porfirio. A esto había seguido su escena con Sonia, cuyo desarrollo y desenlace no habían correspondido a sus previsiones ni a sus intenciones. Se había mostrado débil en el último momento. Había reconocido ante la muchacha, y con toda sinceridad, que no podía seguir llevando él solo una carga tan pesada… ...

En la línea 904
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... - ¿No tiene ella una hija a quien desea ver? -preguntó llevando aparte al señor Magdalena. ...

En la línea 785
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... A la vuelta solían las amigas hallar el puente más animado que a la ida. Era el momento en que tornaba de sus expediciones campestres la gente de Vichy y los bañistas, y abundaban los jinetes, llevando sus monturas al paso, luciendo los pantalones de punto y las abrochadas polainas, sobre las cuales relucía la nota brillante del estribo y del espolín. Algún sociable, semejante a ligera canoa, corría arrastrado por su gallardo tronco de jacas bien iguales, bien lustrosas de pelo y lucias de cascos, y ufano de su elegante tripulación; entreveíanse un instante anchas pamelas de paja muy florecidas de filas y amapolas, trajes claros, encajes y cintas, sombrillas de percal de gayos colorines, rostros alegres, con la alegría del buen tono, que está siempre a diapasón más bajo que la de la gente llana. Esta gozaban los expedicionarios de a pie, en su mayor parte familias felices, que ostentaban satisfechas la librea de la áurea mediocridad, y aun de la sencilla pobreza: el padre, obeso, cano, rubicundo, redingote gris o marrón, al hombro larguísima caña de pescar; la hija, vestido de lana obscura, sombrerillo de negra paja con una sola flor, en la izquierda el cestito de los anzuelos y demás enseres piscatorios, y llevando de la diestra al hermanito, a quien pantalones y chaqueta quedaron ya muy cortos, y que luce la caña de las botinas, y levanta orgulloso el cubo donde flotan los simples peces víctimas del mortífero pasatiempo de su padre. ...

En la línea 726
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -La primera causa - dijo; pero llevando la mano a su cabeza, exclamó : ¡Eh! ¡Si no es mi peluca! ...

En la línea 1257
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Mister Fogg, mistress Aouida, que le acompañaba, y Picaporte, salieron precipitados por los pasillos, pero tropezaron fuera del barracón con el honorable Batulcar, furioso, que reclamaba indemnización por la 'rotura'. Phileas Fogg apaciguó su furor echándole un puñado de billetes de banco, y a las seis y media, en el momento en que iba a partir, mister Fogg y mistress Aouida ponían el pie en el vapor americano, seguidos de Picaporte, con las alas a la espalda y llevando en el rostro la nariz de seis pies, que todavía no había podido quitarse. ...

En la línea 1543
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... A las once, el silbato de la locomotora, anunció la aproximación a la estación de Plum Creek. Mister Fogg se levantó, y, seguido de Fix, salió a la galería. Picaporte le acompañaba, llevando un par de revólveres. Mistress Aouida se había quedado en el vagón, pálida como una muerta. ...

En la línea 1617
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... No tardó en saberse lo que era. La locomotora, que andaba a corto vapor y dando grandes silbidos, era la que, después de haberse separado del tren, había conlinuado su marcha con tan espantosa velocidad, llevando al maquinista y fogonero inanimados. Había corrido muchas millas, y, después, apagándose el fuego, por falta de combustible, la velocidad se fue amortiguando, hasta que la máquina se detuvo, veinte millas más allá de la estación de Kearney. ...


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Errores Ortográficos típicos con la palabra Llevando

Cómo se escribe llevando o llebando?
Cómo se escribe llevando o yevando?

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