La palabra Adentro ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Blancanieves de Jacob y Wilhelm Grimm
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece adentro.
Estadisticas de la palabra adentro
Adentro es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3662 según la RAE.
Adentro tienen una frecuencia media de 25.39 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la adentro en 150 obras del castellano contandose 3859 apariciones en total.
Más información sobre la palabra Adentro en internet
Adentro en la RAE.
Adentro en Word Reference.
Adentro en la wikipedia.
Sinonimos de Adentro.

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece adentro
La palabra adentro puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1809
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... «¡Adentro, adentro!» Y, ayudada por otras mujeres, Teresa y su hija fueron metidas casi a viva fuerza en el estudi, revolviéndose desgreñadas, rojos los ojos por el llanto, el pecho palpitante a impulsos de una protesta dolorosa, que ya no gemía, sino aullaba. ...
En la línea 1101
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Cuando Rafael no tuvo más que decir, todos se fueron adentro sin saludarle. Satisfecha su curiosidad, despreciaban al gañán que les había hecho abandonar sus mesas precipitadamente. ...
En la línea 1897
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El mocetón estaba triste, desalentado. Hablando con el viejo en la puerta de la casucha, miraba adentro con cierta inquietud, como si temiese la aparición de María de la Luz. En la huida a la sierra, Fermín se lo había contado todo... todo. ...
En la línea 587
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Abrigo la viva esperanza de que mis palabras llegaron muy adentro en el corazón de algunos de mis oyentes, porque vi a muchos de ellos marcharse abstraídos y pensativos. ...
En la línea 3846
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La bahía es oblonga, y se mete mucho tierra adentro; es tan vasta, que mil navíos de línea pueden maniobrar en ella sin estorbarse. ...
En la línea 4083
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Seguimos adelante, y, luego de atravesar una península arenosa, a la espalda de la ciudad, llegamos a la costa de una inmensa bahía, cuya extremidad Noroeste la formaba el renombrado Cabo de Finisterre, que se extendía ante nuestra vista mar adentro. ...
En la línea 6398
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Algunas estaban tendidas cuan largas eran al borde mismo de la playa, en un lecho de arena y pedrezuelas, dejando que las minúsculas olas les pasaran sobre el cuerpo; otras nadaban valientemente mar adentro. ...
En la línea 3168
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Con todo esto, determinamos de entrarnos la tierra adentro, pues no podría ser menos sino que presto descubriésemos quien nos diese noticia della. ...
En la línea 5600
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Tan buen pan hacen aquí como en Francia; y de noche todos los gatos son pardos, y asaz de desdichada es la persona que a las dos de la tarde no se ha desayunado; y no hay estómago que sea un palmo mayor que otro, el cual se puede llenar, como suele decirse, de paja y de heno; y las avecitas del campo tienen a Dios por su proveedor y despensero; y más calientan cuatro varas de paño de Cuenca que otras cuatro de límiste de Segovia; y al dejar este mundo y meternos la tierra adentro, por tan estrecha senda va el príncipe como el jornalero, y no ocupa más pies de tierra el cuerpo del Papa que el del sacristán, aunque sea más alto el uno que el otro; que al entrar en el hoyo todos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger, mal que nos pese y a buenas noches. ...
En la línea 6089
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Si es que vuestra grandeza quiere llevar adelante el hacerme merced sin yo merecerla, déjeme que yo me las haya conmigo, y que yo me sirva de mis puertas adentro, que yo ponga una muralla en medio de mis deseos y de mi honestidad; y no quiero perder esta costumbre por la liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar conmigo. ...
En la línea 6645
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Vistióse, en fin, y poco a poco, porque estaba molido y no podía ir mucho a mucho, se fue a la caballeriza, siguiéndole todos los que allí se hallaban, y, llegándose al rucio, le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y, no sin lágrimas en los ojos, le dijo: -Venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador de mis trabajos y miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero, después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos y cuatro mil desasosiegos. ...
En la línea 530
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Varias veces, cuando nuestro buque estaba a algunas millas de distancia de la desembocadura del río Plata o mar adentro a lo largo de las costas de la Patagonia septentrional, nos vimos rodeados de insectos. Cierta tarde, a unas 10 millas de la bahía de San Blas, vimos bandadas o enjambres de mariposas en infinito número, que se extendían tan lejos cuanto podía alcanzar la vista; ni aun con el telescopio era posible descubrir un solo punto en que no hubiera mariposas. Los marineros gritaban: «nievan mariposas»; tal era, en efecto, el aspecto que el cielo presentaba. Estos animales pertenecían a varias especies, siendo, no obstante, la mayor parte muy parecida a la especie inglesa común, Colias educa, sin ser idéntica a ésta. Algunos himenópteros acompañaban a estas mariposas, y al lado de nuestro buque cayó un hermoso escarabajo (un Calosoma). Hay ejemplos varios de haberse cogido este escarabajo muy lejos en alta mar, lo que es tanto más de extrañar cuanto es raro en la mayor parte de los carábidos que se sirvan de las alas. El día había sido muy hermoso y muy tranquilo; también la víspera había hecho buen tiempo, con poco viento y sin dirección muy marcada. No podíamos suponer que estos insectos hubieran sido arrastrados de la tierra por el viento, y había que admitir que la abandonaron por su voluntad. Desde luego me parecieron estas bandadas de Coliadas ejemplo de una de esas grandes emigraciones que realiza otra mariposa, el Vanessa cardin, pero la presencia de otros insectos hacía el caso presente más notable y menos comprensible aún. Una brisa fuerte del norte se levantó antes de la puesta del sol y debió causar la muerte de millares de estas mariposas y otros insectos. ...
En la línea 2026
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... y doscientos o trescientos habitantes, y casi todos son gentes de color condenados por causas políticas en la República del Ecuador, cuya capital es Quito. colonia se ha instalado a cuatro millas y media tierra adentro y a unos 1.000 pies de elevación. primera parte del camino que a ella conduce está entre arbustos sin hojas, parecidos a los que hemos visto en la isla Chatham. poco más arriba se presentan más verdes, y al llegar a la cumbre o vértice de la isla se disfruta una fresca brisa del sur y descansa la vista una hermosa vegetación verde ...
En la línea 2383
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 21 de diciembre.- Por la mañana penetramos en la bahía de las islas, y en el momento de entrar cae el viento, por lo cual llegan las doce del día antes que logremos echar el ancla. país es muy montañoso; sus contornos redondeados; muchos brazos de mar que parten de la bahía, penetran muy adentro en las tierras ...
En la línea 2744
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... edo añadir que siempre que he observado aves que no pertenecían a las especies oceánicas, muy adentro en el mar, eran siempre de este orden; es, por lo tanto, muy natural que sean los primeros colonos de las tierras apartadas. ...
En la línea 117
del libro Blancanieves
del afamado autor Jacob y Wilhelm Grimm
... E hicieron un ataúd de vidrio para que se la pudiera ver desde todos los ángulos, la pusieron adentro e inscribieron su nombre en letras de oro proclamando que era hija de un rey. ...
En la línea 4353
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Voy a escribir al Magistral; le diré que me espere mañana de tarde; necesito reconciliar; yo no puedo recibir la comunión así; se lo contaré todo, todo, lo de dentro, lo de más adentro también. ...
En la línea 10063
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Foja, pálido, desencajado, con voz temblorosa, sostenía que no había moral de ninguna clase —y también se puso de pie —; que el hombre era un animal de costumbres; que cada cual barría para adentro. ...
En la línea 14941
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... hasta mañana; Víctor, adentro, adentro. ...
En la línea 14941
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... hasta mañana; Víctor, adentro, adentro. ...
En la línea 90
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Pero no creyó oportuno perder el tiempo en la contemplación de este fenómeno vegetal, y se limitó a pasar la cuerda en derredor de tres de los árboles enanos, dejando sujeto de este modo su bote para que no se alejase de la costa. Después siguió adelante por el promontorio, metiéndose tierra adentro. ...
En la línea 153
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Las palabras del sabio le fueron revelando todo lo ocurrido en esta tierra extraordinaria desde el atardecer del día anterior. Los escasos habitantes de la costa le habían visto aproximarse, poco antes de la puesta del sol, en su bote, más enorme que los mayores navíos del país. La alarma había sido dada al interior, llegando la noticia a los pocos minutos hasta la misma capital de la República. Los miembros del Consejo Ejecutivo habían acordado rápidamente la manera de recibir al visitante inoportuno, haciéndole prisionero para suprimirlo a las pocas horas. Los aparatos voladores del ejército salían a su encuentro una vez cerrada la noche. El Hombre-Montaña pudo vagar a lo largo de la costa sin tropezarse con ningún habitante, porque todos los ribereños se habían metido tierra adentro por orden superior. ...
En la línea 1221
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Le vio metido en el agua azul hasta la cintura, inclinándose para colocar dos pesados sillares que llevaba en ambas manos. Estas masas enormes las movía con tanta soltura como un niño maneja un guijarro. Después de tomarlas en la orilla con las puntas de sus dedos, avanzaba mar adentro, yendo a colocarlas en el extremo de un malecón que se estaba construyendo para el resguardo del puerto hacia muchos años. Esta obra colosal había sufrido grandes retrasos a causa de las dificultades que ofrecía; pero ahora, gracias a Gillespie, sus directores esperaban terminarla con rapidez. ...
En la línea 1233
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Otro día, aburrido de la monotonía de sus continuos viajes entre la orilla de la playa y la punta de la escollera, el Hombre Montaña quiso permitirse una ligera diversión. Sentía el deseo de nadar un poco en aguas más profundas, pues el mar solo le llegaba a la cintura en sus idas y venidas. Y después de acarrear cuatro piedras en vez de dos, se echo de espaldas en el agua, nadando mar adentro. ...
En la línea 297
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Las hormigas, chica. No repares, y adentro. Mételes el diente. Están riquísimos. ...
En la línea 426
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Todos los primeros de mes recibía Barbarita de su esposo mil duretes. D. Baldomero disfrutaba una renta de veinticinco mil pesos, parte de alquileres de sus casas, parte de acciones del Banco de España y lo demás de la participación que conservaba en su antiguo almacén. Daba además a su hijo dos mil duros cada semestre para sus gastos particulares, y en diferentes ocasiones le ofreció un pequeño capital para que emprendiera negocios por sí; pero al chico le iba bien con su dorada indolencia y no quería quebraderos de cabeza. El resto de su renta lo capitalizaba D. Baldomero, bien adquiriendo más acciones cada año, bien amasando para hacerse con una casa más. De aquellos mil duros que la señora cogía cada mes, daba al Delfín dos o tres mil reales, que con esto y lo que del papá recibía estaba como en la gloria; y los diez y siete mil reales restantes eran para el gasto diario de la casa y para los de ambas damas, que allá se las arreglaban muy bien en la distribución, sin que jamás hubiese entre ellas el más ligero pique por un duro de más o de menos. Del gobierno doméstico cuidaban las dos, pero más particularmente la suegra, que mostraba ciertas tendencias al despotismo ilustrado. La nuera tenía el delicado talento de respetar esto, y cuando veía que alguna disposición suya era derogada por la autócrata, mostrábase conforme. Barbarita era administradora general de puertas adentro, y su marido mismo, después que religiosamente le entregaba el dinero, no tenía que pensar en nada de la casa, como no fuese en los viajes de verano. La señora lo pagaba todo, desde el alquiler del coche a la peseta de El Imparcial, sin que necesitara llevar cuentas para tan complicada distribución, ni apuntar cifra alguna. Era tan admirable su tino aritmético, que ni una sola vez pasó más allá de la indecisa raya que tan fácilmente traspasan los ricos; llegaba el fin de mes y siempre había un superávit con el cual ayudaba a ciertas empresas caritativas de que se hablará más adelante. Jacinta gastaba siempre mucho menos de lo que su suegra le daba para menudencias; no era aficionada a estrenar a menudo, ni a enriquecer a las modistas. Los hábitos de economía adquiridos en su niñez estaban tan arraigados que, aunque nunca le faltó dinero, traía a casa una costurera para hacer trabajillos de ropa y arreglos de trajes que otras señoras menos ricas suelen encargar fuera. Y por dicha suya, no tenía que calentarse la cabeza para discurrir el empleo de sus sobrantes, pues allí estaba su hermana Candelaria, que era pobre y se iba cargando de familia. Sus hermanitas solteras también recibían de ella frecuentes dádivas; ya los sombreritos de moda, ya el fichú o la manteleta, y hasta vestidos completos acabados de venir de París. ...
En la línea 473
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... A pesar de este regaño, al salir iban a casa de Pla con ánimo de no comprar más que dos libras de pasas de Corinto para hacer un pastel inglés, y la señora se iba enredando, enredando, hasta dejarse en la tienda obra de ochocientos o novecientos reales. Mientras Estupiñá admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo universal de comestibles, dando su opinión pericial sobre todo, probando ya una galleta de almendra y coco, que parecía talmente mazapán de Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del té o de las especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que era un Samaniego, y… adiós mi dinero. A cada instante decía Barbarita que no más, y tras de la colección de purés para sopas, iban las perlas del Nizán, el gluten de la estrella, las salsas inglesas, el caldo de carne de tortuga de mar, la docena de botellas de Saint-Emilion, que tanto le gustaba a Juanito, el bote de champignons extra, que agradaban a D. Baldomero, la lata de anchoas, las trufas y otras menudencias. Del portamonedas de Barbarita, siempre bien provisto, salía el importe, y como hubiera un pico en la suma, tomábase la libertad de suprimirlo por pronto pago. ...
En la línea 493
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... »El día aquel fue día de pruebas para mí. Era un viernes de Dolores, y las siete espadas, señores míos, estaban clavadas aquí… Me pasaban como unos rayos por la frente. Una idea era lo que yo necesitaba, y más que una idea, valor, sí, valor para lanzarme… De repente noté que aquel valor tan deseado entraba en mí, pero un valor tremendo, como el de los soldados cuando se arrojan sobre los cañones enemigos… Trinqué la mantilla y me eché a la calle. Ya estaba decidida, y no crean, alegre como unas Pascuas, porque sabía lo que tenía que hacer. Hasta entonces yo había pedido a los amigos; desde aquel momento pediría a todo bicho viviente, iría de puerta en puerta con la mano así… Del primer tirón me planté en casa de una duquesa extranjera, a quien no había visto en mi vida. Recibiome con cierto recelo; me tomó por una trapisondista; pero a mí, ¿qué me importaba? Diome la limosna y, en seguida, para alentarme y apurar el cáliz de una vez, estuve dos días sin parar subiendo escaleras y tirando de las campanillas. Una familia me recomendaba a otra, y no quiero decir a ustedes las humillaciones, los portazos y los desaires que recibí. Pero el dichoso maná iba cayendo a gotitas a gotitas… Al poco tiempo vi que el negocio iba mejor de lo que yo esperaba. Algunos me recibían casi con palio; pero la mayor parte se quedaban fríos, mascullando excusas y buscando pretextos para no darme un céntimo. 'Ya ve usted, hay tantas atenciones… no se cobra… el Gobierno se lo lleva todo con las contribuciones… '. Yo les tranquilizaba. 'Un perro chico, un perro chico es lo que me hace falta'. Y aquí me daban el perro, allá el duro, en otra parte el billetito de cinco o de diez… o nada. Pero yo tan campante. ¡Ah!, señores, este oficio tiene muchas quiebras. Un día subí a un cuarto segundo, que me había recomendado no sé quién. La tal recomendación fue una broma estúpida. Pues señor, llamo, entro, y me salen tres o cuatro tarascas… ¡Ay, Dios mío, eran mujeres de mala vida!… Yo, que veo aquello… lo primero que me ocurrió fue echar a correr. 'Pero no—me dije—, no me voy. Veremos si les saco algo'. Hija, me llenaron de injurias, y una de ellas se fue hacia dentro y volvió con una escoba para pegarme. ¿Qué creen ustedes que hice? ¿Acobardarme? Quia. Me metí más adentro y les dije cuatro frescas… pero bien dichas… ¡bonito genio tengo yo… ! ¡Pues creerán ustedes que les saqué dinero! Pásmense, pásmense… la más desvergonzada, la que me salió con la escoba fue a los dos días a mi casa a llevarme un napoleón. ...
En la línea 1468
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Otro nuevo pretendiente a la corona! –exclamó el oficial–. En verdad que hoy crecen como conejos. Prended al tunante, muchachos, y ved de tenerle sujeto, mientras yo llevo adentro este precioso papel y se lo mando al rey. ...
En la línea 720
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Giro Batol fue el primero en saltar adentro y alzó de inmediato un pequeño mástil. ...
En la línea 764
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Cuidado, porque hay algunos paraos malayos que rondan mar adentro! ...
En la línea 962
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Yáñez, que comprendía la imprudencia de seguir en la ruta, pensó rogar a Sandokán que cambiara el rumbo, cuando resonó mar adentro una detonación y pasó silbando una bala por encima de la cubierta. ...
En la línea 1028
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Una nueva ola arrastró la chalupa y se la llevó mar adentro. ...

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