La palabra Establecimientos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece establecimientos.
Estadisticas de la palabra establecimientos
Establecimientos es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4401 según la RAE.
Establecimientos tienen una frecuencia media de 20.74 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la establecimientos en 150 obras del castellano contandose 3153 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Establecimientos
Cómo se escribe establecimientos o hestablecimientos?
Cómo se escribe establecimientos o eztablecimientoz?
Cómo se escribe establecimientos o establezimientos?
Cómo se escribe establecimientos o estavlecimientos?
Más información sobre la palabra Establecimientos en internet
Establecimientos en la RAE.
Establecimientos en Word Reference.
Establecimientos en la wikipedia.
Sinonimos de Establecimientos.
Algunas Frases de libros en las que aparece establecimientos
La palabra establecimientos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 329
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Si el jiro limitado y privilejiado de Manila con Nueva-España no hubiera estado reducido á un comercio meramente pasivo de tránsito ó de transporte, esos establecimientos al paso que se han hecho ricos, ellos mismos hubieran dado á aquel comercio una opulencia verdadera. ...
En la línea 335
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Debe ser tambien una máxima política del Gobierno protejer esos establecimientos de la capital, cuyos caudales en el caso de una guerra súbita ó de una revolucion estraordinaria en el interior de las Islas, pueden sacarle de un apuro en el estremo de no poder contar ni con las contribuciones del pais, ni con los ingresos de la aduana y rentas. ...
En la línea 555
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Eran los barberos y sus servidores, que, una vez terminados los preparativos de la operación, querían empezarla cuanto antes. Algunos tenían tienda abierta en la capital, y deseaban volver pronto a sus establecimientos, donde les aguardaban los clientes. Estos trabajos extraordinarios y patrióticos por orden del gobierno no eran dignos de aprecio, pues se pagaban tarde y mal. ...
En la línea 873
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los establecimientos de enseñanza habían enviado a sus alumnos en formación militar para que visitasen la tierra de donde surgió la liberación femenil. Las tropas pasaban también, con sus músicas al frente, para desfilar ante la tumba de aquella mujer de laboratorio que se había ido del mundo sin sospechar su gloria. ...
En la línea 1240
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Eran esclavos todos ellos, gente innoble y de mala catadura. Muchos habían sido perseguidos por la policía y habitado los establecimientos penitenciarios. Además, todos ignoraban el idioma del gigante, y este tenía que hacerse respetar empleando gestos amenazadores. Algunas noches se veía obligado a colocarse junto a la hoguera que hacía hervir el caldero de su comida, repeliendo con el terror de sus manos enormes a toda la chusma voraz. Solo así conseguía que los pescados no desapareciesen de la vasija, quedando únicamente el caldo para el. ...
En la línea 3051
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Equivalía esto a mudar de vivienda, y como todos los cafés de Madrid se parecen, lo mismo que se parecen las casas, Juan Pablo llevaba en sí propio su domesticidad, y a los dos días de frecuentar un café, ya se encontraba en él como en familia. Los cambios eran determinados por ciertas corrientes de emigración que hay en la sociedad de los vagos y que no se sabe a qué obedecen. Unas veces el impulso partía de algunos amigos inconstantes, tocados de la manía de la variedad; otras la emigración era motivada por una cuestión muy desagradable con aquel señor de la mesa próxima. Ya provenía de que el amo del café se portó cochinamente cobrando a la tertulia unas copas, que se habían roto al discutir las verdaderas causas de la muerte de Concha en Montemuru; ya, por fin, de un desmejoramiento progresivo e intolerable del género, razón por la cual desearan muchos estrenar los establecimientos nuevos o renovados. Juan Pablo no gustaba de iniciar ninguna corriente de emigración; pero las seguía casi siempre. En estas corrientes es fácil que se pierda alguno de la partida, o por rebelde a las mudanzas o porque las deudas le cautivan en el antiguo local y allí le hipotecan la asistencia, pero en cambio siempre se gana algún tertulio nuevo que viene a refrescar las ideas y las bromas. ...
En la línea 4293
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡Dios tenga compasión de mí! Y el diablo cargue con estas santas cursis, con estas fundadoras de establecimientos que no sirven para nada. ...
En la línea 4981
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pues bien, aquella noche, se le representó el pobre paralítico con tanta viveza, que casi casi creía verle en su alcoba. Hubo un instante en que la alucinación de Moreno llegó a ser tan efectiva, que se incorporó, y cogiendo un libro que en la próxima silla estaba… «Mira, si no te marchas con tu pierna podrida… ». Después cayó otra vez su cabeza en el sofá y se puso la mano sobre los ojos. «El infeliz se ha de buscar la vida de alguna manera. No tiene él la culpa de que no haya en esta tierra maldita establecimientos de beneficencia. Si le veo mañana, le doy un duro… Vaya si se lo doy… ¡Qué envidia le va a tener mi tía Guillermina! Volvámonos ahora para la pared, a ver si me duermo un poco. Así; cerraré los ojos. No, mejor será que los abra, y que me figure que quiero despabilarme. ...
En la línea 1406
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Después de reflexionar un momento, prosiguió su camino en dirección al bulevar V***. Pronto dejó la plaza y se internó en una calleja que, formando un recodo, conduce a la calle de Sadovaya. Había recorrido muchas veces aquella callejuela. Desde hacía algún tiempo, una fuerza misteriosa le impulsaba a deambular por estos lugares cuando la tristeza le dominaba, con lo que se ponía más triste aún. Esta vez entró en la callejuela inconscientemente. Llegó ante un gran edificio donde todo eran figones y establecimientos de bebidas. De ellos salían continuamente mujeres destocadas y vestidas con negligencia (como quien no ha de alejarse de su casa), y formaban grupos aquí y allá, en la acera, y especialmente al borde de las escaleras que conducían a los tugurios de mala fama del subsuelo. ...
En la línea 4254
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La muchacha apuró el vaso de un solo trago, como hacen todas las mujeres, tomó el billete y besó la mano de Svidrigailof, que aceptó con toda seriedad esta demostración de respeto servil. Acto seguido, la joven se retiró acompañada del organillero. Svidrigailof los había encontrado a los dos en la calle. Aún no hacía una semana que estaba en Petersburgo y ya parecía un antiguo cliente de la casa. Felipe, el camarero, le servía como a un parroquiano distinguido. La puerta que daba al salón estaba cerrada, y Svidrigailof se desenvolvía en aquel establecimiento como en casa propia. Seguramente pasaba allí el día. Aquel local era un antro sucio, innoble, inferior a la categoría media de esta clase de establecimientos. ...
En la línea 4516
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Estuvo hasta las diez de la noche recorriendo tabernas y tugurios. Halló a Katia en uno de estos establecimientos. La muchacha cantaba sus habituales y descaradas cancioncillas. Svidrigailof la invitó a beber, así como a un organillero, a los camareros, a los cantantes y a dos empleadillos que atrajeron su simpatía sólo porque tenían torcida la nariz. En uno, este apéndice se ladeaba hacia la derecha y en el otro hacia la izquierda, cosa que le sorprendió sobremanera. Éstos acabaron por llevarle a un jardín de recreo. Svidrigailof pagó las entradas. En el jardín había un abeto escuálido, tres arbolillos más y una construcción que ostentaba el nombre de Vauxhall, pero que no era más que una taberna, donde también podía tomarse té. ...

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