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La palabra entran
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la palabra entran

La palabra Entran ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece entran.

Estadisticas de la palabra entran

Entran es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4396 según la RAE.

Entran tienen una frecuencia media de 20.78 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la entran en 150 obras del castellano contandose 3158 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Entran

Cómo se escribe entran o hentran?
Cómo se escribe entran o entrran?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece entran

La palabra entran puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 800
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No hacerlo así, parecería grosería o barbarie; la razón es que en cada aposento de las casas rusas hay un cuadrito de la Virgen colgado en un rincón, muy cerca del techo, y en prueba de respeto, los que entran se quitan el sombrero. ...

En la línea 1251
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Muchas veces me entran ganas de volver otra vez a su _chim_. ...

En la línea 3669
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La verdad: preferiría que no entrasen, como entran algunas veces, en mi tienda a pedir limosna. ...

En la línea 5327
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -La causa dese dolor debe de ser, sin duda -dijo don Quijote-, que, como era el palo con que te dieron largo y tendido, te cogió todas las espaldas, donde entran todas esas partes que te duelen; y si más te cogiera, más te doliera. ...

En la línea 5664
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Luego se oyeron infinitos lelilíes, al uso de moros cuando entran en las batallas, sonaron trompetas y clarines, retumbaron tambores, resonaron pífaros, casi todos a un tiempo, tan contino y tan apriesa, que no tuviera sentido el que no quedara sin él al son confuso de tantos intrumentos. ...

En la línea 1923
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... cada paso se encuentran en el camino los esqueletos desecados de muchas bestias de carga que han muerto de 2 Reales fuertes o columnarios de los que entran ocho en un peso duro.- B.A cansancio ...

En la línea 2815
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... y en esta isla una especie de bahía, cuyo suelo es de blanquísima arena; es perfectamente horizontal y no se cubre de agua más que durante la marea alta; y forma pequeños ancones que entran en los bosques inmediatos. ...

En la línea 1870
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... ¿Por qué las mujeres no se han de peinar solas? La que no sabe que aprenda. Eso mismo decía Fortunata. El pobre chico no dejaba de expresar su admiración por el buen arreglo y economía de su futura, haciendo por sus propias manos la tarea que desempeñan mal esas bergantas ladronas que llaman criadas de servir. Fortunata aseguraba que aquella costumbre suya no tenía mérito porque el trabajo le gustaba. «Eres una alhajita—le decía su amante con orgullo—. En cuanto a las peinadoras, todas son unas grandes alcahuetas, y en la casa donde entran no puede haber paz». ...

En la línea 2186
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Pues es preciso que se nos someta usted a la siguiente prueba—dijo el cura, tapándose un bostezo, porque eran ya las cuatro y no habría tenido inconveniente en tomar una friolera—. Hay en Madrid una institución religiosa de las más útiles, la cual tiene por objeto recoger a las muchachas extraviadas y convertirlas a la verdad por medio de la oración, del trabajo y del recogimiento. Unas, desengañadas de la poca sustancia que se saca al deleite, se quedan allí para siempre; otras salen ya edificadas, bien para casarse, bien para servir en casas de personas respetabilísimas. Son muy pocas las que salen para volver a la perdición. También entran allí señoras decentes a expiar sus pecados, esposas ligeras de cascos que han hecho alguna trastada a sus maridos, y otras que buscan en la soledad la dicha que no tuvieron en el bullicio del mundo. ...

En la línea 2287
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... La pecadora fue llevada a las Micaelas pocos días después de la Pascua de Resurrección. Aquel día, desde que despertó, se le puso a Maxi la obstrucción en la boca del estómago, pero tan fuerte como si tuviera entre pecho y espalda atravesado un palo. Molestia semejante sentía en los días de exámenes, pero no con tanta intensidad. Fortunata parecía contenta, y deseaba que la hora llegase pronto para abreviar la expectación y perplejidad en que los dos amantes estaban, sin saber qué decirse. A ella por lo menos no se le ocurría nada que decirle, y aunque a él se le pasaban por el magín muchas cosas, tenía cierta aversión innata a lo teatral, y no gustaba de hablar gordo en ciertas ocasiones. Si ha de decirse verdad, Maxi inspiraba aquel día a su novia un sentimiento de cariño dulce y sosegado, con su poquillo de lástima. Y él procuraba dar a la conversación tono familiar, hablando del tiempo o recomendando a la joven que tuviese cuidado de no olvidar alguna importante prenda de ropa. Nicolás, que estaba presente, no habría permitido tampoco zalamerías de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y agrupar todas las cosas que habían de llevarse, añadiendo observaciones tan prácticas como esta: «Ya sabe usted que ni perfumes ni joyas ni ringorrangos de ninguna clase entran en aquella casa. Todo el bagaje mundano se arroja a la puerta». ...

En la línea 2834
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Un día hablaban de Maximiliano. «¡Infeliz chico!—decía Fortunata—, el odio que le he tomado, no es odio verdadero sino lástima. Siempre me fue muy antipático. Me dejé meter en las Micaelas y me dejé casar… ¿Sabes tú cómo fue todo eso?, pues como lo que cuentan de que manetizan a una persona y hacen de ella lo que quieren; lo mismito. Yo, cuando no se trata de querer, no tengo voluntad. Me traen y me llevan como una muñeca… Y ahora, créete que me entran remordimientos de engañar a ese pobre chico. Es un angelón sin pena ni gloria. Danme ganas a veces de desengañarle, y la verdad… Porque lo que es acariciarle, no puedo, se me resiste, no está en mi natural. Le pido a la Virgen que me dé fuerzas para cantar claro». ...


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Más información sobre la palabra Entran en internet

Entran en la RAE.
Entran en Word Reference.
Entran en la wikipedia.
Sinonimos de Entran.

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