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La palabra empezar
Cómo se escribe

la palabra empezar

La palabra Empezar ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Niebla de Miguel De Unamuno
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece empezar.

Estadisticas de la palabra empezar

Empezar es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 2098 según la RAE.

Empezar tienen una frecuencia media de 45.99 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la empezar en 150 obras del castellano contandose 6991 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Empezar

Cómo se escribe empezar o hempezar?
Cómo se escribe empezar o empezarr?
Cómo se escribe empezar o empesar?

Más información sobre la palabra Empezar en internet

Empezar en la RAE.
Empezar en Word Reference.
Empezar en la wikipedia.
Sinonimos de Empezar.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece empezar

La palabra empezar puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1849
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Iba a empezar una nueva vida. ...

En la línea 2450
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Huirían de allí para empezar otra vida, sintiendo el hambre detrás de ellos pisándoles los talones; dejarían a sus espaldas la ruina de su trabajo y el cuerpecillo de uno de los suyos, del pobre albaet, que se pudría en las entrañas de aquellas tierras como víctima inocente de una batalla implacable. ...

En la línea 1435
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan había corrido, es pada en mano, por todas las calles de alrededor, pero no había encon trado nada que se pareciese a aquel a quien buscaba; luego, por fin, había vuelto a aquello por lo que habría debido empezar quizá, y que era llamar a la puerta contra la que eldesconocido se había apoyado; pero fue inútil que hubiera hecho sonar diez o doce veces seguidas la aldaba, nadie había respondido, y los vecinos que, atraídos por el ruido, habían acudido al umbral de su puerta o habían puesto las narices en sus ventanas, le habían asegurado que aquella casa, cuyos vanos por otra parte estaban cerrados, estaba desde hace seis meses comple tamente deshabitada. ...

En la línea 1960
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Un hombre!-Vamos, que la discusión vuelve a empezar - dijo la señora Bo nacieux con media sonrisa que no estaba exenta de cierto tinte de impaciencia. ...

En la línea 7086
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El sitio de La Rochelle va a empezar, monseñor; yo serviré ante los ojos de Vuestra Eminencia, y si tengo la suerte de comportarme en ese sitio de tal forma que merezca atraer sus miradas, ¡pues bien!, luego tendré al menos detrás de mí alguna acción brillante para justificar la p rotección con que tenga a bien honrarme. ...

En la línea 10397
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La buena abadesa había consentido naturalmente en todo y, para empezar, iban a cenar juntas. ...

En la línea 6044
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Los hombres, cada vez que el reloj daba la hora, exclamaban: «_¡Ave María!_ ¡Mueran los herejes!» Por la mañana temprano, el _alcalde_ se presentó en la _posada_; pero antes de entrar dirigió desde la puerta un discurso a la gente que había en la calle, diciendo entre otras cosas: «Hermanos, estos individuos han venido a robarnos nuestra religión.» Entró luego en el aposento de Antonio, y tras de saludarle con gran cortesía le invitó a ir con él a la iglesia a oír la misa mayor, que estaba para empezar. ...

En la línea 6098
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... De pronto adelantó una mano seca y rugosa, que hasta entonces tuvo oculta bajo la capa, y me apuntó al rostro con una especie de bastoncillo con remate de metal, como si fuese a empezar un exorcismo. ...

En la línea 6228
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Tardé algún tiempo en empezar los trabajos, porque me hallaba en terreno desconocido y no sabía qué camino tomar. ...

En la línea 6456
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Pero el cochero no estaba triste, ni mucho menos, ni con ganas de permanecer callado mucho tiempo: no tardó en empezar a hacerme una infinidad de preguntas respecto de mi procedencia y de mi destino. ...

En la línea 331
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Aquí todos están convencidos de que esa es la más justa de las guerras, porque va dirigida contra los salvajes. ¿Quién podría creer que se cometan tantas atrocidades en un país cristiano y civilizado? Se perdona a los niños, a los cuales se vende o se da para hacerlos criados domésticos, o más bien esclavos, aunque sólo por el tiempo que sus poseedores puedan persuadirles de que son esclavos. Pero creo, en último caso, que les tratan bastante bien. Durante el combate huyeron juntos cuatro hombres: persiguiéronlos; uno de ellos fue muerto y los otros tres apresados con vida. Eran mensajeros o embajadores de un considerable cuerpo de indios reunidos para la defensa común junto a las Cordilleras. La tribu, a la cual habían sido enviados, estaba a punto de celebrar gran consejo, estaba dispuesto el banquete de carne de yegua, iba a empezar el baile y al siguiente día los embajadores iban a regresar a las Cordilleras. Esos embajadores eran unos guapos mozos, muy rubios, de más de seis pies de estatura; ninguno de ellos tenía arriba de treinta años. Los tres supervivientes poseían informes preciosos; para sacárselos, les pusieron en fila. Interrogóse a los dos primeros, quienes se limitaron a responder: No sé; y se les fusiló uno tras otro. El tercero también contestó: No sé, y añadió: «Tirad, soy hombre, sé morir». Ninguno dé ellos quiso decir ni una sílaba que pudiese perjudicar a la causa de su país. El cacique de que antes hablé adoptó una conducta enteramente opuesta: para salvar su vida, reveló el plan que sus compatriotas se proponían seguir para continuar la guerra, y el sitio donde las tribus debían concentrarse en los Andes. Creíase en aquel momento que ya estaban reunidos 600 ó 700 indios, y que durante el verano se duplicaría ese número. Además, como ha poco dije, aquel cacique había indicado el campamento de una tribu junto a las Salinas Pequeñas, cerca de Bahía Blanca, tribu a la cual iban a enviarse embajadores; lo cual prueba que las comunicaciones son activas entre los indios desde las Cordilleras hasta las costas del Atlántico. ...

En la línea 4281
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Disputaron mucho tiempo; pero al fin doña Rufina, que también quería ver empezar, cedió y se llevó a don Víctor, que hizo algunos remilgos. ...

En la línea 5439
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡No hay remedio, no hay remedio! —dijo entre dientes —no he de empezar ahora a vivir de nuevo. ...

En la línea 5859
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y alguna vez se ha de empezar. ...

En la línea 6434
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pepa y Rosa y las demás criadas sonreían discretamente, sin atreverse a tomar parte en el desorden, pero un poco menos disciplinadas que al empezar la comida. ...

En la línea 1147
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Recordó Borja que uno de los que llegaron a dicho jubileo fue cierto hombre del Norte llamado Nicolás Copérnico. El verdadero estudio de la misteriosa enemistad astronómica iba a empezar bajo el reinado del mismo Pontífice que había intervenido en los más grandes descubrimientos geográficos. ...

En la línea 1372
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Iban a empezar las brillantes campañas del nuevo duque. Su ejército se componía de mercenarios facilitados por el rey de Francia o reclutados por él mismo. Con César Borgia y con Gonzalo de Córdoba iniciábase la verdadera guerra moderna. ...

En la línea 1440
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... César iba a empezar de nuevo la guerra. Luis XII, que se había preparado a invadir el reino de Nápoles, enviaba otra vez al Valentino las tropas que le retiró. Esta segunda campana contra los vasallos rebeldes de la Iglesia también la secundaban las ciudades sometidas a ellos. Oprimidas y arruinadas, acogían al duque del Valentínado como un salvador. Los vecindarios de Pésaro y Rímini sublevábanse contra sus señores al ver las avanzadas del Ejército papal. ...

En la línea 1275
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Ra-Ra solo espera un aviso de las otras ciudades para lanzarse a la destrucción del gobierno femenino. Tal vez no sea prudente empezar la insurrección en nuestra capital. El prodigioso invento lo han realizado en otra ciudad, y en ella lo preparan para que pueda usarse en abundancia y no como un descubrimiento de laboratorio… Además, otros Estados de nuestra Confederación guardan el viejo material de guerra en mayores cantidades que aquí. El gobierno de las mujeres lo regaló a las provincias de poca importancia, con irónica generosidad, para que pudiesen llenar sus museos locales… En resumen, gentleman, que la revolución sonada por Ra-Ra va a realizarse, y yo creo en ella. ...

En la línea 511
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Las campanas—dijo el insigne comerciante—, y si me apuran, el pararrayos y las veletas. Quiero concluir el edificio, ya que el amigo Aparisi lo quiere empezar. ...

En la línea 703
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y vuelta a empezar bajito, para concluir a gritos: ...

En la línea 1532
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Yo me encargo de pagarle la pensión en casa de Candelaria—dijo Barbarita, secreteándose con su hija como los chiquillos que están concertando una travesura—. Me parece que debo empezar por comprarle una camita. ¿A ti qué te parece? ...

En la línea 1765
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Quedó convenido entre Fortunata y su protector tomar un cuarto que estaba desalquilado en la misma casa. Rubín insistió mucho en la modestia y baratura de los muebles que se habían de poner, porque… (para que se vea si era juicioso) «conviene empezar por poco». Después se vería, y el humilde hogar iría creciendo y embelleciéndose gradualmente. Aceptaba ella todo sin entusiasmo ni ilusión alguna, más bien por probar. Maximiliano le era poco simpático; pero en sus palabras y en sus acciones había visto desde el primer momento la persona decente, novedad grande para ella. Vivir con una persona decente despertaba un poco su curiosidad. Dos días estuvo ocupada en instalarse. Los muebles se los alquiló una vecina que había levantado casa, y Rubín atendió a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de sus admirables dotes administrativas, pues no tenía ni idea remota de aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sabía cómo se recorta un gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el excelente chico había aprendido de doña Lupe. ...

En la línea 561
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Iba Tom a decir algo referente a la conveniencia de empezar por el pago de las deudas del difunto rey antes de despilfarrar todo aquel dinero, pero un oportuno apretón del previsor Hertford en su brazo le evitó tal locura; y el niño dio su asenso real sin comentario alguno, mas no sin cierto disgusto que mostró su rostro. Mientras reflexionaba sobre la facilidad con que estaba haciendo milagros extraños y sorprendentes, cruzó por su cabeza una idea feliz. Por que no hacer a su madre duquesa de Offal Court y darle Estado. Pero al momento borró esta idea un triste pensamiento. Él no era más que, rey de nombre, pues aquellos graves veteranos grandes nobles eran sus amos. Como para ellos su madre no era sino creación de una mente enferma, no harían más que escuchar su proyecto con incredulidad y en seguida mandarían por el médico. ...

En la línea 606
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Procedió luego el conde con mucha delicadeza a instruir a Tom en los usos propios de las ceremonias de Estado, con el pretexto de 'recordarle' cosas que él ya sabía; pero con gran satisfacción suya observo que Tom necesitaba muy poca ayuda en ese terreno, ya que se había valido de Humphrey, el cual le había dicho que a los pocos días tendría que empezar a comer en público, cosa que el muchacho sabía por murmuraciones de la corte. Pero Tom guardó para sí estos hechos. ...

En la línea 618
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... A no ser por un solo temor habría mirado sin grave disgusto la proximidad del día cuarto. Era aquel en que debía empezar a comer en público. Habría asuntos más graves en el programa, porque tendría Tom que presidir un consejo en que habría de exponer sus miras y dictar sus órdenes respecto a la política que debería seguirse con varias naciones extranjeras, desperdigadas por todo el mundo; también sería elegido oficialmente Hertford para el importante cargo de Lord Protector, y otras cosas notables estaban señaladas; mas para Tom todo era insignificante, comparado con la prueba de tener que comer solo, ante una muchedumbre de ojos fijos en él y una multitud de bocas que cuchicheaban comentarios sobre sus actos y sus torpezas, si era tan desdichado que las cometiese. ...

En la línea 1332
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Pronto Tom se encontró a sí mismo convertido una vez más en la figura principal de una maravillosa procesión flotante en el Támesis, porque por antigua costumbre 'la procesión del reconocimiento' al través de Londres debía empezar en la Torre; y hacia allá se encaminaba él. ...

En la línea 890
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Lo que voy a empezar ahora es a perder noches… ...

En la línea 1500
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Habría que empezar por plantear una primera cuestión y es la de si la mujer tiene alma. ...

En la línea 1556
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... La muchacha obedeció tranquilamente y sin inmutarse, como a cosa acordada y prevista. Augusto en cambio quedóse confuso y sin saber por dónde empezar su experiencia psicológica. Y como no sabía qué decir, pues… hacía. Apretaba a Rosario contra su pecho anhelante y le cubría la cara de besos, diciéndose entre tanto: «Me parece que voy a perder la sangre fría necesaria para la investigación psicológica.» ...

En la línea 1673
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Para acabar hay que empezar. ...

En la línea 353
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Jamás oí a mi amigo leer otra palabra que la que acababa de pronunciar; en la iglesia, el domingo anterior, observé que sostenía el libro de rezos vuelto al revés, como si le prestase el mismo servicio que del derecho. Y deseando aprovechar la ocasión, a fin de averiguar si, para enseñar a Joe, tendría que empezar por el principio, le dije: ...

En la línea 511
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Por un momento, y sintiendo el temor de mi hermana, tuve la idea desesperada de empezar a correr alrededor de la estancia imitando lo mejor que pudiera el coche del señor Pumblechook, pero me sentí tan incapaz de hacerlo, que abandoné mi propósito y me quedé mirando a la señorita Havisham con expresión que ella debió de considerar de testarudez, pues en cuanto hubimos cambiado una mirada me preguntó: ...

En la línea 519
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Eso de asomarme a la oscuridad de un misterioso corredor de una casa desconocida, llamando a gritos a la burlona joven, a Estella, que tal vez no estaría visible ni me contestaría, me daba la impresión de que el gritar su nombre equivaldría a tomarme una libertad extraordinaria, y me resultaba casi tan violento como empezar a jugar en cuanto me lo mandasen. Pero la joven contestó por fin, y, semejante a una estrella efectiva, apareció su bujía, a lo lejos, en el corredor. ...

En la línea 650
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — En fin, Pip - dijo Joe -. Tanto si es así como no, es preciso ser un escolar ordinario antes de llegar a ser extraordinario. El mismo rey, sentado en el trono y con la corona en la cabeza, sería incapaz de escribir sus actas del Parlamento en letras de imprenta si cuando no era más que príncipe no hubiese empezado a aprender el alfabeto. Esto es indudable - añadió moviendo significativamente la cabeza -. Y tuvo que empezar por la A hasta llegar a la Z, y estoy seguro de eso, aunque no lo sepa por experiencia propia. ...

En la línea 907
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Bien, escucha. He venido a tu casa porque no conozco a nadie más que a ti para que me ayude a volver a empezar. Tú eres mejor que todos los demás, es decir, más inteligente, más comprensivo… Pero ahora veo que no necesito nada, ¿entiendes?, absolutamente nada… No me hacen falta los servicios ni la simpatía de los demás… Estoy solo y me basto a mí mismo… Esto es todo. Déjame en paz. ...

En la línea 1772
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑A la que más quería era a Lidotchka ‑dijo Polenka con la misma gravedad y ya sin sonreír‑, porque es la más pequeña y está siempre enferma. A ella le traía regalos y a nosotras nos enseñaba a leer, y también la gramática y el catecismo ‑añadió con cierta arrogancia‑. Mamá no decía nada, pero nosotros sabíamos que esto le gustaba, y papá también lo sabía; y ahora mamá quiere que aprenda francés, porque dice que ya tengo edad para empezar a estudiar. ...

En la línea 1931
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Te aseguro que no te ocasionará ninguna molestia. Lo único que tienes que hacer es hablarle, sea de lo que sea: te sientas a su lado y hablas. Como eres médico, puedes empezar por curarla de una enfermedad cualquiera. Te juro que no te arrepentirás… Esa mujer tiene un clavicordio. Yo sé un poco de música y conozco esa cancioncilla rusa que dice «Derramo lágrimas amargas». Ella adora las canciones sentimentales. Así empezó la cosa. Tú eres un maestro del teclado, un Rubinstein. Te aseguro que no te arrepentirás. ...

En la línea 2786
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Bueno, te lo voy a contar todo ‑dijo‑. He pasado por tu casa y he visto que estabas durmiendo. Entonces hemos comido y luego yo he visitado a Porfirio Petrovitch. Zamiotof estaba con él todavía. Intenté empezar en seguida mis explicaciones, pero no lo conseguí. No había medio de entrar en materia como era debido. Ellos parecían no comprender y, por otra parte, no mostraban la menor desazón. Al fin, me llevo a Porfirio junto a la ventana y empiezo a hablarle, sin obtener mejores resultados. Él mira hacia un lado, yo hacia otro. Finalmente le acerco el puño a la cara y le digo que le voy a hacer polvo. Él se limita a mirarme en silencio. Yo escupo y me voy. Así termina la escena. Ha sido una estupidez. Con Zamiotof no he cruzado una sola palabra… Yo temía haberte causado algún perjuicio con mi conducta; pero cuando bajaba la escalera he tenido un relámpago de lucidez. ¿Por qué tenemos que preocuparnos tú ni yo? Si a ti te amenazara algún peligro, tal inquietud se comprendería; pero ¿qué tienes tú que temer? Tú no tienes nada que ver con ese dichoso asunto y, por lo tanto, puedes reírte de ellos. Más adelante podremos reírnos en sus propias narices, y si yo estuviera en tu lugar, me divertiría haciéndoles creer que están en lo cierto. Piensa en su bochorno cuando se den cuenta de su tremendo error. No lo pensemos más. Ya les diremos lo que se merecen cuando llegue el momento. Ahora limitémonos a burlarnos de ellos. ...

En la línea 210
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —La capacidad alemana de enriquecerse. Estoy aquí desde hace poco tiempo y, sin embargo, las observaciones que he tenido tiempo de hacer sublevan mi naturaleza tártara. ¡Vaya qué virtudes! Ayer recorrí unos diez kilómetros por las cercanías. Pues bien, es exactamente lo mismo que en los libros de moral, que en esos pequeños libros alemanes ilustrados; todas las casas tienen aquí su papá, su Vater, extraordinariamente virtuoso y honrado. De una honradez tal que uno no se atreve a dirigirse a ellos. Por la noche toda la familia lee obras instructivas. En torno de la casita se oye soplar el viento sobre los olmos y los castaños. El sol poniente dora el tejado donde se posa la cigüeña, espectáculo sumamente poético y conmovedor. Recuerdo que mi difunto padre nos leía por la noche, a mi madre y a mi, libros semejantes, también bajo los tilos de nuestro jardín… Puedo juzgar con conocimiento de causa. Pues bien, aquí cada familia se halla en la servidumbre, ciegamente sometida al Vater. Cuando el Vater ha reunido cierta suma, manifiesta la intención de transmitir a su hijo mayor su oficio o sus tierras. Con esa intención se le niega la dote a una hija que se condena al celibato. El hijo menor se ve obligado a buscar un empleo o a trabajar a destajo y sus ganancias van a engrosar el capital paterno. Sí, esto se practica aquí, estoy bien informado. Todo ello no tiene otro móvil que la honradez, una honradez llevada al último extremo, y el hijo menor se imagina que es por honradez por lo que se le explota. ¿No es esto un ideal, cuando la misma víctima se regocija de ser llevado al sacrificio? ¿Y después?, me preguntaréis. El hijo mayor no es más feliz. Tiene en alguna parte una Amalchen, la elegida de su corazón, pero no puede casarse con ella por hacerle falta una determinada suma de dinero. Ellos también esperan por no faltar a la virtud y van al sacrificio sonriendo. Las mejillas de Amalchen se ajan, la pobre muchacha se marchita. Finalmente, al cabo de veinte años, la fortuna se ha aumentado, los florines han sido honrada y virtuosamente adquiridos. Entonces el Vater bendice la unión de su hijo mayor de cuarenta años con Amalchen, joven muchacha de treinta y cinco años, con el pecho hundido y la nariz colorada… Con esta ocasión vierte lágrimas, predica la moral y exhala acaso el último suspiro. El hijo mayor se convierte a su vez en un virtuoso Vater y vuelta a empezar. Dentro de cincuenta o sesenta años el nieto del primer Vater realizará ya un gran capital y lo transmitirá a su hijo; éste al suyo y después de cinco o seis generaciones, aparece, en fin, el barón de Rothschild en persona, Hope y Compañía o sabe Dios quién… ¿No es ciertamente un espectáculo grandioso? He aquí el coronamiento de uno o dos siglos de trabajo, de perseverancia, de honradez, he aquí a dónde lleva la firmeza de carácter, la economía, la cigüeña sobre el tejado. ¿Qué más podéis pedir? Ya más alto que esto no hay nada, y esos ejemplos de virtud juzgan al mundo entero lanzando el anatema contra aquellos que no los siguen. Pues bien, prefiero más divertirme a la rusa o enriquecerme en la ruleta. No deseo ser Hope y Compañía… al cabo de cinco generaciones. ...

En la línea 1080
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Me dirigí hacia la mesa en que había jugado la abuela. No había allí mucha gente, así que pude ocupar pronto un buen lugar. Ante mí, en el tapete verde, leí la palabra passe. Passe designa los números que van del 19 al 36. La primera serie, del 1 al 18, se llama manque. Pero ¿que me importa eso? Yo no calculaba, ignoraba incluso el último número que había salido y no me informé siquiera, según cuidan de hacer todos los jugadores metódicos antes de empezar a jugar. ...

En la línea 1126
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La imagen de Paulina surgía ante mí. Recordaba claramente que iba hacia ella, que dentro de un momento estaríamos reunidos, que le enseñaría mi ganancia… Pero había ya olvidado casi mis palabras, la razón de mi salida. Todas aquellas sensaciones, de hacía dos horas a lo sumo, me parecían algo ya pasado, viejo, caduco, algo que ya no evocaríamos, pues todo volvería a empezar. ...

En la línea 1174
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Paulina, ¿volvemos a empezar? ...


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