La palabra Consuelo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El Señor de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece consuelo.
Estadisticas de la palabra consuelo
Consuelo es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 5288 según la RAE.
Consuelo aparece de media 17.18 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la consuelo en las obras de referencia de la RAE contandose 2611 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Consuelo
Cómo se escribe consuelo o conzuelo?
Cómo se escribe consuelo o sonsuelo?
Más información sobre la palabra Consuelo en internet
Consuelo en la RAE.
Consuelo en Word Reference.
Consuelo en la wikipedia.
Sinonimos de Consuelo.
Algunas Frases de libros en las que aparece consuelo
La palabra consuelo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1839
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El padre, siempre silencioso e impasible, recibía las visitas, estrechaba manos, agradecía con movimientos de cabeza los ofrecimientos y las frases de consuelo. ...
En la línea 848
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Era el único consuelo del pobre, el triste descanso de una semana de fatigas, y les habían robado una noche y una mañana. Sólo les quedaban unas cuantas horas: así que anocheciese tenían que estar de vuelta en Marchamalo. ...
En la línea 924
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Salvatierra, al oír el nombre del cortijo, recordó a su camarada del ventorro del Grajo, aquel enfermo que ansiaba su presencia como el mejor remedio. No le había visto desde el día en que el temporal le obligó a refugiarse en Matanzuela, pero le recordaba muchas veces, proponiéndose repetir su visita en la próxima semana. Prolongaría uno de sus largos paseos, llegando hasta aquella choza donde le esperaban como un consuelo. ...
En la línea 1197
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El rebelde se conmovió viendo la angustia de esta alma simple, que imploraba en su congoja un sorbo de consuelo. ...
En la línea 1201
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... El rebelde también había sufrido. El dolor le hacía cobarde; pero no se arrepentía, ya que en la debilidad encontraba la dulzura del consuelo. ...
En la línea 4218
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Aquella probabilidad fue para él un primer consuelo. ...
En la línea 4724
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Pero vos al menos tenéis el consuelo de deciros que no os ha abandonado voluntariamente; que si no tenéis noticias suyas es por que toda comunicación con vos le está prohibida, mientras que. ...
En la línea 9609
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La tormenta estalló hacia las diez de la noche: Milady sentía un consuelo al ver a la naturaleza compartir el desorden de su corazón: el true no bramaba en el aire como la cólera en su pensamiento; le parecía que al pasar la ráfaga desmelenaba su frente como los árboles cuyas ramas curvaba y cuyas hojas se llevaba; ella aullaba como el huracán, y su voz se perdía en el clamor de la naturaleza que parecía, también ella, gemir y desesperarse. ...
En la línea 699
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¡La mula se ha matado!» Se dejó caer después al suelo, lanzando lastimeras quejas: «Yo hubiera sobrellevado esta pérdida—decía—pero el ver llorar a mi hijo, me vuelve loco.» Le socorrí con algún dinero, y le dije algunas palabras de consuelo. ...
En la línea 813
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¿Qué decís a esto, señor profesor de humanidades, qué decís de la noticia que con tanta amabilidad nos ha dado este excelente caballero? EL PROFESOR DE HUMANIDADES.—Digo que es placentera y de grandísimo consuelo; pero declaro que no me coge enteramente desprevenido. ...
En la línea 907
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al verme en tal estado, hice lo que muchas personas hacen cuando se ven privadas de todo consuelo humano: volví mi corazón a Dios y comencé a comunicar con Él por la oración, con lo que mi alma se vió pronto confortada y tranquila. ...
En la línea 2391
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —He formado en mi casa una pequeña librería, _Don Jorge_, con todos los escritos de los Padres que me ha sido dable encontrar; su lectura me sirve de entretenimiento y de consuelo. ...
En la línea 1555
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, cuando vuestra desventura fuera de aquellas que tienen cerradas las puertas a todo género de consuelo, pensaba ayudaros a llorarla y plañirla como mejor pudiera, que todavía es consuelo en las desgracias hallar quien se duela dellas. ...
En la línea 1872
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y si es que vosotros, señores, venís con la mesma intención que otros han venido, antes que paséis adelante en vuestras discretas persuasiones, os ruego que escuchéis el cuento, que no le tiene, de mis desventuras; porque quizá, después de entendido, ahorraréis del trabajo que tomaréis en consolar un mal que de todo consuelo es incapaz. ...
En la línea 1873
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Los dos, que no deseaban otra cosa que saber de su mesma boca la causa de su daño, le rogaron se la contase, ofreciéndole de no hacer otra cosa de la que él quisiese, en su remedio o consuelo; y con esto, el triste caballero comenzó su lastimera historia, casi por las mesmas palabras y pasos que la había contado a don Quijote y al cabrero pocos días atrás, cuando, por ocasión del maestro Elisabat y puntualidad de don Quijote en guardar el decoro a la caballería, se quedó el cuento imperfeto, como la historia lo deja contado. ...
En la línea 1957
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Ella quiso, con su mudanza, hacer estable mi perdición; yo querré, con procurar perderme, hacer contenta su voluntad, y será ejemplo a los por venir de que a mí solo faltó lo que a todos los desdichados sobra, a los cuales suele ser consuelo la imposibilidad de tenerle, y en mí es causa de mayores sentimientos y males, porque aun pienso que no se han de acabar con la muerte. ...
En la línea 1323
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ta vista de tan grandes llanuras es un verdadero consuelo cuando se lleva tanto tiempo de estar envuelto, por decirlo así, en perpetua selva, cuyo aspecto acaba por resultar monótono ...
En la línea 1405
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 1 «Mal de muchos, consuelo de tontos», dice un refrán castellano; y desde que tengo alguna experiencia he procurado insistir en que se modifique diciendo: «Mal de muchos ...
En la línea 3091
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ande es, en verdad, nuestra falta si resulta la miseria de nuestros pobres, no de las leyes naturales, sino de nuestras instituciones; pero casi no puedo comprender qué relación tiene esto con la esclavitud; ¿se podrá perdonar que en un país se empleen, por ejemplo, instrumentos a propósito para triturar los dedos de los esclavos, fundándose en que en otros países están sujetos los hombres a enfermedades tanto ó más dolorosas? Los que excusan a los dueños de esclavos y permanecen indiferentes ante la posición de sus víctimas no se han puesto jamás en el lugar de estos infelices, ¡qué porvenir tan terrible, sin esperanza del cambió más ligero! ¡Figuraos cuál sería vuestra vida si tuviéseis constantemente presente la idea de que vuestra mujer y vuestros hijos -esos seres que las leyes naturales hacen tan queridos hasta a los esclavos han de ser arrancados del hogar para ser vendidos, como bestias de carga, al mejor postor! Pues bien; hombres que profesan grande amor al prójimo, que creen en Dios, que piden todos los días que se haga su voluntad sobre la tierra, son los que toleran, ¿qué digo?, ¡realizan esos actos! ¡Se me enciende la sangre cuando pienso que nosotros, ingleses, que nuestros descendientes, americanos, que todos cuantos, en una palabra, proclamamos tan alto nuestras libertades, nos hemos hecho culpables de actos de este género! Al menos me queda el consuelo de pensar que, para expiar nuestros crímenes, hemos hecho un sacrificio mucho más grande que ninguna otra nación del mundo. ...
En la línea 287
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Todo esto era triste; pero el Magistral que veía, con amargura en los labios, estos despojos de que le daba elocuente representación el catalejo, podía abrir el pecho al consuelo y a la esperanza contemplando, fuera del barrio noble, al Oeste y al Norte, gráficas señales de la fe rediviva, en los alrededores de Vetusta, donde construía la piedad nuevas moradas para la vida conventual, más lujosas, más elegantes que las antiguas, si no tan sólidas ni tan grandes. ...
En la línea 984
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Como nadie la consolaba al dormirse llorando, acababa por buscar consuelo en sí misma, contándose cuentos llenos de luz y de caricias. ...
En la línea 1743
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Gran consuelo recibieron doña Anuncia y doña Águeda al saber por el médico esta resolución de la nobleza vetustense. ...
En la línea 1840
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En los insomnios, en las exaltaciones nerviosas, que tocaban en el delirio, las visiones místicas, las intuiciones poderosas de la fe, los enternecimientos repentinos le habían servido de consuelo unas veces y de tormento otras. ...
En la línea 59
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Como una expansión, como un ejercicio, buscó en la clase de trabajo profesional que más se parecía a su vocación abandonada una especie de consuelo: se dedicó principalmente a visitar enfermos de dudosa fe, a evitar que las almas se despidieran del mundo sin apoyar la frente el que moría en el hombro de Jesús, como San Juan en la sublime noche eucarística. ...
En la línea 246
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Después de comulgar, la niña sonrió al que le había traído aquel consuelo. ...
En la línea 1231
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Como solo le daban a comer parcamente, con arreglo a su trabajo, se esforzaba por que cada día su labor resultase más grande. Era imposible todo intento de fuga, pues ni por un momento cesaba la vigilancia en torno de él. Al llegar a la punta de la escollera donde colocaba sus rocas podía ver todo el puerto de la capital. El bote que le había traído estaba en mitad de el, como un navío de dimensiones inverosímiles, rodeado de las unidades de la escuadra del Sol Naciente. Unos cuantos pasos en el agua le bastaban para llegar a su antigua embarcación, y un día sintió la curiosidad de verla de cerca. Representaba un consuelo en medio de su esclavitud tocar con sus manos este bote, que le hacía recordar el mundo de sus semejantes. ...
En la línea 516
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Las tres señoras estuvieron un momento solas, hablando de aquel proyecto de Guillermina, que seguía cose que te cose, ayudada por Jacinta. Hacía algún tiempo que a esta se le había despertado vivo entusiasmo por las empresas de la Pacheco, y a más de reservarle todo el dinero que podía, se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas. Es que sentía un cierto consuelo en confeccionar ropas de niño y en suponer que aquellas mangas iban a abrigar bracitos desnudos. Ya había hecho dos visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompañado una vez a Guillermina en sus excursiones a las miserables zahúrdas donde viven los pobres de la Inclusa y Hospital. ...
En la línea 737
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... ¡Cómo estuvo aquel día la pobrecita! No se enteraba de lo que le decían, no veía ni oía nada. Era como una ceguera y sordera moral, casi física. La culebra que se le había enroscado dentro, desde el pecho al cerebro, le comía todos los pensamientos y las sensaciones todas, y casi le estorbaba la vida exterior. Quería llorar; ¿pero qué diría la familia al verla hecha un mar de lágrimas? Habría que decir el motivo… Las reacciones fuertes y pasajeras de toda pena no le faltaban, y cuando aquella marca de consuelo venía, sentía breve alivio. ¡Si todo era un embuste, si aquel hombre estaba loco… ! Era autor de novelas de brocha gorda y no pudiendo ya escribirlas para el público, intentaba llevar a la vida real los productos de su imaginación llena de tuberculosis. Sí, sí, sí: no podía ser otra cosa: tisis de la fantasía. Sólo en las novelas malas se ven esos hijos de sorpresa que salen cuando hace falta para complicar el argumento. Pero si lo revelado podía ser una papa, también podía no serlo, y he aquí concluida la reacción de alivio. La culebra entonces, en vez de desenroscarse, apretaba más sus duros anillos. ...
En la línea 2053
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El enamorado oía con júbilo estas palabras, que eran para él un gran consuelo. Indudablemente Juan Pablo observaba la prudente regla de respetar los sentimientos y propósitos ajenos para que le respetaran los suyos. Hablaba tan poco, que doña Lupe tenía que sacarle las palabras con cuchara. «O está también haciendo el trovador—decía doña Lupe—, o le pasa algo. Estoy yo divertida con mis sobrinos. Todos están con murria. Al menos Maxi es franco y dice lo que quiere». ...
En la línea 2370
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «¡Eh!… las manos quietas. Si no tenemos formalidad, me voy. Ya ves que no soy tirana, que llevo la caridad hasta un límite que quizás sea imprudente. Pero yo digo: 'Dándole un poquito, nada más que una miajita, la consuelo, y aquí no puede haber vicio'. Porque yo sé lo que es la debilidad de estómago y cuánto hace sufrir. Negar y negar siempre al preso pecador todo lo que pide, no es bueno. El Señor no puede negar esto. Tengamos misericordia y consolemos al triste». ...
En la línea 263
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Nadie sonrió; todos se quedaron absolutamente perplejos y se miraron unos a otros con gran aflicción, pidiéndose consejo. ¡Mirad!, esto era un atolladero, y no había nada en la historia inglesa que dijera cómo salir de él. No se hallaba presente el maestro de ceremonias; no había nadie que se sintiera seguro para aventurarse en aquel inexplorado mar ni para arriesgarse a intentar resolver este solemne problema. ¡Cielos! No había rascador hereditario. Entretanto, las lagrimas habían desbordado su dique y empezaron a rodar por las mejillas de Tom. La comezón en su nariz pedía alivio con más urgencia que nunca. Finalmente, la natuealeza derribó las barreras de la etiqueta: Tom elevó en su interior una plegaria de perdón por si obraba mal, y trajo consuelo a los afligidos corazones de sus cortesanos rascándose la nariz por sí mismo. ...
En la línea 337
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Apagóse la vela y se acostó la familia. En cuanto los ronquidos del jefe de la casa y de su madre mostraron que estaban dormidos, las muchachas se deslizaron adonde yacía el príncipe y lo resguardaron tiernamente del frío con paja y andrajos; y su madre también se deslizó hacia él, y le alisó el pelo, y lloró sobre él, mientras susurraba en sus oídos entrecortadas palabras de consuelo y compasión. Había guardado además un bocado para que lo comiera, mas los dolores del niño le habían quitado todo apetito, por lo menos de mendrugos negros e insípidos. Estaba conmovido por la brava y costosa defensa que había hecha de él, y por su conmiseración, y le dio las gracias con palabras muy nobles y principescas y le rogó que se fuera a dormir y tratase de olvidar sus penas. Y añadió que el rey, su padre, no dejaría sin recompensa su leal benevolencia y devoción. Este retorno a su 'locura' desgarró de nuevo el corazón de ella, que lo volvió a estrechar una y otra vez contra su pecho, y luego se volvió a su cama, ahogada en lágrimas. ...
En la línea 468
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... 'Ha sido una feliz idea, que me ha traído un gran consuelo, porque tenía ya las piernas fatigadísimas. Si esto no se me hubiera ocurrido, acaso habría tenido que estar en pie semanas enteras, hasta que se cure el seso mi pobre muchacho.' ...
En la línea 870
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Sintióse encantado el rey no sólo de ver que encantado animal era una ternera, sino también de tenerla en su compañía, porque se había sentido tan solo y desamparado, que acogió con agrado como camarada aun a aquel humilde animal. Se había visto tan maltratado, tan afrentado por sus propios semejantes, que fue para él un verdadero consuelo hallarse al fin en la sociedad de un ser que por lo menos tenía corazón tierno y animo apacible, por más que, no tuviera atributos más elevados, por lo cual Eduardo decidió prescindir de etiquetas y hacerse amigo de la ternera. ...
En la línea 746
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Ya saben ustedes - dijo Camila - que me vi obligada a mostrarme firme. Dije que, si los niños no llevaban luto riguroso, la familia quedaría deshonrada. Se lo repetí desde la hora del almuerzo hasta la de la cena, y así me estropeé la digestión. Por fin él empezó a hablar con la violencia acostumbrada y, después de proferir algunas palabrotas, me dijo que hiciese lo que me pareciera. ¡Gracias a Dios, siempre será un consuelo para mí el pensar que salí inmediatamente, a pesar de que diluviaba, y compré todo lo necesario! ...
En la línea 827
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¡Sí, es verdad! - exclamó Camila, cuyos sentimientos en fermentación parecían subir desde sus piernas hasta su pecho -. Es verdad. Es una debilidad ser tan afectuosa, pero no puedo remediarlo. Si yo fuese de otra manera, no hay duda de que mi salud sería mucho mejor; pero, aunque me fuese posible, no me gusta cambiar mi disposición. Eso es motivo de muchos sufrimientos, pero cuando me despierto por las noches es un consuelo saber que soy así. ...
En la línea 842
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Supongo que no se puede hacer otra cosa - observó Camila - más que obedecer y marcharnos. Ya es bastante haber podido contemplar, aunque por tan poco tiempo, a la persona que es objeto del amor y del deber de una. Cuando me despierte, por las noches, podré pensar con melancólica satisfacción en esta visita. Me gustaría que Mateo pudiese tener tal consuelo, pero se burla de eso. Estoy decidida a no hacer gala de mis sentimientos, pero es muy duro oírse decir que una desea festejar la muerte de un pariente… , como si una fuese un gigante… , y luego que le ordenen marcharse. ¡Vaya una idea! ...
En la línea 1325
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Todo el día había brillado el sol sobre el tejado de mi sotabanco, y por eso estaba caluroso. Cuando abrí la ventana y me quedé mirando al exterior vi a Joe mientras, lentamente, salía a la oscuridad desde la puerta que había en la planta baja y daba algunas vueltas al aire libre; luego vi pasar a Biddy para entregarle la pipa y encendérsela. Él no solía fumar tan tarde, y esto me indicó que, por una u otra razón, necesitaba algún consuelo. ...
En la línea 1725
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El moribundo acababa de recibir la extremaunción. Catalina Ivanovna se acercó al lecho de su esposo. El sacerdote se apartó y antes de retirarse se creyó en el deber de dirigir unas palabras de consuelo a Catalina Ivanovna. ...
En la línea 1833
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof se levantó y quedó sentado en el diván. Con un leve gesto indicó a Rasumikhine que suspendiera el torrente de su elocuencia desordenada y las frases de consuelo que dirigía a su hermana y a su madre. Después, cogiendo a las dos mujeres de la mano, las observó en silencio, alternativamente, por espacio de dos minutos cuando menos. Esta mirada inquietó profundamente a la madre: había en ella una sensibilidad tan fuerte, que resultaba dolorosa. Pero, al mismo tiempo, había en aquellos ojos una fijeza de insensatez. Pulqueria Alejandrovna se echó a llorar. Avdotia Romanovna estaba pálida y su mano temblaba en la de Rodia. ...
En la línea 2217
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑El ataúd es de los más modestos y toda la ceremonia será sumamente sencilla… O sea, que no le costará mucho. Entre ella y yo lo hemos calculado todo exactamente; por eso sabemos que quedará lo suficiente para dar la colación de funerales. Esto es muy importante para Catalina Ivanovna y no se la debe contrariar… Es un consuelo para ella… Ya sabe usted cómo es… ...
En la línea 3229
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Además -continuó‑, yo soy un hombre sincero… ¿Verdad que soy un hombre sincero? Dígame: ¿usted qué cree? A mí me parece que no se puede ir más lejos en la sinceridad. Yo le he hecho verdaderas confidencias sin exigir compensación alguna. ¡Je, je, je! En fin, volvamos a nuestro asunto. El ingenio es, a mi entender, algo maravilloso, un ornamento de la naturaleza, por decirlo así, un consuelo en medio de la dureza de la vida, algo que permite, al parecer, confundir a un pobre juez que, por añadidura, se ha dejado engañar por su propia imaginación, pues, al fin y al cabo, no es más que un hombre. Pero la naturaleza acude en ayuda de ese pobre juez, y esto es lo malo para el otro. Esto es lo que la juventud que confía en su ingenio y que «franquea todos los obstáculos», como usted ha dicho ingeniosamente, no quiere tener en cuenta. ...
En la línea 1012
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Tu carta -objetó con sencillez Lucía- no le hubiera servido de consuelo, la mía sí; y como no era cuestión de hacer cumplidos, sino de… ...
En la línea 1029
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... «Padre querido: ¡bendita sea su boca! no parece sino que tiene usted don de profecía, según acertó al pronosticarme consuelo. Estoy loca de alegría, y no sé lo que escribo casi. Sepa usted que me hallo en cinta, según dice el señor Duhamel, que es un sabio, y no puede equivocarse en esto. Lo que yo tomé por enfermedades, eran las molestias del estado… Sí; ahora lo comprendo muy bien; ¡pero qué tonta soy! ¿Cómo no lo conocí antes? Parece que una cosa tan grande, debía adivinarla sin que nadie me lo advirtiese. ¡Un hijo! ¡Pero qué gusto, Padre Urtazu! Desde mañana empezaré con la canastilla, no vaya el angelito a nacer como Jesús, sin paños en qué envolverse… Estoy poniendo tonterías, y lloriqueo, pero no como el otro día… hoy es de placer. ...

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