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La palabra dispuesta
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la palabra dispuesta

La palabra Dispuesta ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece dispuesta.

Estadisticas de la palabra dispuesta

Dispuesta es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4374 según la RAE.

Dispuesta tienen una frecuencia media de 20.93 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la dispuesta en 150 obras del castellano contandose 3181 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Dispuesta

Cómo se escribe dispuesta o dizpuezta?

Más información sobre la palabra Dispuesta en internet

Dispuesta en la RAE.
Dispuesta en Word Reference.
Dispuesta en la wikipedia.
Sinonimos de Dispuesta.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece dispuesta

La palabra dispuesta puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1698
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Pero a pesar de sus llamamientos a la virilidad y la vergüenza, la mayor parte de los reunidos se hacía atrás instintivamente. Un rumor de desconfianza, de inmensa decepción, elevábase de la muchedumbre. Los más, pasaban de golpe del entusiasmo ruidoso al recelo y al miedo. Su fantasía de meridionales, siempre dispuesta a lo inesperado y maravilloso, les había hecho creer en la aparición de Salvatierra y otros revolucionarios célebres, todos montados en briosos corceles, como caudillos arrogantes e invencibles, seguidos de un gran ejército que surgía milagrosamente de la tierra. ¡Asunto de acompañar a estos auxiliares poderosos en su entrada en Jerez, reservándose la fácil tarea de matar a los vencidos y adjudicarse sus riquezas! Y en vez de esto, les hablaban de entrar solos en aquella ciudad, que se dibujaba en el horizonte, sobre el último resplandor de la puesta del sol y parecía guiñarles satánicamente los ojos rojizos de su alumbrado, como atrayéndolos a una emboscada. Ellos no eran tontos. La vida resultaba dura con su exceso de trabajo y su hambre perpetua; pero peor era morir. ¡A casa! ¡a casa!... ...

En la línea 2854
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Por mi alma, ¡estoy dispuesta a morir por Vuestra Majestad!Esta exclamación había salido del fondo del corazón y, como el pri mero, no podía engañar. ...

En la línea 6473
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Se habráenamorado la caprichosa de mí por casualidad, y estaría dispuesta a darme a mí mismo algún otro zafiro igual al que me ha dado al tomarme por de Wardes?»D'Artagnan acercó con presteza su silla a Milady. ...

En la línea 8663
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Pero en el momento en que el cardenal veía fructificar ya su medio y se aplaudía por haberlo puesto en práctica, un habitante de La Ro chelle, que había podido pasar a través de las líneas reales, Dios sabe cómo, pues tanta era la vigilancia de Bossompierre, de Schomberg y del duque de Angulema, vigilados ellos mismos por el cardenal, un ha bita nte de La Rochelle, decíamos, entró en la ciudad procedente de Porstmouth y diciendo que había visto una flota magnífica dispuesta a hacerse a la vela antes de ocho días. ...

En la línea 9072
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady permaneció silenciosa; sólo que en esta ocasión no era ya por su afectación, sino por terror; creyó que la orden estaba dispuesta a ser ejecutada: pensó que lord de Winter había adelantado su partida; creyó que estaba condenada a partir aquella misma noche. ...

En la línea 668
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Una hora llevábamos esperando, cuando llegaron dos carruajes a la puerta de la casa; pero como la familia no estaba, al parecer dispuesta todavía, el cochero se apeó también y se fué. ...

En la línea 1659
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Este caballero es un amigo mío y cenaremos juntos.» Pronto estuvo dispuesta la habitación, en la que había dos alcobas con sendas camas. ...

En la línea 1685
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Muchos de los que desempeñan puestos elevados tienen dinero mío prestado, de modo que hasta cierto punto los tengo en mi poder; y la gente menuda, _alguaciles_ y _corchetes_, está siempre dispuesta a favorecerme, en consideración a unos cuantos duros que reparto de vez en cuando entre ellos; de modo que, en conjunto, las cosas no pueden ir mejor. ...

En la línea 3054
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Una o dos veces se me ocurrió ir a la ciudad; pero no encontré librero ni persona alguna dispuesta a encargarse de vender mis Testamentos. ...

En la línea 2891
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pues, para que entendáis desde aquí adelante que os quiero como padre, y que no os quiero destruir como padrastro, quiero hacer una cosa con vosotros que ha muchos días que la tengo pensada y con madura consideración dispuesta. ...

En la línea 751
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El bosque empieza en el punto en que se detienen las mareas altas. Después de dos horas de esfuerzos empiezo a desesperar de llegar a la cima. De tal manera espeso es el monte, que tenemos que consultar la brújula a cada paso, pues, aun cuando nos encontramos en un lugar montañoso, apenas podemos percibir ningún objeto. En los barrancos profundos, mortales escenas de desolación inenarrables; fuera de los barrancos soplan vientos tempestuosos; en el fondo, ni un soplo de aire que haga temblar las hojas, por muy altos que sean los árboles. En todas partes el suelo frío, tan sombrío y tan húmedo, que ni musgos, ni helechos, ni hongos pueden crecer. En los valles, apenas podíamos avanzar, ni aun arrastrándonos, por lo que obstruían el paso por todas partes los muchos troncos inmensos de árboles podridos, diseminados en todas direcciones. Al atravesar estos puentes naturales, nos encontramos de improviso detenidos, porque nos hundimos hasta las rodillas en la madera podrida. Otras veces nos apoyábamos en lo que nos parecía un árbol magnífico, y veíamos sorprendidos que no era más, que una masa de putrílago dispuesta a caer al primer contacto. Por fin llegamos a la región de los árboles achaparrados, y pronto ganamos la parte desnuda de la montaña y subimos a la cumbre. Desde este punto se extiende a nuestra vista un paisaje con todos los caracteres de la Tierra del Fuego: cadenas de colinas irregulares, aquí y allí masas de nieve, profundos valles verde-amarillentos y brazos de mar que cortan las tierras en todas las direcciones. El viento es fortísimo y horriblemente frío y la atmósfera brumosa; por lo cual permanecemos poco tiempo en aquella altura. La bajada es menos laboriosa que la subida, porque el peso mismo del cuerpo abre paso, y los resbalones y caídas que damos nos llevan, al menos, en la dirección conveniente. ...

En la línea 1082
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... r más que esta cadena de montañas se extiende directamente de norte a sur, me ha parecido siempre más o menos curva, a causa de la ilusión óptica; pues como las líneas visuales parten de cada pico hacia el ojo del espectador, convergen por necesidad como los radios de un semicírculo; mas como por la transparencia de la atmósfera y por la falta de objetos intermedios es imposible calcular a qué distancia se encuentran los picos más distantes, créese tener a la vista una cadena de montañas dispuesta en semicírculo. ...

En la línea 1210
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Noe ha visto en la Tierra del Fuego una de estas nutrias dispuesta a devorar una jibia; en el puerto de Low matamos otra que arrastraba hacia su cueva una gran concha. un sitio he cogido con lazo un extraño ratoncillo (Mus brachiotis); Parecía común en varios islotes; pero me han dicho los habitantes de Chiloé en el puerto de Low, que no han visto ninguno en esta isla. Qué serie de cualidades2 o qué cambios de nivel no se habrán producido para que estos animalillos se hallen extendidos en este archipiélago tan profundamente fraccionado! En todas las partes de Chiloé y de las islas Chonos que se recorran se encuentran dos pájaros muy raros, parecidos al turco y al tapaculo de Chile central y que los reemplazan en estas islas. ...

En la línea 1308
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s habitantes de Chiloé tienen un medio muy cómodo para hacerse una huerta. el extremo inferior de casi todas las ramas hay una parte cónica, parda y rugosa, siempre dispuesta a convertirse en raíz, como puede verse cuando salta por accidente a las ramas inferiores un poco de barro; pues bien, a principios de la primavera escogen una rama del grueso del muslo de un hombre, la cortan exactamente por encima de un grupo de puntos de ésos, le quitan todos los otros brotes y la entierran a profundidad como de dos pies ...

En la línea 7374
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Paula que había dominado a dos curas, y estaba dispuesta a dominar el mundo, no podía con su marido. ...

En la línea 8655
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Si le preguntaba por la señora, estaba dispuesta a mentir, a decir que había subido al segundo piso, a los desvanes, donde quiera, a tal o cual tarea doméstica; iba preparada a ocultar la visita del Magistral sin que nadie se lo hubiera mandado; pero creía llegado el caso de adelantarse a los deseos del ama y de su amigo don Fermín. ...

En la línea 8672
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Petra temblaba, pero seguía dispuesta a mentir si le preguntaba por el ama. ...

En la línea 8892
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Ah, sí! ella estaba dispuesta a procurar la salvación de su alma, a buscar el camino seguro de la virtud; pero ¡cuánto mejor se hubiera abierto su espíritu a estas grandezas religiosas en un escenario más digno de tan sublime poesía! ¡Cuán difícil era admirar la creación para elevarse a la idea del Creador, en aquella Encimada taciturna, calada de humedad hasta los huesos de piedra y madera carcomida; de calles estrechas, cubiertas de hierba-hierba alegre en el campo, allí símbolo de abandono —, lamidas sin cesar por las goteras de los tejados, de monótono y eterno ruido acompasado al salpicar los guijarros puntiagudos!. ...

En la línea 404
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Estela Bustamante ya no era una muñeca tímida y modosita entre la bruma de vagarosos recuerdos. La dulce mediocridad de su carácter se transformaba en encanto místico. Era la Elisabeta de Tannhauser, tolerante, abandonada y dispuesta a perdonar poeta pecador rendido a los pies de Venus. ...

En la línea 689
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Este trastorno general iba a provocar, una vez más, la guerra civil entre Colonnas y Orsinis. Los vecinos se ocultaban en sus casas. Los palacios de los cardenales aparecían transformados en fortalezas. Especialmente Juliano de la Rovere y Rodrigo de Borja habían guarnecido sus elegantes viviendas con tropas de mercenarios a sueldo, levantando, además, bastiones de tierra ante las puertas, con abundante artillería. Toda la gente belicosa de la, ciudad estaba en armas, dispuesta a la batalla. ...

En la línea 1141
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Admiraba Borja esta decoración, dispuesta por un Papa artista, protector de pintores y escultores que luego tomaron a su servicio Julio II y León X, usurpándole una parte de su gloria de precursor. Especialmente Julio II (Juliano de la Royere), había dedicado sus años de vida papal a destruir o calumniar la memoria de su antiguo adversario. Al cerrar las Estancias de los Borgias, inició una leyenda sacrílega, que fue agrandando en el transcurso de tres siglos. Como nadie podía ver dichos salones, se hablaba de ellos como de un lugar abominable, cubierto por el Pinturicchio de pinturas lascivas. En uno de los frescos estaba representaba la Virgen con el rostro de Julia Farnesio, y el Papa Alejandro a sus pies. Todos los Borgias figuraban igualmente en otras pinturas. ...

En la línea 1390
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En Forli, capital de las tierras de la célebre Catalina Sforza—una de las más trágicas figuras del Renacimiento italiano—, ocurría lo mismo. Entregábase la ciudad a discreción, mientras Catalina corría a encerrarse en la fortaleza, dispuesta a morir entre sus ruinas. ...

En la línea 819
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A pesar de este tono de queja, se notaba en su voz y en sus ojos una expresión adorativa, como si estuviese dispuesta a sufrir nuevos terrores a cambio de contemplar la majestuosa autoridad que ejercía su amigo sobre una selva donde habían temblado de emoción tantos cazadores valerosos. ...

En la línea 1491
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Ella estaba dispuesta a seguir al gigante, arrastrando los mayores peligros, para salvar a Ra-Ra. Debía tratarla como a un camarada, sin miramiento alguno. ...

En la línea 1351
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Lo que él quería principalmente era que le llenaran la barriga, porque volvió a dar aquellos bostezos que partían el alma. «A comer, a comer» dijo Benigna, convocando a toda la tropa menuda. Y los llevó por delante como un hato de pavos. La comida estaba dispuesta para los niños, porque los papás cenarían aquella noche en casa del tío Cayetano. ...

En la línea 1394
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Creíase Jacinta madre, y sintiendo un placer indecible en sus entrañas, estaba dispuesta a amar a aquel pobre niño con toda su alma. Verdad que era hijo de otra. Pero esta idea, que se interponía entre su dicha y Juanín, iba perdiendo gradualmente su valor. ¿Qué le importaba que fuera hijo de otra? Esa otra quizá había muerto, y si vivía lo mismo daba, porque le había abandonado. Bastábale a Jacinta que fuera hijo de su marido para quererle ciegamente. ¿No quería Benigna a los hijos de la primera mujer de su marido como si fueran hijos suyos? Pues ella quería a Juanín como si le hubiera llevado en sus entrañas. ¡Y no había más que hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos. En la excitación de su cariño, la dama acariciaba en su mente un plan algo atrevido. «Con ayuda de Guillermina—pensaba—, voy a hacer la pamema de que he sacado este niño de la Inclusa, para que en ningún tiempo me lo puedan quitar. Ella lo arreglará, y se hará un documento en toda regla… Seremos falsarias y Dios bendecirá nuestro fraude». ...

En la línea 2114
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que usted me mande». ...

En la línea 2175
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Bien. ¿Está usted dispuesta a ponerse bajo mi dirección y a hacer todo lo que yo le mande?—propuso el cura con la hinchazón de vanidad que le daba aquel papel sublime de lañador de almas cascadas. ...

En la línea 1341
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Antes nos lanzaremos al ataque. ¡Silencio! Oigo voces cercanas. Ten dispuesta la carabina. ...

En la línea 1018
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... No puedo decir cuánto tiempo permanecí así sumido en el sueño, pero me pareció observar al despertarme que el sol declinaba ya en el horizonte. El capitán Nemo se había levantado ya y estaba yo desperezando mis miembros cuando una inesperada aparicion me puso bruscamente en pie. A unos pasos, una monstruosa araña de mar, de un metro de altura, me miraba con sus extraños ojos, dispuesta a lanzarse sobre mí. Aunque mi traje de inmersión fuese suficientemente grueso para protegerme del ataque de ese animal no pude contener un gesto de horror. Conseil y el marinero del Nautilus se despertaron en ese momento. El capitán Nemo mostró el horrible crustáceo a su compañero, quien le asestó al instante un fuerte culatazo. Vi como las horribles patas del monstruo se retorcían en terribles convulsiones. ...

En la línea 2020
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Ned Land continuaba mirando, con los ojos brillantes de codicia. Su mano parecía dispuesta al manejo del arpón. Se hubiese dicho que esperaba el momento de lanzarse al mar para atacarlo en su elemento. ...

En la línea 2076
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Venga, pues. Así verá todo lo que puede verse en esta navegación a la vez submarina y subterránea. El capitán Nemo me condujo hacia la escalera central. A media rampa, abrió una puerta, se introdujo por los corredores superiores y llegó a la cabina del piloto que se elevaba en la extremidad de la plataforma. Las dimensiones de la cabina eran de unos seis pies por cada lado, y era muy semejante a la de los steamboats del Mississippi o del Hudson. En el centro estaba la rueda, dispuesta verticalmente, engranada en los guardines del timón que corrían hasta la popa del Nautilus. Cuatro portillas de cristales lenticulares encajadas en las paredes de la cabina daban visibilidad al timonel en todas direcciones. ...

En la línea 2410
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Tras haber cerrado un instante los ojos, deslumbrados por la luz eléctrica, miré en torno mío. El Nautilus estaba inmovilizado cerca de una orilla dispuesta como el malecón de un muelle. El mar en que flotaba era un lago aprisionado en un circo de murallas que medía dos millas de diámetro, o sea, unas seis millas de contorno. Su nivel -así lo indicaba el manómetro -no podía ser otro que el exterior, pues necesariamente había una comunicación entre ese lago y el mar. Las altas murallas, inclinadas sobre su base, se redondeaban en forma de bóveda figurando un inmenso embudo invertido cuya altura era de unos quinientos o seiscientos metros. En lo alto se abría un orificio circular, por el que había atisbado yo esa vaga claridad, evidentemente debida a la luz diurna. ...

En la línea 334
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Entonces, algo que yo había observado ya antes resonó otra vez en la garganta de aquel hombre, que se volvió de espaldas. Había regresado el bote y la guardia estaba dispuesta, de modo que seguimos al preso hasta el embarcadero, hecho con pilotes y piedras, y lo vimos entrar en el bote impulsado a remo por una tripulación de penados como él mismo. Ninguno pareció sorprendido ni interesado al verlo, así como tampoco alegre o triste. Nadie habló una palabra, a excepción de alguien que en el bote gruñó, como si se dirigiera a perros: «¡Avante!», lo cual era orden de que empezaran a mover los remos. A la luz de las antorchas vimos el negro pontón fondeado a poca distancia del lodo de la orilla, como si fuese un Arca de Noé maldita. El barco prisión estaba anclado con cadenas macizas y oxidadas, fondeado y aislado por completo de todo lo demás, y a mis infantiles ojos me pareció que estaba rodeado de hierro como los mismos presos. El bote se acercó a un costado de la embarcación, y vimos que lo izaban y que desaparecía. Luego, los restos de las antorchas cayeron silbando al agua y se apagaron como si todo hubiese acabado ya. ...

En la línea 390
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Pero yo sí que me ocupaba, Pip - contestó con tierna sencillez -. Cuando ofrecí a tu hermana casarme con ella, y a su vez se manifestó dispuesta a casarse conmigo y a venir a vivir a la fragua, le dije: «Tráete también al pobrecito niño, Dios le bendiga.» Y añadí: «En la fragua habrá sitio para él.» ...

En la línea 660
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Una o dos mañanas más tarde se me ocurrió, al despertar, la feliz idea de que lo mejor para llegar a ser extraordinario era sonsacar a Biddy todo lo que ella supiera. Y a consecuencia de esta idea luminosa, cuando aquella tarde fui a casa de la tía abuela del señor Wopsle, dije a Biddy que tenía mis razones para emprender la vida por mi cuenta y que, por consiguiente, le agradecería mucho que me enseñase cuanto sabía. Biddy, que era una muchacha amabilísima, se manifestó dispuesta a complacerme, y a los cinco minutos empezó a cumplir su promesa. ...

En la línea 1116
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Como yo estaba enterado de algo más, supuse que pertenecería a mi penado, es decir, que era el mismo que vi limar en los marjales, mas a pesar de ello no le acusaba de haberlo empleado en herir a mi hermana. Y eso porque sospechaba que otras dos personas lo hubiesen encontrado, utilizándolo para cometer el crimen. Sin duda alguna, el asesino era Orlick o bien aquel hombre extraño que me enseñó la lima. Con referencia al primero, se comprobó que había ido a la ciudad, exactamente como nos dijo cuando le encontramos en la barrera. Por la tarde lo vieron varias personas por las calles y estuvo en compañía de 58 otras en algunas tabernas, hasta que regresó conmigo mismo y con el señor Wopsle. De modo que, a excepción de la pelea, no se le podía hacer ningún cargo. Por lo demás, mi hermana se había peleado con él y con todo el mundo más de diez mil veces. En cuanto a aquel hombre extraño, en caso de que hubiese regresado en busca de sus dos billetes de banco, nadie se los habría disputado, porque mi hermana estaba más que dispuesta a devolvérselos. Por otra parte, no hubo altercado, pues era evidente que el criminal llegó silenciosa y repentinamente y la víctima quedó tendida en el suelo antes de poder volver la cabeza. Era horrible pensar que yo había facilitado el arma, aunque, naturalmente, sin imaginar lo que podía resultar; pero apenas podía apartar de mi cerebro aquel asunto. Sufrí angustias indecibles mientras pensaba en si, por fin, debería referir a Joe aquella historia de mi infancia. Todos los días, y durante varios meses siguientes, decidí no decir nada, pero a la mañana siguiente volvía a reflexionar y a contradecirme a mí mismo. Por último tomé una resolución decisiva en el sentido de guardar silencio, porque tuve en cuenta que el secreto ya era muy antiguo, y como me había acompañado durante tanto tiempo, convirtiéndose ya en una parte de mí mismo, no podía decidirme a separarme de él. Además, tenía el inconveniente de que, habiendo sido tan desagradables los resultados de mi conducta, ello me privaría del afecto de Joe, si creía en la verdad de mis palabras, y, en el caso de que no las creyese, irían a sumarse en la mente de mi amigo con mis invenciones de los perros fabulosos y de las costillas de ternera. Pero sea lo que fuere, contemporicé conmigo mismo y resolví revelar mi secreto en caso de que éste pudiera servir para ayudar al descubrimiento del asesino. ...

En la línea 1381
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Cuando sus amigos se fueron, Raskolnikof dirigió una mirada llena de angustiosa impaciencia hasta Nastasia, pero ella no parecía dispuesta a marcharse. ...

En la línea 3925
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Por lo menos ‑dijo Lebeziatnikof‑ lo parece. Claro que… Pero es el caso que no sabemos qué hacer… Les contaré lo ocurrido. Después de marcharse ha vuelto. A mí me parece que le han pegado… Ha ido en busca del jefe de su marido y no lo ha encontrado: estaba comiendo en casa de otro general. Entonces ha ido al domicilio de ese general y ha exigido ver al jefe de su esposo, que estaba todavía a la mesa. Ya pueden ustedes figurarse lo que ha ocurrido. Naturalmente, la han echado, pero ella, según dice, ha insultado al general e incluso le ha arrojado un objeto a la cabeza. Esto es muy posible. Lo que no comprendo es que no la hayan detenido. Ahora está describiendo la escena a todo el mundo, incluso a Amalia Ivanovna, pero nadie la entiende, tanto grita y se debate… Dice que ya que todos la abandonan, cogerá a los niños y se irá con ellos a la calle a tocar el órgano y pedir limosna, mientras sus hijos cantan y bailan. Y que irá todos los días a pedir ante la casa del general, a fin de que éste vea a los niños de una familia de la nobleza, a los hijos de un funcionario, mendigando por las calles. Les pega y ellos lloran. Enseña a Lena a cantar aires populares y a los otros dos a bailar. Destroza sus ropas y les confecciona gorros de saltimbanqui. Como no tiene ningún instrumento de música, está dispuesta a llevarse una cubeta para golpearla a manera de tambor. No quiere escuchar a nadie. Ustedes no se pueden imaginar lo que es aquello. ...

En la línea 4473
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Dunia había empuñado el revólver. En su desesperación, estaba dispuesta a disparar. ...

En la línea 761
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Aunque Lucía, y sobre todo Pilar, se sentían un tanto fatigadas del largo trayecto en ferrocarril, no dejaron de entusiasmarse con la belleza de la morada que les deparaba el destino. El balcón, sobre todo, les parecía delicioso para hacer labor y para leer. Acordábase Pilar de cuantas acuarelas, países de abanico y estampas sentimentales había visto, que representasen el ya trivial asunto de una joven cuya cabeza asoma por entre un marco de follaje. Lucía, a su vez, comparaba su casa de León, antigua, maciza, y lóbrega, con aquella vivienda, donde todo era flamante y gentil, desde los encerados relucientes pisos hasta las cortinas de cretona azul rameadas de campanillas rosa. Al otro día de la llegada, cuando Lucía saltó del lecho, fue su primer cuidado salir al balcón, de allí al jardín, recogiéndose la bata con unos alfileres para no mojarla en el húmedo piso. Halló a las rosas acabaditas de salir del baño de rocío, tersas, muy ufanas, adornadas cada cual con su collar de perlas o de diamantes. Fue oliéndolas una por una, pasándoles los dedos por las hojas sin atreverse a cortarlas; dábale mucha lástima pensar cómo se quedaría la mata, huérfana de su flor. A aquella hora apenas olían las rosas: era más bien un aroma general de humedad y frescura, que se elevaba del césped de las plantas, y del conjunto de árboles vecinos. Haylos en Vichy por todas partes; a la tarde, cuando Lucía y Pilar recorrieron las calles de la villa termal para informarse de su traza, lanzaron exclamaciones de contento al dar a cada instante con una sombra, una alameda, un parque. Pilar opinaba que Vichy tenía aspecto elegante; Lucía, menos entendida en elegancias y modas, gustaba sencillamente de tanto verdor, de tanta Naturaleza, que reposaba sus ojos, moviéndola a veces a imaginar que, a despecho de sus calles concurridas, de sus tiendas brillantes, era Vichy una aldea, dispuesta a propósito para contentar sus exigencias secretas e íntimas de soledad. Aldea formada de palacios, adornada con todo el refinamiento de comodidad y lujo inteligente que caracteriza a nuestro siglo; pero al fin aldea. ...


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