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La palabra conde
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la palabra conde

La palabra Conde ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece conde.

Estadisticas de la palabra conde

Conde es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1624 según la RAE.

Conde tienen una frecuencia media de 58.35 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la conde en 150 obras del castellano contandose 8869 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Conde

Cómo se escribe conde o sonde?

Más información sobre la palabra Conde en internet

Conde en la RAE.
Conde en Word Reference.
Conde en la wikipedia.
Sinonimos de Conde.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece conde

La palabra conde puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 19
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Mientras tanto, como el padrino es un segundo padre, invitamos al lector a echar la culpa de su placer o de su aburrimiento a nosotros y no al conde de La Fère. ...

En la línea 2366
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -El conde está ahí -dijo el official-, pide hablar al instante con Vuestra Eminencia. ...

En la línea 2470
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Y bien? -dijo vivamente el cardenal, levantándose con la presteza que probaba el grado de importancia que concedía a la comisión que había encargado al conde. ...

En la línea 2482
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El conde d e Rochefort se inclinó como hombre que reconocía la gran superioridad del maestro, y se retiró. ...

En la línea 4955
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Por tanto, me he ajustado de cocinero en casa del conde de..., donde ganaré al mes cuatro duros menos de lo que su merced me da. ...

En la línea 5084
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El conde Ofalia, aunque toleró ser instrumento, hasta cierto punto, de aquellas gentes, no dejó que le empujaran tan lejos. ...

En la línea 5088
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Por indicación de Sir Jorge Villiers, tracé una breve memoria explicando lo que es la Sociedad Bíblica y sus propósitos, en especial los tocantes a España; Sir Jorge entregó personalmente esa memoria al conde. ...

En la línea 5092
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Al instante resolví aprovechar la coyuntura que me ofrecía el conde de Ofalia y me dispuse a visitarle en persona. ...

En la línea 406
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... A lo cual le respondió don Quijote: -Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza; antes, pienso aventajarme en ella: porque ellos algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos; y, ya después de hartos de servir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o, por lo mucho, de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos; pero, si tú vives y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino que tuviese otros a él adherentes, que viniesen de molde para coronarte por rey de uno dellos. ...

En la línea 911
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¡Bien haya mil veces el autor de Tablante de Ricamonte, y aquel del otro libro donde se cuenta los hechos del conde Tomillas; y con qué puntualidad lo describen todo! Digo, pues, que después de haber visitado el arriero a su recua y dádole el segundo pienso, se tendió en sus enjalmas y se dio a esperar a su puntualísima Maritornes. ...

En la línea 1242
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Sí, que Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, conde fue de la ínsula Firme; y se lee dél que siempre hablaba a su señor con la gorra en la mano, inclinada la cabeza y doblado el cuerpo more turquesco. ...

En la línea 1338
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Sea par Dios -dijo Sancho-, que yo cristiano viejo soy, y para ser conde esto me basta. ...

En la línea 8095
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... De todas partes quería sacar provecho don Frutos, y prueba de ello es que decía, por ejemplo: Que Manrique se enamora de Leonor, y que el conde también se enamora, y se la disputan hasta que ella y el perdulario del poeta amén de la gitana, se van al otro barrio, ¿y qué? ¿qué enseña eso? ¿qué vamos aprendiendo? ¿qué voy yo ganando con eso? Nada. ...

En la línea 284
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Orsini quiso aprovechar la ocasión y abandonando la comitiva papal corrió al Campo dei Fiori, donde habitaba dicho conde, haciendo saquear su vivienda. «¡Quien quiera bien a la casa de Orsini, que acuda en su auxilio!», gritaban los del mencionado partido. En pocos momentos se reunieron tres mil hombres armados a favor de los Orsinis, mientras los Colonnas, por la eterna rivalidad entre las dos familias, daban auxilio al conde de Anguillara, juntando otra tropa no menos considerable. ...

En la línea 284
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Orsini quiso aprovechar la ocasión y abandonando la comitiva papal corrió al Campo dei Fiori, donde habitaba dicho conde, haciendo saquear su vivienda. «¡Quien quiera bien a la casa de Orsini, que acuda en su auxilio!», gritaban los del mencionado partido. En pocos momentos se reunieron tres mil hombres armados a favor de los Orsinis, mientras los Colonnas, por la eterna rivalidad entre las dos familias, daban auxilio al conde de Anguillara, juntando otra tropa no menos considerable. ...

En la línea 854
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Según costumbre de entonces el cardenal Rodrigo, antes de ser Papa, había procurado ligara su hija por medio de una promesa de casamiento con altas familias que acrecentasen el prestigio de los Borjas. Y como estaba en relación con los más poderosos nobles de Valencia, ajustaba primeramente el matrimonio de Lucrecia, cuando sólo tenía ocho años, con don Querubín de Centelles, señor del valle de Ayora, y luego, siendo aquélla de once, con don Gaspar de Prócida, conde de Almenara. De no ser elegido Papa la célebre Lucrecia Borgia se había casado con un noble de Valencia, yendo a llevar en la tierra de su padre una vida de señora tranquila y sin historia, teniendo muchos hijos y entregándose a austeras devociones al perder su belleza y su juventud. ...

En la línea 934
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Alejandro llamó a Roma al conde Pitigliano, encargándole el sitio del castillo de Ostia, y a pesar de la fama de éste como fortaleza Inexpugnable, capituló con sólo un mes de asedio. ...

En la línea 198
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Tom fue conducido al principal aposento de un suntuoso apartamiento y lo hicieron sentar, cosa que repugnaba hacer, pues se veía rodeado de caballeros ancianos y de hombres de elevada condición. Rogóles que se sentaran también, pero sólo se inclinaron agradeciéndolo o murmuraron las gracias, y permanecieron en pie. Tom habría insistido, pero su 'tío' el conde de Hertford susurró a su oído: ...

En la línea 201
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Vengo por mandato del rey para un asunto que exige secreto. ¿Quiere Su Alteza Real dignarse despedir a los presentes, excepto a milord el conde de Herdord? ...

En la línea 256
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Poco después de la una de la tarde, Tom se sometió resignado a la prueba de que le vistieran para comer. Hallóse cubierto de ropas tan finas como antes, pero todo distinto, todo cambiado, desde la golilla hasta las medias. Fue conducido con mucha pompa a un aposento espacioso y adornado, donde estaba ya la mesa puesta para una persona. El servicio era todo de oro macizo, embellecido con dibujos que lo hacían casi de valor incalculable, puesto que eran obra de Benvenuto. La estancia se hallaba medio llena de nobles servidores. Un capellán bendijo la mesa, y Tom se disponía a empezar, porque el hambre en él era orgánica, cuando fue interrumpido por milord el conde de Berkeley, el cual le prendió una servilleta al cuello, porque el elevado cargo de mastelero del Príncipe de Gales era hereditario en la familia de aquel noble. Presente estaba el copero de Tom, y se anticipó a todas sus tentativas de servirse vino. También se hallaba presente el catador de Su Alteza el Príncipe de Gales, listo para probar, en cuanto se le pidiera, cualquier platillo sospechoso, corriendo el riesgo de envenenarse. En aquella época no era ya sino un apéndice decorativo, y rara vez se veía llamado a ejercitar su función; pero tiempos hubo, no muchas generaciones atrás, en que el oficio de catador tenía sus peligros y no era un honor muy deseable. Parece raro que no utilizasen un perro o un villano, pero todas las cosas de la realeza son extrañas. Allí estaba milord D'Arcy, primer paje de cámara, para hacer sabe Dios qué; pero allí estaba y eso basta. El lord primer despensero se hallaba también presente y se mantenía detrás de la silla de Tom, vigilando la ceremonia, a las órdenes del lord gran mayordomo y el lord cocinero jefe, que estaban cerca. Además de éstos contaba Tom con trescientos ochenta y cuatro criadas; pero, por supuesto, no estaban todos ellos en el aposento, ni la cuarta parte, ni Tom tenía noticias de que existieran. ...

En la línea 387
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... 'Habiéndoseles hecho espacio, pronto entraron un barón y un conde, ataviados a la turca con largos mantos salpicados de oro; sombreron de terciopelo carmesí, con grandes vueltas de oro; ceñían dos espadas, llamadas cimitarras, pendientes de grandes tahalíes de oro. Venían después todavía otro barón y otro conde, con largos ropajes de raso amarillo con rayas de vaso blanco al través, y en cada lista blanca traían otra de raso carmesí, a la usanza rusa, con sombreros de piel blanca con manchas negras; cada uno de ellos llevaba un hacha pequeña en la mano y botas con pykes[puntas de casi un pie de largo], vueltas hacia arriba. Y después de ellos venía un caballero, luego el lord gran almirante, y con él cinco nobles con jubones de terciopelo carmesí, escotados por detrás y por delante hasta el esternón, sujetos por el puño con cadenas de plata; y sobre esto, capas cortas de raso carmesí y en las cabezas sombreros a la manera de los danzantes, con pluma de faisán. Éstos iban vestidos a la usanza prusiana. Los hacheros, que eran cerca de un centenar, iban de raso carmesí y verde, como moros, sus caras negras. Venía después un mommarye. Luego los ministriles, disfrazados, bailaron; y lores y damas bailaron también tan desafinadamente, que era un placer contemplarlos.' ...

En la línea 17
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Nuestro francés igualmente. Los lacayos y camareros llamaban a éste señor conde. A la madre de la señorita Blanche, señora condesa. Bueno, después de todo, tal fueran conde y condesa. ...

En la línea 18
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Ya suponía yo que el señor conde no me reconocería a la hora de sentarnos a la mesa. Por supuesto, el general no pensaba en presentarnos, o al menos en nombrarme, y el señor conde, que había vivido en Rusia, sabía perfectamente cuán insignificante es la personalidad de un outchitel, como allí nos llaman. ...

En la línea 18
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Ya suponía yo que el señor conde no me reconocería a la hora de sentarnos a la mesa. Por supuesto, el general no pensaba en presentarnos, o al menos en nombrarme, y el señor conde, que había vivido en Rusia, sabía perfectamente cuán insignificante es la personalidad de un outchitel, como allí nos llaman. ...

En la línea 456
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Para colmo de desgracias, una mañana su príncipe desapareció no se sabe cómo. Ella debía una aterradora cuenta en el hotel. La señorita Zelma de Barberini —se había metamorfoseado en Zelma—se entregó a la más sombría desesperación. Gritaba y sollozaba por todo el hotel, y en su furia desgarraba sus vestidos. Pero vivía en el hotel un conde polaco —todos los polacos que viajan… son condes—, y la señorita Zelma, desgarrando sus vestidos y arañando su rostro con sus bellas uñitas sonrosadas, le produjo cierta impresión. Entablaron conversación y durante la comida ya se había ella consolado. Por la noche, él apareció en el casino dándole el brazo. La señorita Blanche sonreía, según su costumbre, y sus modales eran más desenvueltos. Se agregó en seguida a esta categoría de fervientes a la ruleta que, al acercarse al tapete verde, empujan con el hombro a un jugador para procurarse sitio. Es la especialidad de esas damas. Ya lo habrá usted notado, sin duda. ...


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