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La palabra encontramos
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la palabra encontramos

La palabra Encontramos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece encontramos.

Estadisticas de la palabra encontramos

Encontramos es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 2234 según la RAE.

Encontramos tienen una frecuencia media de 42.91 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la encontramos en 150 obras del castellano contandose 6522 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Encontramos

Cómo se escribe encontramos o hencontramos?
Cómo se escribe encontramos o encontrramos?
Cómo se escribe encontramos o encontramoz?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece encontramos

La palabra encontramos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 14
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Adivínese si fue grande nuestra alegría cuando, al hojear el manus crito, última esperanza nuestra, encontramos en la vigésima página el nombre de Athos, en la vigésima séptima el nombre de Porthos y en la trigésima primera el nombre de Aramis. ...

En la línea 4266
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -No, señor bromista -respondió D'Artagnan-, pero c on nues tros cuatro caballos podremos volver a traer a nuestros tres amigos, si es que todavía los encontramos vivos. ...

En la línea 7503
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Señor Athos, hacedme, pues, el honor de acompañarme, vos y vuestros amigos, y entonces tendré una escolta como para dar envidia a Su Majestad si nos lo encontramos. ...

En la línea 1266
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... A una legua de la ciudad, al pie de un cerro, encontramos a cuatro personas, hombres y mujeres, tan negros como mi desconocido guía, y se unieron a nosotros, saludándome, y llamándome hermanita. ...

En la línea 2423
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Recuerdo que una vez estábamos registrando la casa de un eclesiástico acusado de judaísmo negro, y, después de buscar mucho, encontramos debajo del piso una caja de madera, y en ella un pequeño relicario de plata, donde había guardados tres libros forrados de negra piel de cerdo; los abrimos, y resultaron libros devotos judíos, escritos en caracteres hebreos, antiquísimos; al ser interrogado, no negó su culpa el reo; antes bien, se vanaglorió de ella, diciendo que no había más que un Dios, y atacando el culto a María Santísima como una idolatría grosera. ...

En la línea 2698
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En un extremo había un palomar bastante grande, y nos metimos en él, «porque—dijo el cura—si encontrásemos unos buenos pichones, ya tenían ustedes excelente comida.» Empero nos llevamos chasco: después de registrar los nidos, sólo encontramos pichones de muy pocos días, que no se podían comer. ...

En la línea 3101
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Era la hora indicada para comer nosotros y dar pienso a los caballos, y nos dirigimos a una _venta_ al final del pueblo; si bien encontramos cebada para los animales, trabajo nos costó hallar algo para nosotros. ...

En la línea 157
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... de una admirable vegetación, tan célebre en Guayaquil y en Panamá. Así, en la parte meridional y en la parte septentrional de este continente, los bosques y los desiertos ocupan posiciones inversas con respecto a las cordilleras, y esas posiciones parecen determinadas por la dirección de los vientos que reinan con más constancia. En medio del continente hay una gran región intermediaria que comprende Chile central y las provincias del Plata, región donde los vientos cargados de humedad no tiene que pasar por encima de altas montañas; pues bien, en esa región la tierra ya no es un desierto ni está cubierta de bosques. Pero, aun aplicando sólo a la América del Sur esta regla, según la cual los árboles no crecen sino en un clima húmedo por vientos cargados de vapores, nos encontramos con una excepción muy marcada: las islas Falkland. Estas islas, situadas en la misma latitud que la Tierra del Fuego y distantes de ella 200 ó 300 millas nada más, tienen un clima casi análogo y una formación geológica casi idéntica. ...

En la línea 222
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Pocas horas después de haber pasado del primer pozo, vemos un árbol famoso que los indios reverencian como el altar de Walleechu. Este árbol se eleva sobre una altura en medio de la llanada; por eso se ve desde una gran distancia. En cuanto lo ven los indios, expresan su adoración con grandes gritos. El árbol es poco alto, tiene numerosas ramas y está lleno de espinas; el tronco tiene un diámetro de unos tres pies, al nivel del suelo. Está aislado, y hasta es el primer árbol que hemos visto desde hace mucho tiempo. Después encontramos algunos otros de la misma especie, pero son muy raros. Estamos en invierno, y por eso el árbol no tiene hojas; pero en su lugar cuelgan innumerables hilos, de donde penden las ofrendas, consistentes en cigarros, pan, carne, retales de tela, etc. Los indios pobres, que no tienen nada mejor que ofrecer, se contentan con sacar un hilo de su poncho y atarlo al árbol. Los más ricos tienen la costumbre de verter espíritu de granos y mate en cierto agujero; después se colocan debajo del árbol y se ponen a fumar, cuidando de echar el humo al aire; con esto piensan proporcionar la más dulce satisfacción a Walleechu. Para completar la escena, vense en derredor del árbol los blancos esqueletos de los caballos sacrificados en honor del dios. Todos los indios, sean cuales fueren su edad y su sexo, hacen por lo menos una ofrenda; entonces quedan persuadidos de que sus caballos se volverán infatigables y de que su felicidad será perfecta. El gaucho que me contaba todo esto, añadía que en tiempo de paz había presenciado a menudo esta escena; y que él y sus acompañantes tenían la costumbre de aguardar a que los indios se hubiesen alejado, para ir a apoderarse de las ofrendas hechas a Walleechu. ...

En la línea 246
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... A la mañana siguiente se envía muy temprano a buscar caballos y salimos a galope. Pasamos la Cabeza del Buey, antiguo nombre dado a la extremidad de un gran pantano que se extiende hasta Bahía Blanca. Cambiamos de caballos por última vez y seguimos nuestra caminata a través del barro durante varias leguas, por marismas y charcas saladas. Mi caballo da una caída y yo me doy un remojón en fango negro y líquido, accidente muy desagradable cuando se carece de ropa de repuesto. A pocas millas del fuerte encontramos a un hombre, el cual nos dice que acaba de dispararse un cañonazo, en señal de que los indios están en las cercanías. Por eso abandonamos inmediatamente el camino y seguimos la orilla de un pantano, dispuestos a meternos en él si vemos aparecer a los salvajes; en efecto, ese es el mejor medio para escapar de su persecución. Tenemos la fortuna de llegar al recinto amurallado de la ciudad y nos dicen entonces que aquella alarma era falsa: cierto que se habían presentado indios, pero eran aliados deseosos de ir a unirse al general Rosas. ...

En la línea 283
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Ciertamente, no hay ninguna parte del globo que pueda compararse con el África meridional desde el punto de vista del número de los grandes cuadrúpedos; sin embargo, según todas las relaciones de viajes, es imposible negar que esta región es casi un desierto. En Europa necesitamos remontarnos hasta la época terciaria para encontrar en los mamíferos un estado de cosas semejante en algo al que actualmente existe en el Cabo de Buena Esperanza. Nos inclinamos a pensar que los grandes animales abundaban en la época terciaria, porque encontramos acumulados en ciertos sitios los despojos quizá de muchos siglos; pero yo no creo que hubiera entonces más cuadrúpedos grandes que los existentes ahora en el África meridional. Por último, si queremos establecer cuál era el estado de la vegetación durante esas épocas, al ver el que existe hoy, sobre todo, en el Cabo de Buena Esperanza, debemos llegar a la conclusión de que una vegetación extraordinariamente abundante no constituía una condición indispensable en absoluto. ...

En la línea 3498
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Y qué tal nos encontramos esta tarde?—dijo D. Evaristo inclinándose para verle la cara. ...

En la línea 3636
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Todo se perdona, hija, todo, todo—dijo el enfermo con indulgencia empapada en escepticismo—. Por muy grande que nos figuremos la masa de olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera todavía a todos nuestros cálculos. El bien y la gratitud son limitados; siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De él se deriva el vuelva a empezar, sin el cual el mundo se acabaría. ...

En la línea 4715
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata volvió a la apartada silla en que antes estuvo, y doña Lupe, después de llevarse las manos a la cabeza, hizo un gesto de conformidad cristiana. Le faltaba poco para echarse a llorar. En este punto creyó oportuno Torquemada intervenir, con esperanza de que sus discretas razones enderezaran el torcido intellectus del desdichado joven. «Mire usted, amigo Maximiliano, yo creo que todo lo que debemos saber sobre eso, ya nos lo han enseñado. Y lo que no, más vale que no lo sepamos… porque el mucho apurar las cosas le quita a uno la fe. Esta vida no es más que un mediano pasar: así lo encontramos y así lo hemos de dejar; y por mucho que miremos para el Cielo no ha de caer el maná… «Ganarás el pan con el sudor de tu frente», dijo quien dijo, y no hay más. ¿Qué saca usted de ponerse a cavilar sobre si el alma es esto o aquello? Si al fin nos hemos de morir… Tengamos la conciencia tranquila; no hagamos cosas malas, y ruede la bola… y no temamos el materialismo de la muerte; que al fin polvo somos, y… ». ...

En la línea 4950
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Ambas se pusieron muy serias. Notaban en Moreno palidez mortal, gran abatimiento, y un cierto olvido, extraño en él, de la atención constante que se debe prestar a las señoras cuando se platica con ellas. Jacinta se inclinó un poco hacia él, abriendo su abanico sobre las rodillas, y le dijo en tono muy cariñoso: «Amigo mío, es preciso que usted se cuide, y mire más por su salud. Esta tarde nos encontramos a Moreno Rubio en casa de Amalia, y me dijo que lo que usted padece no es nada; pero que si se descuida y no hace lo que él le manda, lo va a pasar mal. Usted no es un niño, y debe comprenderlo. ¿Por qué no hace caso de lo que le dicen las personas que le quieren bien y que se interesan por usted?». ...

En la línea 1612
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Sí, Yáñez. Si no los encontramos en la bahía ya no los volveremos a ver. ...

En la línea 1912
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Usted no conoce a los piratas de Mompracem! Si nos encontramos con ellos, no sé de quién sería la victoria. ...

En la línea 2338
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Hasta ahora no veo ninguna cola ni ningún hocico -contestó Sandokán-. Vamos hacia el noroeste; si no encontramos a Yáñez, pondremos pie en Mompracem. ...

En la línea 1304
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Aquella colección carecía, sin embargo, de un pájaro propio de estas tierras hasta el punto de que nunca ha salido de los límites de las islas de Arrú y de las islas de los Papúas. Pero la suerte me tenía reservada la posibilidad de admirarlo al poco tiempo. En efecto, después de atravesar un soto de escasa frondosidad nos encontramos en una llanura llena de matorrales. Fue allí donde vi levantar el vuelo a unos magníficos pájaros a los que la disposición de sus largas plumas obligaba a dirigirse contra el viento. Su vuelo ondulado, la gracia de sus aéreos giros y los reflejos tornasolados de sus colores atraían y encantaban la mirada. Pude reconocerlos sin dificultad. ...

En la línea 1705
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Bien, señor profesor, visitarán usted y sus compañeros el banco de Manaar, y si por casualidad encontramos allí algún pescador madrugador le veremos operar. ...

En la línea 1870
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... A una señal del capitán, nos sumergimos nuevamente y, siguiendo el camino ya recorrido, al cabo de media hora de marcha encontramos el ancla que fijaba al suelo la canoa del Nautilus. ...

En la línea 551
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Seguí la luz al bajar la escalera, del mismo modo como la siguiera al subir, y ella fue a situarse en el mismo lugar en que encontramos la bujía. Hasta que abrió la entrada lateral, pude imaginarme, aunque sin pensar en ello, que necesariamente sería de noche, y así el torrente de luz diurna me dejó deslumbrado y me dio la impresión de haber permanecido muchas horas a la luz de la bujía. ...

En la línea 773
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Subimos la escalera una vez hubo terminado este episodio, y mientras lo hacíamos encontramos a un caballero que bajaba. ...

En la línea 1094
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Lo dijo como si ya fuese un hecho conocido mi deseo de asesinar a un próximo pariente, con tal que pudiera inducir a uno de ellos a tener la debilidad de convertirse en mi bienhechor. Era ya noche cerrada cuando todo hubo terminado y cuando, en compañía del señor Wopsle, emprendí el camino hacia mi casa. En cuanto salimos de la ciudad encontramos una espesa niebla que nos calaba hasta los huesos. El farol de la barrera se divisaba vagamente; en apariencia, no brillaba en el lugar en que solía estar y sus rayos parecían substancia sólida en la niebla. Observábamos estos detalles y hablábamos de que tal vez la niebla podría desaparecer si soplaba el viento desde un cuadrante determinado de nuestros marjales, cuando nos encontramos con un hombre que andaba encorvado a sotavento de la casa de la barrera. ...

En la línea 1094
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Lo dijo como si ya fuese un hecho conocido mi deseo de asesinar a un próximo pariente, con tal que pudiera inducir a uno de ellos a tener la debilidad de convertirse en mi bienhechor. Era ya noche cerrada cuando todo hubo terminado y cuando, en compañía del señor Wopsle, emprendí el camino hacia mi casa. En cuanto salimos de la ciudad encontramos una espesa niebla que nos calaba hasta los huesos. El farol de la barrera se divisaba vagamente; en apariencia, no brillaba en el lugar en que solía estar y sus rayos parecían substancia sólida en la niebla. Observábamos estos detalles y hablábamos de que tal vez la niebla podría desaparecer si soplaba el viento desde un cuadrante determinado de nuestros marjales, cuando nos encontramos con un hombre que andaba encorvado a sotavento de la casa de la barrera. ...

En la línea 160
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... A propósito, una noticia inesperada. María Philippovna regresa a Rusia. La señorita Blanche me parece desprovista de instrucción; es una mujer de cortos alcances. Creo que en su vida no han faltado aventuras. Para decirlo todo, es muy posible que el marqués no sea pariente suyo y su madre pudiera muy bien ser una madre fingida. Pero está comprobado que en Berlín, que fue donde los encontramos, su madre y ella tenían buenas amistades. En lo que se refiere al marqués, aunque dudo en estos momentos que tenga tal título, el hecho es que pertenece a la buena sociedad, tanto entre nosotros como, por ejemplo, en Moscú o en Alemania. Esto es indudable. Me pregunto lo que es en Francia. ...

En la línea 851
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Pero en la avenida, al volver el square, nos encontramos a todos nuestros deudos. El general, Des Grieux, la señorita Blanche y su madre. ...

En la línea 1359
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Hacía tiempo que nos veíamos y nos encontramos por casualidad, en las circunstancias siguientes: Paseaba por el jardín, reflexionando que casi estaba sin dinero, pues sólo poseía cincuenta florines, porque la víspera había pagado la cuenta del hotel en el que ocupo un cuartucho indecente. Me quedaba el recurso de acudir a la ruleta y jugar una sola vez… Si la suerte me favorecía por poco que ganase, podría continuar jugando sí perdía, me vería precisado a volver a mi condición de criado, si no encontraba algún compatriota que necesitase un preceptor. Abismado en estas reflexiones estuve paseando cuatro horas. Cuando, hambriento y malhumorado, me disponía a abandonar el jardín, vi a Mr. Astley sentado en un banco. Me senté a su lado. Al notar su aire grave, moderé inmediatamente mi alegría, que había sido muy viva al verle. ...


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Más información sobre la palabra Encontramos en internet

Encontramos en la RAE.
Encontramos en Word Reference.
Encontramos en la wikipedia.
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