Cual es errónea Sentar o Sentarr?
La palabra correcta es Sentar. Sin Embargo Sentarr se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra sentarr es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra sentar

El Español es una gran familia
Reglas relacionadas con los errores de r
Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
En castellano no es posible usar más de dos r
Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r
Algunas Frases de libros en las que aparece sentar
La palabra sentar puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2712
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La reina estaba aúnde pie cuando él entró, pero apenas lo hubo visto se volvió a sentar en su sillón a hizo seña a sus mujeres de volver se a sentar en sus cojines y taburetes, y con un tono de suprema altivez preguntó:-Qué deseáis, señor y con qué fin os presentáis aquí?-Para hacer en nombre del rey, señora, y salvo el respeto que tengo el honor de deber a Vuestra Majestad, una indagación completa en vuestros papeles. ...
En la línea 5900
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La procuradora se llevó a Porthos a una habitación vecina y co menzaron a sentar las bases de la reconciliación. ...
En la línea 6287
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan compren dió lo que aquello quería decir; miraba el péndulo, se levantaba, se volvía a sentar, sonreía a D'Artagnan con un aire que quería decir: Sois muy amable sin duda, pero seríais encantador si os fueseis. ...
En la línea 8468
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El oficial la siguió: una gran capa estaba extendida a popa, el official la hizo sentar sobre la capa y se sen tó junto a ella. ...
En la línea 471
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Esto no es creible, y por eso nos aventuramos á decir, que solo la mas completa ignorancia de lo que son nuestras Islas Filipinas, pudo ser la única causa y móvil que impulsó á sentar aquella proposicion, nada reparable para emitida en una conversacion particular por quien no haya visitado aquellos paises; pero de mucho bulto y trascendencia en quien escribiendo para el público, entra en comparaciones siempre odiosas, y se atreve á indicar la desmembracion de la monarquía, proponiendo se enajene una tan preciosa parte de ella como son las Islas Filipinas, que sin aventurar nada, se las puede hoy llamar la joya mas preciosa que adorna la corona de España. ...
En la línea 918
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... La asturiana, que, toda recogida y callando, iba con las manos delante buscando a su querido, topó con los brazos de don Quijote, el cual la asió fuertemente de una muñeca y, tirándola hacía sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo sentar sobre la cama. ...
En la línea 2828
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Dorotea la tomó por la mano y la llevó a sentar junto a sí, y le rogó que se quitase el embozo. ...
En la línea 3643
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y ¿hay más que ver, después de haber visto esto, que ver salir por la puerta del castillo un buen número de doncellas, cuyos galanos y vistosos trajes, si yo me pusiese ahora a decirlos como las historias nos los cuentan, sería nunca acabar; y tomar luego la que parecía principal de todas por la mano al atrevido caballero que se arrojó en el ferviente lago, y llevarle, sin hablarle palabra, dentro del rico alcázar o castillo, y hacerle desnudar como su madre le parió, y bañarle con templadas aguas, y luego untarle todo con olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de cendal delgadísimo, toda olorosa y perfumada, y acudir otra doncella y echarle un mantón sobre los hombros, que, por lo menos menos, dicen que suele valer una ciudad, y aun más? ¿Qué es ver, pues, cuando nos cuentan que, tras todo esto, le llevan a otra sala, donde halla puestas las mesas, con tanto concierto, que queda suspenso y admirado?; ¿qué, el verle echar agua a manos, toda de ámbar y de olorosas flores distilada?; ¿qué, el hacerle sentar sobre una silla de marfil?; ¿qué, verle servir todas las doncellas, guardando un maravilloso silencio?; ¿qué, el traerle tanta diferencia de manjares, tan sabrosamente guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de alargar la mano? ¿Cuál será oír la música que en tanto que come suena, sin saberse quién la canta ni adónde suena? ¿Y, después de la comida acabada y las mesas alzadas, quedarse el caballero recostado sobre la silla, y quizá mondándose los dientes, como es costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra mucho más hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, y de cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? No quiero alargarme más en esto, pues dello se puede colegir que cualquiera parte que se lea, de cualquiera historia de caballero andante, ha de causar gusto y maravilla a cualquiera que la leyere. ...
En la línea 5474
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Hiciéronse mil corteses comedimientos, y, finalmente, cogiendo a don Quijote en medio, se fueron a sentar a la mesa. ...
En la línea 12366
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Jesús! —Mira, esta noche le voy a sentar junto a ti, a ver, si después de la cena se atreve a decírtelo. ...
En la línea 13951
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Víctor salió de la huerta y atravesando prados, pumaradas y tierras de maíz, buscó entre las casuchas vecinas la bajada al río Soto, y por su orilla el lugar más a propósito para sentar sus reales y pescar, en cuanto volviese Anselmo con los trastos necesarios. ...
En la línea 494
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... »Bueno… pues verán ustedes. La costumbre de pedir me ha ido dando esta bendita cara de vaqueta que tengo ahora. Conmigo no valen desaires ni sé ya lo que son sonrojos. He perdido la vergüenza. Mi piel no sabe ya lo que es ruborizarse, ni mis oídos se escandalizan por una palabra más o menos fina. Ya me pueden llamar perra judía; lo mismo que si me llamaran la perla de Oriente; todo me suena igual… No veo más que mi objeto, y me voy derechita a él sin hacer caso de nada. Esto me da tantos ánimos que me atrevo con todo. Lo mismo le pido al Rey que al último de los obreros. Oigan ustedes este golpe: Un día dije: 'Voy a ver a D. Amadeo'. Pido mi audiencia, llego, entro, me recibe muy serio. Yo imperturbable, le hablé de mi asilo y le dije que esperaba algún auxilio de su real munificencia. '¿Un asilo de ancianos?'—me preguntó. 'No señor, de niños'. —'¿Son muchos?'. Y no dijo más. Me miraba con afabilidad. ¡Qué hombre!, ¡qué bocaza! Mandó que me dieran seis mil guealés… Luego vi a doña María Victoria, ¡qué excelente señora! Hízome sentar a su lado; tratábame como su igual; tuve que darle mil noticias del asilo, explicarle todo… Quería saber lo que comen los pequeños, qué ropa les pongo… En fin, que nos hicimos amigas… Empeñada en que fuera yo allá todos los días… A la semana siguiente me mandó montones de ropa, piezas de tela y suscribió a sus niños por una cantidad mensual. ...
En la línea 670
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta entró con un plato en la mano. Tras ella vino Blas con el mismo velador en que había almorzado el señorito, un cubierto, servilleta, panecillo, copa y botella de vino. Miró estas cosas Ido con estupor famélico, no bien disimulado por la cortesía, y le entró una risa nerviosa, señal de hallarse próximo a la plenitud de aquel estado que llamaba eléctrico. La Delfina se volvió a sentar junto a su marido y miraba entre espantada y compasiva al desgraciado D. José. Este dejó en el suelo las carteras y el claque, que no se cerraba nunca, y cayó sobre las chuletas como un tigre… Entre los mascullones salían de su boca palabras y frases desordenadas: «Agradecidísimo… Francamente, habría sido falta de educación desairar… No es que tenga apetito, naturalmente… He almorzado fuerte… ¿pero cómo desairar? Agradecidísimo… ». ...
En la línea 1155
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Aquel día ocurrió en casa de Santa Cruz un suceso feliz. Entró D. Baldomero de la calle cuando ya se iban a sentar a la mesa, y dijo con la mayor naturalidad del mundo que le había caído la lotería. Oyó Barbarita la noticia con calma, casi con tristeza, pues el capricho de la suerte loca no le hacía mucha gracia. La Providencia no había andado en aquello muy lista que digamos, porque ellos no necesitaban de la lotería para nada, y aun parecía que les estorbaba un premio que, en buena lógica, debía de ser para los infelices que juegan por mejorar de fortuna. ¡Y había tantas personas aquel día dadas a Barrabás por no haber sacado ni un triste reintegro! El 23, a la hora de la lista grande, Madrid parecía el país de las desilusiones, porque… ¡cosa más particular!, a nadie le tocaba. Es preciso que a uno le toque para creer que hay agraciados. ...
En la línea 2403
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Aquel resentimiento que se inició en su alma iba trocándose poco a poco en lástima, porque Manolita le repitió hasta la saciedad que Jacinta sufría desdenes y horribles desaires de su marido. Llegó a sentar como principio general que todos los maridos quieren más a sus mujeres eventuales que a las fijas, aunque hay excepciones. De modo que Jacinta, al fin y al cabo y a pesar del Sacramento, era tan víctima como Fortunata. Cuando esta idea se cruzó entre una y otra, el rencor de la pecadora fue más débil y su deseo de parecerse a aquella otra víctima más intenso. ...
En la línea 923
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Bienvenido, oh rey! –exclamó el ermitaño con entusiasmo. Y afanándose con febril actividad, y sin dejar de susurrar 'bienvenido, bienvenido' arregló el banco, hizo sentar al rey junto al fuego, echó a éste algunos leños, y, finalmente, empezó a dar paseos con nervioso andar. ...
En la línea 2202
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Le acercó la silla, y Sonia se volvió a sentar. De nuevo la joven dirigió una mirada llena de angustiosa timidez a las dos señoras y seguidamente bajó los ojos. El pálido rostro de Raskolnikof se había teñido de púrpura. Sus facciones se habían contraído y sus ojos llameaban. ...
En la línea 2791
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Piotr Petrovitch entró en la habitación y saludó a las damas con la mayor amabilidad, pero con una gravedad exagerada. Parecía, además, un tanto desconcertado. Pulqueria Alejandrovna, que también daba muestras de cierta turbación, se apresuró a hacerlos sentar a todos a la mesa redonda donde hervía el samovar. Dunia y Lujine quedaron el uno frente al otro, y Rasumikhine y Raskolnikof se sentaron de cara a Pulqueria Alejandrovna, aquél al lado de Lujine, y Raskolnikof junto a su hermana. ...
En la línea 2835
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se volvió a sentar, pero conservando el sombrero en sus manos, y continuó: ...
En la línea 3584
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof escuchaba todo esto en silencio y con una expresión de disgusto. Sólo comía por no desairar a Catalina Ivanovna, limitándose a mordisquear los manjares con que ella le llenaba continuamente el plato. Toda su atención estaba concentrada en Sonia. Ésta temblaba, dominada por una inquietud creciente, pues presentía que la comida terminaría mal, y seguía con la vista, aterrada, los progresos de la exasperación de Catalina Ivanovna. Sabía muy bien que ella misma, Sonia, había sido la causa principal del insultante desaire con que las dos damas habían respondido a la invitación de su madrastra. Se había enterado por Amalia Ivanovna de que la madre incluso se había sentido ofendida y había preguntado a la patrona: «¿Cree usted que yo puedo sentar a mi hija junto a esa… señorita?» La joven sospechaba que su madrastra estaba enterada de ello, en cuyo caso este insulto la mortificaría más que una afrenta dirigida contra ella misma, contra sus hijos y contra la memoria de su padre. En fin, que Catalina Ivanovna, ante el terrible ultraje, no descansaría hasta haber dicho a aquellas provincianas que las dos eran unas… , etc., etc. ...
En la línea 581
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Las criaturas más feroces se sienten desarmadas cuando se acaricia a sus cachorros. La mujer levantó la cabeza al oír las palabras de Fantina y le dio las gracias, e hizo sentar a la desconocida en el escalón de la puerta, a su lado. ...
En la línea 1261
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Hacia la hora en que el señor Magdalena solía recogerse, la portera se levantó maquinalmente, colgó la llave del dormitorio del alcalde en el clavo habitual, y puso al lado el candelabro que usaba para subir la escala, como si lo esperara. En seguida se volvió a sentar y prosiguió su meditación. ...

la Ortografía es divertida
Errores Ortográficos típicos con la palabra Sentar
Cómo se escribe sentar o sentarr?
Cómo se escribe sentar o zentar?
Más información sobre la palabra Sentar en internet
Sentar en la RAE.
Sentar en Word Reference.
Sentar en la wikipedia.
Sinonimos de Sentar.
Palabras parecidas a sentar
La palabra cansaron
La palabra obligados
La palabra penitente
La palabra experimentaba
La palabra monjes
La palabra hechas
La palabra plegarias
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