La palabra Hechas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece hechas.
Estadisticas de la palabra hechas
Hechas es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4834 según la RAE.
Hechas tienen una frecuencia media de 18.78 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la hechas en 150 obras del castellano contandose 2855 apariciones en total.
Más información sobre la palabra Hechas en internet
Hechas en la RAE.
Hechas en Word Reference.
Hechas en la wikipedia.
Sinonimos de Hechas.
Algunas Frases de libros en las que aparece hechas
La palabra hechas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2707
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Conjuró al espíritu maligno con granacompañamiento de plegarias hechas por los monjes; pero el diablo no se deja desposeer fácilmente de una plaza en la que ha sentado sus reales; a medida que redoblaban los exorcismos, redo blaba él las tentaciones; de suerte que día y noche la campana repica ba anunciando el extremo deseo de mortificación que experimentaba el penitente. ...
En la línea 5284
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Además, hechas las paces con el alberguista, el viejo caballo de Athos costó seis pistolas; D'Ar tagnan y Athos cogieron los caballos de Planchet yde Grimaud, y los dos criados se pusieron en camino a pie, llevando las sillas sobre sus cabezas. ...
En la línea 225
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Los fletes no pueden esceder de un peso por arroba, lo que se acredita por las conducciones hechas hasta aqui, de modo que se hallan naturalmente establecidos los elementos de un gran ramo de comercio entre Filipinas y España, sin que se advierta sobre este punto necesidad de otra precaucion que la de que la hoja de tabaco de Manila sea precisamente conducida dentro de cajones emplomados y cerrados herméticamente, como se trasporta el té de China, á fin de que no se disipe su aroma ni disminuya su fuerza, como sucede al de la Habana y otros en las navegaciones. ...
En la línea 388
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Otrosí: deben manifestar los que dicen, que no teniendo un conocimiento exacto de las bases sobre que se partió para esa reforma, y datos que pudieron apoyar el establecimiento de esa nueva oficina cual se mandó, por no haber visto el espediente de su referencia, no debe juzgarse de maliciosa interpretacion ni reticencia cualquiera inexactitud que se notare en las observaciones hechas, á que les movió únicamente el deseo de contribuir á la mejor resolucion y acierto en la mas económica administracion de los intereses de una renta de tan poco producto y rendimiento, y procurar al comercio y vecindario de Filipinas el alivio de esa carga ó gravámen que se le imponia, segun que de todo llegaron á enterarse por lo que sobre esta cuestion vieron en los periódicos á su llegada á Madrid, y cuyos artículos, como conducentes á ilustrar estas reflexiones, se copian á continuacion. ...
En la línea 6152
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El género de opúsculos que comúnmente se escriben para declarar los errores del papismo no producirá, por tanto, mucho beneficio en España, al paso que podría conseguirse bastante provecho con traducciones bien hechas de las obras de Lutero, seleccionadas con tino. ...
En la línea 6839
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Era dadivoso en extremo; y a una irlandesa sórdida, viuda de un soldado, que entró con una banasta llena de cajitas y baratijas hechas de pedazos de roca de Gibraltar, le compró la mayor parte de lo que llevaba, dándole por cada artículo el precio, nada desdeñable, que le pidió. ...
En la línea 758
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¿Puédese, por ventura, en un instante esperar y temer, o es bien hacello, siendo las causas del temor más ciertas? ¿Tengo, si el duro celo está delante, de cerrar estos ojos, si he de vello por mil heridas en el alma abiertas? ¿Quién no abrirá de par en par las puertas a la desconfianza, cuando mira descubierto el desdén, y las sospechas, ¡oh amarga conversión!, verdades hechas, y la limpia verdad vuelta en mentira? ¡Oh, en el reino de amor fieros tiranos celos, ponedme un hierro en estas manos! Dame, desdén, una torcida soga. ...
En la línea 847
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¿Quién dijera que tras de aquellas tan grandes cuchilladas como vuestra merced dio a aquel desdichado caballero andante, había de venir, por la posta y en seguimiento suyo, esta tan grande tempestad de palos que ha descargado sobre nuestras espaldas? -Aun las tuyas, Sancho -replicó don Quijote-, deben de estar hechas a semejantes nublados; pero las mías, criadas entre sinabafas y holandas, claro está que sentirán más el dolor desta desgracia. ...
En la línea 885
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, aunque era de las enjalmas y mantas de sus machos, hacía mucha ventaja a la de don Quijote, que sólo contenía cuatro mal lisas tablas, sobre dos no muy iguales bancos, y un colchón que en lo sutil parecía colcha, lleno de bodoques, que, a no mostrar que eran de lana por algunas roturas, al tiento, en la dureza, semejaban de guijarro, y dos sábanas hechas de cuero de adarga, y una frazada, cuyos hilos, si se quisieran contar, no se perdiera uno solo de la cuenta. ...
En la línea 1220
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Al pie de las peñas, estaban unas casas mal hechas, que más parecían ruinas de edificios que casas, de entre las cuales advirtieron que salía el ruido y estruendo de aquel golpear, que aún no cesaba. ...
En la línea 99
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Las patas de esos animales terminan en pequeñas ventosas, y noté que podían trepar a lo largo de un espejo puesto verticalmente. Numerosas cigarras y numerosos grillos hacen oír al mismo tiempo su grito penetrante, pero que, sin embargo, aminorado por la distancia no deja de ser agradable. Ese concierto empieza todos los días en cuanto anochece. ¡Cuántas veces me ha ocurrido permanecer inmóvil allí escuchándolo, hasta que me llamaba la atención el paso de algún insecto curioso! A esa hora vuelan de seto en seto las moscas luminosas; en una noche oscura puede percibirse a unos 200 pasos la luz que proyectan. Es de advertir que en todos los animales fosforescentes que he podido observar, gusanos de luz, escarabajos brillantes y diversos animales marinos (tales como crustáceos, medusas, nereidas, una coraliaria del género Clytia y un tunicado del género Pyrosoma), la luz tiene siempre un color verde muy marcado. Todas las moscas luminosas que he podido coger aquí pertenecen a los Lampíridos (familia a la cual pertenece el gusano de luz inglés), y el mayor número de ejemplares eran Lampyris occidentalis3. Después de numerosas observaciones hechas por mí, he visto que este insecto emite la luz más brillante cuando 3 Deseo manifestar mi agradecimiento a Mr. Waterhouse, quien hizo el favor de determinar este insecto y otros muchos y de ayudarme de todas maneras. ...
En la línea 148
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Cuando no se emplea el lazo, se arrolla y se lleva atado a la parte de atrás de la silla. Hay dos especies de bolas: las más sencillas, que se emplean para cazar avestruces, consisten en dos piedras redondas, cubiertas de cuero y reunidas por una tenue cuerda trenzada, como de unos ocho pies de longitud; la otra especie sólo difiere de ésta en que consta de tres pelotas reunidas por una cuerda a un centro común. El gaucho tiene en la mano la más pequeña de las tres y hace girar las otras dos en derredor de la cabeza; luego de hacer puntería las arroja, y las bolas van a través del aire girando sobre sí mismas como balas de cañón enramadas. En cuanto las bolas dan contra cualquier objeto, se enroscan cruzándose en derredor de él y se anudan con fuerza. El grueso y el peso de las bolas varían según el fin que se propone lograr con ellas: hechas de piedra y del tamaño de una manzana, hieren con tanta fuerza, que a veces rompen las patas del caballo a las cuales se arrollan; se hacen de madera, del tamaño de un nabo, para apoderarse de los animales sin herirlos. A veces son de hierro las bolas, y entonces llegan a mucha mayor distancia. La dificultad principal para servirse del lazo o de las bolas consiste en ser tan buen jinete, que, yendo a galope o volviendo grupas de pronto, se pueda hacerlos girar con bastante igualdad en derredor de la cabeza para poder apuntar; a pie se aprendería muy pronto a manejarlos. Divertíame cierta vez en galopar y hacer girar las bola en derredor de mi cabeza, cuando la bola libre chocó accidentalmente con un arbustillo; cesando entonces de pronto el movimiento de revolución, cayó al suelo la bola, rebotó enseguida y fue a enroscarse a una de las patas traseras de mi caballo; escapóseme la otra bola y quedó cogida mi cabalgadura. Afortunadamente era un caballo viejo y experto, pues de otro modo se hubiera puesto a cocear hasta caer de lado. Los gauchos se desternillaron de risa gritando que hasta entonces habían visto coger a toda clase de animales, pero que nunca habían visto a un hombre cogerse él mismo. ...
En la línea 222
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Pocas horas después de haber pasado del primer pozo, vemos un árbol famoso que los indios reverencian como el altar de Walleechu. Este árbol se eleva sobre una altura en medio de la llanada; por eso se ve desde una gran distancia. En cuanto lo ven los indios, expresan su adoración con grandes gritos. El árbol es poco alto, tiene numerosas ramas y está lleno de espinas; el tronco tiene un diámetro de unos tres pies, al nivel del suelo. Está aislado, y hasta es el primer árbol que hemos visto desde hace mucho tiempo. Después encontramos algunos otros de la misma especie, pero son muy raros. Estamos en invierno, y por eso el árbol no tiene hojas; pero en su lugar cuelgan innumerables hilos, de donde penden las ofrendas, consistentes en cigarros, pan, carne, retales de tela, etc. Los indios pobres, que no tienen nada mejor que ofrecer, se contentan con sacar un hilo de su poncho y atarlo al árbol. Los más ricos tienen la costumbre de verter espíritu de granos y mate en cierto agujero; después se colocan debajo del árbol y se ponen a fumar, cuidando de echar el humo al aire; con esto piensan proporcionar la más dulce satisfacción a Walleechu. Para completar la escena, vense en derredor del árbol los blancos esqueletos de los caballos sacrificados en honor del dios. Todos los indios, sean cuales fueren su edad y su sexo, hacen por lo menos una ofrenda; entonces quedan persuadidos de que sus caballos se volverán infatigables y de que su felicidad será perfecta. El gaucho que me contaba todo esto, añadía que en tiempo de paz había presenciado a menudo esta escena; y que él y sus acompañantes tenían la costumbre de aguardar a que los indios se hubiesen alejado, para ir a apoderarse de las ofrendas hechas a Walleechu. ...
En la línea 261
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El Beagle llega el 24 de agosto a Bahía Blanca; y, al cabo de una semana de estancia, larga velas para el Plata. El capitán, Fitz-Roy, consiente en dejarme atrás para permitirme llegar a Buenos Aires por la vía terrestre. Voy a resumir algunas observaciones hechas en esta región durante esa visita y durante otra anterior, en que el Beagle estuvo determinando la situación del puerto. ...
En la línea 322
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se llamaban, como va dicho, Santa María y San Pedro; su historia anda escrita en los cronicones de la Reconquista, y gloriosamente se pudren poco a poco víctimas de la humedad y hechas polvo por los siglos. ...
En la línea 6039
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se discutía a gritos, entre carcajadas, con chistes repetidos de generación en generación y de pueblo en pueblo, y con frases hechas inveteradas, si la mujer puede servir a Dios lo mismo en el siglo que en el claustro; y si se necesita más virtud para atreverse a resistir las tentaciones que asedian en el mundo a una buena madre y fiel esposa, que para encerrarse en un convento. ...
En la línea 9229
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El bigote de don Víctor parecía una escoba mojada; con la humedad que traía de las marismas roció la frente de su esposa; pero ella no sintió repugnancia, y vio oro y plata en aquellos pelos tiesos que parecían un cepillo de yerbas hechas ceniza por la raíz y tostadas por las puntas. ...
En la línea 12926
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Las labores de su casa estaban hechas en poco tiempo. ...
En la línea 672
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Entre ricas tapicerías estaba servida la mesa, con letras góticas sobre el mantel hechas de flores, que repetían la leyenda del escudo episcopal de Borja: Ave María gratia plena . Ocho obispos pertenecientes a ambas comitivas sentábanse al banquete, con los dos poderosos magnates eclesiásticos y numerosos Invitados seglares. ...
En la línea 1753
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Don Michelotto y otros amigos estaban ausentes, por haberlos enviado a las Romanas a que gobernasen sus principales fortalezas; mas algunos partidarios fieles que permanecían junto a él, especialmente el belicoso obispo Bonafede, bastaban para defender la antigua Mole Adriana, tenida por inexpuignable luego de las obras hechas en ella por Alejandro VI. ...
En la línea 1884
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Creo que después de las tonterías que llevas hechas—dijo con un acento severo que no causó mella en su oyente—, renunciarás a la vida actual. La verdadera culpa de todo la tiene tu existencia de vagabundo, sin familia, sin mujer, sin casa. Esta mañana hemos hablado de ello don Arístides y yo. El se muestra dolido, y con razón, de lo que ha pasado; pero te quiere, y lo mismo ese pobre ángel de Estelita, y hasta su tía, que tiene su geniazo, pero en el fondo es uní- buena de Dios. Te perdonan y te esperan. No digas que no; para algo me ha traído la Providencia aquí. Les harás una visita conmigo. Nada de hablar de lo que ya está olvidado. Yo te ayudaré… Volverás a vivir con la familia de tu antiguo tutor, lo mismo que antes que conocieras a esa señora. Lo que debe ser, será. Como don Aristides goza de tanto poder en el Vaticano, puede arreglar tu boda en pocos días, suprimiente trámites. Te advierto que no me voy de aquí sin dejarte casado con Estelita. ...
En la línea 425
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... No había un país que dejase de alabar la paz, pero esta paz debía hacerse de acuerdo con sus gustos y ambiciones. Todos querían que las cosas fuesen no como deben ser, sino con arreglo a sus conveniencias. Y los catorce artículos o puntos se vieron retorcidos y desfigurados de tal modo, que acabaron por convertirse prácticamente en otras tantas calamidades. Así ocurre siempre con las leyes hechas por los hombres y aplicadas por los hombres. Los pueblos sintieron la necesidad de poner remedio a esta demencia general. Era preciso suprimir las guerras, resolver las cuestiones entre los países por medio de tribunales, como se resuelven las diferencias entre los individuos. Y cada Estado designó varios representantes, que se reunieron en esta ciudad, formando un organismo llamado Sociedad de las Naciones. ...
En la línea 456
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En resumen: bastó una semana para que en todos los países triunfasen las mujeres, quedando los hombres en un servilismo igual al que habían infligido a nuestro sexo durante miles de años. Así fue lo que hemos convenido en llamar la Verdadera Revolución, tan distinta en sus resultados a las revoluciones hechas por los hombres. ...
En la línea 544
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Gillespie se sintió inquieto al darse cuenta de que el universitario no había llegado aun, a pesar de las promesas hechas el día anterior. ...
En la línea 1959
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Las operaciones previas de la fumada duraban un buen rato, porque Torquemada le variaba el papel al cigarrillo. Después encendió el fósforo raspándolo en el muslo. «Como seguro—prosiguió—, aunque da mucho que hacer, el chico de la tienda de ropas hechas, José María Vallejo. Allí me tiene todos los primeros de mes, como un perro de presa… Mil duros me tiene allí, y no le cobro más que veintiséis todos los meses. ¿Que se atrasa? «Hijo, yo tengo un gran compromiso y no te puedo aguardar». Cojo media docena de capas, y me las llevo, y tan fresco… Y no lo hago por el materialismo de las capas, sino para que mire bien el plazo. Si no hay más remedio, señora. Es menester tratarles así, porque no guardan consideración. Se figuran que tiene uno el dinero para que ellos se diviertan. ¿Se acuerda usted de aquellos estudiantes que nos dieron tanta guerra?, fue el primer dinero de usted que coloqué. ¡Aquel Cienfuegos, aquel Arias Ortiz! Vaya unos peines. Si no es por mí, no se les cobra… ...
En la línea 2347
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Estos monosílabos guturales los emitía con todo el grueso de su gruesísima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de grosería, que habrían sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor Natividad y sus compañeras. Estaban tan hechas a ser tratadas de aquel modo y habían domado fieras tan espantables, que ya las injurias no les hacían efecto. «Vamos—dijo la Superiora frunciendo el ceño—; callando, y baje usted al patio». ...
En la línea 4802
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Empezó a mostrar aquellas papeletas tan bien hechas y bien dobladas, sobre las cuales había escrito con clarísima letra el nombre de cada droga. Mirábalas Fortunata con indecible terror, y se tapaba la nariz y la boca, temerosa de que, respirando tales ingredientes, pudiera envenenarse. ...
En la línea 5126
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Desde la rebotica, donde estaba trabajando, la vio pasar por la calle: «Allá va la nave. Siempre tan puntual a la citita. Doña Lupe furiosa, el pobre Rubín ido, y esta paloma volando al tejado del vecino. ¡Qué lejos está ella de que le he descubierto el escondrijo! Trabajillo me costó; pero me salí con la mía. Y no es que me proponga delatarla… cosa impropia de un caballero como yo. Hágolo para mi gobierno. Yo soy así; me gusta seguir los pasos de la persona que me interesa… De seguro que al volver del tortoleo entra por aquí… ¡Ah!, qué memoria la tuya, Segismundo; ya no te acordabas de que para hoy le prometiste tener hechas las píldoras de hatchisschina, que le quieren dar al pobre Maxi, a ver si le levantan y aclaran un poco aquellos espíritus tan entenebrecidos. Vamos a ello, y que la alegría más expansiva y la más placentera ilusión de vida (sacando de un armario el frasco del extracto indiano), iluminen el cacumen de mi infeliz amigo, a la acción de este precioso excitante». ...
En la línea 1214
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Envueltos en mantas de la cárcel, sucias y hechas jirones, Hendon y el rey pasaron una noche espantosa. Un carcelero sobornado había llevado bebidas a algunos presos, y el resultado natural de ello fue que éstos cantaron canciones obscenas, riñeron, gritaron y armaron un alboroto infernal. Al fin, poco después de medianoche, un hombre agredió a una mujer y casi la mató, golpeándole la cabeza con las esposas antes de que el alcaide pudiera acudir a salvarla. El alcaide restableció la paz propinando al preso una buena paliza, y entonces cesó el escándalo y pudieron dormir todos aquellos que no hacían caso de los ayes de los dos heridos. ...
En la línea 1351
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Las palabras golpeaban el alma del rey como el doblar de una campana fúnebre golpea el alma de un amigo sobreviviente cuando le recuerdan secretas traiciones hechas por su mano a aquel que se ha ido. ...
En la línea 755
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Perfectamente. El cristal, por frágil que sea a los choques, ofrece, sin embargo, una resistencia considerable. En experiencias de pesca con luz eléctrica hechas en 1864 en los mares del Norte, se ha visto cómo placas de vidrio de un espesor de siete milímetros únicamente, resistían a una presión de dieciséis atmósferas, mientras dejaban pasar potentes radiaciones caloríficas que le repartían desigualmente el calor. Pues bien, los cristales de que yo me sirvo tienen un espesor no inferior en su centro a veintiún centímetros, es decir, treinta veces más que el de aquellos. ...
En la línea 885
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Me puse el traje de biso, cuya naturaleza intrigaba a Conseil. Le expliqué que nuestras ropas estaban hechas con los filamentos brillantes y sedosos que unen a las rocas a los pínnidos, moluscos bivalvos muy abundantes a orillas del Mediterráneo. Antiguamente se tejían con este biso bellas telas, guantes y medias, a la vez muy suaves y de mucho abrigo. La tripulación del Nautilus podía vestirse así económicamente y sin tener que pedir nada ni a los algodoneros, ni a las ovejas ni a los gusanos de seda. ...
En la línea 968
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Porque no son balas ordinarias las que tira el fusil sino pequeñas cápsulas de vidrio (inventadas por el químico austríaco Leniebrock) de las que tengo un considerable aprovisionamiento. Estas cápsulas de vidrio, recubiertas por una armadura de acero, y hechas más pesadas por un casquillo de plomo, son verdaderas botellitas de Leyde, en las que la electricidad está forzada a muy alta tensión. Se descargan al más ligero choque, y por poderoso que sea el animal que las reciba, cae fulminado. Añadiré que estas cápsulas tienen un grosor del cuatro y que la carga de un fusil ordinario podría contener una decena. ...
En la línea 1158
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Eran las instrucciones del ministro de la Marina al comandante La Pérousse, con anotaciones al margen hechas personalmente por Luis XVI. ...
En la línea 1319
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En aquel momento, hubo entre la multitud un movimiento considerable. Todas las manos estaban al aire. Algunas de ellas, sólidamente cerradas, se elevaban y bajaban, al parecer, entre vociferaciones, maneras enérgicas, sin duda de formular un voto. Aquella masa de gente estaba agitada por remolinos que semejaban las olas del mar. Las banderas oscilaban, desaparecían un momento y reaparecían hechas jirones Las ondulaciones de la marejada se propagaban hasta la escalera, mientras que todas las cabezas cabrilleaban en la superficie como la mar movida súbitamente por un chuasco. El número de sombreros bajaba a la vista, y casi todos parecían haber perdido su natural normal. ...

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