Cual es errónea Riendo o Rriendo?
La palabra correcta es Riendo. Sin Embargo Rriendo se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra rriendo es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra riendo
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Riendo en la wikipedia.
Sinonimos de Riendo.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Riendo
Cómo se escribe riendo o rriendo?

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece riendo
La palabra riendo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1920
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... En pie en el puentecito, iba contestando a los saludos de los vecinos, los cuales pasaban riendo como si fuesen a presenciar un espectáculo graciosísimo. ...
En la línea 235
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La gitanería más famosa acampaba en la casa señorial. El marqués sentíase atraído y dominado por las mujeres de piel aceitunada y ojos de tizón, como si en su pasado existiesen ocultos cruzamientos de raza, que tiraban de sus afectos con misteriosa fuerza. Se arruinaba cubriendo de joyas y vistosos pañolones a gitanas que habían trabajado en los cortijos, escardando los campos y durmiendo en la impúdica, promiscuidad de las gañanías. La interminable tribu de cada una de sus favoritas, le acosaba con el lloriqueo servil y la codicia insaciable propios de la raza; y el marqués se dejaba saquear, riendo la gracia de estos parientes de la mano izquierda, que le adulaban declarando que era un _cañi_ puro, más gitano que todos ellos. ...
En la línea 335
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Anduvo algún tiempo por Madrid con su hermana, pero sus viajes fueron de corta duración. Era una _cañí_, una hija legítima del marqués de San Dionisio. ¡Que no le quitasen a ella sus _juerguecitas_ hasta el amanecer, tocando palmas y taconeando sentada, con las faldas en las rodillas! ¡Que no la privasen del vino de la tierra, que era su sangre y su felicidad! Si rabiaba la familia, que rabiase. Ella quería ser gitana como su padre. Aborrecía a los señoritos; le gustaban los hombres con sombrero pavero, y si llevaban zajones, mejor; pero muy hombres, oliendo a cuadra y a macho sudoroso. Y paseaba su belleza de rubia fina con carnes de porcelana por los colmados y ventorrillos, tratando con una fraternidad exagerada a los cantaoras y rameras que intervenían en las _juergas_, exigiendo que la tuteasen, y riendo con nerviosa alegría de borracha cuando los hombres, embrutecidos por el vino, sacaban las navajas y las hembras se apelotonaban asustadas en un rincón. ...
En la línea 499
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --¡Ah! ¿eres tú?--dijo riendo.--Pasa, _Alcaparrón_, no tengas miedo. ...
En la línea 670
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... «Es la chica del capataz de Marchamalo», decían a mi lao. «Bendito sea su pico: es un riuseñor». Y yo me ajogaba de pena sin saber por qué; y te veía delante de tus amigas, tan bonita como una santa, cantando la _saeta_, con las manos juntas, mirando al Cristo con esos ojasos que paecen espejos, en los que se veían toos los cirios de la procesión. Y yo, que había jugao contigo de pequeñuelo, creí que eras otra, que te habían cambiao de pronto; y sentí algo en la espalda, como si me arañasen con una navaja; y miré al buen Señor de las Espinas con envidia, porque cantabas para él como un pájaro y para él eran tus ojos; y me fartó poco pa dicile: «Señó, sea su mercé misericordioso con los pobres y déjeme un rato su puesto en la cruz. Na me importa que me vean desnúo, con enagüillas y los remos enclavaos, con tal que María de la Luz me orsequie con su voz de ángel...» --¡Loco!--decía la joven riendo.--¡Pamplinero! ¡Así me tienes chalaíta con esas mentiras que te traes! --Endimpués volví a oírte en la plaza de la Cárcel. Los pobrecitos presos, agarraos a las rejas, como si fuesen malas bestias, le cantaban al Señó unas cosas muy tristes, unas saetas hablando de sus jierros, de sus penitas, de la madre que lloraba por ellos, de sus hijitos que no podían besar. Y tú, entrañas mías, desde abajo contestabas con otras saetas, que eran un jipío durce como el de los ángeles, pidiendo al Señó que se apiadase de los infelices. Y yo entonses juré que te quería con toa mi arma, que habías de ser mía, y tuve tentasiones de gritar a los pobrecitos de las rejas: «Hasta la vista, compañeros; si esta mujer no me quiere, yo jago una barbariá: mato a arguien y el año que viene cantaré enjaulao con vosotros al Señó de las Espinas.» --Rafaé, no seas bárbaro--dijo la muchacha con cierto temor.--No digas esas cosas; eso es tentar la paciencia de Dios. ...
En la línea 1899
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan ofreció su brazo a la señora Bonacieux, que se cogió de él, mitad riendo, mitad temblando, y los dos juntos ganaron lo alto de la calle La Harpe. ...
En la línea 3904
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Un buen mozo como vos no consigue largos permisos de su amante, y eraisimpacientemen te esperado en Paris, ¿no es así?-A fe -dijo riendo el joven-, os lo confieso, mi querido señor Bonacieux, tanto más cuanto que veo que no se os puede ocultar na da. ...
En la línea 3908
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Vaya! ¿Vais a sermonearme? - dijo riendo D'Artagnan. ...
En la línea 4243
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -La trampa es bastante torpe para ser del cardena l -repuso son riendo el joven. ...
En la línea 1227
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Miró también don Quijote a Sancho, y viole que tenía los carrillos hinchados y la boca llena de risa, con evidentes señales de querer reventar con ella, y no pudo su melanconía tanto con él que, a la vista de Sancho, pudiese dejar de reírse; y, como vio Sancho que su amo había comenzado, soltó la presa de manera que tuvo necesidad de apretarse las ijadas con los puños, por no reventar riendo. ...
En la línea 4581
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Don Quijote loco, nosotros cuerdos: él se va sano y riendo, vuesa merced queda molido y triste. ...
En la línea 5463
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Quedó don Quijote, después de desarmado, en sus estrechos greguescos y en su jubón de camuza, seco, alto, tendido, con las quijadas, que por de dentro se besaba la una con la otra; figura que, a no tener cuenta las doncellas que le servían con disimular la risa -que fue una de las precisas órdenes que sus señores les habían dado-, reventaran riendo. ...
En la línea 3411
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Llegaba a casa de una vecina riendo a carcajadas. ...
En la línea 8646
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Anita, al oír este familiar lenguaje, casi jocoso, del Magistral, con motivo de cosas tan grandes y sublimes, sintió lágrimas y risas mezcladas, y lloró riendo como Andrómaca. ...
En la línea 8897
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Tampoco a Obdulia el agua la encerraba en casa, ni la entumecía: también alegre y bulliciosa corría de portal en portal, desafiando los más recios chaparrones, riendo a carcajadas si una gota indiscreta mojaba la garganta que palpitaba tibia; era de ver el arte con que sus bajos, con instintos de armiño, cruzaban todo aquel peligro del cieno, inmaculados, copos de nieve calada, dibujos y hojarasca sonante de espuma de Holanda; tentación de Bermúdez el arqueólogo espiritualista. ...
En la línea 1402
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Fue la entrada de César en Roma una imitación de los cortejos triunfales de la antigüedad. Lo esperaba su padre con una impaciencia que no podía disimular, llorando y riendo al mismo tiempo. Sentíase orgulloso de este hijo de veinticuatro años que luego de mostrarse en Francia superior a los primeros diplomáticos de Europa, acababa de revelarse un guerrero invencible. ...
En la línea 1793
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El alcaide del castillo, Gabriel Guzmán, era famoso como hombre forzudo, un día, cuando mostraba a César el triste paisaje desde lo más alto de la torre principal, éste lo agarró por sorpresa, intentando arrojarlo desde las almenas al foso, para huir después. La lucha resultaba larga y tenaz, por ser ambos de un vigor hercúleo; mas al fin triunfaba Guzmán, y el prisionero decía riendo que todo había sido una broma para poner a prueba las tan ponderadas fuerzas del alcaide. ...
En la línea 193
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Te vas a reír de mí. Pues señor… allá por Diciembre del año pasado… no, del otro… ¿Ves?, ya te estás riendo. ...
En la línea 232
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Esto es tan solitario, hija mía—dijo el marido, quitándose el sombrero y riendo—, que puedes armarme el gran escándalo sin que se entere nadie». ...
En la línea 233
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Juanito corría. Jacinta fue tras él con la sombrilla levantada. «Que no me coges». —«A que sí».—«Que te mato… ». Y corrieron ambos por el desigual pavimento lleno de yerba, él riendo a carcajadas, ella coloradita y con los ojos húmedos. Por fin, ¡pum!, le dio un sombrillazo, y cuando Juanito se rascaba, ambos se detuvieron jadeantes, sofocados por la risa. ...
En la línea 286
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Lo que yo digo—expresó Jacinta riendo—Mucha poesía, mucha cosa bonita y nueva; pero poco que comer. Te lo confieso, marido de mi alma; tengo un hambre de mil demonios. La madrugada y este fresco del campo, me han abierto el apetito de par en par. ...
En la línea 1759
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Sí, es cierto, eres un magnífico cipayo —contestó Sandokán riendo-. Ahora dame tus últimas instrucciones. ...
En la línea 2571
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Como en los viajes de Simbad el Marino -repliqué, riendo-. Parece, señor Land, que le gustan las historias extraordinarias. ¡Qué cachalotes, los suyos! Espero que no se lo crea. ...
En la línea 1692
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Usted no es Amal Iván, sino Amalia Ludwigovna, y como yo no formo parte de su corte de viles aduladores, tales como el señor Lebeziatnikof, que en este momento se está riendo detrás de la puerta ‑se oyó, en efecto, una risita socarrona detrás de la puerta y una voz que decía: «Se van a agarrar de las greñas»‑, la seguiré llamando Amalia Ludwigovna. Por otra parte, a decir verdad, no sé por qué razón le molesta que le den este nombre. Ya ve usted lo que le ha sucedido a Simón Zaharevitch. Está muriéndose. Le ruego que cierre esa puerta y no deje entrar a nadie. Que le permitan tan sólo morir en paz. De lo contrario, yo le aseguro que mañana mismo el gobernador general estará informado de su conducta. El príncipe me conoce desde casi mi infancia y se acuerda perfectamente de Simón Zaharevitch, al que ha hecho muchos favores. Todo el mundo sabe que Simón Zaharevitch ha tenido numerosos amigos y protectores. Él mismo, consciente de su debilidad y cediendo a un sentimiento de noble orgullo, se ha apartado de sus amistades. Sin embargo, hemos encontrado apoyo en este magnánimo joven ‑señalaba a Raskolnikof‑, que posee fortuna y excelentes relaciones y al que Simón Zaharevitch conocía desde su infancia. Y le aseguro a usted, Amalia Ludwigovna… ...
En la línea 2335
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof se reía de tal modo, que parecía no poder cesar de reír. La hilaridad le duraba todavía cuando llegaron a casa de Porfirio Petrovitch. Esto era lo que él quería. Así, desde el despacho le oyeron entrar en la casa riendo, y siguieron oyendo estas risas cuando los dos amigos llegaron a la antesala. ...
En la línea 2342
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof seguía riendo, y de tal modo, que se olvidó de que su mano estaba en la de Porfirio Petrovitch. Sin embargo, consciente de que todo tiene su medida, aprovechó un momento propicio para recobrar la seriedad lo más naturalmente posible. Rasumikhine, al que el accidente que su conducta acababa de provocar había sumido en el colmo de la confusión, miró un momento con expresión sombría los trozos de vidrio, después escupió, volvió la espalda a Porfirio y a Raskolnikof, se acercó a la ventana y, aunque no veía, hizo como si mirase al exterior. Porfirio Petrovitch reía por educación, pero se veía claramente que esperaba le explicasen el motivo de aquella visita. ...
En la línea 2639
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Y qué? ‑exclamó Svidrigailof, riendo con todas sus fuerzas‑. Son armas de bonne guerre, como suele decirse; una astucia de lo más inocente… Pero usted no me ha dejado acabar. Sea como fuere, yo le aseguro que no habría ocurrido nada desagradable de no producirse el incidente del jardín. Marfa Petrovna… ...
En la línea 1167
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¿Nos iremos? ¿Mañana? ¿No es verdad? —preguntó de repente, inquieta—. Podremos alcanzar a la abuela. ¿Qué te parece? Creo que la alcanzaremos en Berlín. ¿Qué va a decir al vernos? ¿Y Mr. Astley?… ¡Oh, ése si no se tiraría desde el Schlangenberg! ¿Qué te parece? —y se echó a reír—. Escucha, ¿sabes dónde piensa pasar el verano próximo? Pues tiene proyectado ir al Polo Norte para realizar investigaciones científicas, y me llevará consigo. ¡Ja, ja, ja! Pretende que nosotros, los rusos, nada sabríamos sin los europeos, que no servimos para nada… ¡Pero él también es bueno! Figúrate que disculpa al general y dice que Blanche… que la pasión… en fin, no se qué, no sé qué —repitió, como si divagase—. ¡Qué compasión me dan ellos, y también la abuela! Escucha, dime, ¿eres capaz de matar a Des Grieux? ¿Pensabas verdaderamente en matarle? ¡Oh, el insensato! ¿Podías creer que dejaría que te batieses con él? Pero si tú no matas ni al barón —añadió riendo—. ¡Qué ridículo estuviste con el barón! ...
En la línea 1215
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Cuando regresaba al hotel me iba riendo de la asombrosa seguridad de aquel inglés que afirmaba que iría sin falta a París. “¡Quiere matarme en duelo si miss Paulina muere!… —pensaba—. ¡No me faltaba más que eso!” ...
En la línea 1219
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Es verdad —contesté, riendo. ...
En la línea 1368
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Es decir, que a usted le duele no verme ni abatido ni humillado—repliqué, riendo. No comprendía inmediatamente. Luego se rió también. ...
En la línea 736
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Luego el muy papanatas, hizo lo que todos los gallos, lo que todos los gallos que están de mal humor… -siguió Perico riendo a su vez-. Si había de ponerse agradable, de decirle algo a la pobre chica… le soltó una filípica como para ella sola, para ella sola, porque no se había vuelto a Miranda de Ebro, de Ebro, a cuidarle la pata desencolada… También sólo a él se le ocurre desmayarse por una torcedura, y no telegrafiar a su mujer avisándola… Y le preguntó con un aire trágico, trágico: «¿dónde anda tu solícito acompañante?» Estaba el hombre celestial. ...

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Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
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