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La palabra dominado
Cómo se escribe

la palabra dominado

La palabra Dominado ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece dominado.

Estadisticas de la palabra dominado

Dominado es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 9588 según la RAE.

Dominado aparece de media 8.2 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la dominado en las obras de referencia de la RAE contandose 1247 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Dominado

Más información sobre la palabra Dominado en internet

Dominado en la RAE.
Dominado en Word Reference.
Dominado en la wikipedia.
Sinonimos de Dominado.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece dominado

La palabra dominado puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1918
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Batiste desperezabase con voluptuosidad, dominado por el bienestar tranquilo de que parecía impregnado el ambiente. ...

En la línea 2262
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Y dominado por un súbito terror, echó a correr, buscando a través de los campos el camino que conducía a su barraca. ...

En la línea 1193
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Salvatierra sentíase dominado por este dolor trágico y estruendoso, que se deslizaba al través de la noche, rasgando el silencio de los campos. ...

En la línea 1529
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En cuanto nos vió, se paró en seco, dió media vuelta, e intentó marcharse por donde había venido; pero al sentirse dominado, se puso de manos, y hubiera concluído por tirar al suelo a la mujer, si ella misma no se apea con ligereza. ...

En la línea 3244
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Atravesamos un puente, y al instante nos vimos en un profundo desfiladero, por cuyo fondo se precipitaba un impetuoso riachuelo, dominado a pico por la carretera que lleva a Galicia. ...

En la línea 4307
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Estábamos en uno de los parajes más raros que pueden imaginarse: era un largo y angosto pasadizo, dominado en ambas márgenes por una estupenda barrera de rocas negras y amenazadoras. ...

En la línea 7374
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Paula que había dominado a dos curas, y estaba dispuesta a dominar el mundo, no podía con su marido. ...

En la línea 9443
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Y don Víctor, parándose otra vez, casi al oído de don Álvaro añadía —: Diré la palabra: ¡un rutinario! Quintanar era inagotable en el capítulo de las quejas y de la envidia pequeña, al pormenor, cuando se trataba de su amigo íntimo, de su Frígilis; se sentía dominado por él y desahogaba la colerilla sorda, cobarde, bonachona en el fondo, en estas confidencias; Mesía era una especie de rival de Frígilis que asomaba; don Víctor encontraba cierta satisfacción maligna en la infidelidad incipiente. ...

En la línea 15295
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y como si esto en vez de un placer, en vez de una gloria fuese para Petra una carga, un trabajo, el mejor mozo de Vetusta le pagaba el servicio con amores de señorito que eran los que ella había saboreado siempre con más delicia, por un instinto de señorío que siempre la había dominado. ...

En la línea 16878
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Jesús de talla, con los labios pálidos entreabiertos y la mirada de cristal fija, parecía dominado por el espanto, como si esperase una escena trágica inminente. ...

En la línea 712
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Edwin creyó ver que era el doctor quien había tomado la iniciativa, de estas caricias, con una impetuosidad varonil. Pero esto no le produjo extrañeza alguna. Ya estaba acostumbrado a las tergiversaciones de este mundo dominado por las mujeres. Lo que el deseaba era conocer el rostro de la joven universitaria y oír lo que se decían ambos, pero no resultaba empresa fácil. ...

En la línea 3376
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... De nuevo estábamos aprisionados, como obligados testigos del siniestro drama que se fraguaba. Apenas tuvimos tiempo para reflexionar. Refugiados en mi camarote, nos mirábamos sin pronunciar una sola palabra. Me sentía dominado por un profundo estupor, incapaz de pensar. Me hallaba en ese penoso estado que precede a la espera de una espantosa detonación. Esperaba, escuchaba, con todo mi ser concentrado en el oído. ...

En la línea 262
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Dirigió una rápida mirada en torno de él como si buscase algo. Experimentaba la necesidad de sentarse. Su vista erraba en busca de un banco. Estaba en aquel momento en el bulevar K***, y el banco se ofreció a sus ojos, a unos cien pasos de distancia. Aceleró el paso cuanto le fue posible, pero por el camino le ocurrió una pequeña aventura que absorbió su atención durante unos minutos. Estaba mirando el banco desde lejos, cuando advirtió que a unos veinte pasos delante de él había una mujer a la que empezó por no prestar más atención que a todas las demás cosas que había visto hasta aquel momento en su camino. ¡Cuántas veces entraba en su casa sin acordarse ni siquiera de las calles que había recorrido! Incluso se había acostumbrado a ir por la calle sin ver nada. Pero en aquella mujer había algo extraño que sorprendía desde el primer momento, y poco a poco se fue captando la atención de Raskolnikof. Al principio, esto ocurrió contra su voluntad e incluso le puso de mal humor, pero en seguida la impresión que le había dominado empezó a cobrar una fuerza creciente. De súbito le acometió el deseo de descubrir lo que hacia tan extraña a aquella mujer. ...

En la línea 434
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Pero, desde hacía algún tiempo, Raskolnikof era un hombre dominado por las supersticiones. Incluso era fácil descubrir en él los signos indelebles de esta debilidad. En el asunto que tanto le preocupaba se sentía especialmente inclinado a ver coincidencias sorprendentes, fuerzas extrañas y misteriosas. El invierno anterior, un estudiante amigo suyo llamado Pokorev le había dado, poco antes de regresar a Karkov, la dirección de la vieja Alena Ivanovna, por si tenía que empeñar algo. Pasó mucho tiempo sin que tuviera necesidad de ir a visitarla, pues con sus lecciones podía ir viviendo mal que bien. Pero, hacía seis semanas, había acudido a su memoria la dirección de la vieja. Tenía dos cosas para empeñar: un viejo reloj de plata de su padre y un anillo con tres piedrecillas rojas que su hermana le había entregado en el momento de separarse, para que tuviera un recuerdo de ella. Decidió empeñar el anillo. Cuando vio a Alena Ivanovna, aunque no sabía nada de ella, sintió una repugnancia invencible. ...

En la línea 757
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El escribiente lo observó sin ningún interés. Era un hombre de cabellos enmarañados y mirada vaga. Parecía dominado por una idea fija. ...

En la línea 1488
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El semblante grave e inmóvil de Raskolnikof cambió de expresión repentinamente, y el ex estudiante se echó a reír con la misma risa nerviosa e incontenible que le había acometido momentos antes. De súbito le pareció que volvía a vivir intensamente las escenas turbadoras del crimen… Estaba detrás de la puerta con el hacha en la mano; el cerrojo se movía ruidosamente; al otro lado de la puerta, dos hombres la sacudían, tratando de forzarla y lanzando juramentos; y él se sentía dominado por el deseo de insultarlos, de hacerles hablar, de mofarse de ellos, de echarse a reír, con risa estrepitosa a grandes carcajadas… ...


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