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La palabra marrtirrio
Cómo se escribe

Comó se escribe marrtirrio o martirio?

Cual es errónea Martirio o Marrtirrio?

La palabra correcta es Martirio. Sin Embargo Marrtirrio se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra marrtirrio es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra martirio

Más información sobre la palabra Martirio en internet

Martirio en la RAE.
Martirio en Word Reference.
Martirio en la wikipedia.
Sinonimos de Martirio.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Martirio

Cómo se escribe martirio o marrtirrio?


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El Español es una gran familia


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra r

Reglas relacionadas con los errores de r

Las Reglas Ortográficas de la R y la RR

Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.

En castellano no es posible usar más de dos r

Algunas Frases de libros en las que aparece martirio

La palabra martirio puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 8899
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady, tumbada en un sillón junto a la chimenea, hermosa, pálida y resignada, parecía una virgen santa esperando el martirio. ...

En la línea 8953
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Una expresión de alegría indecible iluminó el rostro de Milady, mas esta expresión fue fugitiva como el reflejo de un rayo, y sin dar la im presión de haber oído el diálogo del que no se había perdido niuna palabra, siguió dando a su voz todo el encanto, toda la amplitud y toda la seducción que el demonio había puesto en ella:Para tantos lloros y miseria, para mi exilio y para mis cadenas, tengo mi juuentud, mi plegaria, y Dios, que tendrá en cuenta los males que he sufridoAquella voz, de una amplitud nunca oída y de una pasión sublime, daba a la poesía ruda a inculta de estos salmos una magia y una expresión que los puritanos más exaltados raramente encontraban en los can tos de sus hermanos, que ellos se veían obligados a adornar con todos los recursos de su imaginación: Felton creyó oír cantar al ángel que consolaba a los tres hebreos en el horno:Milady continuó:Mas para nosotros llegará el día de la liberación, Dios justo yfuerte; y si nuestra esperanza es engañado siempre nos queda el martirio y la muerte. ...

En la línea 9116
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Cuando Dios ve a una de esas criaturas injustamente persegui da, colocada entre el suicidio y el deshonor, creedme, señor, -res pondió Milady con un tono de profunda convicción-, Dios le perdo na el suicidio; porque entonces el suicidio es el martirio. ...

En la línea 9151
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Dejadme, pues, rehuir el deshonor de la muerte, dejadme refugiarme en el martirio. ...

En la línea 4308
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquel continuo estudiar su pensamiento, acecharse a sí misma, acusarse, por ideas inocentes, de malos pensamientos, era un martirio. ...

En la línea 4309
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Un martirio que añadía a los que la vida le había traído y seguía trayendo sin buscarlos. ...

En la línea 9329
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Al saber que había pasado seis días en aquella torpeza con intervalos de exaltación y delirio, extrañó mucho que se le hubiese hecho tan corto aquel largo martirio. ...

En la línea 9527
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A veces hablaba con Ana don Álvaro y Ana contestaba con voz afable, como en pago de su prudencia, de su paciencia y de su martirio. ...

En la línea 44
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡El martirio no! ¡La ausencia no! ¡Dejarla sola, imposible!. ...

En la línea 46
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Juan de Dios siguió adelante con sus preparativos; fue procurándose la situación propia del que puede entrar en el servicio de esas avanzadas de la fe, que tienen casi seguro el martirio. ...

En la línea 49
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Renunció a las misiones de Oriente, al martirio probable, a la poesía de sus ensueños, y se redujo a buscar las grandezas de la vida buena ahondando en el alma, prescindiendo del espacio. ...

En la línea 156
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Su alma estaba más pura de esta mancha que en los mejores tiempos de su esperanza de martirio en Oriente. ...

En la línea 1143
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Tampoco resultaba cierto que Lucrecia Borgia fuese la Santa Catalina de uno de los frescos y Cesar el tirano que la condena al martirio. Cuando el Pinturicchio terminó este cuadro, los hijos del Papa eran todavía adolescentes. ...

En la línea 1428
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por la noche, comensales otra vez, y luego tertulia y mucha gente. Hasta las doce duró aquel martirio. Se marcharon al fin uno a uno. ...

En la línea 2063
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Indicó a doña Lupe que le librara de este martirio poniendo a Nicolás en otra habitación. ¿Pero dónde, si no había más aposentos en la casa? La señora le prometió ponerle la cama en su propia alcoba si el cura roncaba mucho la primera noche. «Pero ahora que me acuerdo, yo también ronco… En fin, ya se arreglará. Aunque sea en la sala te podrás quedar». ...

En la línea 2288
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Cuando vino el mozo que debía llevar el baúl, Fortunata estaba ya dispuesta, vestida con la mayor sencillez. Maximiliano miró diferentes veces su reloj sin enterarse de la hora. Nicolás, que estaba más sereno, miró el suyo y dijo que era tarde. Bajaron los tres, y fueron pausadamente y sin hablar hacia la calle de Hortaleza a tomar un coche simón. Instalose el joven con no poco trabajo en la bigotera, porque las faldas de su futura esposa y la ropa talar del clérigo estorbaban lo que no es decible la entrada y la salida; y si el trayecto fuera más largo, el martirio de aquellas seis piernas que no sabían cómo colocarse habría sido muy grande. La neófita miraba por la ventanilla, atraída vagamente y sin interés su atención por la gente que pasaba. Creeríase que miraba hacia fuera por no mirar hacia dentro; Maximiliano se la comía con los ojos, mientras el presbítero procuraba en vano animar la conversación con algunas cuchufletas bien poco ingeniosas. ...

En la línea 2972
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata seguía en el cuarto de la ropa; mas adelantaba muy poco en el arreglo de su equipaje, porque a lo mejor se quedaba inmóvil, sentada sobre un baúl, mirando al suelo o a la vela, que ardía con pábilo muy larguilucho y negro, chorreando goterones de grasa. Desde que empezó a faltar, no había sentido remordimientos como los de aquella noche. El espectro de su maldad no había hecho antes más que presentarse como en broma, y érale a ella muy fácil espantarlo; pero ya no acontecía lo mismo. El espectro venía y se sentaba con ella y con ella se levantaba; cuando se ponía a guardar ropa, la ayudaba; al suspirar, suspiraba; los ojos de ella eran los de él, y, en fin, la persona de ambos parecía una misma persona. Y la atormentaban, juntamente con los revuelcos de su conciencia, ansias de amor, deseos vivísimos de normalizar su vida dentro de la pasión que la dominaba. Acordose de que su amante le había ofrecido ponerle casa, y establecer entre ambos una familiaridad regular dentro de la irregularidad. ¿Pero esto podría ser? Las ansias amorosas se cruzaban en su espíritu con temores vagos, y al fin venía a considerarse la persona más desgraciada del mundo, no por culpa suya, sino por disposición superior, por aquella mecánica espiritual que la empujaba de un modo irresistible. No pensó en dormir aquella noche, y anhelaba que viniese el día para marcharse, porque el sentir la voz doliente de su marido producíale atroz martirio. Habría dado diez años de su vida porque lo que pasó no hubiera pasado. Pero ya que no lo podía remediar, ¡ojalá que las heridas de Maxi fuesen de poca importancia! Después de esto, su más vivo deseo era coger la puerta y huir para siempre de la casa aquella. Antes morir que continuar la farsa de un matrimonio imposible. ...

En la línea 1894
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Ah, Yáñez, qué bien me hacen sus palabras! —dijo Mariana—. Porque lo amo tanto que sin él la vida para mí sería un martirio. ...

En la línea 309
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... A pesar de estas extrañas palabras, tenía el corazón oprimido. Se sentó en el banco abandonado. Sus pensamientos eran incoherentes. Por otra parte, pensar, fuera en lo que fuere, era para él un martirio en aquel momento. Hubiera deseado olvidarlo todo, dormirse, después despertar y empezar una nueva vida. ...

En la línea 381
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Mikolka vuelve a levantar el palo y descarga un segundo golpe en el lomo de la pobre bestia. El animal se contrae; su cuarto trasero se hunde bajo la violencia del golpe; después da un salto y empieza a tirar con todo el resto de sus fuerzas. Su propósito es huir del martirio, pero por todas partes encuentra los látigos de sus seis verdugos. El palo se levanta de nuevo y cae por tercera vez, luego por cuarta, de un modo regular. Mikolka se enfurece al ver que no ha podido acabar con el caballo de un solo golpe. ...

En la línea 1545
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Óyeme, Rasumikhine ‑empezó a decir Raskolnikof en voz baja y con perfecta calma‑: ¿es que no te das cuenta de que tu protección me fastidia? ¿Qué interés tienes en sacrificarte por una persona a la que molestan tus sacrificios e incluso se burla de ellos? Dime: ¿por qué viniste a buscarme cuando me puse enfermo? ¡Pero si entonces la muerte habría sido una felicidad para mí! ¿No lo he demostrado ya claramente que tu ayuda es para mí un martirio, que ya estoy harto? No sé qué placer se puede sentir torturando a la gente. Y te aseguro que todo esto perjudica a mi curación, pues estoy continuamente irritado. Hace poco, Zosimof se ha marchado para no mortificarme. ¡Déjame tú también, por el amor de Dios! ¿Con qué derecho pretendes retenerme a la fuerza? ¿No ves que ya he recobrado la razón por completo? Te agradeceré que me digas cómo he de suplicarte, para que me entiendas, que me dejes tranquilo, que no te sacrifiques por mí. ¡Dime que soy un ingrato, un ser vil, pero déjame en paz, déjame, por el amor de Dios! ...

En la línea 3012
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Pegarme? Usted no sabe lo que dice. ¡Pegarme ella, Señor… ! Pero, aunque me hubiera pegado, ¿qué? Usted no la conoce… ¡Es tan desgraciada! Está enferma… Sólo pide justicia… Es pura. Cree que la justicia debe reinar en la vida y la reclama… Ni por el martirio se lograría que hiciera nada injusto. No se da cuenta de que la justicia no puede imperar en el mundo y se irrita… Se irrita como un niño, exactamente como un niño, créame… Es una mujer justa, muy justa. ...

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