La palabra Habitualmente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece habitualmente.
Estadisticas de la palabra habitualmente
Habitualmente es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4173 según la RAE.
Habitualmente tienen una frecuencia media de 22.09 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la habitualmente en 150 obras del castellano contandose 3358 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Habitualmente
Cómo se escribe habitualmente o havitualmente?
Cómo se escribe habitualmente o abitualmente?
Más información sobre la palabra Habitualmente en internet
Habitualmente en la RAE.
Habitualmente en Word Reference.
Habitualmente en la wikipedia.
Sinonimos de Habitualmente.
Algunas Frases de libros en las que aparece habitualmente
La palabra habitualmente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 8876
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady era habitualmente pálida; su tez podia, pues, equivocar a una persona que la viera por primera vez. ...
En la línea 10117
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡A to dos los que habitualmente recibe! -respondió Milady, para quien esta conversación empezaba a tener un interés real. ...
En la línea 5311
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Tienen en ocasiones sus estallidos de alegría salvaje, sus riñas, que habitualmente ventilan en el segundo patio cuchillo en mano; el resultado suele ser con frecuencia una muerte, o algún desgarrón espantoso en la cara o en el abdomen; pero, en general, su conducta era infinitamente superior a lo que podía esperarse de los huéspedes de tal lugar. ...
En la línea 5684
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Suplico, por tanto, que durante mi estancia en esta capital sus gobernantes me concedan la protección y el amparo que habitualmente dispensan a los que llevan vida pacífica y bien ordenada, y están dispuestos a ser dóciles y obedientes a las costumbres y leyes de la república. ...
En la línea 309
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Otra especie más pequeña (Fornarius cunicularius) se asemeja al ave de horno por el color habitualmente rojizo de su plumaje, por su grito agudo y extraño que repite a cada instante y por su particular costumbre de correr dando saltitos. En atención a esa afinidad, los españoles la llaman casarita, aun cuando construye un nido enteramente diferente. La casarita fabrica el nido en el fondo de un estrecho agujero cilíndrico, que se extiende (según dicen) horizontalmente a seis pies por debajo de tierra. Varios campesinos me han dicho que en su juventud habían tratado de encontrar el nido, pero que rara vez habían logrado llegar al extremo del pasadizo. Este ave suele elegir para hacer el nido un montecillo poco elevado de terreno arenoso resistente, a orillas de un camino o de un arroyo. En Bahía Blanca, las paredes que rodean a las casas están construidas con barro endurecido; noté que la cerca del patio de la casa donde yo vivía estaba atravesada por un gran número de agujeros redondos. Cuando pregunté al propietario la causa de esto, me respondió quejándose amargamente del casarita, y bien pronto vi a varios de ellos en esa faena. Es bastante curioso observar cuán incapaces son esas aves de apreciar el espesor de cualquier masa; pues, aunque constantemente estaban revoloteando por encima de la tapia, persistían en atravesarla de parte a parte pensando sin duda que era un montecillo excelente para excavar en él su nido. Tengo el convencimiento de que cada ave quedaría sumamente sorprendida al volverse a encontrar en plena luz al otro lado de la pared. ...
En la línea 2856
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Llevábamos ya una veintena de minutos tratando de interpretar los menores ruidos que se producían en el interior del Nautilus, cuando entró el capitán Nemo. Afectó no vernos. Su fisonomía, habitualmente tan impasible, revelaba una cierta inquietud. Observó silenciosamente la brújula y el manómetro y luego se dirigió al planisferio, en el que posó un dedo sobre un punto de los mares australes. ...
En la línea 88
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... A estas alhajas deben añadirse dos grandes candeleros de plata maciza que eran herencia de una tía abuela. Aquellos candeleros sostenían dos velas de cera, y habitualmente figuraban sobre la chimenea del obispo. Cuando había convidados a cenar, la señora Magloire encendía las dos velas y ponía los dos candelabros en la mesa. ...
En la línea 308
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... ¿Tenía conciencia el presidiario de todo lo que había pasado en él, y de todas las emociones que experimentaba? Preguntas profundas y obscuras para que este hombre rudo a ignorante pudiera responder. Había demasiada ignorancia en Jean Valjean para que, aun después de tanta desgracia, no quedase mucha vaguedad en su espíritu. Ni aun sabía exactamente lo que por él pasaba. Jean Valjean estaba en las tinieblas; sufría en las tinieblas; odiaba en las tinieblas. Vivía habitualmente en esta sombra, a tientas, como un ciego, como un soñador. Solamente a intervalos recibía súbitamente, de sí mismo o del exterior, un impulso de cólera, un aumento de padecimiento, un pálido y rápido relámpago que iluminaba toda su alma y que le mostraba, entre los resplandores de una luz horrible, los negros precipicios y las sombrías perspectivas de su destino. ...
En la línea 1115
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... El fiscal en su réplica fue violento y florido, como lo son habitualmente los fiscales. Además de cien pruebas más -terminó diciendo-, lo reconocieron cuatro testigos: el inspector de policía Javert y tres de sus antiguos compañeros de ignominia, Brevet, Chenildieu y Cochepaille. ...

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