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La palabra helevada
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Comó se escribe helevada o elevada?

Cual es errónea Elevada o Helevada?

La palabra correcta es Elevada. Sin Embargo Helevada se trata de un error ortográfico.

La falta ortográfica detectada en la palabra helevada es que se ha eliminado o se ha añadido la letra h a la palabra elevada

Más información sobre la palabra Elevada en internet

Elevada en la RAE.
Elevada en Word Reference.
Elevada en la wikipedia.
Sinonimos de Elevada.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Elevada

Cómo se escribe elevada o helevada?
Cómo se escribe elevada o elebada?

Algunas Frases de libros en las que aparece elevada

La palabra elevada puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 811
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Desde este momento tendré de los rusos una opinión mucho más elevada que hasta aquí. ...

En la línea 824
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Hablé de los [católicos] ingleses, de su elevada respetabilidad, y de la lealtad que uniformemente han guardado a sus soberanos, aunque de religión diferente y no obstante haber sufrido no pocas persecuciones e injusticias. ...

En la línea 2210
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Nadie puede decir, con positivo fundamento, quién es el barón Taylor; se susurra que es un retoño de sangre real; y ¿quién puede, en efecto, contemplar por un momento su graciosa figura, su rostro inteligente y de líneas tan características, sus ojos grandes y expresivos, sin convencerse de que no es un hombre vulgar ni de vulgar linaje? Aunque por su talento y elocuencia hubiera podido alcanzar rápidamente una elevada posición en el Estado, se ha contentado hasta ahora, quizás sabiamente, con una relativa oscuridad, dedicándose por modo principal al estudio de las artes y de la literatura, de las que es liberal protector. ...

En la línea 3062
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Está situada en los confines y puede ser llamada capital de una comarca denominada país de los _maragatos_, como de tres leguas cuadradas de extensión, que limita al Noroeste la montaña llamada Teleno, la más elevada de una cadena nacida cerca de la desembocadura del Miño y que enlaza con el inmenso macizo divisorio de las Asturias y Guipúzcoa. ...

En la línea 257
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... eminencia poco elevada, desde donde, sin embargo, podíamos descubrir casi todo el inmenso puerto de Bahía Blanca. ...

En la línea 320
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... En Montevideo, de donde acabábamos de salir, en los veintitrés días comprendidos entre el 26 de julio y el 19 de agosto, la temperatura media, deducida de 276 observaciones, elevóse a 14,60 centígrados; la temperatura media del día más cálido fue de 18,6° y la del día frío fue de 7,7°-. El punto más bajo donde descendió el termómetro fue de 5,30 y subió a veces en el día hasta el de 20,5°- a 21,1°-. Sin embargo, a pesar de esta elevada temperatura, casi todos los escarabajos, varios géneros de arañas, los limacos, los moluscos terrestres, los sapos y los lagartos estaban escondidos todos ellos debajo de las piedras y soñolientos. Por el contrario, acabamos de ver que en Bahía Blanca, que sólo está 4° de latitud más al sur, y donde, por consiguiente, es muy pequeña la diferencia de clima, esa misma temperatura con un calor extremo algo menor, basta para despertar a los seres animados, de todos los órdenes. Esto prueba cómo el estímulo necesario para hacer salir a los animales del estado de sueño engendrado por la invernada, se rige admirablemente por el clima ordinario del país y no por el calor absoluto. Sabido es que entre los trópicos la soñolencia de verano de los animales está determinada, no por la temperatura, sino por los momentos de sequía. Al pronto quedé muy sorprendido al observar junto a Río de Janeiro, que numerosos moluscos e insectos, bien desarrollados, que debieron de haber estado sumidos en letargo, poblaban en pocos días las menores depresiones que habían estado llenas de agua. Humboldt ha referido un extraño accidente: una choza construida en un lugar donde un cocodrilo joven estaba enterrado en barro endurecido. Y añade: «los indios encuentran a menudo enormes boas, que llaman ellos ují (serpiente de agua), sumidas en un estado letárgico; para reanimarlas, es menester irritarlas o mojarlas». ...

En la línea 348
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Lo uniforme del color hace muy monótono el paisaje; en efecto, ningún matiz más brillante se destaca sobre el fondo gris blanquecino de la roca silícea y -sobre el moreno claro de la marchita hierba del llano. En las cercanías de una montaña elevada, suele esperarse ver un terreno muy desigual y sembrado de inmensos fragmentos de peñasco. ...

En la línea 547
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Salto inmediatamente en tierra. Desembarcar por primera vez en un país tiene siempre un interés muy vivo, y mucho más cuando, como sucede aquí, presenta el paisaje caracteres especiales y muy marcados. A la altura de 200 a 300 pies, sobre algunas masas de pórfido, se extiende una llanura inmensa, carácter particular de la Patagonia. Esta llanura es perfectamente plana, y su superficie se compone de cantos rodados mezclados con una tierra blancuzca. De trecho en trecho, manchones de hierba parda y coriácea, y algunos, aunque pocos, arbustillos espinosos. El clima es seco y agradable, y rara vez oscurecido por las nubes el hermoso cielo azul. Cuando nos encontramos en medio de una de estas llanuras desiertas y miramos hacia el interior del país, limitan nuestra vista las desigualdades de otra planicie un poco más elevada; pero todo es también llano, todo árido y desolado. En todas las demás direcciones parece que la mirada se levanta de la superficie recalentada y el horizonte resulta confuso. ...

En la línea 198
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Tom fue conducido al principal aposento de un suntuoso apartamiento y lo hicieron sentar, cosa que repugnaba hacer, pues se veía rodeado de caballeros ancianos y de hombres de elevada condición. Rogóles que se sentaran también, pero sólo se inclinaron agradeciéndolo o murmuraron las gracias, y permanecieron en pie. Tom habría insistido, pero su 'tío' el conde de Hertford susurró a su oído: ...

En la línea 408
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Caminé a tientas y a los cinco pasos me topé con un muro de hierro, hecho con planchas atornilladas. Al volverme, choqué con una mesa de madera, cerca de la cual había unas cuantas banquetas. El piso de aquel calabozo estaba tapizado con una espesa estera de cáñamo que amortiguaba el ruido de los pasos. Los muros desnudos no ofrecían indicios de puertas o ventanas. Conseil, que había dado la vuelta en sentido opuesto, se unió a mí y volvimos al centro de la cabina, que debía tener unos veinte pies de largo por diez de ancho. En cuanto a su altura, Ned Land no pudo medirla pese a su elevada estatura. ...

En la línea 417
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Imposible me hubiera sido precisar si el personaje tenía treinta y cinco o cincuenta años. Era de elevada estatura; su frente era ancha; recta la nariz; la boca, netamente dibujada; la dentadura, magnífica, y sus manos eran finas y alargadas, eminentemente «psíquicas», por emplear la expresión de la quirognomonía con que se caracteriza unas manos dignas de servir a un alma elevada y apasionada. Aquel hombre constituía ciertamente el tipo más admirable que me había encontrado en toda mi vida. Detalle particular: sus ojos, un tanto excesivamente separados entre sí, podían abarcar simultáneamente casi la cuarta parte del horizonte. Esa facultad que pude verificar más tarde- se acompañaba de la de un poder visual superior incluso al de Ned Land. Cuando aquel desconocido fijaba sus ojos en un objeto, la línea de sus cejas se fruncía, sus anchos párpados se plegaban circunscribiendo las pupilas y, estrechando así la extensión del campo visual, miraba. ¡Qué mirada la suya! ¡Cómo aumentaba el tamaño de los objetos disminuidos por la distancia! ¡Cómo le penetraba a uno hasta el alma, al igual que lo hacía con las capas líquidas, tan opacas para nuestros ojos, y como leía en lo más profundo de la mar! ...

En la línea 417
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Imposible me hubiera sido precisar si el personaje tenía treinta y cinco o cincuenta años. Era de elevada estatura; su frente era ancha; recta la nariz; la boca, netamente dibujada; la dentadura, magnífica, y sus manos eran finas y alargadas, eminentemente «psíquicas», por emplear la expresión de la quirognomonía con que se caracteriza unas manos dignas de servir a un alma elevada y apasionada. Aquel hombre constituía ciertamente el tipo más admirable que me había encontrado en toda mi vida. Detalle particular: sus ojos, un tanto excesivamente separados entre sí, podían abarcar simultáneamente casi la cuarta parte del horizonte. Esa facultad que pude verificar más tarde- se acompañaba de la de un poder visual superior incluso al de Ned Land. Cuando aquel desconocido fijaba sus ojos en un objeto, la línea de sus cejas se fruncía, sus anchos párpados se plegaban circunscribiendo las pupilas y, estrechando así la extensión del campo visual, miraba. ¡Qué mirada la suya! ¡Cómo aumentaba el tamaño de los objetos disminuidos por la distancia! ¡Cómo le penetraba a uno hasta el alma, al igual que lo hacía con las capas líquidas, tan opacas para nuestros ojos, y como leía en lo más profundo de la mar! ...

En la línea 2446
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Al contornear la cresta más elevada de las rocas que formaban la base de la bóveda, pude ver que las abejas no eran los únicos representantes del reino animal en el interior del volcán. Aves de presa planeaban y giraban en la sombra por todas partes o abandonaban sus nidos establecidos en las rocas. Eran gavilanes de vientre blanco y chillones cernícalos. Por las pendientes corrían también, con toda la rapidez de sus zancas, hermosas y gruesas avutardas. La vista de esas suculentas piezas excitó al máximo la codicia del canadiense, que se lamentó de no tener un fusil a su alcance. Trató Ned Land de sustituir el plomo por la piedra y, tras varias infructuosas tentativas, logró herir a una de aquellas magníficas avutardas. Veinte veces arriesgó su vida por apoderarse de ella, y tanto empeño puso en conseguirlo que al fin logró que su pieza fuera a hacer compañía en la mochila a la provisión de miel. ...

En la línea 343
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Cuando fuese mayor me pondría de aprendiz con Joe, y hasta que pudiera asumir tal dignidad no debía gozar de ciertas ventajas. Por consiguiente, no solamente tenía que ayudar en la fragua, sino que también si algún vecino necesitaba un muchacho para asustar a los pájaros, para coger piedras o para un trabajo semejante, inmediatamente se me daba el empleo. Sin embargo, a fin de que no quedara comprometida por esas causas nuestra posición elevada, en el estante inmediato a la chimenea de la cocina había una hucha, en donde, según era público y notorio, se guardaban todas mis ganancias. Tengo la impresión de que tal vez servirían para ayudar a liquidar la Deuda Nacional, pero me constaba el que no debía abrigar ninguna esperanza de participar personalmente de aquel tesoro. ...

En la línea 1976
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Sin embargo ‑dijo Rasumikhine‑, esos cambios son muy naturales. Yo no tengo madre, pero sí un tío que viene todos los años a verme. Y siempre me encuentra transformado, incluso físicamente… Bueno, lo importante es que han ocurrido muchas cosas durante los tres años que han estado ustedes sin ver a Rodion. Yo lo conozco desde hace año y medio. Ha sido siempre un hombre taciturno, sombrío y soberbio. Últimamente (o tal vez esto empezó antes de lo que suponemos) se ha convertido en un ser receloso y neurasténico. No es amigo de revelar sus sentimientos: prefiere mortificar a sus semejantes a mostrarse amable y expansivo con ellos. A veces se limita a aparecer frío e insensible, pero hasta tal extremo, que resulta inhumano. Es como si poseyese dos caracteres distintos y los fuera alternando. En ciertos momentos se muestra profundamente taciturno. Da la impresión de estar siempre atareado, lo que, de ser verdad, explicaría que todo el mundo le moleste, pero es lo cierto que está horas y horas acostado y sin hacer nada. No le gustan las ironías, y no porque carezca de mordacidad, sino porque sin duda le parece que no puede perder el tiempo en semejantes frivolidades. Lo que interesa a los demás, a él le es indiferente. Tiene una elevada opinión de sí mismo, a mi entender no sin razón… ¿Qué más… ? ¡Ah, sí! Creo que la llegada de ustedes ejercerá sobre él una acción saludable. ...

En la línea 2498
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑No se trata de que deban o no deban sentirlo. Sólo sufrirán en el caso de que sus víctimas les inspiren compasión. El sufrimiento y el dolor van necesariamente unidos a un gran corazón y a una elevada inteligencia. Los verdaderos grandes hombres deben de experimentar, a mi entender, una gran tristeza en este mundo ‑añadió con un aire pensativo que contrastaba con el tono de la conversación. ...

En la línea 4797
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Admito que todo eso es solamente sed de instrucción; pero ¿por qué entregarse a ciertos excesos? ¿Por qué insultar a las personas de elevada posición, como hace ese tunante de Zamiotof? ¿Por qué me ha ofendido a mí, pregunto yo… ? Otra epidemia que hace espantosos estragos es la del suicidio. Se comen hasta el último céntimo que tienen y después se matan. Muchachas, hombres jóvenes, viejos, se quitan la vida. Por cierto que acabamos de enterarnos de que un señor que llegó hace poco de provincias se ha suicidado. Nil Pavlovitch, ¡eh, Nil Pavlovitch! ¿Cómo se llama ese caballero que se ha levantado la tapa de los sesos esta mañana? ...

En la línea 846
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Oh, desde luego! No faltan aquí esta clase de establecimientos. Pero perderá mucho cambiando valores, le cobrarán una elevada prima, capaz de asustar a un judío. ...

En la línea 610
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... De lejos, era escultural el grupo. Lucía, anonadada, casi de hinojos, cruzadas las manos, imploraba: Artegui, alzado el brazo, erguido el cuerpo, mirando con doloroso reto a la bóveda celeste, pareciera un personaje dramático, un rebelde Titán, a no vestir el traje llano y prosaico de nuestros días. Más entoldado cada vez el celaje, se acumulaban en él nubarrones plomizos, como enormes copos de algodón en rama, hacia la parte donde caían Biarritz y el Océano. Ráfagas sofocantes cruzaban, muy bajas, casi a flor de tierra, doblegando los tallos de los juncos y estremeciendo el agudo follaje de los mimbrales a su hálito de fuego. Poderoso gemido exhalaba la llanura al percibir los signos precursores de la tormenta. Dijérase que el mal, evocado por la voz de su adorador, acudía, se manifestaba tremendo, asombrando a la naturaleza toda con sus anchas alas negras, a cuyo batir pudieran achacarse las exhalaciones asfixiantes que encendían la atmósfera. Lóbrego y obscuro, como la luna de un espejo de acero, el pantano dormía, y las florecillas acuáticas se desmayaban en sus bordes. La voz de Artegui, más intensa que elevada, resonaba entre el pavoroso silencio. ...

En la línea 1304
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Picaporte quedó bastante sorprendido de lo que veía, porque no tenía idea más que de la antigua ciudad de 1849, población de bandidos, incendiarios y asesinos, que acudían a la rebusca de pepitas, inmenso tropel de todos los miserables, donde se jugaba el polvo de oro con revólver en una mano y navaja en la otra. Pero aquellos tiempos habían pasado, y San Francisco ofrecía el aspecto de una gran ciudad comercial. La elevada torre del Ayuntamiento, donde vigilaban los guardias, dominaba todo aquel conjunto de calles y avenidas cortadas a escuadra, y entre las cuales había plazas con jardines verdosos, y después una ciudad china, que parecía haber sido importada del Celeste Imperio en un joyero. Ya no había sombreros hongos, ni camisas coloradas a usanza de los buscadores de oro, ni indios con plumas; sino sombreros de seda y levitas negras llevadas por una multitud de caballeros, dotados de actividad devoradora. Ciertas calles, entre otras, Montgommery Street, similar a la Regent Street de Londres, al boulevard de los italianos de París, al Broadway en Nueva York estaban llenas de espléndidas tiendas que ofrecían en sus escaparates los productos del mundo entero. ...

En la línea 1386
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Este personaje, que había tomado el tren en la estación de Elko, era hombre de elevada estatura, muy moreno, de bigote negro, pantalón negro, corbata blanca, guantes de piel de perro. Parecía un reverendo. Iba de un extremo al otro del tren, y en la portezuela de cada vagón pegaba con obleas una noticia manuscrita. ...


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Reglas relacionadas con los errores de h

Las Reglas Ortográficas de la H

Regla 1 de la H Se escribe con h todos los tiempos de los verbos que la llevan en sus infinitivos. Observa estas formas verbales: has, hay, habría, hubiera, han, he (el verbo haber), haces, hago, hace (del verbo hacer), hablar, hablemos (del verbo hablar).

Regla 2 de la H Se escriben con h las palabras que empiezan con la sílaba hum- seguida de vocal. Observa estas palabras: humanos, humano.

Se escriben con h las palabras que empiezan por hue-. Por ejemplo: huevo, hueco.

Regla 3 de la H Se escriben con h las palabra que empiezan por hidro- `agua', hiper- `superioridad', o `exceso', hipo `debajo de' o `escasez de'. Por ejemplo: hidrografía, hipertensión, hipotensión.

Regla 4 de la H Se escriben con h las palabras que empiezan por hecto- `ciento', hepta- `siete', hexa- `seis', hemi- `medio', homo- `igual', hemat- `sangre', que a veces adopta las formas hem-, hemo-, y hema-, helio-`sol'. Por ejemplo: hectómetro, heptasílaba, hexámetro, hemisferio, homónimo, hemorragia, helioscopio.

Regla 5 de la H Los derivados de palabras que llevan h también se escriben con dicha letra.

Por ejemplo: habilidad, habilitado e inhábil (derivados de hábil).

Excepciones: - óvulo, ovario, oval... (de huevo)

- oquedad (de hueco)

- orfandad, orfanato (de huérfano)

- osario, óseo, osificar, osamenta (de hueso)


Mira que burrada ortográfica hemos encontrado con la letra h


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