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La palabra tumbas
Cómo se escribe

la palabra tumbas

La palabra Tumbas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece tumbas.

Estadisticas de la palabra tumbas

Tumbas es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 11437 según la RAE.

Tumbas aparece de media 6.53 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la tumbas en las obras de referencia de la RAE contandose 993 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Tumbas

Cómo se escribe tumbas o tunbas?
Cómo se escribe tumbas o tumbaz?
Cómo se escribe tumbas o tumvas?

Más información sobre la palabra Tumbas en internet

Tumbas en la RAE.
Tumbas en Word Reference.
Tumbas en la wikipedia.
Sinonimos de Tumbas.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece tumbas

La palabra tumbas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 6375
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El Evangelio alumbra con luz aun más divina, saca a los pecadores de sus tumbas y da a los ciegos vista. ...

En la línea 7084
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Allí termina el _soc_; lo restante del monte se llama El Kawar, o lugar de las tumbas, porque es el sitio donde comúnmente se entierra; los sitios donde reposan los muertos están cuidadosamente señalados por unas pocas piedras que forman un circuito oblongo. ...

En la línea 7166
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Dirigimos después nuestros pasos hacia la ciudad; pero no por el sendero que habíamos traído; volviendo hacia la izquierda, por bajo de la colina del _mearrah_, y a lo largo de la playa, no tardamos en llegar a un camino toscamente empedrado, de áspera subida, que costeaba los muros de la ciudad hasta llegar a una puerta, delante de la cual, a un lado, había algunos hoyos pequeños, como tumbas, llenos de agua o cal. ...

En la línea 1766
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo don Quijote en Sierra Morena Y, volviendo a contar lo que hizo el de la Triste Figura después que se vio solo, dice la historia que, así como don Quijote acabó de dar las tumbas o vueltas, de medio abajo desnudo y de medio arriba vestido, y que vio que Sancho se había ido sin querer aguardar a ver más sandeces, se subió sobre una punta de una alta peña y allí tornó a pensar lo que otras muchas veces había pensado, sin haberse jamás resuelto en ello. ...

En la línea 1459
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El arte antiguo iba resurgiendo entre las ruinas de la campiña romana. Con frecuencia, el arado, movido por búfalos, sacaba a luz mal moles prodigiosos o dejaba descubiertas tumbas cuyos cadáveres, envueltos en vestiduras áureas, se deshacían al quedar en contacto con la atmósfera. ...

En la línea 44
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Al mismo tiempo se abrazó a sí mismo con ambos brazos, como si quisiera impedir la dispersión de su propio cuerpo, y se dirigió cojeando hacia la cerca de poca elevación de la iglesia. Cuando se marchaba, pasando por entre las ortigas y por entre las zarzas que rodeaban los verdes montículos, iba mirando, según pareció a mis infantiles ojos, como si quisiera eludir las manos de los muertos que asomaran cautelosamente de las tumbas para agarrarlo por el tobillo y meterlo en las sepulturas. ...

En la línea 283
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... No se nos reunió nadie del pueblo, porque el tiempo era frío y amenazador, el camino desagradable y solitario, el terreno muy malo, la oscuridad inminente y todos estaban sentados junto al fuego dentro de las casas celebrando la festividad. Algunos rostros se asomaron a las iluminadas ventanas para mirarnos, pero nadie salió. Pasamos más allá del poste indicador y nos dirigimos hacia el cementerio, en donde nos detuvimos unos minutos, obedeciendo a la señal que con la mano nos hizo el sargento, en tanto que dos o tres de sus hombres se dispersaban entre las tumbas y examinaban el pórtico. Volvieron sin haber encontrado nada y entonces empezamos a andar por los marjales, atravesando la puerta lateral del cementerio. La cellisca, que parecía morder el rostro, se arrojó contra nosotros llevada por el viento del Este, y Joe me subió sobre sus hombros. ...

En la línea 682
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¡Ah! - dijo el desconocido rápidamente y mirándome al mismo tiempo -. De la iglesia solitaria situada en el marjal y rodeada de tumbas, ¿no es verdad? ...

En la línea 1330
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Joe y Biddy se mostraron amables y cariñosos cuando les hablé de nuestra próxima separación, pero tan sólo se refirieron a ella cuando yo lo hice. Después de desayunar, Joe sacó mi contrato de aprendizaje del armario del salón y ambos lo echamos al fuego, lo cual me dío la sensación de que ya estaba libre. Con esta novedad de mi emancipación fui a la iglesia con Joe, y pensé que si el sacerdote lo hubiese sabido todo, no habría leído el pasaje referente al hombre rico y al reino de los cielos. Después de comer, temprano, salí solo a dar un paseo, proponiéndome despedirme cuanto antes de los marjales. Cuando pasaba junto a la iglesia, sentí (como me ocurrió durante el servicio religioso por la mañana) una compasión sublime hacia los pobres seres destinados a ir allí un domingo tras otro, durante toda su vida, para acabar por yacer oscuramente entre los verdes terraplenes. Me prometí hacer algo por ellos un día u otro, y formé el plan de ofrecerles una comida de carne asada, plum-pudding, un litro de cerveza y cuatro litros de condescendencia en beneficio de todos los habitantes del pueblo. Antes había pensado muchas veces y con un sentimiento parecido a la vergüenza en las relaciones que sostuve con el fugitivo a quien vi cojear por aquellas tumbas. Éstas eran mis ideas en aquel domingo, pues el lugar me recordaba a aquel pobre desgraciado vestido de harapos y tembloroso, con su grillete de presidiario y su traje de tal. Mi único consuelo era decirme que aquello había ocurrido mucho tiempo atrás, que sin duda habría sido llevado a mucha distancia y que, además, estaba muerto para mí, sin contar con la posibilidad de que realmente hubiese fallecido. ...


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