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La palabra trastornado
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la palabra trastornado

La palabra Trastornado ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece trastornado.

Estadisticas de la palabra trastornado

La palabra trastornado no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Trastornado

Cómo se escribe trastornado o trrastorrnado?
Cómo se escribe trastornado o traztornado?

Más información sobre la palabra Trastornado en internet

Trastornado en la RAE.
Trastornado en Word Reference.
Trastornado en la wikipedia.
Sinonimos de Trastornado.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece trastornado

La palabra trastornado puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 9122
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Pero ¿qué os he hecho yo -dijo Felton trastornado-para que me carguéis con semejante responsabilidad ante los hombres y ante Dios? Dentro de algunos días os marcharéis muy lejos de aquí, señora, vuestra vida no estará ya bajo mi custodia, y entonces -añadió él con un suspiro-haréis lo que queráis. ...

En la línea 7415
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Responde en buen hora -dijo don Quijote-, Sancho amigo, que yo no estoy para dar migas a un gato, según traigo alborotado y trastornado el juicio. ...

En la línea 3146
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada Al ramo de azucenas, que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa hacía experimentos con una banqueta de zapatero. En la mesa próxima había empleados de Hacienda, Gobernación y Ultramar, y una tanda de cesantes. Entre ellos vio Rubín al individuo a quien sólo faltaban dos meses de empleo para poder pedir su jubilación. Tenía pintada en su cara la ansiedad más terrible; su piel era como la cáscara de un limón podrido, sus ojos de espectro, y cuando se acercaba a la mesa de los espiritistas, parecía uno de aquellos seres muertos hace miles de años, que vienen ahora por estos barrios, llamados por el toque de la pata de un velador. El clima de Cuba y Filipinas le había dejado en los huesos, y como era todo él una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas de tal modo que parecía que se iba a comer a la gente. A un guasón se le ocurrió llamarle Ramsés II, y cayó tan en gracia el mote, que Ramsés II se quedó. Pasando con desdén por junto a los espiritistas, se sentaba en el círculo de los empleados, oyendo más bien que hablando, y permitiéndose hacer tal cual observación con voz de ultratumba, que salía de su garganta como un eco de las frías cavernas de una pirámide egipcia. «Dos meses, nada más que dos meses me faltan, y todo se vuelve promesas, que hoy, que mañana, que veremos, que no hay vacante… ». ...

En la línea 3576
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... También había estado en la expedición a Roma el 48. ¡Oh, Roma! Aquello sí que era cosa grande. ¡Qué bonito aquel paso de Pío IX bendiciendo a las tropas! Y la conversación rodaba, sin saber cómo, de la bendición papal a los amoríos del narrador. En esto era la de no acabar, y de la cuenta total salían a siete aventuras por año, con la particularidad de que eran en las cinco partes del mundo, porque Feijoo, que también había estado en Filipinas, tuvo algo que ver con chinas, javanesas y hasta con joloanas. Una salvaje le había trastornado el seso, demostrando que en las islas de la Polinesia se dan casos de coquetería no menos refinada que la de los salones europeos. «¡Ay, qué bueno!—exclamaba Fortunata riendo con toda su alma, al oír ciertos lances—. ¡Si eso parece de acá… ! ¡Pero qué lista… ! ¿Has visto? ¡Y luego dicen… !». ...

En la línea 3645
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Se había hecho de noche y los dos interlocutores no se veían. Feijoo llamó para que trajeran luz, y cuando la trajo doña Paca, la primera claridad que se esparció por el aposento sirvió al ama de llaves para examinar con rápida inspección el rostro de la amiga de su señor, diciéndose: «esta es la pájara que nos le ha trastornado». Aquel curioseo receloso de criado que espera heredar, fue seguido de diferentes pretextos para permanecer allí con idea de pescar algo de la conversación. Pero mientras Paca estuvo en la alcoba haciendo que ordenaba las cosas, moviendo los trastos y revisando las medicinas, D. Evaristo no desplegó los labios. Miraba a su ama de llaves, y su sonrisa maliciosa quería decir: «tú te cansarás». ...

En la línea 4167
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Hace poco—dijo con desaliento amargo—, perdí la memoria de tal modo… que… no sabía cómo te llamas tú. Venía subiendo la escalera, y me entró tal rabia, que me pregunté a gritos: '¿Pero cómo se llama, cómo se llama?… '. Me acordé al entrar en la casa. Hoy estaba haciendo una medicina para un enfermo de los ojos, y en vez del sulfato de atropina puse el de eserina, que es la indicación contraria. Si no lo advierte Ballester… ¡qué atrocidad!, dejo ciego al enfermo… No puedo trabajar. Esta cabeza se me ha trastornado. Figúrate que a ratos… ». ...

En la línea 290
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Duéleme, mi señor el rey, ser portador de tan graves y aflictivas nuevas, pero es voluntad de Dios que el príncipe permanezca trastornado, y no recuerda haber recibido el sello. Así he venido al punto a decíroslo, creyendo que sería perder un tiempo precioso, y además en vano, que alguno intentara regìstrar la larga serie de cámaras y salones que pertenecen a Su Alteza Real… ...

En la línea 318
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Oh, mi pobre niño! ¡Finalmente tus necias lecturas han tenido su efecto y te han trastornado el juicio! ¡Ay! ¿Por qué te aferrabas a ellas cuando tanto te prevenía yo en contra? ¡Has desgarrado el corazón de tu madre! ...

En la línea 245
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... La carta de su madre le había trastornado, pero Raskolnikof no había vacilado un instante, ni siquiera durante la lectura, sobre el punto principal. Acerca de esta cuestión, ya había tomado una decisión irrevocable: «Ese matrimonio no se llevará a cabo mientras yo viva. ¡Al diablo ese señor Lujine!» ...

En la línea 523
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Luego miró en todas direcciones y comprobó que el hacha estaba en su sitio. Seguidamente se preguntó: «¿No estaré demasiado pálido… , demasiado trastornado? ¡Es tan desconfiada esa vieja! Tal vez me convendría esperar hasta tranquilizarme un poco.» Pero los latidos de su corazón, lejos de normalizarse, eran cada vez más violentos… Ya no pudo contenerse: tendió lentamente la mano hacia el cordón de la campanilla y tiró. Un momento después insistió con violencia. ...

En la línea 933
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se levantó aterrado y se sentó en el diván, trastornado por el horror y el miedo. Pero los golpes, los lamentos, las invectivas eran cada vez más violentos. De súbito, con profundo asombro, reconoció la voz de su patrona. La viuda lanzaba ayes y alaridos. Las palabras salían de su boca anhelantes; debía de suplicar que no le pegasen más, pues seguían golpeándola brutalmente. Esto sucedía en la escalera. La voz del verdugo no era sino un ronquido furioso; hablaba con la misma rapidez, y sus palabras, presurosas y ahogadas, eran igualmente ininteligibles. ...

En la línea 957
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Aquí no ha venido nadie. Es la sangre lo que te ha trastornado. Cuando la sangre no circula bien, se cuaja en el hígado y uno delira… Bueno, ¿vas a comer o no? ...

En la línea 779
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Al entrar yo, callaron y disimularon. Des Grieux se alisó los cabellos y se esforzó en dar a su iracundo semblante una expresión risueña; tuvo una de esas antipáticas sonrisas francesas, corteses en apariencia y falsas en el fondo, que yo detesto tanto. El general, abatido y trastornado, enderezó su talla maquinalmente. ...

En la línea 1015
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se sentía trastornado, o al menos trastornado en grado sumo. Juntó las manos, dispuesto a arrojarse a mis pies, para… —¡cualquiera lo adivina … !— para que yo fuese a buscar a la señorita Blanche, para que la exhortase a volver a él, a casarse con él. ...

En la línea 1015
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se sentía trastornado, o al menos trastornado en grado sumo. Juntó las manos, dispuesto a arrojarse a mis pies, para… —¡cualquiera lo adivina … !— para que yo fuese a buscar a la señorita Blanche, para que la exhortase a volver a él, a casarse con él. ...


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