La palabra Toga ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece toga.
Estadisticas de la palabra toga
La palabra toga no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Toga
Cómo se escribe toga o toja?
Más información sobre la palabra Toga en internet
Toga en la RAE.
Toga en Word Reference.
Toga en la wikipedia.
Sinonimos de Toga.

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece toga
La palabra toga puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2506
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... El segundo comisario quedó tan aturdido como el primero por la declaración simple y f irme de aquel mosquetero, sobre el cual de bue na gana habrían querido tomar la revancha que las gentes de toga tan to gustan de obtener sobre las gentes de espada; pero el nombre del señor de Tréville y el del señor duque de La Trémouille merecían reflexión. ...
En la línea 2523
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Y yo -respondió fríamente el señor de Tréville-tengo muy bonitas cosas de que informarle sobre sus gentes de toga. ...
En la línea 2544
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Atestado de gentes de toga vale tanto como la palabra de ho nor de un hombre de espada? -respondió org ullosamente Tréville. ...
En la línea 2602
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -El señor Athos seguirá estando ahí -prosigió el señor de Tré ville-, dispuesto a responder cuando plazca a las gentes de toga inte rrogarlo. ...
En la línea 5566
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El regente —que no era Quintanar —con el entrecejo arrugado y la toga tersa, sentado en medio de la nave en un sillón de terciopelo y oro, contemplaba al predicador, preparándose a separar el grano de la paja, dado que hubiera de todo. ...
En la línea 7398
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El espectáculo de la ignorancia, del vicio y del embrutecimiento le repugnaba hasta darle náuseas y se arrojaba con fervor en la sincera piedad, y devoraba los libros y ansiaba lo mismo que para él quería su madre: el seminario, la sotana, que era la toga del hombre libre, la que le podría arrancar de la esclavitud a que se vería condenado con todos aquellos miserables si no le llevaban sus esfuerzos a otra vida mejor, una digna del vuelo de su ambición y de los instintos que despertaban en su espíritu. ...
En la línea 8302
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pero le vio entre los primeros disparates del ensueño, vestido de toga y birrete, con una espada en la mano. ...
En la línea 380
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Llegaba el profesor vestido de ceremonia, con su mejor toga y su birrete de gran borla, lo mismo que si fuese a leer una tesis ante la Universidad en pleno. ...
En la línea 384
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El dulce profesor contempló al gigante largo rato a través de una lenteja de cristal sacada de su toga, mientras tenía los anteojos subidos sobre la frente. Su rostro se contrajo con una sonrisa de doncella feliz, como si estuviese contemplando algo celestial. Al fin se arrancó a este deleite de los ojos para cumplir sus deberes de maestro. ...
En la línea 679
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Apareció, al fin, la litera del Padre de los Maestros, sostenida por ocho universitarios jóvenes, que jadeaban sudorosos después de esta ascensión en espiral. Se abrió la portezuela de la caja portátil y salió Momaren, con su birrete de cuatro borlas y una toga de cola larguísima, que se apresuraron a sostener dos aprendices de profesor. ...
En la línea 753
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Y se puso de pie, acudiendo inmediatamente los dos aspirantes a profesor que sostenían la cola de su toga. También corrieron los portadores de su litera para empuñar los brazos de esta caja portátil. Todo el cortejo universitario, que ya empezaba a fatigarse de una visita larga y sin incidentes, se aglomeró en los escotillones para deslizarse por las cuatro rampas arrolladas a las patas de la mesa. ...
En la línea 304
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... La vanguardia de la esperada procesión hizo su aparición en la puerta principal: una tropa de alabarderos. Iban vestidos con calzas de listas negras y leonadas, gorras de terciopelo adornadas a los lados con rasas de plata, y jubones de paño azul y morado, bordados por delante y por detrás con las tres plumas, el blasón del príncipe, tejidas en oro. Las astas de las alabardas estaban cubiertas de terciopelo carmesí, sujeto con clavos dorados y adornadas con borlas de oro. Desfilando a derecha e izquierda, formaban dos largas hileras que se extendían desde la puerta principal del palacio hasta la orilla del agua. Después se desplegó un grueso paño o tapiz rayado, y unos servidores, ataviados con las libreas de oro y carmesí del príncipe, lo tendieron entre los alabarderos. Hecho esto, resonó dentro un floreo de trompetas. Los músicos del río comenzaran un animado preludio y dos ujieres con varas blancas salieron por la puerta con lento y majestuoso paso. Iban seguidos por un oficial que llevaba la maza municipal, tras el cual venía otro con la Espada de la Ciudad; luego varios alguaciles de la guarnición de la ciudad, con uniforme de gala, y con divisas en las mangas. Venía luego el rey de armas de la Jarretera, con su tabardo; lo seguían varios caballeros del Baño, cada uno con una cinta blanca en la manga; luego sus escuderos; después los jueces, con sus togas escarlatas y sus cofias; luego el lord gran canciller de Inglaterra, con su toga escarlata, abierta por delante y, orlada de piel blanca con manchas negras; luego una comisión de regidores con sus capas escarlata, y luego los principales de las diferentes compañías cívicas en traje de ceremonia. Después venían doce caballeros franceses, con espléndidos atavíos, consistentes en jubones de damasco blanco listado de oro, capas cortas de terciopelo carmesí, forradas de tafetán violeta y calzas color carne, y comenzaron a descender por la escalinata. Eran el séquito del embajador francés, e iban seguidos por doce caballeros del séquito del embajador español, vestidos de terciopelo negro sin ningún adorno. En pos de éstos venían varios importantes nobles ingleses con sus servidores. ...

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