La palabra Tigre ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece tigre.
Estadisticas de la palabra tigre
Tigre es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 8320 según la RAE.
Tigre aparece de media 9.79 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la tigre en las obras de referencia de la RAE contandose 1488 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Tigre
Cómo se escribe tigre o tigrre?
Cómo se escribe tigre o tijre?

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece tigre
La palabra tigre puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 2274
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Ya habéis oído!Athos siguió a sus guardias encogiéndose de hombros, y el señor Bonacieux lanzandolamentaciones capaces de ablandar el corazón de un tigre. ...
En la línea 4458
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Los dos amamos la caza por encima de todo, de suerte que me contaba cómo, en las llanuras de las pampas, los naturales del país cazan al tigre y los toros con simples nudos corredizos que lanzan al cuello de esos terribles animales. ...
En la línea 1023
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Exasperado por tal desprecio, asió el beodo el vaso en que bebía, arrojándolo a la cabeza del español, quien brincó como un tigre, desenvainó un cuchillo y tiró de abajo a arriba un tajo a las mejillas de su agresor; indudablemente, le hubiese cortado la cara, de no haber detenido yo a tiempo el brazo del matutero, reduciendo así el daño a un arañazo en la mandíbula inferior, del que brotó un poco de sangre. ...
En la línea 4642
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Apenas oyó mi pretensión, sin decir palabra ni darme tiempo para defenderme, se arrojó sobre mí como un tigre y me agarrotó el cuello con las manos, tan bien y tan fuerte, que pensé morir estrangulado. ...
En la línea 6117
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Muy bien puede Dulcinea, doncella rolliza y sana, preciarse de que ha rendido a una tigre y fiera brava. ...
En la línea 7536
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Ablándate, tigre; humíllate, Nembrot soberbio, y sufre y calla, pues no te piden imposibles. ...
En la línea 453
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... encanto que habría en pasearse por estos bosques. En la tarde de este día, no había andado cien pasos, cuando noté señales indudables de la presencia del tigre; por tanto, me vi obligado a volver pies atrás. En todas las islas se encuentran análogas huellas; así como en la excursión anterior, el rastro de los indios, había sido el tema de nuestras conversaciones, del mismo modo esta vez sólo se habló del rastro del tigre. ...
En la línea 455
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... para lograr destruir a ese animal, fue preciso levantar parte de la techumbre de la iglesia y matarle a tiros. Durante las inundaciones, los jaguares causan grandes estragos entre los ganados y los caballos. Dícese que matan a su presa rompiéndole el pescuezo. Si se les aparta del cadáver del animal al que acaban de matar, rara vez vuelven a acercarse a él. Los gauchos afirman que las zorras siguen al jaguar gañendo, cuando vaga por la noche; esto coincide curiosamente con el hecho de que también los chacales acompañan de la misma manera al tigre de la India. El jaguar es un animal ruidoso; de noche deja oír continuos rugidos, sobre todo cuando va a hacer mal tiempo. ...
En la línea 703
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Muy inofensivos mientas que estaban en corto número, dejaron de serlo, como lo vimos en la mañana del 21, reunidos a los que llegaron, en los cuales notamos síntomas de hostilidad que nos hicieron temer si tendríamos que entablar lucha. Un europeo tiene grandes desventajas frente a frente de estos salvajes, que no tienen idea alguna de la potencia de las armas de fuego. El mismo movimiento indispensable para echarse a la cara el fusil, le presenta a los ojos del salvaje como muy inferior a un hombre de arco y flechas, de una lanza o de una honda. Es, por otra parte, imposible casi probarles nuestra superioridad sino con golpes mortales. Del mismo modo que las fieras, no parecen preocuparse del número; porque todo individuo si es atacado, en lugar de retirarse trata de romperos la cabeza con una piedra con la misma seguridad que un tigre trataría de haceros pedazos en circunstancias análogas. Una vez, apremiado muy de cerca, trató el capitán Fitz-Roy de espantar a una turba de salvajes de éstos, empezando por sacar el sable para amenazarlos, y no hicieron más que reírse. ...
En la línea 3120
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... an parte del interés que encontramos contemplando a un salvaje es el mismo sentimiento que nos impulsa a ver un león en el desierto, el tigre desgarrando su presa sobre el terreno, o el rinoceronte vagando por las ignotas llanuras del África. ...
En la línea 935
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La piel de tigre, ¿tiene un cachet? Ps. ...
En la línea 951
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Obdulia admiraba sinceramente las formas y el cutis de Ana, y allá en el fondo del corazón, le envidiaba la piel de tigre. ...
En la línea 955
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Después de abandonar todas las prendas que no habían de acompañarla en el lecho, quedó sobre la piel de tigre, hundiendo los pies desnudos, pequeños y rollizos en la espesura de las manchas pardas. ...
En la línea 3653
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entonces, no sé por qué, me explico yo el capricho de la piel de tigre que dicen que le regaló un inglés americano. ...
En la línea 1442
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Y era tal su nerviosidad, que el gigante temió que se arrojase desde lo alto de su mano. Dejo al profesor-guerrero en la arena, y vio como corría hacia su automóvil-tigre y como escapaba este a toda velocidad hacia el puerto. ...
En la línea 1511
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Se lanzó fuera del edificio, en dirección a la ciudad, pero al dar los primeros pasos por la pendiente de la colina vio que se cruzaba en su camino una máquina rodante con cabeza de tigre, ocupada por militares. ...
En la línea 1536
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A la cabeza de esta muchedumbre rodaba el automóvil-tigre de Flimnap. El profesor, puesto de pie sobre el vehículo, iba arengando al gentío. ...
En la línea 1501
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Mujer, llévate, llévate de una vez de mi casa este cachorro de tigre—dijo Benigna, entrando muy soliviantada—. ¡Virgen del Carmen, mi bandeja de arroz con leche! ...
En la línea 1644
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Día memorable fue para Juan Pablo aquel en que tropezó con un cierto amigote de la infancia, camarada suyo en San Isidro. El amigo era diputado de los que llamaban cimbros, y Juan Pablo, que era hombre de mucha labia, le encareció tanto su aburrimiento de la vida comercial y lo bien dispuesto que estaba para la administrativa, que el otro se lo creyó, y hágote empleado. Rubín fue al mes siguiente inspector de policía en no sé qué provincia. Pero su infame estrella se la había jurado: a los tres meses cambió la situación política, y mi Rubín cesante. Había tomado el gusto a la carne de nómina, y ya no podía ser más que empleado o pretendiente. No sé qué hay en ello, pero es lo cierto que hasta la cesantía parece que es un goce amargo para ciertas naturalezas, porque las emociones del pretender las vigorizan y entonan, y por eso hay muchos que el día que les colocan se mueren. La irritabilidad les ha dado vida y la sedación brusca les mata. Juan Pablo sentía increíbles deleites en ir al café, hablar mal del Gobierno, anticipar nombramientos, darse una vuelta por los ministerios, acechar al protector en las esquinas de Gobernación o a la salida del Congreso, dar el salto del tigre y caerle encima cuando le veía venir. Por fin salió la credencial. Pero, ¡qué demonio!, siempre la condenada suerte persiguiéndole, porque todos los empleos que le daban eran de lo más antipático que imaginarse puede. Cuando no era algo de la policía secreta, era cosa de cárceles o presidios. ...
En la línea 5303
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Fortunata vio el cuarto. ¡Ay, Dios, qué malo era, y qué sucio y qué feo! Las puertas parecía qué tenían un dedo de mugre, el papel era todo manchas, los pisos desiguales. La cocina causaba horror. Indudablemente la joven se había adecentado mucho y adquirido hábitos de señora, porque la vivienda aquella se le presentaba inferior a su categoría, a sus hábitos y a sus gustos. Hizo propósito de lavar las puertas y aun de pintarlas, y de adecentar aquel basurero lo más posible, sin perjuicio de buscar casa más a la moderna, quisiera o no Segunda vivir en su compañía. El gabinetito que ella había de ocupar tenía, como la sala, una gran reja para la Plaza Mayor. Estuvo un rato ocupada en hacer mentalmente la colocación de sus muebles, la cama, la cómoda, una mesa y dos sillas. Por cierto que todo esto tenía que comprarlo, pues de la casa matrimonial no había de sacar nada. Recorriendo el cuarto, pensó que si el casero se conformaba a hacer algunas reparaciones, no quedaría mal. Era menester blanquear la cocina, tapar con yeso algunos agujeros y enormes grietas que por todas partes había, empapelar el gabinete, que iba a ser su alcoba, y pintar las puertas. Ya pensaba en la jaqueca que le iba a dar al administrador, cuando se acordó (su gozo en un pozo) de que el administrador era Estupiñá. «De seguro que en cuanto le hable de obras en la casa, se va a poner hecho un tigre. Claro, me tiene tirria; ¿pues qué es él más que un servilón de los de Santa Cruz? Con todo, pienso decirle algo, porque en último caso, con dejarle el cuarto hemos concluido. Y ahora que recuerdo, esta casa era de D. Manuel Moreno-Isla, que el año pasado le dio la administración a D. Plácido. Me lo contó mi tía, y D. Plácido es tan tirano, que no da una paletada de yeso aunque le fusilen. Falta saber de quién es ahora la casa… ¿La habrá heredado doña Guillermina?… ». Quedose meditando en que su destino no le permitía salir de aquel círculo de personas que en los últimos tiempos la había rodeado. Era como una red que la envolvía, y como pensara escabullirse por algún lado, se encontraba otra vez cogida. «No; habrán heredado la casa los señores de Ruiz Ochoa, o la mujer de Zalamero… Y después de todo, ¿a mí qué me importa que herede la finca Juan o Pedro? Yo no la he de heredar». ...
En la línea 5460
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al llegar a la calle del Ave María, Rubín se pasó a la acera de los impares y se puso en acecho en la esquina de la calle de San Simón, en la sombra. Detuviéronse: Aurora parecía decir a su galán que no siguiese más. Era prudente esta indicación, y el galán se despidió apretándole la mano. Maxi le miró subir hacia la calle de la Magdalena, y sentía deseos de gritar e írsele encima: «Ratero de mi honor y de todos los honores… ahora las vas a pagar todas juntas». Creía que se le afilaban las uñas haciéndosele como garras de tigre. En un tris estuvo que Maxi diese el salto y cayese sobre la presa. La lógica le salvó. «Soy mucho más débil, y me destrozará… Un revólver, un rifle es lo que yo necesito». ...
En la línea 121
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Se recogió sobre sí mismo como un tigre que se dispone a lanzarse sobre la presa, e hizo un movimiento para saltar; pero una mano robusta lo detuvo. ...
En la línea 164
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Busco la pista de un tigre. ...
En la línea 179
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... Se lanzó como un tigre a través de la floresta, seguido por el malayo que se veía en apuros para seguirlo. ...
En la línea 371
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Me siento tan fuerte que lucharía con un tigre —contestó Sandokán. ...
En la línea 1222
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -¡Oh!, señor Aronnax -respondió el canadiense, cuyos dientes parecían estar tan afilados como el filo de un hacha-, le aseguro que estoy dispuesto a comer tigre, solomillo de tigre, si no hay otro cuadrúpedo en esta isla. ...
En la línea 1222
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -¡Oh!, señor Aronnax -respondió el canadiense, cuyos dientes parecían estar tan afilados como el filo de un hacha-, le aseguro que estoy dispuesto a comer tigre, solomillo de tigre, si no hay otro cuadrúpedo en esta isla. ...
En la línea 696
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Tenía la nariz chata con dos profundas ventanas, hacia las cuales se extendían unas enormes patillas. Cuando Javert se reía, lo cual era poco frecuente y muy terrible, sus labios delgados se separaban y dejaban ver no tan sólo los dientes sino también las encías, y alrededor de su nariz se formaba un pliegue abultado y feroz como sobre el hocico de una fiera carnívora. Javert serio era un perro de presa; cuando se reía era un tigre. Por lo demás, tenía poco cráneo, mucha mandíbula; los cabellos le ocultaban la frente y le caían sobre las cejas; tenía entre los ojos un ceño central permanente, la mirada oscura, la boca fruncida y temible, y un gesto feroz de mando. ...

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Tigre en Word Reference.
Tigre en la wikipedia.
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