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La palabra solos
Cómo se escribe

la palabra solos

La palabra Solos ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Niebla de Miguel De Unamuno
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece solos.

Estadisticas de la palabra solos

Solos es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3829 según la RAE.

Solos tienen una frecuencia media de 24.31 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la solos en 150 obras del castellano contandose 3695 apariciones en total.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece solos

La palabra solos puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1928
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Los tres guapos no quedaban solos un momento. ...

En la línea 2449
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Estaban más solos que en medio de un desierto; el vacío del odio era mil veces peor que el de la Naturaleza. ...

En la línea 1501
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Al quedar solos los dos hermanos, cruzaron sus miradas en medio de un silencio embarazoso. ...

En la línea 1698
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Pero a pesar de sus llamamientos a la virilidad y la vergüenza, la mayor parte de los reunidos se hacía atrás instintivamente. Un rumor de desconfianza, de inmensa decepción, elevábase de la muchedumbre. Los más, pasaban de golpe del entusiasmo ruidoso al recelo y al miedo. Su fantasía de meridionales, siempre dispuesta a lo inesperado y maravilloso, les había hecho creer en la aparición de Salvatierra y otros revolucionarios célebres, todos montados en briosos corceles, como caudillos arrogantes e invencibles, seguidos de un gran ejército que surgía milagrosamente de la tierra. ¡Asunto de acompañar a estos auxiliares poderosos en su entrada en Jerez, reservándose la fácil tarea de matar a los vencidos y adjudicarse sus riquezas! Y en vez de esto, les hablaban de entrar solos en aquella ciudad, que se dibujaba en el horizonte, sobre el último resplandor de la puesta del sol y parecía guiñarles satánicamente los ojos rojizos de su alumbrado, como atrayéndolos a una emboscada. Ellos no eran tontos. La vida resultaba dura con su exceso de trabajo y su hambre perpetua; pero peor era morir. ¡A casa! ¡a casa!... ...

En la línea 1579
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Pero ¿qué diablo de villanía habéis hecho? -dijo Porthos cuando el aguacil en jefe se hubo reunido con suscompañeros y los cuatro amigos se encontraron solos-. ...

En la línea 3189
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Qué decís? -preguntó el señor de Tréville mirando en torno suyo si estaban completamente solos y volviendo a poner su mirada interrogadora en D'Artagnan. ...

En la línea 3810
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Y yo quedo tanto más agradecida a Vuestra Eminencia -res pondió Ana de Austria con una sonrisa que pr obaba que no era vícti ma de aquella ingeniosa galantería-, cuanto que estoy segura de que estos dos herretes os cuestan tan caros ellos solos como los otros doce han costado a Su Majestad. ...

En la línea 3933
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Ahora -dijo el señor de Tréville bajando la voz a interrogando con la mirada a todos los ángulos de la habitación para ver si estaban completamente solos-, ahora hablemos de vos, joven amigo, porque es evidente que vuestro feliz retorno tiene algo que ver con la alegría del rey, con el triunfo de la reina y con la humillación de su Eminencia. ...

En la línea 3698
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Como no se decía que por allí hubiese ladrones, viajábamos solos y sin escolta. ...

En la línea 5943
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En cuanto estuvimos solos me contó que desde mi partida había pasado muchas miserias y escaseces, sin poder hallar en todo el tiempo amo a quien servir; tanto, que casi había llegado al borde de la desesperación; pero la noche antes de mi llegada tuvo un sueño, y me vió, montado en un caballo negro, llegar a la puerta de la _posada_: por esa razón había estado esperándome allí la mayor parte del día. ...

En la línea 826
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Los gallegos, que se vieron maltratar de aquellos dos hombres solos, siendo ellos tantos, acudieron a sus estacas, y, cogiendo a los dos en medio, comenzaron a menudear sobre ellos con grande ahínco y vehemencia. ...

En la línea 938
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Retiróse el ventero a su aposento, el arriero a sus enjalmas, la moza a su rancho; solos los desventurados don Quijote y Sancho no se pudieron mover de donde estaban. ...

En la línea 1451
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Respondió por todos Ginés de Pasamonte, y dijo: -Lo que vuestra merced nos manda, señor y libertador nuestro, es imposible de toda imposibilidad cumplirlo, porque no podemos ir juntos por los caminos, sino solos y divididos, y cada uno por su parte, procurando meterse en las entrañas de la tierra, por no ser hallado de la Santa Hermandad, que, sin duda alguna, ha de salir en nuestra busca. ...

En la línea 2279
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -¿Cómo al revés? -replicó don Quijote-; luego, ¿no te pagó el villano? -No sólo no me pagó -respondió el muchacho-, pero, así como vuestra merced traspuso del bosque y quedamos solos, me volvió a atar a la mesma encina, y me dio de nuevo tantos azotes que quedé hecho un San Bartolomé desollado; y, a cada azote que me daba, me decía un donaire y chufeta acerca de hacer burla de vuestra merced, que, a no sentir yo tanto dolor, me riera de lo que decía. ...

En la línea 623
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Matamos un gran número de vacas y encontramos también toros en abundancia; estos toros vagan solos o en bandos de dos o tres y son muy salvajes. Nunca he visto animales tan magníficos: su cabeza y morrillo enormes, son como los que se ven en las esculturas griegas. He sabido por el capitán Sulivan que la piel de un toro, de tamaño mediano, pesa 47 libras, mientras que en Montevideo se considera una piel de este peso (y no tan bien seca) como muy pesada. Al acercarse a ellos se defienden los más jóvenes colocándose a cierta distancia; pero los viejos no retroceden, y si lo hacen es para precipitarse con más fuerza sobre el que se aproxima: de este modo matan muchos caballos. Durante nuestro viaje, atravesó un toro viejo un arroyo cenagoso y se colocó en la orilla opuesta frente a nosotros. En vano intentamos alejarlo de allí; no pudimos, y nos vimos obligados a dar un gran rodeo para evitar su encuentro. Para vengarse, resolvieron los gauchos castigarlo de modo que se inutilizara para la lucha en adelante. ...

En la línea 1284
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s mandaban traer provisiones y entregarnos sus caballos sin dignarse a decirles lo que se les pagaría y ni siquiera si se les pagaría habiéndonos quedado solos una mañana con uno de estos pobres hombres, no tardamos en hacer amistad, dándoles cigarrillos y mate. repartieron con mucha igualdad un terrón de azúcar y lo saborearon con la mayor curiosidad Después nos expusieron sus numerosos motivos de queja, acabando por decirnos: «Nos tratan así porque somos unos pobres indios ignorantes; no sucedía esto cuando teníamos un rey». ...

En la línea 2688
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... El clima es más húmedo que el de Nueva Gales del Sur, y por lo tanto, más fértil el suelo. agricultura está muy floreciente, los campos labrados tienen hermoso aspecto y las huertas están llenas de legumbres y árboles frutales. visto algunas quintas encantadoras en puntos muy distantes. aspecto general de la vegetación se parece al de la Australia, aunque con un verde algo más alegre los árboles y más abundantes los pastos. día voy a dar un paseo largo por el lado de la bahía opuesto al en que se halla la población, y cruzo la bahía en un vaporcito cuyas máquinas se han construido por completo en la colonia. Y apenas hace tres años que se han establecido aquí los ingleses! Otro día subo al monte Wellington en compañía de algunos oficiales; tuvimos que tomar un guía porque el monte es muy espeso y nos hubiésemos perdido si hubiésemos ido solos ...

En la línea 1058
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Su propósito había sido hacerse dueños de la barca una noche, aunque los riñeran en casa, pasar de orilla a orilla ellos solos, tirando por la cuerda, y después volverse él a Colondres y ella a Loreto. ...

En la línea 1509
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Carlos no tenía más amistad que la de unos cuantos hongos, filosofastros y conspiradores; estos caballeros debían de estar solos en el mundo; si tenían hijos y mujer, no los presentaban ni hablaban de ellos nunca. ...

En la línea 3475
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Los colores vivos de la fruta mejor sazonada y de mayor tamaño animaban el cuadro, algo melancólico si hubiesen estado solos aquellos tonos apagados de la naturaleza muerta, ya embutida, ya salada. ...

En la línea 3626
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En cuanto estaban solos, hablaban de aquel asunto. ...

En la línea 1314
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Para los gastos llevaba doscientos ducados de oro, cantidad enormísima en aquella época. Gran parte de dicho dinero se lo sacaron él y su padre a los judíos residentes en Roma. Su séquito componíase de treinta gentiles-hombres, un médico, un mayordomo y cien criados, pajes y escuderos Doce carros y cincuenta muías de carga llevaban su equipaje. Sus caballos de montar eran tantos, que ellos solos ocuparon un navío. ...

En la línea 1562
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Usaba el usted, a pesar de que estaban solos, acogiéndolo cual si se hubiesen visto semanas antes en otra ciudad. Un encuentro de hotel, ni más ni menos. ...

En la línea 557
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Cuando terminen de afeitarme -le ordenó- suba a mi mesa y conversaremos solos. Me inspira usted cierto interés y quiero preguntarle algunas cosas. ...

En la línea 836
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los dos amantes agradecieron al Gentleman-Montaña su protección. Pero a pesar de esta gratitud, se adivinaba en ellos que hubiesen preferido verse solos, sin la obligación de conversar con el gigante. ...

En la línea 1255
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Este hombre de traje femenil paseo varias veces en torno del gigante, mirándole con interés por un resquicio de sus velos. Los malhechores al servicio del Hombre-Montaña, que formaban grupos a cierta distancia, no extrañaron la presencia del hombre con faldas. Eran muchos los que al conseguir un descanso en sus tareas domésticas venían solos o en grupos a ver de cerca al coloso. ...

En la línea 165
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Lo peor del caso era que nunca le había pasado por las mientes casarse con Jacinta, a quien siempre miró más como hermana que como prima. Siendo ambos de muy corta edad (ella tenía un año y meses menos que él) habían dormido juntos, y habían derramado lágrimas y acusádose mutuamente por haber secuestrado él las muñecas de ella, y haber ella arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de él. Juan la hacía rabiar, descomponiéndole la casa de muñecas, ¡anda!, y Jacinta se vengaba arrojando en su barreño de agua los caballos de Juan para que se ahogaran… ¡anda! Por un rey mago, negro por más señas, hubo unos dramas que acabaron en leña por partida doble, es decir, que Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que toca los timbales; y todo porque Jacinta le había cortado la cola al camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer… «Envidiosa». «Acusón»… Ya tenían ambos la edad en que un misterioso respeto les prohibía darse besos, y se trataban con vivo cariño fraternal. Jacinta iba todos los martes y viernes a pasar el día entero en casa de Barbarita, y esta no tenía inconveniente en dejar solos largos ratos a su hijo y a su sobrina; porque si cada cual en sí tenía el desarrollo moral que era propio de sus veinte años, uno frente a otro continuaban en la edad del pavo, muy lejos de sospechar que su destino les aproximaría cuando menos lo pensasen. ...

En la línea 299
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Iban solos. ¡Qué dicha, siempre solitos! Juan se sentó junto a la ventana y Jacinta sobre sus rodillas. Él le rodeaba la cintura con el brazo. A ratos charlaban, haciendo ella observaciones cándidas sobre todo lo que veía. Pero después transcurrían algunos ratos sin que ninguno dijera una palabra. De repente volviose Jacinta hacia su marido, y echándole un brazo alrededor del cuello, le soltó esta: ...

En la línea 578
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por fin se quedaron solos los de casa. Don Baldomero y Barbarita besaron a sus hijos y se fueron a acostar. Esto mismo hicieron Jacinta y su marido. ...

En la línea 620
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Y tú?—preguntó Juan a su consorte al quedarse solos—. ¿Almuerzas aquí o allá? ...

En la línea 1696
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¿Tanto le admira a usted que vayamos a casarnos, tío? –No, lo que me admira, lo que me arrebata, lo que me subyuga es la manera de haber resuelto este asunto, los dos solos, sin medianeros… ¡viva la anarquía! Y es lástima, es lástima que para llevar a cabo vuestro propósito tengáis que acudir a la autoridad… Por supuesto, sin acatarla en el fuero interno de vuestra conciencia, ¿eh?, pro formula, nada más que pro formula. Porque yo sé que os consideráis ya marido y mujer. ¡Y en todo caso yo, yo solo, en nombre del Dios anárquico, os caso! Y esto basta. ¡Admirable!, ¡admirable! Don Augusto, desde hoy esta casa es su casa. ...

En la línea 1208
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¿Los dos solos? ...

En la línea 1819
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Estamos solos -respondió ella asombrada. ...

En la línea 2083
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Temo un ataque violento —dijo Sandokán a Yáñez—. Ya verás como los ingleses no vienen solos a atacarnos. Estoy seguro que se han coligado con los holandeses. ...

En la línea 852
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Que bastarían por sí solos para deshonrar a un caldero -dijo el canadiense. ...

En la línea 3018
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Recobramos en breve nuestras fuerzas. Al mirar en torno mío vi que nos hallábamos solos en la plataforma. Ningún hombre de la tripulación, ni tan siquiera el capitán Nemo, había subido a delectarse al aire libre. Los extraños marinos del Nautilus se habían contentado con el aire que circulaba por su interior. ...

En la línea 200
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... La situación y la influencia de Joe eran más débiles todavía, si tal cosa era posible, cuando había invitados que cuando estábamos solos. Pero a su modo, y siempre que le era dable, me consolaba y me ayudaba, y así lo hizo a la hora de comer, dándome salsa cuando la había. Y como aquel día abundaba, Joe me echó en el plato casi medio litro. ...

En la línea 349
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... No había ninguna necesidad de comunicar por carta con Joe, pues hay que tener en cuenta que estaba sentado a mi lado y que, además, nos hallábamos solos. Pero le entregué esta comunicación escrita, con pizarra y todo, por mi propia mano, y Joe la recibió con tanta solemnidad como si fuese un milagro de erudición. ...

En la línea 902
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Estella andaba de un lado a otro y siempre me abría la puerta y me acompañaba para salir, pero nunca más me dijo que la besara. Algunas veces me toleraba muy fríamente; otras se mostraba condescendiente o familiar, y en algunas me decía con la mayor energía que me odiaba. La señorita Havisham me preguntaba en voz muy baja o cuando estábamos solos: ...

En la línea 1382
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... - ¡Mi querido amigo! - dijo el señor Pumblechook cogiéndome ambas manos cuando estuvimos solos y ante el refrigerio-. ¡No sabe usted cuánto me alegro de su buena fortuna! Por otra parte, es muy merecida, sí, muy merecida. ...

En la línea 3177
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El juez de instrucción estaba solo en aquel momento. En el despacho, de medianas dimensiones, había una gran mesa de escritorio, un armario y varias sillas. Todo este mobiliario era de madera amarilla y lo pagaba el Estado. En la pared del fondo había una puerta cerrada. Por lo tanto, debía de haber otras dependencias tras aquella pared. Cuando entró Raskolnikof, Porfirio cerró tras él la puerta inmediatamente y los dos quedaron solos. El juez recibió a su visitante con gesto alegre y amable; pero, poco después, Raskolnikof advirtió que daba muestras de cierta violencia. Era como si le hubieran sorprendido ocupado en alguna operación secreta. ...

En la línea 4190
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Procedimientos? ¿Qué necesidad tengo de emplearlos ahora? La cosa cambiaría si habláramos ante testigos. Pero estamos solos. Yo no he venido aquí a cazarle como una liebre. Que confiese usted o no en este momento, me importa muy poco. En ambos casos, mi convicción seguiría siendo la misma. ...

En la línea 4361
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Nos dejaron solos. Entonces ella rodeó mi cuello con sus bracitos (fue la primera vez que hizo esto por propio impulso), me besó y me juró ser una esposa obediente y fiel que dedicaría su vida entera a hacerme feliz y que todo lo sacrificaría por merecer mi cariño, y añadió que esto era lo único que deseaba y que para ella no necesitaba regalos. Convenga usted que oír estas palabras en boca de un ángel de dieciséis años, vestido de tul, de cabellos rizados y mejillas teñidas por un rubor virginal, es sumamente seductor… Confiéselo, confiéselo… Oiga… , oiga… , le llevaré a casa de mi novia… , pero no puedo hacerlo ahora mismo. ...

En la línea 4889
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Siempre hacía este movimiento con timidez. A veces, incluso se abstenía de hacerlo, por temor a que él rechazara su mano, pues le parecía que Rodia la tomaba a la fuerza. En algunas de sus visitas incluso daba muestras de enojo y no abría la boca mientras ella estaba a su lado. Había días en que la joven temblaba ante su amigo y se separaba de él profundamente afligida. Esta vez, por el contrario, sus manos permanecieron largo rato enlazadas. Rodia dirigió a Sonia una rápida mirada y bajó los ojos sin pronunciar palabra. Estaban solos. Nadie podía verlos. El guardián se había alejado. De súbito, sin darse cuenta de lo que hacía y como impulsado por una fuerza misteriosa Raskolnikof se arrojó a los pies de la joven, se abrazó a sus rodillas y rompió a llorar. En el primer momento, Sonia se asustó. Mortalmente pálida, se puso en pie de un salto y le miró, temblorosa. Pero al punto lo comprendió todo y una felicidad infinita centelleó en sus ojos. Sonia se dio cuenta de que Rodia la amaba: sí, no cabía duda. La amaba con amor infinito. El instante tan largamente esperado había llegado. ...

En la línea 928
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Ahora no puedo. Además, no puedo abandonar a mi hermano ya mi hermana que… que… pueden, verdaderamente, encontrarse solos. Pero… si usted me recoge con los niños, abuela, entonces iré a vivir a su casa y me mostraré digna de su bondad, créame —añadió conmovida—. Pero sin los niños, imposible, abuela. ...


la Ortografía es divertida

Más información sobre la palabra Solos en internet

Solos en la RAE.
Solos en Word Reference.
Solos en la wikipedia.
Sinonimos de Solos.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Solos

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