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La palabra sacudida
Cómo se escribe

la palabra sacudida

La palabra Sacudida ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
La llamada de la selva de Jack London
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece sacudida.

Estadisticas de la palabra sacudida

Sacudida es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 20367 según la RAE.

Sacudida aparece de media 2.96 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la sacudida en las obras de referencia de la RAE contandose 450 apariciones .

Más información sobre la palabra Sacudida en internet

Sacudida en la RAE.
Sacudida en Word Reference.
Sacudida en la wikipedia.
Sinonimos de Sacudida.

Algunas Frases de libros en las que aparece sacudida

La palabra sacudida puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1962
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Adiós, señora, adiós!Y como si no se sintiera con fuerza para separarse de la mano que sostenía más que mediante una sacudida, se alejó corriendo, mientras la señora Bonacieux llamaba, como en el postigo, con tres golpes len tos y regulares; luego, llegado al ángulo de la calle, él se volvió: la puerta se había abierto y vuelto a cerrar, la bonita mercera había desapare cido. ...

En la línea 7273
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Una ligera sacudida el ruido seco de tres balas que agujereaban las carnes, un último grito un estremecimiento de agonía le probaron a D’Artagnan que el que había querido asesinarlo acababa de salvarle la vida. ...

En la línea 1397
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Pocos instantes después de la sacudida se vio a una distancia de tres o cuatro millas, avanzar una ola inmensa hacia el centro de la bahía. tenía la más leve burbuja de espuma y parecía enteramente inofensiva; pero a lo largo de la costa derribaba las casas y arrancaba de raíz los árboles con una fuerza irresistible. llegar al fondo de la bahía se rompió en olas espumosas que se elevaron a una altura de 23 pies por encima de las más altas mareas ...

En la línea 1416
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s muros de las casas situadas en las calles que seguían la dirección primera, resistieron mejor la sacudida que las otras; la mayor parte de las masas de ladrillos se desplomaron hacia el nordeste ...

En la línea 1440
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Chiloé, situado a 340 millas (545 kilómetros) al sur de Concepción, parece haber sufrido más violenta sacudida que el distrito intermedio de Valdivia, donde el volcán de Villarica no dio señal de erupción, mientras que se producía muy enérgica, en el instante del choque, en dos volcanes de la Cordillera, frente a Chiloé. mismo estos dos volcanes, que otros inmediatos, siguieron mucho tiempo en erupción, y diez meses más tarde daban todavía señales de actividad a consecuencia de otro nuevo temblor de tierra en Concepción ...

En la línea 1441
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... os hombres que cortaban leña cerca de la base de uno de estos volcanes no sintieron el terremoto del 20 de febrero de 1835, a pesar de la sacudida tremenda de toda la comarca circundante. este sitio se producía, pues, una erupción en lugar de un terremoto, que es lo que hubiera sucedido en Concepción, si, como pensaban las gentes ignorantes de la ciudad no hubiesen tapado las brujas el volcán de Antuco ...

En la línea 10618
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Don Víctor había sentido la sacudida, pero acto continuo ¡zas! había santiguado al gracioso. ...

En la línea 12558
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... No le oyó entrar porque cantaba y la hoja del jergón sacudida le llenaba de estrépito los oídos. ...

En la línea 1802
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandonó mucho sus estudios; pero cuando fue metodizando su amor, la conciencia de la misión moral que se proponía cumplir le estimuló al estudio, para hacerse pronto hombre de carrera. Y era muy particular lo que le ocurría. Se notaba más despierto, más perspicaz para comprender, más curioso de los secretos de la ciencia, y le interesaba ya lo que antes le aburriera. En sus meditaciones, solía decir que le había entrado talento, como si dijese que le había entrado calentura. Indudablemente no era ya el mismo. En media hora se aprendía una lección que antes le llevaba dos horas y al fin no la sabía. Creció su admiración al observarse en clase contestando con relativa facilidad a las preguntas del profesor y al notar que se le ocurrían apreciaciones muy juiciosas; y el profesor y los alumnos se pasmaban de que Rubinius vulgaris se hubiera despabilado como por ensalmo. Al propio tiempo hallaba vivo placer en ciertas lecturas extrañas a la Farmacia, y que antes le cautivaban poco. Algunos de sus compañeros solían llevar al aula, para leer a escondidas, obras literarias de las más famosas. Rubín no fue nunca aficionado a introducir de contrabando en clase, entre las páginas de la Farmacia químico-orgánica, el Werther de Goëthe o los dramas de Shakespeare. Pero después de aquella sacudida que el amor le dio, entrole tal gusto por las grandes creaciones literarias, que se embebecía leyéndolas. Devoró el Fausto y los poemas de Heine, con la particularidad de que la lengua francesa, que antes le estorbaba, se le hizo pronto fácil. En fin, que mi hombre había pasado una gran crisis. El cataclismo amoroso varió su configuración interna. Considerábase como si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso delante la mujer aquella y el problema de la redención. ...

En la línea 4046
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Callose fatigada, y Fortunata le impuso silencio. De repente determinose una brusca sacudida en su espíritu, y tomándole la mano a su querida amiga y apretándosela mucho, le dijo con expresión de terror: ...

En la línea 4125
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Al oír esta terneza y al ver delante la figura de Maxi, Fortunata sintió fuerte sacudida en su interior. Como una neurosis constitutiva de esas que se manifiestan de repente, cuando menos se las espera, así se presentó en el alma de la joven, a golpe, y a manera de explosión de pólvora, la aversión que su marido le había inspirado en otro tiempo. Lo primero que pensó fue cómo había retoñado tan de repente la infame planta del odio que ella creía seca y muerta, o al menos moribunda. Le miraba, y mientras más le miraba, peor… Se volvió del otro lado respondiendo con sequedad: «Nada». ...

En la línea 4191
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡Se ha muerto!—exclamó Fortunata sintiendo una fuerte sacudida en su alma. ...

En la línea 157
del libro La llamada de la selva
del afamado autor Jack London
... Pero de todos, el que más sufría era Dave. Algo le había ocurrido. Se volvió más sombrío e irritable y, en cuanto se montaba el campamento, se preparaba el refugio y allí le daba de comer su conductor. Una vez desenganchado y en su hoyo, no volvía a ponerse en pie hasta la hora de ocupar su puesto a la mañana siguiente. A veces, cuando durante la marcha recibía una sacudida provocada por un súbito frenazo del trineo, o cuando tiraba más fuerte al arrancar, soltaba un aullido de dolor. El conductor lo examinaba pero no le encontraba nada. Los demás conductores acabaron interesados en el caso. Lo comentaban a la hora de comer o mientras fumaban la última pipa antes de irse a dormir, y una noche decidieron examinar el perro todos juntos. Lo llevaron junto al fuego y palparon y exploraron su cuerpo hasta arrancarle reiterados quejidos de dolor. Algo andaba mal en su interior, pero no pudieron localizar ningún hueso roto ni averiguar nada. ...


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