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La palabra sabes
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La palabra Sabes ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Niebla de Miguel De Unamuno
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece sabes.

Estadisticas de la palabra sabes

Sabes es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1363 según la RAE.

Sabes tienen una frecuencia media de 68.36 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la sabes en 150 obras del castellano contandose 10391 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Sabes

Cómo se escribe sabes o zabez?
Cómo se escribe sabes o saves?


la Ortografía es divertida


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece sabes

La palabra sabes puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 137
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Y no creas, Fermín, que yo soy de los que me asusto por lo que ese Salvatierra y sus amigos llaman reivindicaciones sociales. Ya sabes que no riño por cuestiones de dinero. ¿Que piden los trabajadores unos céntimos más de jornal o un nuevo rato de descanso para echar otro cigarro? Pues si puedo, lo doy, ya que gracias al Señor, que tanto me protege, lo que menos me falta es dinero. Yo no soy como esos otros amos que viviendo en perpetuo ahogo regatean el sudor del pobre. ¡Caridad, mucha caridad! Que se vea que el cristianismo sirve de arreglo para todo... Pero lo que me revuelve la sangre es que se pretenda que todos seamos iguales, como si no existiesen jerarquías hasta en el cielo; que se hable de Justicia al pedir algo, como si favoreciendo yo a un pobre no hiciese más que lo que debo y mi sacrificio no significase una buena acción. Y, sobre todo, esa infernal manía de ir contra Dios, de quitar al pobre sus sentimientos religiosos, de hacer responsable a la Iglesia de todo lo malo que ocurre, y que no es más que obra del maldito liberalismo... ...

En la línea 142
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Ya sabes mi resolución, Fermín--dijo Dupont antes de entrar en la oficina.--Te quiero por tu familia y porque casi hemos sido compañeros de infancia. Además, eres como un hermano de mi primo Luis. Pero ya me conoces; Dios sobre todo: por él soy capaz de abandonar a mi familia. Si no estás contento en mi casa, habla; si te parece escaso el sueldo, dilo. Contigo no regateo, porque me eres simpático a pesar de tus necedades. Pero no me faltes el domingo a la misa de la casa: aléjate del chiflado de Salvatierra y todos los perdidos que se juntan con él. Y si no haces esto, nos veremos las caras, ¿sabes, Fermín? Tú y yo acabaremos mal. ...

En la línea 142
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Ya sabes mi resolución, Fermín--dijo Dupont antes de entrar en la oficina.--Te quiero por tu familia y porque casi hemos sido compañeros de infancia. Además, eres como un hermano de mi primo Luis. Pero ya me conoces; Dios sobre todo: por él soy capaz de abandonar a mi familia. Si no estás contento en mi casa, habla; si te parece escaso el sueldo, dilo. Contigo no regateo, porque me eres simpático a pesar de tus necedades. Pero no me faltes el domingo a la misa de la casa: aléjate del chiflado de Salvatierra y todos los perdidos que se juntan con él. Y si no haces esto, nos veremos las caras, ¿sabes, Fermín? Tú y yo acabaremos mal. ...

En la línea 169
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Siempre lo mismo. ¡Pero qué rebuenísima sombra tienes, hijo!... Ven a verme alguna vez: ya sabes que te quiero... siempre con buen fin; como hermanitos. ¡Y eso que el bruto de mi marido te tenía celos!... ...

En la línea 5996
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Sí, sí, con todo mi corazón, porque también yo sé lo qu e es el amor!-¿Tú sabes lo que es el amor? -dijo d'Artagnan mirándola por primera vez con cierta atención. ...

En la línea 6003
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Tú qué sabes?-La habéis herido en el corazón. ...

En la línea 6125
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¿Por quién me he expuesto a todo esto?-Por mí, lo sabes bien hermosa mía -dijo el joven-, y por esto te estoy muy agradecido, te lo juro. ...

En la línea 6840
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Ahora, hija mía - dijo D'Artagnan-, ya sabes que aquí tan in segura estás tú como nosotros. ...

En la línea 1323
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... YO.—Me parece muy acertado, madre; al menos, no faltarán gentes que lo encuentren tal; pero yo soy de otro _chim_, ya lo sabes, y no me siento inclinado a pasar toda mi vida en este país. ...

En la línea 1395
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —No sabes lo que dices—replicó el gitano—. ...

En la línea 1851
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Ven acá, Balseiro; tú, que te has pasado la vida en presidio y te estás alabando siempre de hablar el _gitano_ cerrado, aunque no sabes palabra, ven acá y habla con su merced en _gitano_ cerrado. ...

En la línea 1859
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —¿No te decía yo—exclamó el picador—que no sabes ni palabra del gitano cerrado? Pero el _inglesito_ sí lo sabe, y yo entiendo todo lo que dice; _vaya_, no hay nadie como él para el _gitano_ cerrado. ...

En la línea 260
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Ésta, pues, le pareció a él que le venía de molde para el paso en que se hallaba; y así, con muestras de grande sentimiento, se comenzó a volcar por la tierra y a decir con debilitado aliento lo mesmo que dicen decía el herido caballero del bosque: -¿Donde estás, señora mía, que no te duele mi mal? O no lo sabes, señora, o eres falsa y desleal. ...

En la línea 458
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Ya te he dicho, Sancho -respondió don Quijote-, que sabes poco de achaque de aventuras; lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás. ...

En la línea 608
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Desmentíla y enojóse; volvió por ella su primo: desafióme, y ya sabes lo que yo hice y él hizo. ...

En la línea 946
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... ¿Qué te podría decir del adorno de su persona? ¿Qué de su gallardo entendimiento? ¿Qué de otras cosas ocultas, que, por guardar la fe que debo a mi señora Dulcinea del Toboso, dejaré pasar intactas y en silencio? Sólo te quiero decir que, envidioso el cielo de tanto bien como la ventura me había puesto en las manos, o quizá, y esto es lo más cierto, que, como tengo dicho, es encantado este castillo, al tiempo que yo estaba con ella en dulcísimos y amorosísimos coloquios, sin que yo la viese ni supiese por dónde venía, vino una mano pegada a algún brazo de algún descomunal gigante y asentóme una puñada en las quijadas, tal, que las tengo todas bañadas en sangre; y después me molió de tal suerte que estoy peor que ayer cuando los gallegos, que, por demasías de Rocinante, nos hicieron el agravio que sabes. ...

En la línea 1127
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —No pienses en ello, que ya sabes que es lo mejor. ...

En la línea 1766
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Estoy temblando, ¿a qué no sabes por qué? —decía doña Anuncia. ...

En la línea 2445
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Una noche despertó a su esposa el lector de fondos diciendo: —Oye, Paca, ¿sabes que no puedo dormir?. ...

En la línea 2584
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —¡Hombre, hombre! ¿qué sabes tú por qué? —interrumpió el enemigo del clero —. ...

En la línea 159
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Tú sabes algo de eso, Claudio— dijo el canónigo—. Muchas veces me hablaste de la obra que pensabas escribir sobre el Papa Luna. Estoy seguro de que no la has terminado… Tal vez no has escrito una sola línea. ¡ Qué vas a escribir en esta vida que ahora llevas!… Pero, en fin, conoces las aventuras del Papa del mar y también lo que ocurrió en el Concilio de Constanza, que de tres papas hizo uno, proclamando a Martín V, así como la resistencia de nuestro don Pedro en el castillo de Peñíscola, donde tú estuviste marchándote sin venir a Valencia… Imagínate cómo sería Roma después de un abandono que duró cerca de un siglo. ...

En la línea 207
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — ¡Ese Víctor Hugo!… Tú lo admiras devotamente, pero reconocerás que su Lucrecia Borgia es una mala acción. No sólo recogió cuantas falsedades dijeron los enemigos de los Borgias; además fue añadiendo por su cuenta muchas otras. En su drama tiene Lucrecia un hijo legítimo, Gennaro, que nadie conoció, pues lo inventa el poeta de cabeza a pies, y este hijo mata a su madre. Tú sabes que a la pobre señora sólo la mató Dios, pues falleció de parto siendo princesa reinante de Ferrara, después de tener varios hijos. Usaba cilicio, vivía devotamente, fue la admiración de sus contemporáneos y jamás le atribuyó nadie envenenamiento alguno, ni los más encarnizados enemigos de su familia. ...

En la línea 335
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Todos los historiadores durante tres siglos han venido equivocándose al suponer que el caballero que casó con Isabel de Borja se apellidaba Llansol, y, por tanto. Rodrigo de Borja, el futuro Alejandro Sexto, debía llamarse en realidad Llansol de primer apellido. Y como no hay argumento que no se haya usado para ennegrecer la figura de Alejandro Sexto, le acusaron de renegar del apellido de su padre Llansol, anteponiendo el de su madre para ser Borja… Todo falso, sin fundamento alguno, como la mayoría de las calumniosas historias que se atribuyen a esta familia. Los Llansols (tú sabes lo que significa esta palabra en valenciano; sábana o sudario) fueron caballeros de guerra que también bajaron de Aragón con el rey don Jaime a la conquista de Valencia. Cierto Llansol casó, efectivamente, con otra de las hermanas de Calixto Tercero, y uno de sus hijos, Llanaol y Borja, llegó a cardenal, confundiéndole los historiadores con Alejandro Sexto. Este se llamó en realidad Rodrigo de Borja y de Borja, por ser del mismo apellido su padre y su madre. ...

En la línea 339
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... — Mis documentos me han enseñado que de niño fue muy moreno y morrudet , que es, como tú sabes, de labios gruesos. Su padre tenía cuatro caballos, y Rodriguet, a los ocho años, cabalgaba en una jaquita por las calles de Játiva. Muerto su padre cuando él sólo tenía diez, doña Isabel se traslado con toda su -familia a la ciudad de Valencia, viéndose allí muy atendida, como hermana de un personaje cada vez más eminente. ...

En la línea 84
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... ¡Y que no pasaba flojos apuros la pobre para salir airosa en aquel papel inmenso! A Barbarita le hacía ordinariamente sus confidencias. «Mira, hija, algunos meses me veo tan agonizada, que no sé qué hacer. Dios me protege, que si no… Tú no sabes lo que es vestir siete hijas. Los varones, con los desechos de la ropa de su padre que yo les arreglo, van tirando. ¡Pero las niñas!… ¡Y con estas modas de ahora y este suponer!… ¿Viste la pieza de merino azul?, pues no fue bastante y tuve que traer diez varas más. ¡Nada te quiero decir del ramo de zapatos! Gracias que dentro de casa la que se me ponga otro calzado que no sea las alpargatitas de cáñamo, ya me tiene hecha una leona. Para llenarles la barriga, me defiendo con las patatas y las migas. Este año he suprimido los estofados. Sé que los dependientes refunfuñan; pero no me importa. Que vayan a otra parte donde los traten mejor. ¿Creerás que un quintal de carbón se me va como un soplo? Me traigo a casa dos arrobas de aceite, y a los pocos días… pif… parece que se lo han chupado las lechuzas. Encargo a Estupiñá dos o tres quintales de patatas, hija, y como si no trajera nada». En la casa había dos mesas. En la primera comían el principal y su señora, las niñas, el dependiente más antiguo y algún pariente, como Primitivo Cordero cuando venía a Madrid de su finca de Toledo, donde residía. A la segunda se sentaban los dependientes menudos y los dos hijos, uno de los cuales hacía su aprendizaje en la tienda de blondas de Segundo Cordero. Era un total de diez y siete o diez y ocho bocas. El gobierno de tal casa, que habría rendido a cualquiera mujer, no fatigaba visiblemente a Isabel. A medida que las niñas iban creciendo, disminuía para la madre parte del trabajo material; pero este descanso se compensaba con el exceso de vigilancia para guardar el rebaño, cada vez más perseguido de lobos y expuesto a infinitas asechanzas. Las chicas no eran malas, pero eran jovenzuelas, y ni Cristo Padre podía evitar los atisbos por el único balcón de la casa o por la ventanucha que daba al callejón de San Cristóbal. Empezaban a entrar en la casa cartitas, y a desarrollarse esas intrigüelas inocentes que son juegos de amor, ya que no el amor mismo. Doña Isabel estaba siempre con cada ojo como un farol, y no las perdía de vista un momento. A esta fatiga ruda del espionaje materno uníase el trabajo de exhibir y airear el muestrario, por ver si caía algún parroquiano o por otro nombre, marido. Era forzoso hacer el artículo, y aquella gran mujer, negociante en hijas, no tenía más remedio que vestirse y concurrir con su género a tal o cual tertulia de amigas, porque si no lo hacía, ponían las nenas unos morros que no se las podía aguantar. Era también de rúbrica el paseíto los domingos, en corporación, las niñas muy bien arregladitas con cuatro pingos que parecían lo que no eran, la mamá muy estirada de guantes, que le imposibilitaban el uso de los dedos, con manguito que le daba un calor excesivo a las manos, y su buena cachemira. Sin ser vieja lo parecía. ...

En la línea 307
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Es un nombre muy feo… No me hagas pensar en lo que quiero olvidar—replicó Santa Cruz con hastío—No te digo una palabra, ¿sabes? ...

En la línea 458
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Porque te dije que le encargaras medio solomillo, y ¿sabes lo que me mandó?, un pedazo enorme de contrafalda o babilla y un trozo de espaldilla, lleno de piltrafas y tendones… Vaya un modo de portarse con los parroquianos. Nunca más se le compra nada. La culpa la tienes tú… Ahí tienes lo que son tus protegidos… ...

En la línea 462
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Bueno, pues que me manden un buen solomillo y chuletas riñonadas. Ya sabes; no vayas a descolgarte con las agujas cortas del otro día. Conmigo no se juega. ...

En la línea 214
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... —Suplícote, señor, que conserves constantemente en la memoria el deseo de Su Majestad. Recuerda cuanto puedas y finge recordar todo lo demás. Qué no se percaten de cómo has cambiado tu modo normal anterior, pues sabes cuán tiernamente te tienen en su corazón tus antiguas compañeras de juegos y cuánto pesar habrías de causarles. ¿Quieres, señor, que me quede yo, y tu tío también? ...

En la línea 513
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¡Y después qué! ¡Saca fuera lo que sabes! –estalló la impaciencia de Hendon interrumpiéndole. ...

En la línea 1507
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –¿Que sabes tú de sufrimiento y opresión? Yo y mi pueblo sabemos; pero tú no. ...

En la línea 132
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Pues allá va: ¿sabes lo que me pasa? ...

En la línea 141
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Eso no lo sabes tú más que yo. ...

En la línea 675
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Bueno, es que ya sabes, Ermelinda, que mi anarquismo es teórico… me esfuerzo por llegar a la perfección, pero… ...

En la línea 711
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¡Cómo que no las diga! Sí, he vivido ciego, tonto, como si no viviera, hasta que llegó una mujer, ¿sabes?, otra, y me abrió los ojos y he visto el mundo, y sobre todo he aprendido a veros a vosotras, a las mujeres… ...

En la línea 143
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Dime, malayo —le dijo, mirándolo de tal modo que daba miedo—, ¿sabes cómo ha muerto Araña de Mar? ...

En la línea 805
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¿Ignoras todavía —dijo finalmente— que de los cincuenta tigrecitos que llevaba contra Labuán no sobrevive más que Giro Batol? ¿No sabes que todos perecieron en las costas de la isla maldita, que yo también caí gravemente herido sobre la cubierta de un crucero, y que mis barcos reposan en el fondo del mar de la Malasia? ...

En la línea 1091
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —¡Uf! —exclamó el portugués—. ¿Tú crees que soy un caballo, para obligarme a correr de este modo? ¡La quinta no se escapará, te lo aseguro! Además, no sabes qué puede ocultarse detrás de esa empalizada. ...

En la línea 1160
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Yo creo que no han salido todavía de sus refugios —respondió Yáñez—. Habrán visto que amenazaba otro huracán y no se han movido. Ya sabes que no es fácil atracar cuando se enfurecen los vientos y las olas. ...

En la línea 61
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿Dónde has estado, mico asqueroso? - preguntó la señora Joe dando una patada -. Dime inmediatamente qué has estado haciendo. No sabes el susto y las molestias que me has ocasionado. Si no hablas en seguida, lo voy a sacar de ese rincón y de nada te valdría que, en vez de uno, hubiese ahí cincuenta Pips y los protegieran quinientos Gargerys. ...

En la línea 84
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Ya sabes, Pip - dijo Joe con solemnidad y con el bocado de pan en la mejilla, hablándome con voz confidencial, como si estuviéramos solos -, ya sabes que tú y yo somos amigos y que no me gusta reprenderte. Pero… - y movió su silla, miró el espacio que nos separaba y luego otra vez a mí -, pero este modo de tragar… ...

En la línea 84
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Ya sabes, Pip - dijo Joe con solemnidad y con el bocado de pan en la mejilla, hablándome con voz confidencial, como si estuviéramos solos -, ya sabes que tú y yo somos amigos y que no me gusta reprenderte. Pero… - y movió su silla, miró el espacio que nos separaba y luego otra vez a mí -, pero este modo de tragar… ...

En la línea 350
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¡Magnífico, Pip! - exclamó abriendo cuanto pudo sus azules ojos -. ¡Cuánto sabes! ¿Lo has hecho tú? ...

En la línea 207
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... «Mi querido Rodia ‑decía la carta‑: hace ya dos meses que no te he escrito y esto ha sido para mí tan penoso, que incluso me ha quitado el sueño muchas noches. Perdóname este silencio involuntario. Ya sabes cuánto te quiero. Dunia y yo no tenemos a nadie más que a ti; tú lo eres todo para nosotras: toda nuestra esperanza, toda nuestra confianza en el porvenir. Sólo Dios sabe lo que sentí cuando me dijiste que habías tenido que dejar la universidad hacía ya varios meses por falta de dinero y que habías perdido las lecciones y no tenías ningún medio de vida. ¿Cómo puedo ayudarte yo, con mis ciento veinte rublos anuales de pensión? Los quince rublos que te envié hace cuatro meses, los pedí prestados, con la garantía de mi pensión, a un comerciante de esta ciudad llamado Vakruchine. Es una buena persona y fue amigo de tu padre; pero como yo le había autorizado por escrito a cobrar por mi cuenta la pensión, tenía que procurar devolverle el dinero, cosa que acabo de hacer. Ya sabes por qué no he podido enviarte nada en estos últimos meses. ...

En la línea 208
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Pero ahora, gracias a Dios, creo que te podré mandar algo. Por otra parte, en estos momentos no podemos quejarnos de nuestra suerte, por el motivo que me apresuro a participarte. Ante todo, querido Rodia, tú no sabes que hace ya seis semanas que tu hermana vive conmigo y que ya no tendremos que volver a separarnos. Gracias a Dios, han terminado sus sufrimientos. Pero vayamos por orden: así sabrás todo lo ocurrido, todo lo que hasta ahora te hemos ocultado. ...

En la línea 214
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Aún había otras razones para que Dunia no pudiera dejar la casa hasta seis semanas después. Ya conoces a Dunia, ya sabes que es una mujer inteligente y de carácter firme. Puede soportar las peores situaciones y encontrar en su ánimo la entereza necesaria para conservar la serenidad. Aunque nos escribíamos con frecuencia, ella no me había dicho nada de todo esto para no apenarme. El desenlace sobrevino inesperadamente. Marfa Petrovna sorprendió un día en el jardín, por pura casualidad, a su marido en el momento en que acosaba a Dunia, y lo interpretó todo al revés, achacando la culpa a tu hermana. A esto siguió una violenta escena en el mismo jardín. Marfa Petrovna llegó incluso a golpear a Dunia: no quiso escucharla y estuvo vociferando durante más de una hora. Al fin la envió a mi casa en una simple carreta, a la que fueron arrojados en desorden sus vestidos, su ropa blanca y todas sus cosas: ni siquiera le permitió hacer el equipaje. Para colmo de desdichas, en aquel momento empezó a diluviar, y Dunia, después de haber sufrido las más crueles afrentas, tuvo que recorrer diecisiete verstas en una carreta sin toldo y en compañía de un mujik. Dime ahora qué podía yo contestar a tu carta, qué podía contarte de esta historia. ...

En la línea 1053
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Pero ¿qué te pasa? Te has turbado. Deseaba conocerte. ¡Habíamos hablado tanto de ti! Por él he sabido todas las cosas que te he contado. Es un excelente muchacho, Rodia, y más que excelente… , dentro de su género, claro es. Ahora somos muy amigos; nos vemos casi todos los días. Porque, ¿sabes una cosa? Me he mudado a este barrio. Hace poco. Oye, ¿te acuerdas de Luisa Ivanovna? ...

En la línea 543
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡No sabes! Dime, ¿no has dejado la ruleta? Estás exhausto, ¿verdad? ...

En la línea 590
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¿Pero, cómo? ¿No lo sabes? Vives aquí y no estás al corriente. ¿Qué hace aquí este retrato? ¿Por qué tiene los ojos bizcos? ...

En la línea 624
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Conque tú misma no lo sabes! Marta, tú también me acompañarás —añadió, dirigiéndose a su camarera. ...

En la línea 890
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡No sabes jugar y te atreves a dar consejos! —gritó la abuela, dirigiéndose a Des Grieux—. ¡Vete! ¡No te metas en lo que no entiendas! ...

En la línea 335
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -¡Vaya! Sí que lo era. El Padre Urtazu me decía a veces: cuidado, chiquilla; mira que Dios te lo está pagando todo adelantado, y después, cuando te mueras, ¿sabes tú lo que va a decir? Que no te debe nada. ...

En la línea 744
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -No, mira, no le enfades… Ya sabes que nos vinieron como llovidos del cielo… ...

En la línea 962
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Amistad, así… de sociedad; ¿qué sabes tú de esas cosas? Amistad, como hay muchas. ...

En la línea 1169
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -Hablemos así, tranquilos… Pero, ¿por qué no quieres? Yo no te entiendo -dijo con renovada vehemencia-. ¿No era amor, no era amor lo que mostrabas en el camino y en Bayona? ¿No es amor venir aquí hoy… sola… por verme? ¡Oh! no puedes defenderte… Urdirás mil sofismas, idearás mil sutilezas, pero… ¡ello se ve! Mientes si lo niegas, ¿sabes? No creí que en tu inocencia cupiese el mentir. ...

Más información sobre la palabra Sabes en internet

Sabes en la RAE.
Sabes en Word Reference.
Sabes en la wikipedia.
Sinonimos de Sabes.

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