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La palabra rienda
Cómo se escribe

la palabra rienda

La palabra Rienda ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece rienda.

Estadisticas de la palabra rienda

Rienda es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 17072 según la RAE.

Rienda aparece de media 3.8 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la rienda en las obras de referencia de la RAE contandose 577 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Rienda

Cómo se escribe rienda o rrienda?

Más información sobre la palabra Rienda en internet

Rienda en la RAE.
Rienda en Word Reference.
Rienda en la wikipedia.
Sinonimos de Rienda.


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece rienda

La palabra rienda puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 266
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates que don Quijote decía; y no menos iba don Quijote, que, de puro molido y quebrantado, no se podía tener sobre el borrico, y de cuando en cuando daba unos suspiros que los ponía en el cielo; de modo que de nuevo obligó a que el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos, porque, en aquel punto, olvidándose de Valdovinos, se acordó del moro Abindarráez, cuando el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez, le prendió y llevó cautivo a su alcaidía. ...

En la línea 743
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Antes haced, dando la vida a estos papeles, que la tenga siempre la crueldad de Marcela, para que sirva de ejemplo, en los tiempos que están por venir, a los vivientes, para que se aparten y huyan de caer en semejantes despeñaderos; que ya sé yo, y los que aquí venimos, la historia deste vuestro enamorado y desesperado amigo, y sabemos la amistad vuestra, y la ocasión de su muerte, y lo que dejó mandado al acabar de la vida; de la cual lamentable historia se puede sacar cuánto haya sido la crueldad de Marcela, el amor de Grisóstomo, la fe de la amistad vuestra, con el paradero que tienen los que a rienda suelta corren por la senda que el desvariado amor delante de los ojos les pone. ...

En la línea 1144
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Parecióle bien el consejo a don Quijote, y, tomando de la rienda a Rocinante, y Sancho del cabestro a su asno, después de haber puesto sobre él los relieves que de la cena quedaron, comenzaron a caminar por el prado arriba a tiento, porque la escuridad de la noche no les dejaba ver cosa alguna; mas, no hubieron andado docientos pasos, cuando llegó a sus oídos un grande ruido de agua, como que de algunos grandes y levantados riscos se despeñaba. ...

En la línea 1764
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y, desnudándose con toda priesa las calzones, quedó en carnes y en pañales, y luego, sin más ni más, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas, la cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho de que podía jurar que su amo quedaba loco. ...

En la línea 505
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Una tarde vi llegar a un domador (de caballos), que venía con objeto de domar algunos potros. Voy a describir en pocas palabras las operaciones preparatorias, pues creo que hasta ahora no las ha descrito ningún viajero. Se hace entrar en un corral un grupo de potros cerriles y luego se cierra la puerta. Casi siempre; un solo hombre se encarga de montar un caballo que nunca tuvo silla ni rienda; creo que sólo un gaucho puede conseguir ese resultado. El gaucho elige un potro de buena estampa; y en el momento en que el caballo galopa alrededor del circo, le echa su lazo de modo que rodee las dos patas delanteras del animal. El caballo cae inmediatamente; y mientras se revuelca por el suelo, el gaucho gira en torno a él con el lazo tirante, de modo que rodee una de las patas traseras del animal y la acerque lo más posible a las delanteras; luego ata las tres juntas con el lazo. Siéntase entonces en el cuello del caballo y le ata la quijada inferior con un ronzal fuerte, pero sin ponerle bocado; esa brida la sujeta pasando por los ojetes en que termina una tira de cuero muy fuerte, que arrolla varias veces alrededor de la mandíbula y de la lengua. Hecho esto, ata las dos extremidades torácicas del caballo con una fuerte tira de cuero con un nudo corredizo; entonces quita el lazo que retenía las tres patas del potro, y este último se levanta con dificultad. El gaucho agarra la rienda fija en la mandíbula inferior del caballo y le saca fuera del corral. Si hay otro hombre allí (pues de lo contrario es mucho más difícil la operación), éste sujeta la cabeza del animal mientras el primero le pone manta, silla y cincha. ...

En la línea 508
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Sin embargo, se requieren varias semanas antes de poder ponerle el bocado de hierro, pues es preciso que aprenda a comprender que el impulso dado a la rienda representa la voluntad de su dueño; hasta entonces de nada serviría el bocado más potente. ...

En la línea 3927
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y ya no le parecía impropio dar rienda suelta a su alegría, aquella alegría causada por fuerzas morales puramente y que tal vez era la alborada del día esplendoroso de la virtud. ...

En la línea 5447
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Necesitaba arrojar la careta, dar rienda suelta a su mal ánimo, pisar algo con ira. ...

En la línea 11184
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... si lo supiera? A la Regenta le repugnaba, como una villanía, como una bajeza aquella predilección con que sus sentidos se recreaban en el recuerdo de Mesía apenas se les dejaba suelta la rienda un momento. ...

En la línea 4624
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por las noches, cuando llegaba a su casa, rendida, su madre gustaba de que estuvieran presentes doña Lupe, Fortunata o las demás amigas, para dar rienda suelta a su vanidad. En cuanto la veía entrar, se le iluminaba el rostro, y ya no se hablaba más que del establecimiento nuevo, y de las cosas no vistas que en él admiraría el Madrid elegante. Las cuatro mujeres no paraban el pico hasta las doce, y por eso Ballester, aquella noche, al ver que se armaba el nublado de ropa blanca, cogió por un brazo a Maxi y le dijo: «Nosotros nos vamos a ver una piececita en Variedades». Dicho se está que Olimpia, no participando de la presunción ni del entusiasmo mercantil de su mamá, seguía posada en el antepecho del balcón del gabinete, viendo pasar la sombra melancólica del aburrido Aristarco, y arrojándole desde arriba alguna palabrilla, para que endulzara el plantón. ...

En la línea 1017
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... A este postrer metrallazo, Lucía dio a correr, cruzó la verja, subió la escalera no menos de prisa que la había bajado, y se encerró en su cuarto, soltando la rienda al dolor. De lo que pensó en aquella larga noche, que pasó tendida en un sofá, dará idea la siguiente carta, no destinada seguramente por su autora a la publicidad, ni menos al aplauso de las generaciones venideras: ...


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