La palabra Resueltamente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece resueltamente.
Estadisticas de la palabra resueltamente
La palabra resueltamente no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Resueltamente
Cómo se escribe resueltamente o rresueltamente?
Cómo se escribe resueltamente o rezueltamente?
Más información sobre la palabra Resueltamente en internet
Resueltamente en la RAE.
Resueltamente en Word Reference.
Resueltamente en la wikipedia.
Sinonimos de Resueltamente.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece resueltamente
La palabra resueltamente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 8479
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Y subió resueltamente al coche. ...
En la línea 2732
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Volví, pues, a la posada y dije resueltamente que había decidido llevarlos a la cuadra. ...
En la línea 4420
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Echó a andar resueltamente a paso largo delante de nosotros, y en menos de media hora nos sacó del bosque. ...
En la línea 5576
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Me parece—dije a María Díaz al volver a casa—, me parece, _Mariquita mía_, que si el Evangelio, para ser tolerado en España, ha de esperar a que los obispos y arzobispos liberales acudan resueltamente en su ayuda, va a tener que aguardar mucho tiempo. ...
En la línea 6037
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Se encaminó lo primero a Fuente la Higuera, donde, encontrándose en casa del _alcalde_, le dijo resueltamente a lo que iba. ...
En la línea 4537
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Vino luego doña Casta con Olimpia a proponerles dar un paseo al Prado. Rubín vacilaba; pero su mujer se negó resueltamente a salir. Fuese doña Lupe con sus amigas, y Fortunata y Maxi estuvieron solos hasta media noche en la sala, a oscuras, con los balcones abiertos, a causa del calor que reinaba, hablando de cosas enteramente apartadas de la realidad. Él proponía los temas más extravagantes, por ejemplo: «¿Cuál de nosotros dos se morirá primero? Porque yo estoy muy delicado; pero con estos achaques, quizás tenga tela para muchos años. Los temperamentos delicados son los que más viven, y los robustos están más expuestos a dar un estallido». Hacía ella esfuerzos por sostener plática tan soporífera y desagradable. Otra proposición de Maxi: «Mira una cosa; si yo no estuviera casado contigo, me consagraría por entero a la vida religiosa. No sabes tú cómo me seduce, cómo me llama… Abstraerse, renunciar a todo, anular por completo la vida exterior, y vivir sólo para adentro… este es el único bien positivo; lo demás es darle vueltas a una noria de la cual no sale nunca una gota de agua». ...
En la línea 1381
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Las manos se apartaron; una parálisis asaltó la sala; nadie se movió, nadie habló. Nadie sabía, en verdad, cómo actuar o que decir en tan extraño y sorpresivo aprieto. Mientras todos los ánimos intentaban serenarse, el niño avanzó aún más, resueltamente, con arrogante porte y confiado semblante; no había vacilado desde el principio, y mientras los confundidos ánimos luchaban aún inútilmente, él subió a la plataforma y el fingido rey corrió a su encuentro con el rostro alegre y cayó de rodillas ante el y dijo: ...
En la línea 1081
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... El almuerzo fue espléndido. La ostra contenía carne tierna y delicada, que calmó el apetito de los piratas. Terminada la comida, echaron a andar nuevamente. Durante algún tiempo siguieron su camino por la orilla derecha del riachuelo, y después entraron resueltamente por el medio de la floresta. ...
En la línea 642
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Comprendiendo que no los podía eludir, se fue resueltamente a su encuentro. ...
En la línea 3073
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Raskolnikof la envolvió en una mirada extraña, y esta mirada le bastó para descifrar los pensamientos de la joven. Comprendió que ella era de la misma opinión. Sin duda, en su desesperación, había pensado más de una vez en poner término a su vida. Y tan resueltamente habia pensado en ello, que no le había causado la menor extrañeza el consejo de Raskolnikof. No había advertido la crueldad de sus palabras, del mismo modo que no había captado el sentido de sus reproches. Él se dio cuenta de todo ello y comprendió perfectamente hasta qué punto la habría torturado el sentimiento de su deshonor, de su situación infamante. ¿Qué sería lo que le había impedido poner fin a su vida? Y, al hacerse esta pregunta, Raskolnikof comprendió lo que significaban para ella aquellos pobres niños y aquella desdichada Catalina Ivanovna, tísica, medio loca y que golpeaba las paredes con la cabeza. ...
En la línea 3945
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se volvió y se dirigió a la puerta resueltamente. ...
En la línea 4178
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Yo estoy seguro de que Mikolka siente una sed de expiación semejante. Mi convicción se funda en hechos positivos, pero él ignora que yo he descubierto las causas. ¿Qué? ¿No cree usted que en un pueblo como el nuestro puedan aparecer tipos extraordinarios? Pues se ven por todas partes. La influencia de la ermita ha vuelto a él con toda pujanza, sobre todo después del episodio del nudo corredizo en su cuello. Ya verá usted como acabará viniendo a confesármelo todo. ¿Lo cree usted capaz de sostener su papel hasta el fin? No, vendrá a abrirme su pecho, a retractarse de sus declaraciones… , y no tardará. Me ha interesado Mikolka y lo he estudiado a fondo. Reconozco, ¡je, je!, que en ciertos puntos ha conseguido dar un carácter de verosimilitud a sus declaraciones (sin duda las había preparado), pero otras están en contradicción absoluta con los hechos, sin que él tenga de ello la menor sospecha. No, mi querido Rodion Romanovitch, no es Mikolka el culpable. Estamos en presencia de un acto siniestro y fantástico. Este crimen lleva el sello de nuestro tiempo, de una época en que el corazón del hombre está trastornado; en que se afirma, citando autores, que la sangre purifica; en que sólo importa la obtención del bienestar material. Es el sueño de una mente ebria de quimeras y envenenada por una serie de teorías. El culpable ha desplegado en este golpe de ensayo una audacia extraordinaria, pero una audacia de tipo especial. Obró resueltamente, pero como quien se lanza desde lo alto de una torre o se deja caer rodando desde la cumbre de una montaña. Fue como si no se diera cuenta de lo que hacía. Se olvidó de cerrar la puerta al entrar, pero mató, mató a dos personas, obedeciendo a una teoría. Mató, pero no se apoderó del dinero, y lo que se llevó fue a esconderlo debajo de una piedra. No le bastó la angustia que había experimentado en el recibidor mientras oía los golpes que daban en la puerta, sino que, en su delirio, se dejó llevar de un deseo irresistible de volver a sentir el mismo terror, y fue a la casa para tirar del cordón de la campanilla… En fin, carguemos esto en la cuenta de la enfermedad. Pero hay otro detalle importante, y es que el asesino, a pesar de su crimen, se considera como una persona decente y desprecia a todo el mundo. Se cree algo así como un ángel infortunado. No, mi querido Rodion Romanovitch, Mikolka no es el culpable. ...
En la línea 529
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... En eso estaba, pues, a las cuatro de la tarde el paseo que empezara a las cinco de la madrugada. El sol declinaba y el apetito se extinguía. En ese momento Favorita, cruzando los brazos y echando la cabeza atrás, miró resueltamente a Tholomyês y le dijo: ...
En la línea 987
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Lucía, fascinada, se aproximó a la boca. Los gases mefíticos exhalados del pozo hacían temblar la llama turbia de las lámparas. Allí no hacía calor, sino frío; un frío espeso, sin aire respirable. Entráronse resueltamente por otra galería, y abierta una puerta de hierro, se asustaron todos, menos la guardiana, viendo en torno suyo vasta extensión de agua, una especie de lago subterráneo. Ellos estaban sobre angosta tabla echada a manera de puente a lo ancho del depósito. Aquellas aguas, tendidas en su tumba de piedra, tenían quietud y limpidez lúgubre. La luz de una de las lámparas, dejada exprofeso en la otra orilla por la guardiana para que se viese el grandor del depósito, oscilaba en prolongados rieles sobre la triste transparencia del lago, y remedaba, allá a lo lejos, la tea de un sicario en alguna prisión veneciana. Tal era de fantástico aquel lago, que reflejaba un cielo de granito, que la imaginación se fingía cadáveres flotando en él. Experimentaban Lucía y Pilar vago temor, y sobre todo, cosa pueril, o mejor dicho, eminentemente femenina, les horrorizaba la idea de que en las estrecheces y revueltas de los pasadizos pudiesen encontrar ratas. Sabían que los depósitos comunicaban con las alcantarillas, y ya dos o tres veces palidecieron creyendo ver cruzar una sombra negra, que no era sino la temblona silueta de alguna planta parásita, dibujada en el muro por las luces. De improviso, ambas exhalaron un grito; no cabía duda; sonaba el chillido agrio y agudo de la rata. Lucía, sobre todo, se quedó un punto con los ojos dilatados, inmóvil; allí no era posible correr y huir. Pero el pilluelo y la guardiana soltaron la risa; conocían bien aquel silbido, que no era sino el de las botellas de agua mineral que al otro lado de la pared estaban corchando. Con todo, las mujeres respiraron al salir del sombrío dédalo y ver de nuevo la claridad diurna y sentir el aire fresco que congelaba en su frente las gotas de sudor. ...
En la línea 1203
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... -No sé… -El fiel perro alzó los ojos y contempló las facciones descompuestas del marido, y una intuición rápida le dijo docenas de cosas. Miranda salió como un cohete, y recorrió las habitaciones llamando a Lucía a gritos. Silencio profundo. Entonces resueltamente salió al balcón, y bajó al jardín. ...
En la línea 1055
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... - Iba a pediros ese favor- respondió resueltamente Fix. ...

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