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La palabra proximidad
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la palabra proximidad

La palabra Proximidad ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece proximidad.

Estadisticas de la palabra proximidad

Proximidad es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 6771 según la RAE.

Proximidad aparece de media 12.74 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la proximidad en las obras de referencia de la RAE contandose 1936 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Proximidad

Cómo se escribe proximidad o prroximidad?
Cómo se escribe proximidad o proscimidad?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece proximidad

La palabra proximidad puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 534
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Las mujeres valían más que los hombres: secas, negras, angulosas, con unos pantalones varoniles bajo las faldas, doblábanse el día entero para escardar el trigo o arrancar las semillas. A veces, cuando no los vigilaban de cerca, apoderábase de ellos la indolencia de raza, el deseo de permanecer inmóviles, mirando el horizonte, sin ver nada ni pensar en nada. Pero así que presentían la proximidad del aperador, corría la voz de alarma en aquel _caló_ que era su única fuerza de resistencia, lo que les aislaba de la animadversión de los compañeros de trabajo. ...

En la línea 914
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... En las noches de invierno, la gran muchedumbre de la miseria pululaba en las calles de las ciudades, sin pan y sin techo, como si estuviese en un desierto. Los niños lloraban de frío, ocultando las manos bajo los sobacos; las mujeres de voz aguardentosa se encogían como fieras en el quicio de una puerta, para pasar la noche; los vagabundos sin pan, miraban los balcones iluminados de los palacios o seguían el desfile de las gentes felices que, envueltas en pieles, en el fondo de sus carruajes, salían de las fiestas de la riqueza. Y una voz, tal vez la misma, repetía en sus oídos, que zumbaban de debilidad: «No esperéis nada. ¡Cristo ha muerto!» El obrero sin trabajo, al volver a su frío tugurio, donde le aguardaban los ojos interrogantes de la hembra enflaquecida, dejábase caer en el suelo como una bestia fatigada, después de su carrera de todo un día para aplacar el hambre de los suyos. «¡Pan, pan!» le decían los pequeñuelos esperando encontrarlo bajo la blusa raída. Y el padre oía la misma voz, como un lamento que borraba toda esperanza: «¡Cristo ha muerto!» Y el jornalero del campo que, mal alimentado con bazofia, sudaba bajo el sol, sintiendo la proximidad de la asfixia, al detenerse un instante para respirar en esta atmósfera de horno, se decía que era mentira la fraternidad de los hombres predicada por Jesús, y falso aquel dios que no había hecho ningún milagro, dejando los males del mundo lo mismo que los encontró al llegar a él... Y el trabajador vestido con un uniforme, obligado a matar en nombre de cosas que no conoce a otros hombres que ningún daño le han hecho, al permanecer horas y horas en un foso, rodeado de los horrores de la guerra moderna, peleando con un enemigo invisible por la distancia, viendo caer destrozados miles de semejantes bajo la granizada de acero y el estallido de las negras esferas, también pensaba con estremecimientos de disimulado terror: «¡Cristo ha muerto, Cristo ha muerto!» Sí; bien muerto estaba. Su vida no había servido para aliviar uno solo de los males que afligen a los humanos. En cambio, había causado a los pobres un daño incalculable predicándoles la humildad, infiltrando en sus espíritus la sumisión, la creencia del premio en un mundo mejor. El envilecimiento de la limosna y la esperanza de justicia ultraterrena habían conservado a los infelices en su miseria por miles de años. Los que viven a la sombra de la injusticia, por mucho que adorasen al Crucificado, no le agradecerían bastante sus oficios de guardián durante diecinueve siglos. ...

En la línea 8442
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Milady, al respirar aquel aire del océano más vivo y más balsámico a la proximidad de la tierra, al con templar todo el poder de aquellospreparativos que ella estaba encargada de destruir, todo el poderío de aquel ejército que ella debía combatir sola -ella mujer-con algunas bolsas de oro, se comparó mentalmente a Judith, la terrible judía, cuando penetró en el campa mento de los Asirios y cuando vio la masa enorme de carros, de caba llos, de hombres y de armas que un gesto de su mano debía disipar como una nube de humo. ...

En la línea 2639
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Nos halagaba la idea de encontrarnos ya al fin de nuestro viaje, pero nos engañábamos: aún faltaban cuatro leguas hasta la ciudad, cuyas iglesias y conventos, irguiendo sus masas gigantescas, se columbran desde inmensa distancia y seducen al viajero con la impresión de una proximidad completamente ilusoria. ...

En la línea 3668
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... —Mala enfermedad es ésta—dijo mi amigo—, y yo, que he visto muchos leprosos, confieso que su proximidad me hace poca gracia. ...

En la línea 4983
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Estas lenguas, aunque poseen muchas voces comunes, lo que puede explicarse por su estrecha proximidad, son realmente distintas, dadas las grandes diferencias de su estructura. ...

En la línea 6630
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... También había bandas de marineros, genoveses, a juzgar por su «patois», si bien percibía alguna vez el sonido _tou logousas_, que me reveló la proximidad de griegos, y dos o tres veces vislumbré el gorro encarnado y las chaquetillas de seda azul de los marineros de las islas romaicas. ...

En la línea 356
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Sea como fuere, aquella escena era enteramente nueva para mí; aparte de eso, tuve cierta emoción cuando creí ver presentarse indios. Sin embargo, el peligro no era muy terrible, puesto qué' mis dos acompañantes encendieron una gran hoguera, cosa que no se hace nunca cuando se teme la proximidad de los indios. Regresamos a nuestro campamento al caer la noche; y después de beber mucho mate y de fumar varios cigarros, en seguida me acosté. Soplaba con violencia un viento muy frío, lo cual no me impidió dormir mejor que nunca he dormido. ...

En la línea 1490
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... te signo de la proximidad del invierno nos hace avanzar más deprisa tal vez de lo que a un geólogo conviene. casa donde pasamos la noche está situada al pie de una montaña en cuyo vértice se encuentran las minas de San Pedro Nolasco ...

En la línea 1879
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 27 de junio.- Salimos muy temprano, y al mediodía llegamos al barranco de Paypote, donde hay un arroyuelo con alguna vegetación en sus orillas, y hasta varios algarrobos, árboles pertenecientes a la familia de las Mimóseas. proximidad de la leña había hecho que se construyera aquí un alto horno, y hemos encontrado a un hombre que lo guarda, pero cuya ocupación única es cazar guanacos ...

En la línea 2529
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... medida que avanzamos va, sin embargo, mejorando; comienzan a verse algunos hoteles hermosos, algunas fincas bonitas a orillas del mar. ³ lejos todavía, casas de piedra de dos y tres pisos y molinos de viento, al extremo de un promontorio, nos indican la proximidad de la capital de Australia. ...

En la línea 4509
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Si la proximidad del crimen había despertado el instinto de la inveterada honradez, la proximidad del amor había dejado un perfume en el alma de la Regenta que empezaba a infestarse. ...

En la línea 4870
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Esta proximidad había sido siempre una exigencia de doña Paula. ...

En la línea 6703
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Preciso es declarar que el clero vetustense, aunque famoso por su intransigencia en cuestiones dogmáticas, morales y hasta disciplinarias, y si se quiere políticas, no había puesto nunca malos ojos a la proximidad del progreso urbano, y antes se felicitaba de que Vetusta se transformase de día en día, de modo que a la vuelta de veinte años no hubiera quien la conociese. ...

En la línea 8203
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La carta de don Juan escondida en el libro devoto, leída con voz temblorosa primero, con terror supersticioso después, por doña Inés, mientras Brígida acercaba su bujía al papel; la proximidad casi sobrenatural de Tenorio, el espanto que sus hechizos supuestos producen en la novicia que ya cree sentirlos, todo, todo lo que pasaba allí y lo que ella adivinaba, producía en Ana un efecto de magia poética, y le costaba trabajo contener las lágrimas que se le agolpaban a los ojos. ...

En la línea 1551
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... No existía entre los dos la menor relación telepática. En otros tiempos, aunque estuviese vuelta de espaldas, adivinaba Rosaura inmediatamente su proximidad. Ahora, los envíos misteriosos de su voluntad y de su recuerdo caian inertes a pocos pasos de él, como proyectiles faltos de impulso. ...

En la línea 1728
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Mientras tanto, el duque de las Romanas, sobreponiéndose a su desaliento con prodigios de voluntad y ocultando la tristeza que le causaba verse inmovilizado en su lecho, hacia frente a todo. Dictó órdenes imperiosamente, como si no dudase de que continuaba siendo el amo de Rorna; se impuso al Colegio de cardenales, obligándolo a reconocer su calidad de gonfaloniero, capitán indiscutible de la Iglesia, no permitiendo que otros se encargasen de reprimir los desórdenes públicos. Por suerte para él, don Michelotto estaba sano, y al frente de la guardia personal del duque imponía respeto a sus enemigos en las calles. Los alborotadores del bando Orsini y del bando Colonna cesaban en sus agresiones a los españoles así que presentían la proximidad de don Miguelito, el perro feroz de César. ...

En la línea 1886
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... A la mañana siguiente salió Borja por primera vez de su casa para buscar al canónigo en un hotelito de la calle del Governo Vecchio, muy frecuentado por clérigos a causa de su proximidad a la Ciudad Leonina, y que le había servido de alojamiento en todos sus viajes a Roma. ...

En la línea 95
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Iba a dormirse, cuando notó algo extraordinario en torno de él. Adivinaba la proximidad invisible de pequeños animales de la noche, atraídos sin duda por la novedad de su presencia. Bajo los matorrales inmediatos sonaba un murmullo de vida comprimida y susurrante, igual a un revoloteo de insectos o un arrastre de reptiles. ...

En la línea 900
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Hizo que el gigante detuviera su marcha, y echando medio cuerpo fuera del bolsillo, empezó a dar gritos para que acudiese el jefe de la escolta. Cuando este, conteniendo la nerviosidad de su caballo, que se encabritaba al husmear la proximidad del coloso, pudo colocarse al fin junto a los enormes pies, Ra-Ra le habló desde arriba en el idioma del país. El Hombre-Montaña deseaba hacer alto, empleando como asiento uno de los pabellones bajos de la Universidad. La escolta, podía descansar igualmente durante una hora echando pie a tierra. ...

En la línea 1245
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Vio Edwin como algunas damas que se paseaban con sus hijas por las terrazas del blanco palacio huían apresuradamente, cual si se acercase un peligro. Distinguió igualmente como iban avanzando por la costa varias compañías de arrogantes muchachas de la Guardia. Las matronas masculinas apresuraron el paso, sintiendo alarmado su pudor por la proximidad de estos guerreros, algo libres en palabras y costumbres. Todas ellas ordenaban a sus hijas masculinas que marchasen rápidamente, antes de que los militares se echasen al agua. No era decente permanecer allí. Algunas mamás barbudas hasta criticaban al gobierno porque no disponía que las tropas de la guarnición nadasen en otro lugar más solitario de la costa. ...

En la línea 1455
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Los hombres de la capital se habían mostrado menos audaces que los de otros Estados. Tal vez influía en ello la proximidad del gobierno y de los grandes medios defensivos acumulados por este. Además, dicha vecindad resultaba corruptora. La mayoría de los varones, en vez de seguir a los que peleaban por la emancipación de su sexo, habían preferido ayudar al gobierno de las mujeres. ...

En la línea 2378
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Mauricia creía que estaba ya bastante iluminada, porque la excitación encendía sus ideas dándole un cierto entusiasmo; y después de hacer un poco de ejercicio corporal colgándose de la reja, porque sus miembros apetecían estirarse, se puso a rezar con toda la devoción de que era capaz, luchando con las varias distracciones que llevaban su mente de un lado para otro, y por fin se quedó dormida sobre el duro lecho de tablas. Sacáronla del encierro al día siguiente temprano, y al punto se puso a trabajar en la cocina, sumisa, callada y desplegando maravillosas actividades. Después de cumplir una condena, lo que ocurría infaliblemente una vez cada treinta o cuarenta días, la mujer napoleónica estaba cohibida y como avergonzada entre sus compañeras, poniendo toda su atención en las obligaciones, demostrando un celo y obediencia que encantaban a las madres. Durante cuatro o cinco días desempeñaba sin embarazo ni fatiga la tarea de tres mujeres. Pasadas dos semanas, advertían que se iba cansando; ya no había en su trabajo aquella corrección y diligencia admirables; empezaban las omisiones, los olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la repetición de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido. Con Fortunata volvió a intimar después de la escena violenta que he descrito, y juntas echaron largos párrafos en la cocina, mientras pelaban patatas o fregaban los peroles y cazuelas. Allí gozaban de cierta libertad, y estaban sin tocas y en traje de mecánica como las criadas de cualquier casa. ...

En la línea 2588
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por fin se acordó que Fortunata saldría del convento para casarse en la segunda quincena de Setiembre. El día señalado estaba ya muy próximo, y si el pensamiento de la reclusa no se había familiarizado aún de una manera terminante con la nueva vida que la esperaba, no tenía duda de que le convenía casarse, comprendiendo que no debemos aspirar a lo mejor, sino aceptar el bien posible que en los sabios lotes de la Providencia nos toca. En las últimas visitas, Maxi no hablaba más que de la proximidad de su dicha. Contole un día que ya tenía tomada la casa, un cuarto precioso en la calle de Sagunto, cerca de su tía; otro la entretuvo refiriéndole pormenores deliciosos de la instalación. Ya se habían comprado casi todos los muebles. Doña Lupe, que se pintaba sola para estas cosas, recorría diariamente las almonedas anunciadas en La Correspondencia, adquiriendo gangas y más gangas. La cama de matrimonio fue lo único que se tomó en el almacén; pero doña Lupe la sacó tan arreglada, que era como de lance. Y no sólo tenían ya casa y muebles, sino también criada. Torquemada les recomendó una que servía para todo y que guisaba muy bien, mujer de edad mediana, formal, limpia y sentada. Bien podía decirse de ella que era también ganga como los muebles, porque el servicio estaba muy malo en Madrid, pero muy malo. Nombrábase Patricia, pero Torquemada la llamaba Patria, pues era hombre tan económico que ahorraba hasta las letras, y era muy amigo de las abreviaturas por ahorrar saliva cuando hablaba y tinta cuando escribía. ...

En la línea 3157
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En esta nueva emigración, deseando estar lo más lejos posible del Siglo, se fue a San Joaquín, en la calle de Fuencarral, y no se corrió más al Norte porque no había cafés en las latitudes altas de Madrid. Pero en esta deserción, ya no le acompañaron ni D. Basilio Andrés de la Caña, ni Montes; éste porque San Joaquín estaba donde Cristo dio las tres voces, aquél porque ya se iba cargando de la pertinencia con que Rubín se burlaba de sus profecías sobre la proximidad de la Restauración. El mismo D. Evaristo Feijoo le siguió de mal humor, diciéndole con desabrimiento que no le gustaban los cafés de piano, y que el género y la sociedad no debían ser de lo mejor en aquellas alturas. Estuvieron solos algunos días. No veían por allí caras de amigos, hasta que una noche se apareció en el local una pareja conocida. Eran Feliciana y Olmedo, el estudiante de farmacia amigo de Maxi. Ya no vivían juntos, porque Olmedo había dado un cambiazo en sus costumbres volviéndose aplicadísimo a cara descubierta. No se recataba ya para estudiar, y hacía público alarde, con la mayor desvergüenza, de su decidida inclinación a tomar el grado aquel mismo año, llegando hasta la audacia de escribir un trabajo muy bueno sobre la dextrina, e ilusionándose con la idea de hacer oposición a una cátedra. Pero no se había encontrado a su antiguo amor, hecha un pingo, y la convidó a tomar un café en aquel apartado establecimiento. Más de dos horas estuvieron charlando los que fueron amantes, y ella no paraba el pico refiriendo los malos tratos que le daba el hombre que a la sazón era su dueño. Volvieron dos noches después a la misma mesa, y Rubín trabó conversación con ellos. Hablaron de la boda de Maximiliano y de los increíbles sucesos que después vinieron, diciendo Juan Pablo que su cuñadita era una buena pieza. ...

En la línea 3205
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Don Alfonso érale antipático, porque su imagen estaba asociada a la horrible pena que la infeliz sufría. Aquella mañana fue con Barbarita a casa de Eulalia Muñoz, que vivía en la Calle Mayor, a ver la entrada del Rey. Amalia Trujillo la tomó por su cuenta, y la estuvo adulando antes de darle el gran susto. Hallábanse las dos solas en el balcón de la alcoba de Eulalia, y ya sonaban los clarines anunciando la proximidad del Rey, cuando Amalia, ¡plum!, le soltó el pistoletazo. «Tu marido entretiene a una mujer, a una tal Fortunata, guapísima… de pelo negro… Le ha puesto una casa muy lujosa, calle tal, número tantos… En Madrid lo sabe todo el mundo, y conviene que tú también lo sepas». Quedose yerta. Cierto que sospechaba; pero la noticia, dada así con tales detalles, como el pelo negro, el número de la casa, era un jicarazo tremendo. Desde aquel aciago instante, ya no se enteró de lo que en la calle ocurría. El Rey pasó, y Jacinta le vio confusa y vagamente, entre la agitación de la multitud y el tururú de tantas cornetas y músicas. Vio que se agitaban pañuelos, y bien pudo suceder que ella agitara el suyo sin saber lo que hacía… Todo el resto del día estuvo como una sonámbula. ...

En la línea 1296
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Ned Land siguió la costa hacia el Oeste. Luego, tras haber vadeado algunos torrentes, llegamos a un altiplano bordeado de magníficos bosques. A lo largo de los cursos de agua vimos algunos martines pescadores que no aceptaron nuestra proximidad. Su circunspección probaba que aquellos volátiles sabían a qué atenerse sobre los bípedos de nuestra especie, y de ello inferí que si la isla no estaba habitada era, por lo menos, frecuentada por seres humanos. ...

En la línea 2137
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -La que nos depararía la proximidad del Nautilus a una costa europea en una noche oscura. ...

En la línea 2153
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Así, sólo supe de la proximidad de la isla de Cárpatos, una de las Espórades, por el verso de Virgilio que me recitó el capitán Nemo al tiempo que posaba su dedo en un punto del planisferio: ...

En la línea 3293
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Una importante cuestión se debatía en mi mente. ¿Osaría el Nautilus adentrarse en el canal de la Mancha? Ned Land, que había reaparecido desde que nos hallamos en la proximidad de la tierra, no cesaba de interrogarme. ¿Qué podía yo responderle? El capitán Nemo continuaba siendo invisible. Tras haber dejado entrever al canadiense las orillas de América, ¿iba a mostrarme las costas de Francia? El Nautílus continuaba descendiendo hacia el Sur. El 30 de mayo pasaba por delante del Lands End, entre la punta extrema de Inglaterra y las islas Sorlingas, a las que dejó a estribor. ...


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Más información sobre la palabra Proximidad en internet

Proximidad en la RAE.
Proximidad en Word Reference.
Proximidad en la wikipedia.
Sinonimos de Proximidad.

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