La palabra Programa ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece programa.
Estadisticas de la palabra programa
La palabra programa es una de las palabras más comunes del idioma Español, estando en la posición 343 según la RAE.
Programa es una palabra muy común y se encuentra en el Top 500 con una frecuencia media de 22.12 veces en cada obra en castellano
El puesto de esta palabra se basa en la frecuencia de aparición de la programa en 150 obras del castellano contandose 3362 apariciones en total.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece programa
La palabra programa puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 8268
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Esta vez -prosiguió Athos interrumpiendo el primero el silencio D'Artagnan nos ha dado un programa ex celente, y eso es lo primero que hay que escribir. ...
En la línea 3385
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Hola, hola, eso no estaba en el programa. ...
En la línea 4577
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Y esto no es un programa de gobierno, sino que se cumplirá en todas sus partes. ...
En la línea 6190
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Mi programa es este. ...
En la línea 6196
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La Marquesa había escrito muy temprano a los Quintanar convidándoles a comer y anunciándoles el programa del día. ...
En la línea 856
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Después de numerosas peticiones al municipio de la capital y de no menos entrevistas con los personajes allegados al gobierno, consiguió Flimnap ver aceptado el programa de diversiones que había ido formando para recreo de su amigo el gigante. ...
En la línea 865
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... El profesor Flimnap, de acuerdo con los individuos del gobierno municipal, había compuesto un programa dando a la vez satisfacción a la curiosidad del gigante y a la curiosidad del pueblo. Gillespie debía colocarse en las primeras horas de la mañana a la entrada de la ciudad, en el camino conducente al templo de los rayos negros. Así le podría ver todo el vecindario mientras marchaba a la peregrinación nacional. Cuando la muchedumbre se hubiese alejado, el gigante podría entrar por las calles casi desiertas, sin riesgo de aplastar a los transeúntes. ...
En la línea 1664
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El tal Ulmus sylvestris era un chico simpático, buen mozo, alegre y de cabeza un tanto ligera. De todos los compañeros de Rubinius vulgaris, aquel era el que más le quería, y Maximiliano le pagaba con un cariño que tenía algo de respeto. Llevaba Olmedo una vida muy poco ejemplar, mudando cada mes de casa de huéspedes, pasándose las noches en lugares pecaminosos, y haciendo todos los disparates estudiantiles, como si fueran un programa que había que cumplir sin remedio. Últimamente vivía con una tal Feliciana, graciosa y muy corrida, dándose importancia con ello, como si el entretener mujeres fuese una carrera en que había que matricularse para ganar título de hombre hecho y derecho. Dábale él lo poco que tenía, y ella afanaba por su lado para ir viviendo, un día con estrecheces, otro con rumbo y siempre con la mayor despreocupación. Tomaba él en serio este género de vida, y cuando tenía dinero, invitaba a sus amigos a tomar un bacalao en su hotel, dándose unos aires de hombre de mundo y pillín, con cierta imitación mala del desgaire parisiense que conocía por las novelas de Paul de Kock. Feliciana era de Valencia, y ponía muy bien el arroz; pero el servicio de la mesa y la mesa misma tenían que ver. Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino, cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido; pues a él se le antojó ser perdido, como otros son masones o caballeros cruzados, por el prurito de desempeñar papeles y de tener una significación. Si existiera el uniforme de perdido, Olmedo se lo hubiera puesto con verdadero entusiasmo, y sentía que no hubiese un distintivo cualquiera, cinta, plumacho o galón, para salir con él, diciendo tácitamente: «Vean ustedes lo perdulario que soy». Y en el fondo era un infeliz. Aquello no era más que una prolongación viciosa de la edad del pavo. ...
En la línea 3126
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Rubín, después de su fracaso en el campo y corte de D. Carlos, había tomado en aborrecimiento a los hombres del bando absolutista; pero conservaba las ideas autoritarias y la opinión de que no se puede gobernar bien sino dando muchos palos. Toda la parte religiosa del programa carlista la descartaba, quedándose tan sólo con la política, porque ya había visto prácticamente que los curas lo echan todo a perder. Decía que su ideal era un gobierno de leña, que hiciera las leyes y nos las aplicara sin contemplaciones, mirando siempre a la justicia, con una tranca muy grande y siempre alzada en la mano. Este sistema autocrático comprendía las maneras de gobernar más que las ideas y soluciones teóricas, porque entre las que profesaba Rubín habíalas marcadamente avanzadas, populares y aun socialistas. Uno de sus temas era este: «Conviene que todo el mundo coma… porque el hambre y la pobretería son lo que más estorba la acción de los gobiernos, lo que da calor a las revoluciones, manteniendo a la nación en la intranquilidad y el desbarajuste». Este socialismo sin libertad, combinado con el absolutismo sin religión, formaba en la cabeza de aquel buen hombre un revoltijo de mil demonios. ...
En la línea 3128
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Su prisión por sospechas de conspiración acentuole la soberbia y la murria soñadora, revolviendo más al propio tiempo el pisto manchego de su programa político-social. Salió de la cárcel con la cabeza más aturullada y los ánimos más encendidos. Entrole entonces cierto afán por las lecturas, porque reconocía su ignorancia y la necesidad de entender las ideas de los grandes hombres y los sucesos notables que habían pasado en el mundo. Durante un par de semanas leyó mucho, devorando obras diferentes, y como tenía facilidad de asimilación y mucha labia, lo que leía por las mañanas lo desembuchaba por las noches en el café convertido en pajaritas. Pajaritas eran sus conceptos; pero no por serlo, dejaban de cautivar a D. Basilio, a Leopoldo Montes y al mismo Feijoo. ...
En la línea 4697
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Apretaba el calor, y las escenas que he descrito se repetían, reproduciéndose con ese amaneramiento que suele tomar la vida humana en ciertos periodos, cual fatigado artista que descuida la renovación de la forma. Los paseítos por la noche para tomar el tranvía del barrio; las excursiones a algún teatro de verano; las tertulias en casa de Samaniego o de Rubín; las garatusas del crítico en la calle; la romántica figura de Olimpia colgada en el balcón como una muestra o insignia que dijera: «aquí se ama por lo fino»; las extravagancias de Ballester; los espasmos de Maxi, todo continuaba repitiéndose de día en día con regularidad de programa. ...
En la línea 40
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Advirtió además en su cuarto una nota colocada encima del reloj. Era el programa del servicio diario. Comprendía -desde las ocho de la mañana, hora reglamentaria en que se levantaba Phileas Fogg, hasta las once y media en que dejaba su casa para ir a almorzar al Reform Club- todas las minuciosidades del servicio, el té y los picatostes de las ocho y veintitrés, el agua caliente para afeitarse de las nueve y treinta y siete, el peinado de las diez menos veinte, etc. A continuación, desde las once de la noche- instantes en que se acostaba el metódico gentieman- todo estaba anotado, previsto, regularizado. Picaporte pasó un rato feliz meditando este programa y grabando en su espíritu los diversos artículos que contenía. ...
En la línea 134
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Picaporte, que había empezado a estudiar concienzudamente su programa, quedó sorprendido al ver a mister Fogg culpable de inexactitud acudir a tan inusitada hora, pues, según la nota, el inquilino de Saville Row no debía volver sino a medianoche. ...
En la línea 397
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Pero esta tardanza no podía perjudicar de ningún modo el programa de Phileas Fogg. Estaba prevista. Además, el “Mongolia”, en lugar de llegar a Adén el 15 de octubre por la mañana, entraba el 14 por la tarde. Era un adelanto de quince horas. ...
En la línea 458
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... -Esta tardanza no hubiera de modo alguno descompuesto el plan de mi programa- respondió mister Fogg-. No he dejado de prever la eventualidad de ciertos obstáculos. ...

El Español es una gran familia
Más información sobre la palabra Programa en internet
Programa en la RAE.
Programa en Word Reference.
Programa en la wikipedia.
Sinonimos de Programa.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Programa
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