La palabra Pide ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece pide.
Estadisticas de la palabra pide
Pide es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 1908 según la RAE.
Pide tienen una frecuencia media de 50.3 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la pide en 150 obras del castellano contandose 7645 apariciones en total.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Pide
Más información sobre la palabra Pide en internet
Pide en la RAE.
Pide en Word Reference.
Pide en la wikipedia.
Sinonimos de Pide.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece pide
La palabra pide puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1836
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Usted se calla--dijo con imperio.--Usted se guarda la lengua en... el bolsillo o donde le quepa. Usted no es nadie aquí; y para hablarme me pide licencia. ...
En la línea 346
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Dios mío!, no confeséis vuestra felicidad, no se os pide vuestro secreto, es conocida vuestra discreción. ...
En la línea 1580
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... ¡Vaya! ¡Cuatromosqueteros dejan arrestar en medio de ellos a un desgraciado que pide ayuda! ¡Un gentilhom-bre brindar con un corchete!-Porthos -dijo Aramis-, ya Athos lo ha prevenido que eras un necio, y yo soy de su opinión. ...
En la línea 2366
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -El conde está ahí -dijo el official-, pide hablar al instante con Vuestra Eminencia. ...
En la línea 2857
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Esos herretes que el rey pide de nuevo se los habéis dado al duque de Buckingham, ¿no es así? ¿Esos herretes estaban guardados en una cajita de palo de rosa que élllevaba bajo el brazo? ¿Me equivoco acaso? ¿No es as?-¡Oh, Dios mío! ¡Dios mío! -murmuró la reina cuyos dientes castañeaban de terror. ...
En la línea 4316
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... La mitad de los habitantes de El Ferrol pide limosna; y dícese que no es raro encontrar entre ellos oficiales de marina retirados, muchos de ellos inválidos, a quienes se deja perecer en la indigencia, ya que, por la penuria de los tiempos, cobran sus sueldos y pensiones con tres o cuatro años de retraso. ...
En la línea 5356
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Caballero, _me pesa_; pero no puedo acceder a lo que pide. ...
En la línea 6287
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Juan Crisóstomo pide luego quince ejemplares más, porque la demanda aumenta, según dice, y podrá sin dificultad venderlos en todo el día siguiente, mientras atiende a sus ocupaciones. ...
En la línea 706
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... -Señor -respondió don Quijote-, eso no puede ser menos en ninguna manera, y caería en mal caso el caballero andante que otra cosa hiciese; que ya está en uso y costumbre en la caballería andantesca que el caballero andante que, al acometer algún gran fecho de armas, tuviese su señora delante,vuelva a ella los ojos blanda y amorosamente, como que le pide con ellos le favorezca y ampare en el dudoso trance que acomete; y aun si nadie le oye, está obligado a decir algunas palabras entre dientes, en que de todo corazón se le encomiende; y desto tenemos innumerables ejemplos en las historias. ...
En la línea 719
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Aquí dio un gran suspiro don Quijote, y dijo: -Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta, o no, de que el mundo sepa que yo la sirvo; sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas. ...
En la línea 754
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... El rugir del león, del lobo fiero el temeroso aullido, el silbo horrendo de escamosa serpiente, el espantable baladro de algún monstruo, el agorero graznar de la corneja, y el estruendo del viento contrastado en mar instable; del ya vencido toro el implacable bramido, y de la viuda tortolilla el sentible arrullar; el triste canto del envidiado búho, con el llanto de toda la infernal negra cuadrilla, salgan con la doliente ánima fuera, mezclados en un son, de tal manera que se confundan los sentidos todos, pues la pena cruel que en mí se halla para contalla pide nuevos modos. ...
En la línea 1310
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y lo bueno es que este rey, o príncipe, o lo que es, tiene una muy reñida guerra con otro tan poderoso como él, y el caballero huésped le pide (al cabo de algunos días que ha estado en su corte) licencia para ir a servirle en aquella guerra dicha. ...
En la línea 483
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... 18 de noviembre.- Acompaño a mi hospedero a su estancia, sita en el arroyo de San Juan. Por la tarde damos a caballo una vuelta alrededor de su propiedad: comprende 2 1/2 leguas cuadradas y está en lo que se llama un rincón, es decir, que el río de la Plata costea uno de los lados y los otros dos están defendidos por torrentes infranqueables. Hay allí un excelente puesto para embarcaciones pequeñas y una gran abundancia de monte bajo, lo cual constituye un valor de mucha cuantía, pues esa leña se emplea para la calefacción en Buenos' Aires. Tenía yo curiosidad por saber cuál podría ser el valor de una estancia tan completa. Hay en ella 3.000 cabezas de ganado vacuno y podría alimentar tres o cuatro veces más, 700 yeguas, 150 caballos domados y 600 carneros; además hay agua y piedra caliza en gran cantidad, excelentes corrales, una casa y un vivero de albérchigos. Por todo esto han ofrecido 10.000 pesos al propietario; pide 2.500 pesos más y probablemente lo daría por menos. El principal trabajo que necesita una estancia es recoger dos veces por semana el ganado en un sitio céntrico, para amansarlo y poco y para contarlo. Pudiera creerse que esta operación presentará grandes dificultades cuando se reúnan 12.000 a 15.000 cabezas en un lugar. ...
En la línea 1267
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... egados a Villipilli, pide don Pedro al comandante que nos proporcione un guía que nos conduzca a Cucao. comandante es un viejo, pero sin embargo se ofrece a servirnos de guía él mismo, aunque no sin largas conferencias; porque no puede comprender que dos ingleses tengan en realidad intención de ir a visitar un lugar tan apartado como Cucao ...
En la línea 2555
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Al caer la tarde encontramos una veintena de indígenas, todos los cuales llevan, según costumbre; su paquete de flechas y otras armas. doy un shilling (1,25 pesetas) a uno de aquellos jóvenes que me parece que la pide e inmediatamente se detienen y arrojan sus flechas para festejarme ...
En la línea 5515
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Pero, señor —gritaba el ama de llaves, doña Úrsula, heredera en el cargo de doña Paula —; si usted pide milagros. ...
En la línea 5526
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¿Pero sabes tú quién es Rosendo? Es un grandísimo pillo que me pide tres pesetas por unas medias suelas, y ni siquiera tapa un agujerito que le puede salir a la piel. ...
En la línea 5891
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Pero pide lo que le deben. ...
En la línea 6298
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —Y mientras tanto, no pensar en cosas serias; divertirse, alborotar, como manda el señor Quintanar, que además de tener derecho para mandarlo, pide muy cuerdamente. ...
En la línea 1031
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¡Buena la hiciste ayer! -dijo el gigante en voz queda, como si hablase con el mismo-. En realidad tu eres el culpable de todo lo ocurrido, por tu maldita idea de dejarme solo para ir a ver a Popito… Pero no te abandonaré por eso, como me pide la loca de Flimnap… . ¡Que diablo será esto del amor, que a todos nos hace cometer enormes tonterías, y hasta da un aspecto grotesco a esa pobre mujer tan inocente y bondadosa!… ...
En la línea 1200
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Con una de sus comidas a mediodía -comentaba Gurdilo- podría mantenerse la guarnición entera de nuestra capital; con una de sus cenas habría bastante para la alimentación de toda la escuadra del Sol Naciente. Y el gobierno, que ha dispuesto este despilfarro monstruoso, nos pide ahora, de repente, la muerte de su antiguo protegido. ¿Qué secreto hay en el fondo de tal petición?… Todavía estaría derrochando el dinero del país para sostener al gigantesco intruso, si este, por su bestialidad nativa y su ignorancia, no hubiese molestado inconscientemente a ciertos personajes, especialmente a uno que es el consejero secreto del gobierno y el verdadero autor de los errores que comete. ...
En la línea 1471
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Además, miss Margaret estaba allí, arrodillada en la palma de su mano, tendiendo los brazos en actitud implorante, y no es correcto que un gentleman se deje rogar por una señorita que pide protección, y más si esta señorita es su novia. ...
En la línea 701
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Y usted, Sr. D. José de mi alma—dijo Santa Cruz fingiéndose, no ya serio sino consternado—, ¿qué hace que no pide una satisfacción al duque? ...
En la línea 1449
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¿Yo? —Sí, una cartita que trajeron para mí. La abro, me quedo así un poco atontado… Me preguntas qué es, y te digo: «Nada, es la madre del pobre Valledor que me pide una recomendación para el alcalde… ». Cojo mi sombrero y a la calle. ...
En la línea 1621
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Quedose Juan con esta noticia más pensativo y peor humorado, sintiendo arreciar los síntomas del mal que padecía, y que principalmente se alojaba en su imaginación, mal de ánimo con mezcla de un desate nervioso acentuado por la contrariedad. ¿Por qué la despreció cuando la tuvo como era, y la solicitaba cuando se volvió muy distinta de lo que había sido?… El pícaro ideal, ¡ay!, el eterno ¿cómo será? Y la pobre Jacinta, a todas estas, descrismándose por averiguar qué demonches de antojo o manía embargaba el ánimo de su inteligente esposo. Este se mostraba siempre considerado y afectuoso con ella; no quería darle motivo de queja; mas para conseguirlo, necesitaba apelar a su misma imaginación dañada, revestir a su mujer de formas que no tenía, y suponérsela más ancha de hombros, más alta, más mujer, más pálida… y con las turquesas aquellas en las orejas… Si Jacinta llega a descubrir este arcano escondidísimo del alma de Juanito Santa Cruz, de fijo pide el divorcio. Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas más hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta ni con todo el plomo del mundo. ...
En la línea 1779
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Maximiliano quería saberlo todo. Era como el buen médico que le pide al enfermo las noticias más insignificantes del mal que padece y de su historia para saber cómo ha de curarle. Fortunata no ocultaba nada, eso bueno tenía, y el doctor amante se encontraba a veces con más quizás de lo necesario para la prodigiosa cura. ¡Y qué horrorizado se quedaba oyendo contar lo mal que se portó el seductor de aquella hermosura! El honradísimo aprendiz de farmacéutico no comprendía que pudieran existir hombres tan malos, y las penas todas del infierno parecíanle pocas para castigarles. Criminal más perverso que los asesinos y ladrones era, según él, el señorito seductor de doncella pobre, que le hacía creer que se iba a casar con ella, y después la dejaba plantada en medio del arroyo con su chiquillo o con las vísperas. ¿Por cuánto haría esto él, Maximiliano Rubín?… El tal Juanito Santa Cruz era, pues, el hombre más infame, más execrable y vil que se podía imaginar. Pero la misma ofendida no extremaba mucho, como parecía natural, los anatemas contra el seductor, por cuya razón tuvo Maximiliano que redoblar su furia contra él, llamándole monstruo y otras cosas muy malas. Fortunata veíase forzada a repetirlo; pero no había medio de que pronunciara la palabra monstruo. Se le atravesaba como otras muchas, y al fin, después de mil tentativas que parecían náuseas, la soltaba entre sus bonitísimos dientes y labios, como si la escupiera. ...
En la línea 1088
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Sólo que seas ciego, mudo y paralítico, mientras yo cuento hasta cien mil… Contaré despacio –dijo Miles Hendon con la expresión de un hombre que no pide sino un favor razonable y modesto. ...
En la línea 2596
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -¿Por qué no pide permiso de caza al capitán Nemo, amigo Ned? ...
En la línea 1098
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Ni una mancha, ni un boquete; aunque usados, están nuevos. El chaleco hace juego con el pantalón, como exige la moda. Bien mirado, debemos felicitarnos de que estas prendas no sean nuevas, pues así son más suaves, más flexibles… Ahora otra cosa, amigo Rodia. A mi juicio, para abrirse paso en el mundo hay que observar las exigencias de las estaciones. Si uno no pide espárragos en invierno, ahorra unos cuantos rublos. Y lo mismo pasa con la ropa. Estamos en pleno verano: por eso he comprado prendas estivales. Cuando llegue el otoño necesitarás ropa de más abrigo. Por lo tanto, habrás de dejar ésta, que, por otra parte, estará hecha jirones… Bueno, adivina lo que han costado estas prendas. ¿Cuánto te parece? ¡Dos rublos y veinticinco kopeks! Además, no lo olvides, en las mismas condiciones que la gorra: el año próximo te lo cambiarán gratuitamente. El trapero Fediaev no vende de otro modo. Dice que el que va a comprarle una vez no ha de volver jamás, pues lo que compra le dura toda la vida… Ahora vamos con las botas. ¿Qué te parecen? Ya se ve que están usadas, pero durarán todavía lo menos dos meses. Están confeccionadas en el extranjero. Un secretario de la Embajada de Inglaterra se deshizo de ellas la semana pasada en el mercado. Sólo las había llevado seis días, pero necesitaba dinero. He dado por ellas un rublo y medio. No son caras, ¿verdad? ...
En la línea 3012
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑¿Pegarme? Usted no sabe lo que dice. ¡Pegarme ella, Señor… ! Pero, aunque me hubiera pegado, ¿qué? Usted no la conoce… ¡Es tan desgraciada! Está enferma… Sólo pide justicia… Es pura. Cree que la justicia debe reinar en la vida y la reclama… Ni por el martirio se lograría que hiciera nada injusto. No se da cuenta de que la justicia no puede imperar en el mundo y se irrita… Se irrita como un niño, exactamente como un niño, créame… Es una mujer justa, muy justa. ...
En la línea 3027
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Sí, fui mala… Yo había ido a verlos ‑continuó llorando‑, y mi pobre padre me dijo: «Léeme un poco, Sonia. Aquí está el libro.» El dueño de la obra era Andrés Simonovitch Lebeziatnikof, que vive en la misma casa y nos presta muchas veces libros de esos que hacen reír. Yo le contesté: «No puedo leer porque tengo que marcharme… » Y es que no tenía ganas de leer. Yo había ido allí para enseñar a Catalina Ivanovna unos cuellos y unos puños bordados que una vendedora a domicilio llamada Lisbeth me había dado a muy buen precio. A Catalina Ivanovna le gustaron mucho, se los probó, se miró al espejo y dijo que eran preciosos, preciosos. Después me los pidió. « ¡Oh Sonia! ‑me dijo‑. ¡Regálamelos!» Me lo dijo con voz suplicante… ¿En qué vestido los habría puesto… ? Y es que le recordaban los tiempos felices de su juventud. Se miraba en el espejo y se admiraba a sí misma. ¡Hace tanto tiempo que no tiene vestidos ni nada… ! Nunca pide nada a nadie. Tiene mucho orgullo y prefiere dar lo que tiene, por poco que sea. Sin embargo, insistió en que le diera los cuellos y los puños; esto demuestra lo mucho que le gustaban. Y yo se los negué. «¿Para qué los quiere usted, Catalina Ivanovna?» Sí, así se lo dije. Ella me miró con una pena que partía el corazón… No era quedarse sin los cuellos y los puños lo que la apenaba, sino que yo no se los hubiera querido dar. ¡Ah, si yo pudiese reparar aquello, borrar las palabras que dije… ! ...
En la línea 3475
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑Usted no comprende nada, se lo repito. La situación de esa muchacha le autoriza a pensar así, desde luego; pero no se trata de eso, no, de ningún modo. Usted la desprecia sin más ni más. Aferrándose a un hecho que le parece, erróneamente, despreciable, se niega a considerar humanamente a un ser humano. Usted no sabe cómo es esa joven. Lo que me contraría es que en estos últimos tiempos ha dejado de leer. Ya no me pide libros, como hacía antes. También me disgusta que, a pesar de toda su energía y de todo el espíritu de protesta que ha demostrado, dé todavía pruebas de cierta falta de resolución, de independencia, por decirlo así; de negación, si quiere usted, que le impide romper con ciertos prejuicios… , con ciertas estupideces. Sin embargo, esa muchacha comprende perfectamente muchas cosas. Por ejemplo se ha dado exacta cuenta de lo que supone la costumbre de besar la mano, mediante la cual el hombre ofende a la mujer, puesto que le demuestra que no la considera igual a él. He debatido esta cuestión con mis compañeros y he expuesto a la chica los resultados del debate. También me escuchó atentamente cuando le hablé de las asociaciones obreras de Francia. Ahora le estoy explicando el problema de la entrada libre en las casas particulares en nuestra sociedad futura. ...
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