Cómo se escribe.org.es

La palabra picada
Cómo se escribe

la palabra picada

La palabra Picada ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece picada.

Estadisticas de la palabra picada

Picada es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 7548 según la RAE.

Picada aparece de media 1.11 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la picada en las obras de referencia de la RAE contandose 169 apariciones .

Más información sobre la palabra Picada en internet

Picada en la RAE.
Picada en Word Reference.
Picada en la wikipedia.
Sinonimos de Picada.

Algunas Frases de libros en las que aparece picada

La palabra picada puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3123
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... »Pero, a causa de soplar un poco el viento tramontana y estar la mar algo picada, no fue posible seguir la derrota de Mallorca, y fuenos forzoso dejarnos ir tierra a tierra la vuelta de Orán, no sin mucha pesadumbre nuestra, por no ser descubiertos del lugar de Sargel, que en aquella costa cae sesenta millas de Argel. ...

En la línea 15142
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... en suma: ella está picada porque yo prefiero la tranquilidad de mi hogar, la pureza de mi lecho, de mi tálamo. ...

En la línea 390
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Volvían los esposos de Cádiz en el tren correo. No pensaban detenerse ya en ninguna parte, y llegarían a Madrid de un tirón. Iban muy gozosos, deseando ver a la familia, y darle a cada uno su regalo. Jacinta, aunque picada del gusanillo aquel, había resuelto no volver a hablar de tal asunto, dejándolo sepultado en la memoria, hasta que el tiempo lo borrara para siempre. Pero al llegar a la estación de Jerez, ocurrió algo que hizo revivir inesperadamente lo que ambos querían olvidar. Pues señor… de la cantina de la estación vieron salir al condenado inglés de la noche de marras, el cual les conoció al punto y fue a saludarles muy fino y galante, y a ofrecerles unas cañas. Cuando se vieron libres de él, Santa Cruz le echó mil pestes, y dijo que algún día había de tener ocasión de darle el par de galletas que se tenía ganadas. «Este danzante tuvo la culpa de que yo me pusiera aquella noche como me puse y de que te contara aquellos horrores… ». ...

En la línea 1321
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Qué, ¿no le encuentras parecido?» díjole Jacinta algo picada. ...

En la línea 1795
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En medio de estos dulcísimos ensueños de su alma arrebatada, sentía Maximiliano unos saetazos que le hacían volver sobresaltado a la realidad. Era como la feroz picada de un mosquito cuando estamos empezando a dormirnos dulcemente… Por mucho que se estirase el dinero sacado de la hucha, al fin se tenía que concluir, porque todo es finito en este mundo, y el metálico precisamente es una de las cosas más finitas que se pueden imaginar… ¡María Santísima!, cuando el temido momento llegase… ¡cuando la última peseta del último duro fuera cambiada… ! Si el mosquito le picaba a Maximiliano cuando estaba en su cama dormido o preparándose a ello, incorporábase tan desvelado cual si fueran las doce del día, o se ponía a dar vueltas en el lecho y a calentarlo con el ardor de su febril zozobra. A veces invocaba al Cielo con íntimo fervor de oración. Esperaba que la obra generosa que había emprendido pesase mucho en las recónditas intenciones de la Providencia para que Esta le sacase del atolladero en que los amantes iban a caer. Él no era un granuja; ella se estaba portando bien, y con su conducta echaba velos y más velos sobre lo pasado. Si la Providencia no tenía en cuenta estas circunstancias, ¿de qué le valía a uno portarse bien y ser un modelo de orden y buena fe? Esto es claro como el agua. Fortunata pensaba lo mismo, cuando él le confiaba sus temores. Tenía que ser así, o todo lo que se habla de la Providencia es patraña. Pronto diré cómo se salieron con la suya, con lo cual se demostró que tenían allá arriba, en los mismos cielos, alguna entidad de peso que les protegía. Bien ganada se tenían esta protección, porque él, enaltecido por su cariño, ella, aspirando a la honradez y ensayándose en practicarla, eran dos seres que valían cualquier dinero, o en otros términos, dignos de que se les facilitaran los medios de continuar su campaña virtuosa. ...

En la línea 4110
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta se quedó sin habla… después lanzó un ¡ay! agudísimo, como la persona que recibe la picada de una víbora. En tanto Fortunata movía la cabeza afirmativamente con insolente dureza, repitiendo: «Soy… soy… soy la… ». Pero tan sofocada estaba, que no articuló las últimas palabras. La Delfina bajó los ojos, y dando un tirón se soltó. Quiso decir algo, no pudo. La otra se apartó, echando llamas de sus ojos y resoplidos de su pecho, y andando hacia atrás siguió diciendo, sin que las palabras llegaran a articularse: «Te cojo y te revuelco… porque si yo estuviera donde tú estás, sería… ». Aquí recobró el aliento, y pudo decir: «¡Mejor que tú, mejor que tú… !». ...

En la línea 129
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Él, mientras tanto, tragaba de un modo curioso la carne picada; más como quien quisiera guardar algo con mucha prisa y no como quien come, pero dejó la carne para tomar un trago de licor. Mientras tanto se estremecía con tal violencia que a duras penas podía conservar el cuello de la botella entre los dientes, de modo que se vio obligado a sujetarla con ellos. ...

En la línea 134
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Y, al mismo tiempo, se tragaba la carne picada, roía el hueso y se comía el pan, el queso y el pastel de cerdo, todo a la vez. No por eso dejaba de mirar con la mayor desconfianza alrededor de nosotros, y a veces se interrumpía, dejando también de mascar, a fin de escuchar. Cualquier sonido, verdadero o imaginado, cualquier ruido en el río, o la respiración de un animal sobre el marjal, le sobresaltaba, y entonces me decía: ...

En la línea 177
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Tuvimos una comida magnífica, consistente en una pierna de cerdo en adobo adornada con verdura, y un par de gallos asados y rellenos. El día anterior, por la mañana, mi hermana hizo un hermoso pastel de carne picada, razón por la cual no había echado de menos el resto que yo me llevé, y el pudding estaba ya dispuesto en el molde. Tales preparativos fueron la causa de que sin ceremonia alguna nos acortasen nuestra ración en el desayuno, porque mi hermana dijo que no estaba dispuesta a atiborrarnos ni a ensuciar platos, con el trabajo que tenía por delante. ...


El Español es una gran familia


la Ortografía es divertida

Errores Ortográficos típicos con la palabra Picada

Busca otras palabras en esta web

Palabras parecidas a picada

La palabra tomasen
La palabra costar
La palabra atadas
La palabra desamparar
La palabra desaforadas
La palabra despertase
La palabra despertalle

Webs Amigas:

Becas de Canarias . Ciclos Fp de informática en Mallorca . Ciclos Fp de Automoción en Albacete . - Apartamentos en Costa tropical Estrella de Mar