La palabra Persiguiendo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece persiguiendo.
Estadisticas de la palabra persiguiendo
Persiguiendo es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 20007 según la RAE.
Persiguiendo aparece de media 3.04 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la persiguiendo en las obras de referencia de la RAE contandose 462 apariciones .
Errores Ortográficos típicos con la palabra Persiguiendo
Cómo se escribe persiguiendo o perrsiguiendo?
Cómo se escribe persiguiendo o perciguiendo?
Cómo se escribe persiguiendo o perziguiendo?
Cómo se escribe persiguiendo o persijuiendo?
Más información sobre la palabra Persiguiendo en internet
Persiguiendo en la RAE.
Persiguiendo en Word Reference.
Persiguiendo en la wikipedia.
Sinonimos de Persiguiendo.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece persiguiendo
La palabra persiguiendo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3373
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El obispo de la ciudad—Lugo es sede episcopal—compró para sí dos ejemplares, y varios curas y frailes exclaustrados, en lugar de seguir el ejemplo de sus hermanos de León persiguiendo la obra, hablaron bien de ella y recomendaron su lectura. ...
En la línea 4893
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Ahora mismo acabo de regresar de una expedición de tres días con mis compañeros los nacionales; hemos estado persiguiendo a los facciosos y ladrones de estos contornos; hemos matado a tres y traemos varios prisioneros. ...
En la línea 1576
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Asomó cautelosamente su cabeza por las bordas de la embarcación, pronto a retirarla antes de que un nuevo cable viniera a enroscarse en su cuello. Siguiendo la dirección de los filamentos hundidos en el agua, creyó ver un objeto negro que flotaba a pocos metros de la superficie. Agarró una piedra, arrojándola en el mar con una fuerza que hizo surgir chorros de espuma. Pero en vez de obtener su deseo, un nuevo cable se elevó amenazante sobre las aguas. Arrojó otra piedra, y luego otra, persiguiendo de este modo al terrible pez mecánico que daba vueltas en torno a su bote. ...
En la línea 1660
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por esto le gustaba más, cuando el tiempo no era muy frío, vagar por las calles, embozadito en su pañosa, viendo escaparates y la gente que iba y venía, parándose en los corros en que cantaba un ciego, y mirando por las ventanas de los cafés. En estas excursiones podía muy bien emplear dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo aventuras y ser muy otro de lo que era. La calle con su bullicio y la diversidad de cosas que en ella se ven, ofrecía gran incentivo a aquella imaginación, que al desarrollarse tarde, solía desplegar los bríos de que dan muestras algunos enfermos graves. Al principio no le llamaban la atención las mujeres que encontraba; pero al poco tiempo empezó a distinguir las guapas de las que no lo eran, y se iba en seguimiento de alguna, por puro éxtasis de aventura, hasta que encontraba otra mejor y la seguía también. Pronto supo distinguir de clases, es decir, llegó a tener tan buen ojo, que conocía al instante las que eran honradas y las que no. Su amigo Ulmus sylvestris, que a veces le acompañaba, indújole a romper la reserva que su encogimiento le imponía, y Maximiliano conoció a algunas que había visto más de una vez y que le habían parecido muy guapetonas. Pero su alma permanecía serena en medio de sus tentativas viciosas: las mismas con quienes pasó ratos agradables le repugnaban después, y como las viera venir por la calle, les huía el bulto. ...

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