La palabra Pardas ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece pardas.
Estadisticas de la palabra pardas
La palabra pardas no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Pardas
Cómo se escribe pardas o parrdas?
Cómo se escribe pardas o pardaz?
Más información sobre la palabra Pardas en internet
Pardas en la RAE.
Pardas en Word Reference.
Pardas en la wikipedia.
Sinonimos de Pardas.

la Ortografía es divertida

El Español es una gran familia
Algunas Frases de libros en las que aparece pardas
La palabra pardas puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 5744
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y ya, en esto, se venía a más andar el alba, alegre y risueña: las florecillas de los campos se descollaban y erguían, y los líquidos cristales de los arroyuelos, murmurando por entre blancas y pardas guijas, iban a dar tributo a los ríos que los esperaban. ...
En la línea 2063
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s machos de todas las especies, o por lo menos de la mayoría de ellas, son negros como el azabache; las hembras, con una o dos excepciones a lo más, son pardas. fenómeno más curioso es la perfecta graduación en el grueso de los picos, en las diferentes especies de Geospira, que varía entre el tamaño del de un pico-gordo y el de un pinzón; y si ha comprendido Mister Gould, con razón en el grupo principal, el subgrupo Certhidea podría decirse que hasta el tamaño del pico de una silvia. pico del Cactornis se parece algo al del estorvino; el del cuarto subgrupo, Camarhynchus, afecta en cierto modo la forma del papagayo. considerar esta graduación y diversidad de conformaciones en un grupito de pájaros tan próximos unos a otros, podría creerse que en virtud de una pobreza original de pájaros en el archipiélago, se había modificado una sola especie para llegar a fines diferentes ...
En la línea 3472
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... También de noche, cerca del alba, emprendía su viaje al monte el casero que se preciaba de regalar a su señor las primeras arceas, las mejores perdices; y allí estaban las perdices, sobre la mesa de pino, ofreciendo el contraste de sus plumas pardas con el rojo y plata del salmón despedazado. ...
En la línea 3935
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El sol ocultaba entre nubes pardas y espesas, detrás de la cortina de álamos, el último pedazo de su lumbre que se le había quedado atrás, como un trapillo de púrpura. ...
En la línea 8189
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Capas negras y pardas, sombreros de copa alta absurdos, horrorosos. ...
En la línea 8837
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Las nubes pardas, opacas, anchas como estepas, venían del Oeste, tropezaban con las crestas de Corfín, se desgarraban y deshechas en agua, caían sobre Vetusta, unas en diagonales vertiginosas, como latigazos furibundos, como castigo bíblico; otras cachazudas, tranquilas, en delgados hilos verticales. ...
En la línea 3696
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... «Impresiones muy buenas—añadió el diplomático… —. Ha empezado por ahuecar la voz, y por negarse a proponer la reconciliación. Pero mientras más cerdea ella, más claro veo yo que hará lo que deseamos. ¡Oh!, entiendo bien a mi gente. También esta tiene sus filosofías pardas, y a mí no me la da. Conozco las callejuelas de la naturaleza humana mejor que los rincones de mi casa. Doña Lupe está deseando que vuelvas; pero deseándolo, para que lo sepas. Se lo he conocido en la cara y en el modo de decir que no… Yo no sé si te he contado que en un tiempo, a poco de enviudar, tuvo sus pretensiones respecto a mí… pretensiones honestas… Decía la muy fatua que yo le paseaba la calle. ¿Creerás que se le descompone la cara siempre que me ve?». ...
En la línea 3201
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Entre los peces óseos, anoté unos labros grises propios de esos mares; esparos sinágridos cuyo iris resplandecía como el fuego; escienas de un metro de largo, con una ancha boca erizada de pequeños dientes, que emitían un ligero grito; centronotos negros, de los que ya he hablado; corífenas azules con destellos de oro y plata; escaros, verdaderos arco iris del océano que rivalizan en colores con los más bellos pájaros de los trópicos; rombos azulados desprovistos de escarnas; bátracos recubiertos de una faja amarilla y transversal semejante a una t griega; enjambres de pequeños gobios moteados de manchitas pardas; dipterodones de cabeza plateada y de cola amarilla; diversos ejemplares de salmones; mugilómoros de cuerpo esbelto y de un brillo suave, como los que Lacepéde ha consagrado a la amable compañera de su vida, y, por último, un hermoso pez, el «caballero americano», que, condecorado con todas las órdenes y recamado de todos los galones, frecuenta las orillas de esa gran nación que en tan poca estima tiene a los galones y a las condecoraciones. Por la noche, las aguas fosforescentes del Gulf Stream rivalizaban con el resplandor eléctrico de nuestro fanal, sobre todo cuando amenazaba tormenta como ocurría frecuentemente en aquellos días. El 8 de mayo nos hallábamos aún frente al cabo Hatteras, a la altura de la Carolina del Norte. La anchura allí del Gulf Stream es de setenta y cinco millas y su profundidad es de doscientos diez metros. El Nautilus continuaba errando a la aventura. Toda vigilancia parecía haber cesado a bordo. En tales condiciones, debo convenir que podía intentarse la evasión, con posibilidades de éxito. En efecto, las costas habitadas ofrecían en todas partes fáciles accesos. Además podíamos esperar ser recogidos por algunos de los numerosos vapores que surcaban incesantemente aquellos parajes asegurando el servicio entre Nueva York o Boston y el golfo de México, o por cualquiera de las pequeñas goletas que realizaban el transporte de cabotaje por los diversos puntos de la costa norteamericana. Era, pues, una ocasión favorable, a pesar de las treinta millas que separaban al Nautilus de las costas de la Unión. ...
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