La palabra Oprimido ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece oprimido.
Estadisticas de la palabra oprimido
La palabra oprimido no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE
Errores Ortográficos típicos con la palabra Oprimido
Cómo se escribe oprimido o hoprimido?
Cómo se escribe oprimido o oprrimido?

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece oprimido
La palabra oprimido puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 227
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Cuando el antiguo rebelde llegó a ser capataz de la viña, había ya sufrido una gran transformación en sus ideas. Se consideraba como una parte de la casa Dupont. Le enorgullecía la importancia de las bodegas de don Pablo y comenzaba a reconocer que los señores no eran tan malos como creían los pobres. Hasta dejó a un lado el respeto que profesaba a Salvatierra, el cual andaba por entonces fugitivo fuera de España, y se atrevió a confesar a los amigos que las cosas no iban del todo mal después del desastre de sus ilusiones políticas. Él era el de siempre, federal, sobre todo federal: hasta que no viniese la suya, España no sería feliz, pero mientras tanto, a pesar de los malos gobiernos y de que «el pobre pueblo estaba oprimido», él se creía mejor que en los tiempos pasados. La niña y la cuñada vivían en la viña, en un caserón antiguo, espacioso como un cuartel; el muchacho iba a la escuela en Jerez, y don Pablo le había tomado ley y prometía hacerlo «todo un hombre», en vista de su inteligencia despierta. Él, tenía tres pesetas diarias, sin otra obligación que llevar la cuenta de los jornales, reclutar la gente y vigilarla, para que los remolones no descansasen antes de que él diese la voz para fumar un cigarro. ...
En la línea 7488
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Qué cosas tan nuevas, o mejor tan antiguas, tan antiguas y tan olvidadas estaba sintiendo! Oh, para él no era nuevo, no, sentir oprimido el pecho al mirar la luna, al escuchar los silencios de la noche; así había él empezado a ponerse enfermucho, allá en los Jesuitas: pero entonces sus anhelos eran vagos y ahora no; ahora anhelaba. ...
En la línea 700
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Pronunció esto con oprimido acento, como quien va a romper en llanto. ...
En la línea 3420
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Me deslicé sobre la alfombra, tratando de evitar el menor tropiezo que pudiese traicionar mi presencia. Necesité cinco minutos para llegar a la puerta del fondo que daba a la biblioteca. Me disponía a abrirla, cuando un suspiro del capitán Nemo me clavó al suelo. Comprendí que iba a levantarse, e incluso lo entreví al filtrarse hasta el salón la luz de la biblioteca. Vino hacia mí, los brazos cruzados, silencioso, deslizándose más que andando, como un espectro. Su pecho oprimido se hinchaba de sollozos. Y lo oí murmurar estas palabras, las últimas que guardo de él: ...
En la línea 3129
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Pero inmediatamente su voz vibró y se quebró como una cuerda demasiado tensa. Sintió que a su oprimido pecho le faltaba el aliento. Raskolnikof comprendía en parte por qué se resistía Sonia a obedecerle, pero esta comprensión no impedía que se mostrara cada vez más apremiante y grosero. De sobra se daba cuenta del trabajo que le costaba a la pobre muchacha mostrarle su mundo interior. Comprendía que aquellos sentimientos eran su gran secreto, un secreto que tal vez guardaba desde su adolescencia, desde la época en que vivía con su familia, con su infortunado padre, con aquella madrastra que se había vuelto loca a fuerza de sufrir, entre niños hambrientos y oyendo a todas horas gritos y reproches. Pero, al mismo tiempo, tenía la seguridad de que Sonia, a pesar de su repugnancia, de su temor a leer, sentía un ávido, un doloroso deseo de leerle a él en aquel momento, sin importarle lo que después pudiera ocurrir… Leía todo esto en los ojos de Sonia y comprendía la emoción que la trastornaba… Sin embargo, Sonia se dominó, deshizo el nudo que tenía en la garganta y continuó leyendo el capítulo 11 del Evangelio según San Juan. Y llegó al versículo 19. ...
En la línea 88
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Su orden de jugar a la ruleta me había producido el efecto de un golpe en la cabeza. Cosa extraña: entonces, que tenía tantos motivos de meditación, me absorbía en el análisis de los sentimientos que experimentaba respecto a Paulina. A decir verdad, durante esos quince días de ausencia tenía el corazón menos oprimido que en el día de regreso. Sin embargo, durante el viaje había sentido una angustia loca, desvariando constantemente y viéndola en todo instante como en sueños. Una vez —fue en Suiza—me dormí en el vagón y empecé a hablar, según parece, en voz alta con Paulina, lo que motivó las risas de mis compañeras de viaje. ...
En la línea 1006
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... “Ella tiene un secreto, ¡es evidente! Su diálogo con la abuela me ha oprimido el corazón. ¡Cuántas veces la he suplicado que fuese franca conmigo, pues sabe perfectamente que yo estoy dispuesto a arriesgar por ella mi vida! Pero siempre me ha tratado con el mismo desdén, y en lugar de la vida que le ofrecía exigía de mí proezas ridículas, como la de provocar al barón. ¿No resulta todo esto doloroso? ¿Es posible que ese francés lo represente todo para ella? ¿Y Mr. Astley?” Pero al llegar a este punto mis ideas se confundían completamente. ¡Y cuántas torturas experimentaba! ¡Cuántas, Dios mío! ...

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Oprimido en la RAE.
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