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La palabra olvido
Cómo se escribe

la palabra olvido

La palabra Olvido ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
El cuervo de Leopoldo Alias Clarín
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Niebla de Miguel De Unamuno
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece olvido.

Estadisticas de la palabra olvido

Olvido es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 3645 según la RAE.

Olvido tienen una frecuencia media de 25.55 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la olvido en 150 obras del castellano contandose 3883 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Olvido

Cómo se escribe olvido o holvido?
Cómo se escribe olvido o olbido?

Más información sobre la palabra Olvido en internet

Olvido en la RAE.
Olvido en Word Reference.
Olvido en la wikipedia.
Sinonimos de Olvido.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece olvido

La palabra olvido puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 243
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... Sembrada esta primera semilla, vertido este primer chorro de agua del olvido, Cuervo dejaba a las visitas prodigar sus consuelos vulgares, y se metía por la casa adentro. ...

En la línea 265
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... No lograba tales resultados con discursos, con disertaciones, sino con frases hechas, tomadas de la que suele llamarse sabiduría popular; y, sobre todo, con hechos, con asociaciones de imágenes y de citas que llevaban, como por una pendiente irremediable, al amor de la vida y al olvido de la muerte. ...

En la línea 270
del libro El cuervo
del afamado autor Leopoldo Alias Clarín
... Pero aquí se luchaba menos; se iba con más franqueza a la seriedad del negocio, a la importancia de la vida llena de faenas, de actividad interesada; y sin escrúpulos y paráfrasis, se iba dejando en la sombra lo que estaba destinado al olvido. ...

En la línea 3897
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan lo escuchó con una complacencia ejemplar; luego, cuan do hubo terminado: -Y la señora Bonacieux - dijo por fin-, ¿sabéis quién la había raptado? Porque no olvido que gracias a esa circunstancia molesta de bo la dicha de haberos conocido. ...

En la línea 7683
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -Mi oficial -dijo Athos-ha olvidado hacer a la dama del prime ro una recomendación importante; me envía para reparar su olvido. ...

En la línea 5610
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... ¡Triunfaré, triunfaré! Aquí se quedó cortado, se estremeció, y, mirándome, con expresión casi de loco en el semblante, exclamó: —_¡Heiliger Gott!_ Me olvido de una cosa. ...

En la línea 74
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Orlando soy, Quijote, que, perdido por Angélica, vi remotos mares, ofreciendo a la Fama en sus altares aquel valor que respetó el olvido. ...

En la línea 483
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Bien es verdad que el segundo autor desta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin desta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte. ...

En la línea 736
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y aquí, en memoria de tantas desdichas, quiso él que le depositasen en las entrañas del eterno olvido. ...

En la línea 742
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Ansí que, señor Ambrosio, ya que deis el cuerpo de vuestro amigo a la tierra, no queráis dar sus escritos al olvido; que si él ordenó como agraviado, no es bien que vos cumpláis como indiscreto. ...

En la línea 8959
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Mientras pensaba en el marido abstracto todo iba bien; sabía ella que su deber era amarle, cuidarle, obedecerle; pero se presentaba el señor Quintanar con el lazo de la corbata de seda negra torcido, junto a una oreja; vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre. ...

En la línea 13972
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... ¡Salud, salve! A ti debo las ideas nuevas, este vigor del alma, este olvido de larvas y aprensiones. ...

En la línea 14181
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... el olvido de las tristezas hondas, del porvenir incierto. ...

En la línea 14407
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... esa misma exaltación de la alegría, ese optimismo, ese olvido sistemático de sus antiguas aprensiones. ...

En la línea 1572
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —También yo he rotó, tal vez, muchas cartas… Pero esto debió de ser al principio, cuando aún me dolía la separación… Afortunadamente, tenemos en nosotros dos fuerzas que nos ayudan a vivir: el olvido y la esperanza; lo que necesitamos para suprimir el ayer y para hermosear el mañana… Lo pasado ya es irremediable. ¿Por qué se empeña, Borja, en resucitar lo que mató usted mismo?… Siga su camino y sea feliz. ...

En la línea 419
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Cada guerra significaba un largo alto en el desenvolvimiento humano, y luego un retroceso. En la capital de cada país había un arco de triunfo para que desfilasen bajo su bóveda unas veces el ejército que volvía victorioso y otras los invasores triunfantes. Después de toda guerra, el suelo abandonado parecía vengarse del olvido y de la bestialidad de los hombres restringiendo su producción. Las grandes empresas militares iban seguidas por el hambre y las epidemias. Los hombres se mostraban peores al volver a sus casas durante una paz momentánea. Habían olvidado el valor de la vida humana. Reñían con el menor pretexto; se encolerizaban fácilmente, matándose entre ellos; pegaban a sus mujeres. Además, todos eran alcohólicos. Durante sus campanas, los gobernantes les facilitaban en abundancia el vino y los licores fuertes, sabiendo que un hombre en la inconsciencia de la embriaguez teme menos a la muerte. ...

En la línea 933
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - Gracias, amigo mío -dijo Golbasto-. Jamás olvidaré lo que hace usted por mi en este día… . Los gobiernos se suceden y caen en el olvido, mientras que nuestra amistad llenará capítulos enteros de la historia futura. ...

En la línea 1513
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... - ¡Deténgase, gentleman! ¿Adónde va?… Le pido perdón por el olvido de que ha sido objeto. Los culpables son esas gentes de la administración del ejército, que, como no están acostumbradas al nuevo servicio, equivocaron mis órdenes. Pero vamos a la playa; deben haber llegado ya doce furgones llenos de víveres. Tiene usted preparada una comida magnífica. ...

En la línea 3636
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Todo se perdona, hija, todo, todo—dijo el enfermo con indulgencia empapada en escepticismo—. Por muy grande que nos figuremos la masa de olvido derramado en la sociedad como elemento reparador, esa masa supera todavía a todos nuestros cálculos. El bien y la gratitud son limitados; siempre los encontramos cortos. El olvido es infinito. De él se deriva el vuelva a empezar, sin el cual el mundo se acabaría. ...

En la línea 4137
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El día está bueno. ¡Ay!, yo tengo menos salud que tú, y no me quejo tanto. Siento tal debilidad que a veces me cuesta trabajo mover un dedo. Todos los huesos me duelen, y la cabeza la siento a ratos como si estuviera vacía, sin sesos… Pero no me duele, y esto es mala señal, porque las jaquecas son un puntal de la vida. Yo no sé lo que me pasa. A ratos me distraigo, me entra como un olvido, me quedo lelo sin saber dónde estoy ni lo que hago… Pues digo, ¿y cuándo pierdo la memoria y se me va de ella lo que más sé?… Tú estarás buena mañana; pero yo no sé a dónde voy a parar con estas cosas. Dice Ballester que tome mucho hierro, pero mucho hierro, y que esto es falta de glóbulos en la sangre, y así debe de ser… Esta máquina mía nunca ha sido muy famosa, y ahora está que no vale dos cuartos… ». ...

En la línea 4950
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Ambas se pusieron muy serias. Notaban en Moreno palidez mortal, gran abatimiento, y un cierto olvido, extraño en él, de la atención constante que se debe prestar a las señoras cuando se platica con ellas. Jacinta se inclinó un poco hacia él, abriendo su abanico sobre las rodillas, y le dijo en tono muy cariñoso: «Amigo mío, es preciso que usted se cuide, y mire más por su salud. Esta tarde nos encontramos a Moreno Rubio en casa de Amalia, y me dijo que lo que usted padece no es nada; pero que si se descuida y no hace lo que él le manda, lo va a pasar mal. Usted no es un niño, y debe comprenderlo. ¿Por qué no hace caso de lo que le dicen las personas que le quieren bien y que se interesan por usted?». ...

En la línea 6079
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En esto llegaron y se dio tierra al cuerpo de la señora de Rubín, delante de las cuatro o cinco personas acompañantes, las cuales eran Segismundo y el crítico, Estupiñá, José Izquierdo y el marido de una de las placeras, amiga de Segunda. Ballester, afectadísimo, hacía de tripas corazón, y se retiró el último. De regreso a Madrid en el coche, llevaba fresca en su mente la imagen de la que ya no era nada. «Esta imagen—dijo a su amigo—, vivirá en mí algún tiempo; pero se irá borrando, borrando, hasta que enteramente desaparezca. Esta presunción de un olvido posible, aun suponiéndolo lejano, me da más tristeza que lo que acabo de ver… Pero tiene que haber olvido, como tiene que haber muerte. Sin olvido, no habría hueco para las ideas y los sentimientos nuevos. Si no olvidáramos no podríamos vivir, porque en el trabajo digestivo del espíritu no puede haber ingestión sin que haya también eliminación». ...

En la línea 1471
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... Sabía que hay que aprender a ver el universo en una gota de agua, que con un hueso constituye el paleontólogo el animal entero y con un asa de puchero toda una vieja civilización el arqueólogo, sin desconocer tampoco que no debe mirarse a las estrellas con microscopio y con telescopio a un infusorio, como los humoristas acostumbran hacer para ver turbio. Mas aunque sabía que un asa de puchero bastaba al arqueólogo genial para reconstruir un arte enterrado en los limbos del olvido, como en su modestia no se tenía por genio, prefería dos asas a un asa sola –cuantas más asas mejor– y prefería el puchero todo al asa sola. ...

En la línea 4057
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Empezó para Raskolnikof una vida extraña. Era como si una especie de neblina le hubiera envuelto y hundido en un fatídico y doloroso aislamiento. Cuando más adelante recordaba este período de su vida, comprendía que entonces su razón vacilaba a cada momento y que este estado, interrumpido por algunos intervalos de lucidez, se había prolongado hasta la catástrofe definitiva. Tenía el convencimiento de que había cometido muchos errores, sobre todo en las fechas y sucesión de los hechos. Por lo menos, cuando, andando el tiempo, recordó, y trató de poner en orden estos recursos, y después de explicarse lo sucedido, sólo gracias al testimonio de otras personas pudo conocer muchas de las cosas que pertenecían a aquel período de su propia vida. Confundía los hechos y consideraba algunos como consecuencia de otros que sólo existían en su imaginación. A veces le dominaba una angustia enfermiza y un profundo terror. Y también se acordaba de haber pasado minutos, horas y acaso días sumido en una apatía que sólo podía compararse con el estado de indiferencia de ciertos moribundos. En general, últimamente parecía preferir cerrar los ojos a su situación que darse cuenta exacta de ella. Así, ciertos hechos esenciales que se veía obligado a dilucidar le mortificaban, y, en compensación, descuidaba alegremente otras cuestiones cuyo olvido podía serle fatal, teniendo en cuenta su situación. ...

En la línea 4732
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... ‑En resumidas cuentas, esto significa que acabo de cargar con una cruz. ¡Je, je! Como si fuera poco lo que he sufrido hasta hoy… Una cruz de madera, es decir, la cruz de los pobres. La de cobre, que perteneció a Lisbeth, te la quedas para ti. Déjame verla. Lisbeth debía de llevarla en aquel momento. ¿Verdad que la llevaba? Recuerdo otros dos objetos: una cruz de plata y una pequeña imagen. Las arrojé sobre el pecho de la vieja. Eso es lo que debía llevar ahora en mi cuello… Pero no digo más que tonterías y me olvido de las cosas importantes. ¡Estoy tan distraído! Oye, Sonia, he venido sólo para prevenirte, para que lo sepas todo… Para eso y nada más… Pero no, creo que quería decirte algo más… Tú misma has querido que diera este paso. Ahora me meterán en la cárcel y tu deseo se habrá cumplido… Pero ¿por qué lloras? ¡Bueno, basta ya! ¡Qué enojoso es todo esto! ...


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