La palabra Naturalmente ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
Memoria De Las Islas Filipinas. de Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Niebla de Miguel De Unamuno
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece naturalmente.
Estadisticas de la palabra naturalmente
Naturalmente es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 2438 según la RAE.
Naturalmente tienen una frecuencia media de 39.17 veces en cada libro en castellano
Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la naturalmente en 150 obras del castellano contandose 5954 apariciones en total.
Más información sobre la palabra Naturalmente en internet
Naturalmente en la RAE.
Naturalmente en Word Reference.
Naturalmente en la wikipedia.
Sinonimos de Naturalmente.

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece naturalmente
La palabra naturalmente puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 996
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Como el debate entre estos dos señores habría podido durar largo tiempo, porque cada uno debía, naturalmente, mantenerse en sus trece, al señor de Tréville se le ocurrió un expediente que tenía por meta acabar con todo, y era ir a buscar él mismo alseñor de La Trémouille. ...
En la línea 1842
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Este medio era tan simple que D'Artagnan lo empleó naturalmente y por instinto. ...
En la línea 3824
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Aunque D'Artagnan n o conociese a la reina, distinguió su voz de las otras voces, en primer lugar por un ligero acento extranjero, luego por ese sentimiento de dominación, impreso naturalmente en todas las palabras soberanas. ...
En la línea 3895
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La conversación recayó naturalmente sobre el encarcelamiento del pobre homb re. ...
En la línea 441
del libro Memoria De Las Islas Filipinas.
del afamado autor Don Luis Prudencio Alvarez y Tejero
... Siendo esto asi, y dejando á la imparcial consideracion del mismo empleado de correos, el graduar si para administrar 118,736 reales de rendimiento total, deben invertirse sueldos y gastos mas de 63,000 reales vellon, mientras no se pruebe que la nueva administracion es menos gravosa que la antigua ó actual, las reflexiones censuradas quedarán en el lugar que naturalmente les marca la razon, la equidad y el interes comun, y tal vez la opinion, si se oyese, de los diputados que acaban de llegar de los dominios de S. ...
En la línea 947
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... En el cerro donde yacen estas ruinas hubo, sin duda alguna, un poderoso castillo de los moros, quienes al invadir la península ocuparon casi todos los lugares altos y naturalmente fuertes, poniéndolos en estado de defensa; pero es probable que perdieran muy pronto el cerro visitado ahora por mí, y que los muros y edificios cuyos despojos lo cubren, fuesen labrados por los cristianos después de reconquistar la posición del poder de los terribles enemigos de su fe. ...
En la línea 1358
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... El tipo ese irá, naturalmente, a buscar a demás de la _justicia_, y vendrán para meternos en el _estaripel_. ...
En la línea 1461
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Tengo pasaporte, y, en cuanto usted lo examine, verá que se halla perfectamente en regla; está expedido por el gran Lord Palmerston, ministro de Inglaterra, de quien naturalmente habrá usted oído hablar; al pie del pasaporte está su firma manuscrita; véala y regocíjese, porque acaso no vuelva a presentársele a usted otra ocasión de verla. ...
En la línea 1637
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Había algo extraño en todo su continente; pero lo más chocante era la tranquilidad con que seguía andando sin ocuparse de mí, aunque, naturalmente, se daba cuenta de mi proximidad; miraba con fijeza al camino delante de sí, salvo cuando alzaba su ancha faz y clavaba sus grandes ojos en la luna, que ya brillaba con fuerza en el cielo. ...
En la línea 880
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Tenía el ventero por mujer a una, no de la condición que suelen tener las de semejante trato, porque naturalmente era caritativa y se dolía de las calamidades de sus prójimos; y así, acudió luego a curar a don Quijote y hizo que una hija suya, doncella, muchacha y de muy buen parecer, la ayudase a curar a su huésped. ...
En la línea 1145
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Alegróles el ruido en gran manera, y, parándose a escuchar hacia qué parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco ánimo. ...
En la línea 2566
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Pero, como naturalmente tiene la mujer ingenio presto para el bien y para el mal más que el varón, puesto que le va faltando cuando de propósito se pone a hacer discursos, luego al instante halló Camila el modo de remediar tan al parecer inremediable negocio, y dijo a Lotario que procurase que otro día se escondiese Anselmo donde decía, porque ella pensaba sacar de su escondimiento comodidad para que desde allí en adelante los dos se gozasen sin sobresalto alguno; y, sin declararle del todo su pensamiento, le advirtió que tuviese cuidado que, en estando Anselmo escondido, él viniese cuando Leonela le llamase, y que a cuanto ella le dijese le respondiese como respondiera aunque no supiera que Anselmo le escuchaba. ...
En la línea 5528
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y así, según las leyes del maldito duelo, yo puedo estar agraviado, mas no afrentado; porque los niños no sienten, ni las mujeres, ni pueden huir, ni tienen para qué esperar, y lo mesmo los constituidos en la sacra religión, porque estos tres géneros de gente carecen de armas ofensivas y defensivas; y así, aunque naturalmente estén obligados a defenderse, no lo están para ofender a nadie. ...
En la línea 522
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Durante los seis meses últimos he tenido ocasión de estudiar el carácter de los habitantes de estas provincias. Los gauchos o campesinos son muy superiores a los habitantes de la ciudad. Invariablemente, el gaucho es muy servicial, muy cortés, muy hospitalario; nunca he visto un ejemplo de grosería o de inhospitalidad Lleno de modestia cuando habla de sí mismo o de su país, al mismo tiempo es atrevido y valiente. Por otra parte, siempre se oye hablar de robos y homicidios; la costumbre de llevar cuchillo es la principal causa de estos últimos. Es deplorable pensar en el número de muertes causadas por insignificantes disputas. Cada uno de los combatientes trata de tocar a su adversario en la cara, de cortarle la nariz o de arrancarle los ojos; prueba de ello, las horribles cicatrices que casi todos llevan. Los robos provienen naturalmente de las arraigadas costumbres de jugar y beber de los gauchos y de su indolencia suma. Una vez pregunté en Mercedes a dos hombres, con quienes me encontré, por qué no trabajaban. «Los días son demasiado largos», me respondió el uno; «soy demasiado pobre», me contestó el otro. Hay siempre un número de caballos tan grande y tal profusión de alimentos, que no se siente la necesidad de industria. Además, es incalculable el número de los días feriados; por último, una empresa no tiene algunas probabilidades de buen éxito sino comenzándola en luna creciente; de suerte que estas dos causas hacen perder la mitad del mes. Nada hay menos eficaz que la policía y la justicia. Si un hombre pobre comete un homicidio, se le encarcela y hasta quizá se le fusila; pero si es rico y tiene amigos, puede contar con que el asunto no tendrá ninguna mala consecuencia para él. Es de advertir que la mayoría de los habitantes respetables del país ayudan invariablemente a los homicidas a escaparse; parecen pensar que el asesino ha cometido un delito contra el gobierno y no un crimen contra la sociedad. Un viajero no tiene otra protección sino sus armas de fuego, y el hábito constante de llevarlas es lo único que impide mayor frecuencia en los robos. ...
En la línea 603
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Los campesinos de Chile me han asegurado que el cóndor no hace nido; en el mes de noviembre o diciembre deposita la hembra dos grandes huevos blancos en el borde de una roca. Se dice que los pollos no comienzan a volar hasta que han cumplido un año; mucho tiempo después siguen posándose por la noche cerca de sus padres y acompañándoles de día en la caza. Los pájaros viejos van generalmente por parejas; pero en medio de las rocas basálticas del Santa Cruz he encontrado un sitio que debían frecuentar gran número de cóndores. Fue para mí un magnífico espectáculo llegar de repente al borde de un precipicio y ver veinte o treinta pájaros de estos alejarse pesadamente y lanzarse después al aire describiendo majestuosos círculos. La cantidad de estiércol que encontré en esta roca permite asegurar que frecuentaban desde hace mucho tiempo este cantil. Después de atracarse de carne podrida en las llanuras gustan del retiro en estas alturas para digerir en reposo. De estos hechos podemos deducir que el cóndor, como el gallinazo, vive hasta cierto punto en bandos más o menos numerosos. En esta parte del país comen casi exclusivamente los cadáveres de los guanacos muertos naturalmente, o lo que es más frecuente, de los muertos por el puma. Por lo que he visto en Patagonia, no creo que los cóndores se alejen mucho de día del punto en que tienen costumbre de recogerse de noche. ...
En la línea 704
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Descargó entonces por dos veces su pistolete a poca distancia de la cabeza de un indígena; el hombre se extrañó mucho y se frotó la cabeza con cuidado; después se puso a hablar con sus compañeros muy deprisa, pero sin pensar en huir. Es muy difícil ponerse en el lugar de estos salvajes y comprender el móvil de sus acciones. En el caso que acabo de referir, con seguridad no había podido imaginarse el fueguense lo que podía ser el ruido de un arma de fuego descargada tan cerca de las orejas. Durante un segundo, quizá no dándose bien cuenta de lo que acababa de suceder y no sabiendo si era un ruido o un golpe, se frotó naturalmente la cabeza. De la misma manera cuando un salvaje ve un objeto alcanzado por una bala ha de pensar mucho tiempo antes de que pueda comprender cuál es la causa de este efecto: el hecho de un cuerpo que se hace invisible en virtud de su velocidad, debe ser, por otra parte, para él una idea del todo incomprensible. La fuerza excesiva de una bala que la hace penetrar en un cuerpo duro sin desgarrarle puede inducir al salvaje a creer que la bala no tiene fuerza ninguna. Creo que muchos salvajes, tales como los que habitan en la Tierra del Fuego, han visto muchos objetos heridos por una bala y hasta animales muertos sin darse cuenta de la terrible potencia del fusil. ...
En la línea 871
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Las llanuras se inclinan, naturalmente, hacia la costa, lo que las conserva muy bien regadas, y, por lo tanto, muy fértiles ...
En la línea 1730
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... En el círculo aristocrático de Vetusta, a que pertenecían naturalmente las señoritas de Ozores, no se hablaba más que de la abnegación de estas santas mujeres. ...
En la línea 8156
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... —El hombre abandonado a sus instintos es naturalmente inmoral, y como el pueblo no tiene educación. ...
En la línea 714
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Y a mucha honra… Agradecidísimo, señora; pero créame la señora, se lo digo con la mano puesta en el corazón: más me convendría ropa de niños que ropa de hombre, porque no me importa estar desnudo con tal que mis chicos estén vestidos. No tengo más que una camisa, que Nicanora, naturalmente, me lava ciertas y determinadas noches mientras duermo, para ponérmela por la mañana… pero no me importa. Anden mis niños abrigados, y a mí que me parta una pulmonía. ...
En la línea 729
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Yo le juro a la señora que lo que le he dicho es el Santísimo Evangelio—replicó Ido poniéndose la mano sobre el pecho—. José Izquierdo es persona formal. No sé si la señora lo conocerá. Tuvo platería en la Concepción Jerónima, un gran establecimiento… especialidad en regalos para amas… No sé si fue allí donde nació el Pitusín; lo que sí sé es que, naturalmente, es hijo de su esposo de usted, el señor D. Juanito de Santa Cruz. ...
En la línea 852
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Cállate tú y no disparates—replicó Nicanora—. Yo soy lutera, vamos al decir, pinto papel de luto. Cuando no tengo otro trabajo, me traigo a casa unas cuantas resmas, y las enluto mismamente como las señoras ven. El almacenista paga un real por resma. Yo pongo el tinte, y trabajando todo el día, me quedan seis o siete reales. Pero los tiempos están malos, y hay poco papel que teñir. Todas las luteras están paradas, señora… porque, naturalmente, o se muere poca gente, o no les echan papeletas… Hombre—dijo a su marido, haciéndole estremecer—, ¿qué haces ahí con la boca abierta? Desmiente. ...
En la línea 856
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —Las suscripciones—declaró la Venus de Médicis—, son una calamidad. Aquí José tiene poca suerte… es muy honrado y le engaña cualisquiera. El público es cosa mala, señoras, y suscritor hay que no paga ni aunque le arrastren. Luego, como el mes pasado perdió aquí (este aquí era D. José) un billete de cuatrocientos reales, el encargado de las obras se lo va cobrando, descontándole de las primas que le tocan. Por eso, naturalmente, nos hemos atrasado tanto, y lo poco que se apaña se lo birla el casero. ...
En la línea 661
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –¡La conquista, naturalmente! ...
En la línea 904
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –No quiero héroes. Es decir, los que procuran serlo. Cuando el heroísmo viene por sí, naturalmente, ¡bueno!; pero ¿por cálculo? ¡Querer comprarme!, ¡querer comprarme a mí, a mí! Le digo a usted, tía, que me la ha de pagar. Me la ha de pagar ese… ...
En la línea 749
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Esto me obliga naturalmente a revelarle cómo se maneja el Nautilus. ...
En la línea 1714
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Cualquiera a quien se le invitara a una cacería de osos en las montañas de Suiza, diría naturalmente: «Muy bien, mañana vamos a cazar osos». Si la invitación fuera a cazar leones en las llanuras del Atlas o tigres en las junglas de la India, diría no menos naturalmente: «¡Ah! Parece que vamos a cazar leones o tigres». Pero cualquiera a quien se le invitara a cazar tiburones en su elemento natural solicitaría un tiempo de reflexión antes de aceptar la invitación. ...
En la línea 1714
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Cualquiera a quien se le invitara a una cacería de osos en las montañas de Suiza, diría naturalmente: «Muy bien, mañana vamos a cazar osos». Si la invitación fuera a cazar leones en las llanuras del Atlas o tigres en las junglas de la India, diría no menos naturalmente: «¡Ah! Parece que vamos a cazar leones o tigres». Pero cualquiera a quien se le invitara a cazar tiburones en su elemento natural solicitaría un tiempo de reflexión antes de aceptar la invitación. ...
En la línea 2254
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Existen allí dos corrientes, una superior, reconocida desde hace tiempo, que lleva las aguas del océano a la cuenca mediterránea, y otra más profunda, una contracorriente cuya existencia ha sido demostrada por el razonamiento. En efecto, la suma de las aguas del Mediterráneo, incesantemente acrecentada por las del Atlántico y por los ríos que en él se sumen, tendría que elevar cada año el nivel de este mar, pues su evaporación es insuficiente para restablecer el equilibrio. Del hecho de que así no ocurra se ha inferido naturalmente la existencia de esa corriente inferior que por el estrecho de Gibraltar vierte en el Atlántico ese excedente de agua. ...
En la línea 196
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — Son naturalmente viciosos. ...
En la línea 339
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Mientras tanto, yo iba por la cocina tambaleándome como un pequeño borracho, a causa de haber sido puesto en el suelo pocos momentos antes y también porque me había dormido, despertándome junto al calor, a las luces y al ruido de muchas lenguas. Cuando me recobré, ayudado por un buen puñetazo entre los hombros y por la exclamación que profirió mi hermana: «¿Han visto ustedes alguna vez a un muchacho como éste?», observé que Joe les refería la confesión del penado y todos los invitados expresaban su opinión acerca de cómo pudo llegar a entrar en la despensa. Después de examinar cuidadosamente las premisas, el señor Pumblechook explicó que primero se encaramó al tejado de la fragua y que luego pasó al de la casa, deslizándose por medio de una cuerda, hecha con las sábanas de su cama, cortada a tiras, por la chimenea de la cocina, y como el señor Pumblechook estaba muy seguro de eso y no admitía contradicción de nadie, todos convinieron en que el hecho debió de realizarse como él suponía. El señor Wopsle, sin embargo, dijo que no, con la débil malicia de un hombre fatigado; pero como no podía exponer ninguna teoría y, por otra parte, no llevaba abrigo, fue unánimemente condenado al silencio, ello sin tener en cuenta el humo que salía de sus pantalones, mientras estaba de espaldas al fuego de la cocina para secar la humedad, lo cual no podía, naturalmente, inspirar confianza alguna. ...
En la línea 428
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... — ¿Hay alguna señorita Havisham en el pueblo? - replicó mi hermana -. Quiere que se le mande a ese muchacho para que vaya a jugar a su casa. Y, naturalmente, irá. Y lo mejor que podrá hacer es jugar allí - explicó mi hermana meneando la cabeza al mirarme, como si qu¬isiera infundirme los ánimos necesarios para que me mostrase extremadamente alegre y juguetón -. Pero si no lo hace, se las verá conmigo. ...
En la línea 1116
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Como yo estaba enterado de algo más, supuse que pertenecería a mi penado, es decir, que era el mismo que vi limar en los marjales, mas a pesar de ello no le acusaba de haberlo empleado en herir a mi hermana. Y eso porque sospechaba que otras dos personas lo hubiesen encontrado, utilizándolo para cometer el crimen. Sin duda alguna, el asesino era Orlick o bien aquel hombre extraño que me enseñó la lima. Con referencia al primero, se comprobó que había ido a la ciudad, exactamente como nos dijo cuando le encontramos en la barrera. Por la tarde lo vieron varias personas por las calles y estuvo en compañía de 58 otras en algunas tabernas, hasta que regresó conmigo mismo y con el señor Wopsle. De modo que, a excepción de la pelea, no se le podía hacer ningún cargo. Por lo demás, mi hermana se había peleado con él y con todo el mundo más de diez mil veces. En cuanto a aquel hombre extraño, en caso de que hubiese regresado en busca de sus dos billetes de banco, nadie se los habría disputado, porque mi hermana estaba más que dispuesta a devolvérselos. Por otra parte, no hubo altercado, pues era evidente que el criminal llegó silenciosa y repentinamente y la víctima quedó tendida en el suelo antes de poder volver la cabeza. Era horrible pensar que yo había facilitado el arma, aunque, naturalmente, sin imaginar lo que podía resultar; pero apenas podía apartar de mi cerebro aquel asunto. Sufrí angustias indecibles mientras pensaba en si, por fin, debería referir a Joe aquella historia de mi infancia. Todos los días, y durante varios meses siguientes, decidí no decir nada, pero a la mañana siguiente volvía a reflexionar y a contradecirme a mí mismo. Por último tomé una resolución decisiva en el sentido de guardar silencio, porque tuve en cuenta que el secreto ya era muy antiguo, y como me había acompañado durante tanto tiempo, convirtiéndose ya en una parte de mí mismo, no podía decidirme a separarme de él. Además, tenía el inconveniente de que, habiendo sido tan desagradables los resultados de mi conducta, ello me privaría del afecto de Joe, si creía en la verdad de mis palabras, y, en el caso de que no las creyese, irían a sumarse en la mente de mi amigo con mis invenciones de los perros fabulosos y de las costillas de ternera. Pero sea lo que fuere, contemporicé conmigo mismo y resolví revelar mi secreto en caso de que éste pudiera servir para ayudar al descubrimiento del asesino. ...
En la línea 230
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Ya te he dicho que Piotr Petrovitch se trasladará muy pronto a Petersburgo, adonde le llaman intereses importantísimos, pues quiere establecerse allí como abogado. Hace ya mucho tiempo que ejerce y acaba de ganar una causa importante. Si ha de trasladarse inmediatamente a Petersburgo es porque ha de seguir atendiendo en el senado a cierto trascendental asunto. Por todo esto, querido Rodia, este señor será para ti sumamente útil, y Dunia y yo hemos pensado que puedes comenzar en seguida tu carrera y considerar tu porvenir asegurado. ¡Oh, si esto llegara a realizarse! Sería una felicidad tan grande, que sólo la podríamos atribuir a un favor especial de la Providencia. Dunia sólo piensa en esto. Ya hemos insinuado algo a Piotr Petrovitch. Él, mostrando una prudente reserva, ha dicho que, no pudiendo estar sin secretario, preferiría, naturalmente, confiar este empleo a un pariente que a un extraño, siempre y cuando aquél fuera capaz de desempeñarlo. (¿Cómo no has de ser capaz de desempeñarlo tú?) Sin embargo, manifestó al mismo tiempo el temor de que, debido a tus estudios, no dispusieras del tiempo necesario para trabajar en su bufete. Así quedó la cosa por el momento, pero Dunia sólo piensa en este asunto. Vive desde hace algunos días en un estado febril y ha forjado ya sus planes para el futuro. Te ve trabajando con Piotr Petrovitch e incluso llegando a ser su socio, y eso sin dejar tus estudios de Derecho. Yo estoy de acuerdo en todo con ella, Rodia, y comparto sus proyectos y sus esperanzas, pues la cosa me parece perfectamente realizable, a pesar de las evasivas de Piotr Petrovitch, muy explicables, ya que él todavía no te conoce. ...
En la línea 248
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »A mamá le pareció un poco seco, y la pobre mujer, en su ingenuidad, se apresuró a decírselo a Dunia. Y Dunia, naturalmente, se enfadó y respondió con cierta brusquedad. Es lógico. ¿Cómo no perder la calma ante estas ingenuidades cuando la cosa está perfectamente clara y ya no es posible retroceder? ¿Y por qué me dirá: quiere a Dunia, Rodia, porque ella te quiere a ti más que a su propia vida? ¿No será que la tortura secretamente el remordimiento por haber sacrificado su hija a su hijo? 'Tú eres toda nuestra vida, toda nuestra esperanza para el porvenir.' ¡Oh mamá… !» ...
En la línea 252
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... »Esto tiene un pase en mamá, que es así, pero en Dunia es inexplicable. Te conozco bien, mi querida Dunetchka. Tenías casi veinte años cuando te vi por última vez, y sé perfectamente cómo es tu carácter. Mamá dice en su carta que Dunetchka posee tal entereza, que es capaz de soportarlo todo. Esto ya lo sabía yo: hace dos años y medio que sé que Dunetchka es capaz de soportarlo todo. El hecho de que haya podido soportar al señor Svidrigailof y todas las complicaciones que este hombre le ha ocasionado demuestra que, en efecto, es una mujer de gran entereza. Y ahora se imagina, lo mismo que mamá, que podrá soportar igualmente a ese señor Lujine que sustenta la teoría de la superioridad de las esposas tomadas en la miseria y para las que el marido aparece como un bienhechor, cosa que expone (es un detalle que no hay que olvidar) en su primera entrevista. Admitamos que las palabras se le han escapado, a pesar de ser un hombre razonable (seguramente no se le escaparon, ni mucho menos, aunque él lo dejara entrever así en las explicaciones que se apresuró a dar). Pero ¿qué se propone Dunia? Se ha dado cuenta de cómo es este hombre y sabe que habrá de compartir su vida con él, si se casa. Sin embargo, es una mujer que viviría de pan duro y agua, antes que vender su alma y su libertad moral: no las sacrificaría a las comodidades, no las cambiaría por todo el oro del mundo, y mucho menos, naturalmente, por el señor Lujine. No, la Dunia que yo conozco es distinta a la de la carta, y estoy seguro de que no ha cambiado. En verdad, su vida era dura en casa de Svidrigailof; no es nada grato pasar la existencia entera sirviendo de institutriz por doscientos rublos al año; pero estoy convencido de que mi hermana preferiría trabajar con los negros de un hacendado o con los sirvientes letones de un alemán del Báltico, que envilecerse y perder la dignidad encadenando su vida por cuestiones de interés con un hombre al que no quiere y con el que no tiene nada en común. Aunque el señor Lujine estuviera hecho de oro puro y brillantes, Dunia no se avendría a ser su concubina legítima. ¿Por qué, pues, lo ha aceptado? ...
En la línea 315
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Rasumikhine tenía otra característica notable: ninguna contrariedad le turbaba; ningún revés le abatía. Podría haber vivido sobre un tejado, soportar el hambre más atroz y los fríos más crueles. Era extremadamente pobre, tenía que vivir de sus propios recursos y nunca le faltaba un medio u otro de ganarse la vida. Conocía infinidad de lugares donde procurarse dinero… , trabajando, naturalmente. ...
En la línea 67
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Es tímido y fácilmente inflamable —añadí—, y, naturalmente, ya estará enamorado de usted. ...
En la línea 114
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... En lo que se refiere a mis convicciones morales íntimas, no pueden, naturalmente, encontrar sitio aquí. ...
En la línea 351
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —No, pero yo mismo he juzgado necesario darle esta satisfacción y, naturalmente, el barón se ha dado por satisfecho. Vamos a separarnos, señor mío. Va a recibir de mí, en moneda del país, cuatro federicos y tres florines. He aquí el dinero y he aquí el recibo. Puede contarlo. Adiós. Ahora somos extraños el uno para el otro. No he recibido de usted más que molestias. Voy a llamar al camarero y le diré que a partir de mañana no respondo de sus gastos en el hotel. Tengo el honor de renunciar a su servicio. ...
En la línea 380
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Dios mío!, puesto que el general se interesa tanto por esa historia, naturalmente, le gustaría mucho saber que ha cambiado usted de intención. ¡Es tan natural! ...
En la línea 505
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Se llamaban Tholomyès, Listolier, Fameuil y Blachevelle. Cada uno tenía, naturalmente, su amante. Blachevelle amaba a Favorita, Listolier adoraba a Dalia, Fameuil idolatraba a Zefina, y Tholomyès quería a Fantina, llamada la rubia, por sus hermosos cabellos, que eran como los rayos del sol. ...
En la línea 1105
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Los ojos del señor Magdalena se dirigieron allí naturalmente, como si antes hubiesen visto ya el sitio que ocupaba. Y creyó verse a sí mismo, envejecido, no el mismo rostro, pero el mismo aspecto, con esa mirada salvaje, con la chaqueta que llevaba el día que llegó a D. lleno de odio, ocultando en su alma el espantoso tesoro de pensamientos horribles acumulados en tantos años de presidio. ...
En la línea 1769
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Por otro lado, Fix, preciso es decirlo, no comprendía nada. La conquista de la 'Enriqueta', la compra de su tripulación, ese Fogg maniobrando como un marino consumado, todo ese conjunto de cosas, lo aturdía. ¡Ya no sabía qué pensar! Pero, después de todo, un gentleman que empezaba por robar cincuenta y cinco mil libras, bien podía concluir robando un buque. Y Fix acabó por creer naturalmente que la 'Enriqueta' dirigida por Fogg, no iba a Liverpool, sino a algún punto del mundo donde el ladrón, convertido en pirata, se pondría tranquilamente en seguridad. Preciso es confesar que esta hipótesis era muy posible, por cuya razón comenzaba el agente de policía a estar seriamente pesaroso de haberse metido en este negocio. ...

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