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La palabra murieron
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la palabra murieron

La palabra Murieron ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Sandokán: Los tigres de Mompracem de Emilio Salgàri
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece murieron.

Estadisticas de la palabra murieron

Murieron es una de las palabras más utilizadas del castellano ya que se encuentra en el Top 5000, en el puesto 4640 según la RAE.

Murieron tienen una frecuencia media de 19.63 veces en cada libro en castellano

Esta clasificación se basa en la frecuencia de aparición de la murieron en 150 obras del castellano contandose 2984 apariciones en total.

Errores Ortográficos típicos con la palabra Murieron

Cómo se escribe murieron o murrierron?

Algunas Frases de libros en las que aparece murieron

La palabra murieron puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 4212
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Cuando los franceses vinieron a Finisterre y destruyeron el fuerte, tres murieron a mis manos. ...

En la línea 2573
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... añade: «hay un hecho cierto y que no tiene respuesta, y es: que la mayor parte de las enfermedades que han reinado en las islas durante mi residencia han sido importadas por los barcos; y lo que hace todavía más notable este hecho es que no podía comprobarse ninguna enfermedad en la tripulación del barco origen de estas terribles epidemias». es tan extraordinaria esta observación como a primera vista podría parecer; puesto que pueden citarse muchos casos de fiebres terribles que se han declarado sin que hayan sentido sus efectos los mismos que han sido causa de ellas. la primera parte del reinado de Jorge III, fueron cuatro agentes de policía a buscar, para llevarlo a presencia del juez, a un preso que había estado mucho tiempo en un calabozo; por más que este hombre no había estado enfermo, murieron en pocos días los cuatro agentes de terribles fiebres pútridas, y no se extendió el contagio a nadie más ...

En la línea 467
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Además, todos los que se habían considerado héroes y personajes importantes durante la dominación masculina fueron enviados a islas remotas, y murieron obscuramente, lo mismo que Eulame. ...

En la línea 1780
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Prefería contar particularidades de su infancia. Su difunto padre poseía un cajón en la plazuela y era hombre honrado. Su madre tenía, como Segunda, su tía paterna, el tráfico de huevos. Llamábanla a ella desde niña la Pitusa, porque fue muy raquítica y encanijada hasta los doce años; pero de repente dio un gran estirón y se hizo mujer de talla y de garbo. Sus padres se murieron cuando ella tenía doce años… Oía estas cosas Maximiliano con mucho placer. Pero con todo, mandábala que fuese al grano, a las cosas graves, como lo referente al hijo que había tenido. Cuando parte de esta historia fue contada, al joven le faltó poco para que se le saltaran las lágrimas. La tierna criatura sin más amparo que su madre pobre, la aflicción de esta al verse abandonada, eran en verdad un cuadro tristísimo que partía el corazón. ¿Por qué no le citó ante los tribunales? Es lo que debía haber hecho. A estos tunantes hay que tratarles a la baqueta. Otra cosa. ¿Por qué no se le ocurrió darle un escándalo, ir a la casa con el crío en brazos y presentarse a doña Bárbara y a D. Baldomero y contarles allí bien clarito la gracia que había hecho su hijo?… Pero no, esto no hubiera sido muy conforme con la dignidad. Más valía despreciarle, dejándole entregado a su conciencia, sí, a su conciencia, que buen jaleo le había de armar tarde o temprano. ...

En la línea 4604
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Errores de la teogonía egipcia y persa… Esto reza el epígrafe del capítulo… Pero, criatura, ¿que siempre ha de estar usted metiéndose en lo que no le importa? ¿Qué le va a usted ni qué le viene con que aquellos bárbaros, que ya se murieron hace miles de años, adoraran muchos dioses?… Es gana de meterse en vidas ajenas. ¡Que tenían los dioses por gruesas! Bueno, ¿y qué? ¿Acaso los tiene usted que mantener? Lo que yo digo: es gana de entrometerse. No puedo ver tanta tontería (exaltándose más a cada frase y llegando hasta la cólera); no puedo ver que un cristiano se queme las cejas por averiguar cosas de las cuales ha de sacar lo que el negro del sermón… Que le escondo los libros, que se los quemo… Voy al momento». ...

En la línea 790
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... –Yo soy Yokel, y fui en otro tiempo un labrador próspero, con una esposa amante y chiquillos; y ahora soy algo muy distinto por mi estado y profesión. Mi mujer y mis hijos murieron. Tal vez estén en el cielo, o tal vez… en el otro sitio… Pero, ¡Dios sea loado!, ya no tienen nada que ver con Inglarterra. Mi buena madre, que era de conducta intachable, trató de ganarse el pan asistiendo a los enfermos, pero uno de ellos se murió sin que el médico supiera de qué, y por lo tanto quemaron a mi madre por bruja, mientras mis niños lo contemplaron, gimiendo. ¡Ley de Inglaterra! ¡Levantad el vaso y bebamos todos juntos a la salud de las misericordiosas leyes inglesas, que la libraron del infierno de Inglaterra! ¡Gracias, camaradas, gracias a todos! Yo pedí limosna de casa en casa con mi mujer, llevando a los famélicos niños; pero como es un delito tener hambre en Inglaterra, nos desnudaron y nos llevaron por tres pueblos dándonos azotes. ¡Bebamos todos otra vez por las piadosas leyes inglesas, porque su látigo se bebió la sangre de mi María, y así llegó muy pronto su bendita libertad! Ahora duerme en la bendita tierra, a salvo de todo daño; y los niños… Los niños, mientras la ley me iba azotando de pueblo en pueblo, se murieron de hambre. ¡Bebed, muchachos, bebed, aunque no sea más que una gota, por los pobres niños que no hicieron nunca daño a nadie! Yo volví a mendigar en busca de un mendrugo, y me pusieron en la picota y perdí una oreja… Mirad, aquí está lo que de ella queda. Volví a pedir limosna, y, para que no se me olvide, aquí tenéis lo que resto de la otra. Volví otra vez, y me vendieron como esclavo. Aquí, en la mejilla, debajo de esta mancha, si me lavara, podríais ver la S roja que dejó la marca del hierro al rojo vivo. ¡Esclavo! ¿Comprendéis esta palabra? ¡Un esclavo inglés es el que tenéis delante! Me he escapado de mi amo, y cuando me encuentren –¡caiga la maldición del cielo sobre la tierra que lo ha ordenado!–, cuando me encuentren, me ahorcarán.[11] ...

En la línea 1321
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Cuando lo vimos por última vez, la realeza justo empezaba a tener un lado brillante para él. Este lado brillante fue abrillantándose más y más cada día, y muy poco después era casi todo fulgor y deleite. Perdió sus temores; sus recelos se marchitaron y murieron; sus embarazos se disiparon, y cedieron su puesto a un porte tranquilo y confiado. Explotó la mina del 'niño-azotes' en utilidades siempre crecientes. ...

En la línea 1075
del libro Sandokán: Los tigres de Mompracem
del afamado autor Emilio Salgàri
... —Aquí. Entonces yo era el invencible Tigre de la Malasia; entonces no tenía cadenas mi corazón. Me batí como un desesperado, llevé a mis hombres al abordaje poseído de un furor salvaje. Pero me vencieron. ¡Qué momento más terrible, Yáñez! ¡Qué carnicería! Todos murieron. Todos menos uno. ¡Yo! -¿Lamentas esa derrota? ...


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Más información sobre la palabra Murieron en internet

Murieron en la RAE.
Murieron en Word Reference.
Murieron en la wikipedia.
Sinonimos de Murieron.

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