La palabra Misterioso ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Bodega de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
El Señor de Leopoldo Alas «Clarín»
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
Niebla de Miguel De Unamuno
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Crimen y castigo de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Fantina Los miserables Libro 1 de Victor Hugo
Amnesia de Amado Nervo
Un viaje de novios de Emilia Pardo Bazán
Julio Verne de La vuelta al mundo en 80 días
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece misterioso.
Estadisticas de la palabra misterioso
Misterioso es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 7411 según la RAE.
Misterioso aparece de media 1.14 veces en cada libro en castellano.
Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la misterioso en las obras de referencia de la RAE contandose 173 apariciones .

la Ortografía es divertida
Algunas Frases de libros en las que aparece misterioso
La palabra misterioso puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1531
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Fermín callaba, como si le aterrase el contacto de la verdad misterioso, cuyo roce creía ya sentir. ...
En la línea 1649
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Unos bajaban de la serranía, otros venían de los cortijos del llano, o de las tierras situadas al otro lado de Jerez, llegando a Caulina después de rodear la ciudad. Los había de los confines de Málaga y de la vecindad de Sanlúcar de Barrameda. El aviso misterioso había volado de los ventorros a los ranchos, por toda la extensa campiña, y cuantos trabajaban en ella acudían presurosos, creyendo llegado el momento de la venganza. ...
En la línea 5813
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... No, un interés más material le latigaba la san gre, iba por fin a franquearaquel umbral misterioso, a subir aquella escalinata desconocida que habían construido, uno a uno, los viejos escudos de maese Coquenard. ...
En la línea 193
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... No emplea en esta obra las confidencias, no se confiesa con el lector; su procedimiento consiste en dejar hablar a los que le tratan, para pintar el efecto que su persona y sus hechos causan en el ánimo del prójimo; asomándonos a ese espejo, vemos la imagen de un _Don Jorge_ muy aventajado: subyugaba y domaba a los animales fieros; los gitanos le adoraban; era la admiración de los _manolos_; temíanle los pícaros; confundía al posadero ruin y a los alcaldillos despóticos; encendía en sus servidores devoción sin límites; era afable y llano con los humildes; trataba a los potentados de igual a igual y hacía bajar los ojos al soberbio; nunca se apartaba de la razón, ni perdía la serenidad; un prestigio misterioso le envuelve; en suma: el héroe y el justo se funden en su persona; es un apóstol que propaga la palabra de Dios, pero sin el delirio de la Cruz, sin romper el decoro; es un caballero andante que se compadece de la miseria, y a cada momento cree uno verle emprender la ruta de Don Quijote, pero sin burlas, sin yangüeses, en una España que creyese en él y le tomase en serio. ...
En la línea 404
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Mientras cambiábamos de caballos en Guardia, varias personas se acercaron a dirigirme una multitud de preguntas acerca del ejército. Nunca he visto una popularidad más grande que la de Rosas, ni mayor entusiasmo por «la guerra más justa de las guerras, puesto que va dirigida contra los salvajes». Preciso es confesar que se comprende algún tanto ese arranque, si se tiene en cuenta que aún hace poco tiempo estaban expuestos a los ultrajes de los indios los hombres, las mujeres, los niños, los caballos. Durante todo el día recorremos una hermosa llanura verde, cubierta de rebaños; acá y allá una estancia solitaria, sin más sombra que un sólo árbol. Por la tarde se pone a llover; llegamos a un destacamento, pero el jefe nos dice que, si no tenemos pasaportes muy en regla, no podemos seguir nuestro camino, pues hay tantos ladrones que no quiere fiarse de nadie. Le presento mi pasaporte, y en cuanto lee en él las primeras palabras El naturalista D. Carlos, se vuelve tan respetuoso y cortés como desconfiado estaba antes. ¡Naturalista! Seguro estoy de que ni él ni sus compatriotas comprenden bien qué podrá querer decir eso; pero es probable que mi título misterioso no haga sino inspirarle una idea más alta de mi persona. ...
En la línea 692
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Hasta donde pudimos comprenderle parecía que consideraba a los elementos mismos como agentes vengadores; si es así, claro es que en una raza algo más avanzada en civilización pronto se hubiesen deificado los elementos. ¿Qué significan hombres salvajes y malos? Este punto me ha parecido siempre muy misterioso; después de lo que me dijo York cuando encontramos el sitio semejante a una cama de liebre, donde un hombre solo había pasado la noche, había yo creído que estos hombres eran ladrones obligados a abandonar la tribu; pero otras palabras oscuras me hicieron dudar de esta explicación. Casi he llegado a la conclusión de que lo que ellos llaman hombres salvajes son los locos. ...
En la línea 2567
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Además de estas causas evidentes de destrucción, parece que funcione aquí algún agente misterioso ...
En la línea 2279
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Entre tanto, Ana pensaba que tal vez no había entre aquella muchedumbre que admiraba su hermosura otro más digno de poseerla que aquel don Víctor, a pesar de sus cuarenta y pico, pico misterioso. ...
En la línea 2330
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Se le figuraba que en aquel antro donde se penetraba con silencio misterioso, donde se contenía toda alegría, toda expansión del ánimo, no se podía hacer nada lícito. ...
En la línea 3939
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... La Regenta recordó las carracas de Semana Santa, cuando se apaga la luz del ángulo misterioso y se rompen las cataratas del entusiasmo infantil con estrépito horrísono. ...
En la línea 6263
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... También recordó Ana la carta que pocas horas antes le había escrito, y este era otro lazo agradable, misterioso, que hacía cosquillas a su modo. ...
En la línea 198
del libro El Señor
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por la noche, cuando nadie podía sorprenderle, Juan pasaba dos, tres, más veces por la rinconada; la torre poética, misteriosa, o sumida en la niebla, o destacándose en el cielo como con un limbo de luz estelar, le ofrecía en su silencio místico un discreto confidente; no diría nada del misterioso amor que presenciaba, ella, canción de piedra elevada por la fe de las muertas generaciones al culto de otro amor misterioso. ...
En la línea 637
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Negaba a Dios, según el Papa, afirmando que no hay otro mundo fuera de este visible; que el alma muere con el cuerpo y el hombre puede entregarse a todos los deleites, sin miedo a los mandamientos divinos, cuidándose sólo de no ponerse en connoto con la Justicia criminal del Estado. Eran epicúreos, según las doctrinas de Lorenzo Valla, expuestas en su libro Sobre el placer. Comían carne en días de vigilia e insultaban a los sacerdotes por ser inventores de los ayunos y haber prohibido que se tomasen más de una compañera. Reproducían las doctrinas del misterioso libro Los tres impostores, del que tanto se había hablado en la Edad Media, afirmando que Moisés engañó a los hombres con sus leyes. Cristo fue un adormecedor de pueblos y Mahoma hombre de gran espíritu pero asimismo engañador. «Se avergüenzan de sus nombres cristianos—continuaba el Papa—, prefiriendo otros gentílicos, y se permiten también los más escandalosos vicios de la antigüedad.» ...
En la línea 752
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —En aquel momento—continuó el diplomático—, Borja y Rovere eran amigos. Se juntaban y apartaban según las conveniencias políticas; pero en realidad Rovere mostrábase más implacable en su odio, por no hallarse éste exento de envidia. Sentíase indignado sordamente por los éxitos mundanos del cardenal de Valencia, por aquel imán misterioso que atraía de un modo irresistible a las mujeres, según decían los cronistas, por la certeza de que iba a ser Papa antes que él, no obstante la influencia que venía ejercitando sobre Inocencio Octavo, Influencia que indignaba a muchos embajadores, haciéndoles gritar que «ya tenían bastante con un Pontífice y no necesitaban dos». ...
En la línea 1070
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Es el futuro Pontífice—decía Enciso con tono misterioso—. Estoy bien enterado y no puedo equivocarme. La tiara es para él. ...
En la línea 1208
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Hacía varias semanas que el duque se mostraba en público con este individuo misterioso, siempre enmascarado, que le acompañaba a todas partes, sin que nadie conociese su enigmática personalidad. ...
En la línea 304
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Un alto funcionario del Ministerio de Justicia, del cual dependían todos los notarios de la nación, avanzó con un portavoz en una mano y ostentando en la otra un papel que contenía las explicaciones facilitadas por el doctor Flimnap, después de haber traducido los rótulos de numerosos objetos pertenecientes al gigante. Estas explicaciones arrancaron muchas veces largas carcajadas a la muchedumbre pigmea, que sentía compasión por la ignorancia y la grosería del coloso. En otros momentos, el enorme concurso quedaba en profundo silencio, como si cada cual, ante las vacilaciones del inventario, buscase una solución para explicar la utilidad del objeto misterioso. ...
En la línea 331
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Otra máquina de uso misterioso para los más de los presentes hizo su entrada en el patio después que desapareció el cronómetro de oro. ...
En la línea 335
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... En cambio, las muchachas de la Guardia sentíanse atraídas de un modo irresistible por este objeto enorme y desconocido. Al verlo, latían en su interior confusos instintos, y fue tan fuerte su curiosidad, que hasta olvidaron la disciplina. Varios porta-espada, dejando en el suelo su brillante mandoble, se confundieron con los esclavos medio desnudos, deseosos de tocar y examinar de cerca el misterioso mecanismo. ...
En la línea 391
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Tampoco en esta cuestión me decido ni por unos ni por otros. En realidad, no se sabe nada sobre el primer periodo de la vida de Eulame, que fue tan misterioso como la juventud de muchos fundadores de religiones. Todo lo que dicen mis compañeros de Universidad y lo que dijeron igualmente muchos sabios anteriores esta fundado en hipótesis. ...
En la línea 165
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Lo peor del caso era que nunca le había pasado por las mientes casarse con Jacinta, a quien siempre miró más como hermana que como prima. Siendo ambos de muy corta edad (ella tenía un año y meses menos que él) habían dormido juntos, y habían derramado lágrimas y acusádose mutuamente por haber secuestrado él las muñecas de ella, y haber ella arrojado a la lumbre, para que se derritieran, los soldaditos de él. Juan la hacía rabiar, descomponiéndole la casa de muñecas, ¡anda!, y Jacinta se vengaba arrojando en su barreño de agua los caballos de Juan para que se ahogaran… ¡anda! Por un rey mago, negro por más señas, hubo unos dramas que acabaron en leña por partida doble, es decir, que Barbarita azotaba alternadamente uno y otro par de nalgas como el que toca los timbales; y todo porque Jacinta le había cortado la cola al camello del rey negro; cola de cerda, no vayan a creer… «Envidiosa». «Acusón»… Ya tenían ambos la edad en que un misterioso respeto les prohibía darse besos, y se trataban con vivo cariño fraternal. Jacinta iba todos los martes y viernes a pasar el día entero en casa de Barbarita, y esta no tenía inconveniente en dejar solos largos ratos a su hijo y a su sobrina; porque si cada cual en sí tenía el desarrollo moral que era propio de sus veinte años, uno frente a otro continuaban en la edad del pavo, muy lejos de sospechar que su destino les aproximaría cuando menos lo pensasen. ...
En la línea 418
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Ahora se nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no lo están. ¿Pero quién podrá descubrir su misterioso enlace con los revueltos y cruzados vástagos de esta colosal enredadera? ¿Quién puede indagar si Dámaso Trujillo, el que puso en la Plaza Mayor la zapatería Al ramo de azucenas, pertenece al genuino linaje de los Trujillos antes mencionados? ¿Cuál será el averiguador que se lance a poner en claro si el dueño de El Buen gusto, un tenducho de mantas de la calle de la Encomienda, es pariente indudable de los Villuendas ricos? Hay quien dice que Pepe Moreno Vallejo, el cordelero de la Concepción Jerónima, es primo hermano de D. Manuel Moreno-Isla, uno de los Morenos que atan perros con longaniza; y se dice que un Arnaiz, empleado de poco sueldo, es pariente de Barbarita. Hay un Muñoz y Aparisi, tripicallero en las inmediaciones del Rastro, que se supone primo segundo del marqués de Casa-Muñoz y de su hermana la viuda de Aparisi; y por fin, es preciso hacer constar que un cierto Trujillo, jesuita, reclama un lugar en nuestra enredadera, y también hay que dársele al Ilustrísimo Obispo de Plasencia, fray Luis Moreno-Isla y Bonilla. Asimismo lleva en su árbol el nombre de Trujillo, la mujer de Zalamero, subsecretario de Gobernación; pero su primer apellido es Ruiz Ochoa y es hija de la distinguida persona que hoy está al frente de la banca de Moreno. ...
En la línea 431
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Se distraía cuidando y mimando a los niños de sus hermanas, a los cuales quería entrañablemente; pero siempre había entre ella y sus sobrinitos una distancia que no podía llenar. No eran suyos, no los había tenido ella, no se los sentía unidos a sí por un hilo misterioso. Los verdaderamente unidos no existían más que en su pensamiento, y tenía que encender y avivar este, como una fragua, para forjarse las alegrías verdaderas de la maternidad. Una noche salió de la casa de Candelaria para volverse a la suya poco antes de la hora de comer. Ella y su hermana se habían puesto de puntas por una tontería, porque Jacinta mimaba demasiado a Pepito, nene de tres años, el primogénito de Samaniego. Le compraba juguetes caros, le ponía en la mano, para que las rompiera, las figuras de china de la sala y le permitía comer mil golosinas. «¡Ah!, si fueras madre de verdad no harías esto… ». —«Pues si no lo soy, mejor… ¿A ti qué te importa?». —«A mí nada. Dispensa, hija, ¡qué genio!». —«Si no me enfado… ».—«¡Vaya, que estás mimadita!». ...
En la línea 745
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Jacinta, al quedarse otra vez sola con su marido, volvió a sus pensamientos. Le miró por detrás de la butaca en que sentado estaba. «¡Ah, cómo me has engañado!… ». Porque empezaba a creer que el loco, con serlo tan rematado, había dicho verdades. Las inequívocas adivinaciones del corazón humano decíanle que la desagradable historia del Pitusín era cierta. Hay cosas que forzosamente son ciertas, sobre todo siendo cosas malas. ¡Entrole de improviso a la pobrecita esposa una rabia… ! Era como la cólera de las palomas cuando se ponen a pelear. Viendo muy cerca de sí la cabeza de su marido, sintió deseos de tirarle del cabello que por entre las vueltas del pañuelo de seda salía. «¡Qué rabia tengo! —pensó Jacinta apretando sus bonitísimos dientes—, por haberme ocultado una cosa tan grave… ¡Tener un hijo y abandonarlo así!»… Se cegó; vio todo negro. Parecía que le entraban convulsiones. Aquel Pitusín desconocido y misterioso, aquella hechura de su marido, sin que fuese, como debía, hechura suya también, era la verdadera culebra que se enroscaba en su interior… «¿Pero qué culpa tiene el pobre niño… ? —pensó después transformándose por la piedad—. ¡Este, este tunante… !». Miraba la cabeza, ¡y qué ganas tenía de arrancarle una mecha de pelo, de pegarle un coscorrón!… ¿Quién dice uno?… dos, tres, cuatro coscorrones muy fuertes para que aprendiera a no engañar a las personas. ...
En la línea 866
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Aunque el rey estaba hambriento y helado, estaba al propio tiempo tan cansado y soñoliento que esto último empezó a conseguir ventaja sobre lo primero; y no tardó el niño en caer en un estado de semiinconsciencia. Entonces, cuando estaba a punto de perder por completo de vista este mundo, sintió que algo lo tocaba. Despertóse del todo al instante, jadeando para tomar aliento. El gélido horror de aquel misterioso contacto a oscuras casi suspendió los latidos de su corazón. Quedóse inmóvil, ¿escuchó sin respirar apenas, pero nada se movió y no sintió el menor ruido., Siguió el rey escuchando y esperó unos instantes, que le parecieron eternos; pero todo siguió quieto y en silencio. Así volvió al fin el niño a caer en la somnolencia, pero de pronto sintió el mismo misterioso contacto. Era siniestro; aquel leve toque de una presencia silenciosa e invisible, y llenó al niño de fatídicos temores. ...
En la línea 1392
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... –Vinimos de lejos, de muy lejos, huyendo, pero hay cosas que van siempre con uno, que le rodean y envuelven como un ánimo misterioso. Mi pobre mujer… ...
En la línea 1584
del libro Niebla
del afamado autor Miguel De Unamuno
... La abrazó y la dio un largo y apretado beso en la boca. Al salir la muchacha le dirigió una mirada llena de un misterioso miedo. Y apenas ella salió, pensó para sí Augusto: «Me desprecia, indudablemente me desprecia; he estado ridículo, ridículo, ridículo… Pero ¿qué sabe ella, pobrecita, de estas cosas? ¿Qué sabe ella de psicología?» ...
En la línea 138
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Hacía una magnífica tarde, y sentados en la toldilla hablábamos Ned Land y yo de unas y otras cosas, mientras mirábamos el mar misterioso cuyas profundidades han permanecido hasta aquí inaccesibles a los ojos del hombre. Llevé naturalmente la conversación al unicornio gigantesco, y me extendí en consideraciones sobre las diversas posibilidades de éxito o de fracaso de nuestra expedición. Luego, al ver que Ned Land me dejaba hablar, le ataqué más directamente. ...
En la línea 1557
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... El Nautilus estaba tan tranquilo y tan misterioso como siempre, navegando por la superficie de las olas a una marcha moderada. Nada parecía haber cambiado a bordo. ...
En la línea 1893
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -No le enseñaré nada, señor, si le digo que el mar Rojo no está menos cerrado que el golfo, puesto que el istmo de Suez no está aún horadado, y que aunque lo estuviese ya un barco misterioso como el nuestro no se arriesgaría en sus canales cortados por las esclusas. Luego el mar Rojo no puede ser todavía el camino que nos lleve a Europa. ...
En la línea 519
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Eso de asomarme a la oscuridad de un misterioso corredor de una casa desconocida, llamando a gritos a la burlona joven, a Estella, que tal vez no estaría visible ni me contestaría, me daba la impresión de que el gritar su nombre equivaldría a tomarme una libertad extraordinaria, y me resultaba casi tan violento como empezar a jugar en cuanto me lo mandasen. Pero la joven contestó por fin, y, semejante a una estrella efectiva, apareció su bujía, a lo lejos, en el corredor. ...
En la línea 1012
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Jamás mi casa fue un lugar ameno para mí, a causa del carácter de mi hermana. Pero Joe santificaba el hogar, y yo creía en él. Llegué a tener la ilusión de que la mejor sala y la más elegante era la nuestra; que la puerta principal era como un portal misterioso del Templo del Estado, cuya solemne apertura se celebraba con un sacrificio de aves de corral asadas; que la cocina era una estancia amplia, aunque no magnífica; que la fragua era el camino resplandeciente que conducía a la virilidad y a la independencia. Pero en un solo año, todo esto cambió. Todo me parecía ordinario y basto, y no me habría gustado que la señorita Havisham o Estella hubiesen visto mi casa. ...
En la línea 1117
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... La policía mandada de Londres frecuentó los alrededores de la casa por espacio de una o dos semanas e hizo todo cuanto yo había oído y leído con referencia a casos semejantes. Prendieron a varios inocentes, siguieron pistas falsas y persistieron en hacer concordar las circunstancias con las ideas, en vez de tratar de deducir ideas de las circunstancias. También frecuentaron bastante Los Tres Alegres Barqueros, llenando de admiración a los parroquianos, que los miraban con cierta reserva; y tenían un modo misterioso de beber, que casi valía tanto como si hubiesen prendido al culpable. Pero ello no equivalió a tal éxito, porque no consiguieron descubrir al criminal. ...
En la línea 1126
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Tan inmutable era la triste y vieja casa, y la amarillenta luz en las oscuras habitaciones, así como el aspecto marchito de la buena señora junto al tocador, que, muchas veces, me pregunté si al pararse los relojes se había parado también el tiempo en aquel lugar misterioso, y si mientras yo y todos los demás crecíamos y nos desarrollábamos, cuanto había en la casa permanecía siempre en el mismo estado. Jamás entraba allí la luz del día. Esto me maravillaba, y, bajo la influencia de aquella casa, continué odiando cordialmente mi oficio y también seguí avergonzado de mi propio hogar. ...
En la línea 3174
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... El visitante paseó por toda la estancia una mirada retadora, preguntándose si habría allí algún esbirro, algún espía encargado de vigilarle para impedir su fuga. Pero no había nada de esto. Sólo veía caras de funcionarios que reflejaban cuidados mezquinos, y rostros de otras personas que, como los funcionarios, no se interesaban lo más mínimo por él. Se podría haber marchado al fin del mundo sin llamar la atención de nadie. Poco a poco se iba convenciendo de que si aquel misterioso personaje, aquel fantasma que parecía haber surgido de la tierra y al que había visto el día anterior, lo hubiera sabido todo, lo hubiera visto todo, él, Raskolnikof, no habría podido permanecer tan tranquilamente en aquella sala de espera. Y ni habrían esperado hasta las once para verle, ni le habrían permitido ir por su propia voluntad. Por lo tanto, aquel hombre no había dicho nada… , porque tal vez no sabía nada, ni nada había visto (¿cómo lo habría podido ver?), y todo lo ocurrido el día anterior no había sido sino un espejismo agrandado por su mente enferma. ...
En la línea 3381
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Porfirio no había disimulado su juego; táctica arriesgada, pero cuyo riesgo había decidido correr. Raskolnikof no dejaba de pensar en ello. Si el juez hubiera tenido otros triunfos, se los habría enseñado igualmente. ¿Qué sería aquella sorpresa que le reservaba? ¿Una simple burla o algo que tenía su significado? ¿Constituiría una prueba? ¿Contendría, por lo menos, alguna acusación… ? ¿El desconocido del día anterior? ¿Cómo se explicaba que hubiera desaparecido de aquel modo? ¿Dónde estaría? Si Porfirio tenía alguna prueba, debía de estar relacionada con aquel hombre misterioso. ...
En la línea 4232
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Quería ver cuanto antes a Svidrigailof. Ignoraba sus propósitos, pero aquel hombre tenía sobre él un poder misterioso. Desde que Raskolnikof se había dado cuenta de ello, la inquietud lo consumía. Además, había llegado el momento de tener una explicación con él. ...
En la línea 912
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... En vano tallamos lo mejor posible ese tronco misterioso que es nuestra vida; la veta negra del destino aparecerá siempre. ...
En la línea 1059
del libro Fantina Los miserables Libro 1
del afamado autor Victor Hugo
... Así luchaba en medio de la angustia aquella alma infortunada. Mil ochocientos años antes, el ser misterioso en quien se resumen toda la santidad y todos los padecimientos de la humanidad, mientras que los olivos temblaban agitados por el viento salvaje de lo infinito, había también él apartado por un momento el horroroso cáliz que se le presentaba lleno de sombra y desbordante de tinieblas en las profundidades cubiertas de estrellas. ...
En la línea 216
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... -Por lo demás, hay quien pretende que algunos de estos fenómenos tienen un misterioso origen. ...
En la línea 982
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Pero más aún que el bazar de objetos de arte donde tantas formas y colores, estilos e ideales artísticos la marcaban al fin y al cabo, gustaba Lucía de un puesto ambulante al aire libre, de los muchos que había cerca del Casino, situados al borde de la acera. Representaban los tales puestecillos la industria chica y modesta; aquí un viejo alemán pregonaba vasos de cristal para beber las aguas, y con una rueda de esmerilar, a vista del comprador, grababa en el cristal las iniciales de su nombre; allá un suizo ofrecía juguetes, muñecos, cajitas y plegaderas grabados en leño de haya por los pastores; acá se feriaban lentes; acullá peines y objetos de escritorio. El predilecto de Lucía era el de un vendedor de piadosas chucherías de Jerusalén y Tierra Santa. Calvarios de nácar con ingenuos relieves, cabos de pluma de raíz de olivo, rematados en figura de cruz, cabezas de la Virgen entalladas sobre una concha, broches y dijes de esmaltes con arabescos, tazas de negra piedra del Asfaltites, pastillas de olor; a esto se reducía la caja portátil. Vendíalo todo un israelita no mal parecido, ojinegro y cetrino mucho, con su fez árabe encarnado sucio, y sus pantalones bombachos; dulce, insinuante, levantino en todo, chapurreador de muchas lenguas y buen hablador de la castellana, que manejaba con soltura, incurriendo sólo en algún arcaísmo de vez en cuando. Con éste, pues, se desquitaba Lucía, informándose de la santa aldea de Belén, de la divina mansión de Nazaret, del monte Olivete, de todos los lugares sacrosantos, que apenas creía ella pudiesen estar en la tierra, sino en algún misterioso y remoto paraíso. Entre el vendedor y Lucía se estableció así una intimidad de diez minutos todas las tardes, al aire libre, y más cuando él la hubo dicho que era cristiano, católico, catequizado e instruido por los franciscanos de Belén. Compró Lucía de cuanto pudo hallar en el puesto, hasta un rosario de esas cuentas verdosas y turbias como un agua amarga, que no sin gran verdad analógica se llaman lágrimas de Job. ...
En la línea 8
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En suma, encontrar algo que fuese menos comunicativo que este gentleman, era cosa difícil. Hablaba lo menos posible y parecía tanto más misterioso cuanto más silencioso era. Llevaba su vida al día; pero lo que hacía era siempre lo mismo, de tan matemático modo, que la imaginación descontenta buscaba algo más allá. ...

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Misterioso en la RAE.
Misterioso en Word Reference.
Misterioso en la wikipedia.
Sinonimos de Misterioso.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Misterioso
Cómo se escribe misterioso o misterrioso?
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