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La palabra mencionar
Cómo se escribe

la palabra mencionar

La palabra Mencionar ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
A los pies de Vénus de Vicente Blasco Ibáñez
El paraíso de las mujeres de Vicente Blasco Ibáñez
Grandes Esperanzas de Charles Dickens
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece mencionar.

Estadisticas de la palabra mencionar

Mencionar es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 5023 según la RAE.

Mencionar aparece de media 1.8 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la mencionar en las obras de referencia de la RAE contandose 274 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Mencionar

Cómo se escribe mencionar o mencionarr?
Cómo se escribe mencionar o menzionar?

Más información sobre la palabra Mencionar en internet

Mencionar en la RAE.
Mencionar en Word Reference.
Mencionar en la wikipedia.
Sinonimos de Mencionar.


El Español es una gran familia

Algunas Frases de libros en las que aparece mencionar

La palabra mencionar puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 6067
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Menos de quince días después de volver de Navalcarnero se habían vendido en las calles y avenidas de Madrid cerca de seiscientos ejemplares de la vida y palabras del Nazareno; hecho que se me permitirá mencionar con júbilo y con el regocijo conveniente en el Señor. ...

En la línea 6539
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... B., dirigiéndose al último, hizo algunas observaciones sobre la inconveniencia de llamar «griego» a un marinero británico, sin olvidarse de mencionar al propio tiempo la absoluta necesidad de disciplina y obediencia a bordo. ...

En la línea 125
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Quizá convenga mencionar aquí que junto a Santa Fe Bajada hallé muchas arañas gruesas, negras, con manchas rojas en el dorso; estas arañas viven en bandadas. ...

En la línea 181
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Me he fijado mucho en un pájaro burlón (Mimus orpheus), llamado calandria por los habitantes; este ave deja oír un canto superior al de todas las demás aves del país, y también es casi la única de la América del Sur a quien he visto encaramarse para cantar. Puede compararse este canto al de la silvia o curruca, sólo que es más potente; algunas notas duras y muy altas se mezclan con un gorjeo muy agradable. No se le oye en primavera; durante las otras estaciones dista mucho de ser armonioso su penetrante grito. Cerca de Maldonado estas aves son muy atrevidas y muy poco ariscas; visitan en gran número- las casas de campo para arrancar pedazos a la carne colgada en las paredes o en postes; si otra ave, sea cual fuere, se aproxima a ellas para tomar parte en el festín, las calandrias la expulsan enseguida. Otra especie, próxima aliada de ésta (Mimus patagónica, de D'Orbigny), que habita en las inmensas llanuras desiertas de la Patagonia, es mucho más salvaje, y tiene un tono de voz un poco diferente. Paréceme curioso mencionar (lo cual prueba la importancia de las más ligeras diferencias entre las costumbres) que, habiendo visto esta segunda especie, y no juzgándola sino desde este punto de vista, creí que era diferente de la especie habitante en las cercanías de Maldonado. Habiendo adquirido luego un ejemplar, y comparado ambas especies sin gran esmero, pareciéronme tan absolutamente semejantes que cambié de opinión. Pues bien, Mr. Gould sostiene que son dos especies distintas, conclusión que concuerda con la leve diferencia de hábitos que Mr. Gould no conocía, sin embargo. ...

En la línea 873
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Varios embajadores que asistieron a la fiesta, y no hablaban de oídas como Infesura, dijeron en las cartas a sus soberanos que el banquete duró hasta el amanecer y se divirtieron mucho en él; pero sin mencionar nada especial que lo distinguiese de las otras fiestas de la época. ...

En la línea 892
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... —Muy mujer, muy aficionada a vestidos v joyas: ninguna de su tiempo poseyó tantos trajes, y hay que pensar que uno cíe ellos valía entonces una fortuna. Algo indolente y pasiva pero de gran talento. Hablaba el italiano, el francés, el griego y el latín, (Inútil mencionar las lenguas castellana y valenciana, que eran las intimas de la familia.) Sabía igualmente el alemán, aunque menos que los idiomas ya citados, y escribió poesías muy aceptables en algunos de ellos. César también había hecho versos en la Universidad. En esta familia de exaltados y ardorosos, todos tenían algo de poetas. Una hermana de Alejandro Sexto, doña Tecla de Borja fue notable poetisa en su tierra, muy loada por el gran trovador Ausias March. Al morir la lloraron casi todos los poetas de Italia. ...

En la línea 519
del libro El paraíso de las mujeres
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Gracias a la revisión histórica ideada por Momaren, todo iba a quedar en su verdadero lugar, y las generaciones futuras se enterarían de que en ningún tiempo había existido un hombre verdaderamente célebre, pues los que aparecían en la Historia como tales eran mujeres que los varones habían cambiado de sexo. Edwin, al oír mencionar al Padre de los Maestros, quiso saber por que razón su máquina rodante y su litera tenían la forma de una lechuza. ...

En la línea 621
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Si me hubiesen dirigido más preguntas, sin duda alguna me habría hecho traición yo mismo, porque ya estaba a punto de mencionar que en el patio había un globo, y tal vez habría vacilado al decirlo, porque mis cualidades inventivas estaban indecisas entre afirmar la existencia de aquel aparato extraño o de un oso en la fábrica de cerveza. Pero ellos estaban tan ocupados en discutir las maravillas que yo ofreciera a su consideración, que eludí el peligro de seguir hablando. La discusión estaba empeñada todavía cuando Joe volvió de su trabajo para tomar una taza de té. Y mi hermana, más para expansionarse que como atención hacia él, le refirió mis pretendidas aventuras. ...

En la línea 839
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Al mencionar el nombre de cada uno golpeaba la mesa en distintos lugares. Luego se volvió hacia mí y me dijo: ...

En la línea 944
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Nos encaminamos a la ciudad, precediéndonos mi hermana, que iba a la ciudad con nosotros y se quedaría en casa del tío Pumblechook, en donde podríamos recogerla ;en cuanto hubiésemos terminado con nuestras elegantes «señoritas», modo de mencionar nuestra ocupación, del que Joe no pudo augurar nada bueno. La fragua quedó cerrada por todo aquel día, y, sobre la puerta, Joe escribió en yeso, como solía hacer en las rarísimas ocasiones en que la abandonaba, la palabra «Hausente», acompañada por el dibujo imperfecto de una flecha que se suponía haber sido disparada en la dirección que él tomó. ...

En la línea 1118
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Mucho después de la desaparición de los policías, mi hermana estaba muy enferma en la cama. Habíase perturbado enormemente su retina, de modo que veía los objetos multiplicados y a veces se empeñaba en coger imaginarias tazas de té y vasos de vino, tomándolos por realidades. El oído y la memoria los conservaba bastante buenos, pero sus palabras resultaban ininteligibles. Cuando, por fin, se recobró bastante para poder ser transportada a la planta baja, fue necesario ponerle al lado mi pizarra, con objeto de que pudiese indicar por escrito lo que no podía mencionar verbalmente. Y como escribía muy mal y pronunciaba peor, aun cuando estaba sana, y, por otra parte, Joe era un mal lector, se originaban tremendas complicaciones entre ellos, que yo era el llamado a resolver. El hecho de que le sirviera carnero en vez de medicina, la confusión entre el té y Joe, o entre el panadero y el tocino, eran los más fáciles de mis propios errores. ...


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