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La palabra legua
Cómo se escribe

la palabra legua

La palabra Legua ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
La Barraca de Vicente Blasco Ibañez
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
La Biblia en España de Tomás Borrow y Manuel Azaña
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
Viaje de un naturalista alrededor del mundo de Charles Darwin
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece legua.

Estadisticas de la palabra legua

Legua es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE, en el puesto 24481 según la RAE.

Legua aparece de media 2.28 veces en cada libro en castellano.

Esta es una clasificación de la RAE que se basa en la frecuencia de aparición de la legua en las obras de referencia de la RAE contandose 346 apariciones .

Errores Ortográficos típicos con la palabra Legua

Cómo se escribe legua o lejua?

Algunas Frases de libros en las que aparece legua

La palabra legua puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 1927
del libro La Barraca
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... La noticia, esparciéndose por la vega, hacía venir como en procesión a todas las gentes de una legua a la redonda. ...

En la línea 1200
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... D'Artagnan, que era muy curioso por naturaleza, como lo son por lo demás las personas que tienen el genio de la intriga, hizo cuantos esfuerzos pudo por saber lo que eran realmente Athos, Porthos y Aramis; porque bajo esos nombres de guerra, cada uno de los jóvenes ocultaba s us nombres de gentilhombre, Athos sobre todo, que olía a gran señor a la legua. ...

En la línea 3375
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... A una legua de Beauvais, en un lugar en que el camino se encon traba encajonado entre dos taludes, encontraron ocho o diez hombres que, aprovechando que la ruta estaba desempedrada en aquel lugar, fingían trabajar en ella cavando agujeros y haciendo rodadas en el fango. ...

En la línea 3454
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¿Y dónde está situada esa casa?-A un cuarto de legua de la villa; mirad, desde aquí la veréis al pie de aquella pequeña prominencia, aquel techo de pizarra. ...

En la línea 3529
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Justo a tiempo: a media legua en alta mar, D'Artagnan vio brillar una luz y oyó una detonación. ...

En la línea 369
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Díjome, no obstante, que había una escuela en Colhares, como a una legua de allí. ...

En la línea 507
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Habríamos avanzado dos leguas, cuando percibimos en lontananza un gran edificio, de majestuosa apariencia, que era, según me dijeron, un palacio real situado al otro extremo de Vendas Novas, pueblo donde íbamos a pernoctar; aún nos faltaba más de una legua para llegar a él, pero a través de la clara y transparente atmósfera de Portugal, parecía mucho más próximo. ...

En la línea 555
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Como a legua y media más allá de esa montaña, está Estremoz. ...

En la línea 600
del libro La Biblia en España
del afamado autor Tomás Borrow y Manuel Azaña
... Empezó lamentándose de la ignorancia en que estaban sumidos sus conterráneos, y me dijo que tanto él como su amigo el gobernador se proponían establecer un colegio en aquellos contornos, habiéndose dirigido al Gobierno en demanda de autorización para utilizar un convento vacío, llamado el _Espinheiro_, o el espino, distante una legua de allí, y esperaban ver aceptada su propuesta. ...

En la línea 678
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y no hubieron andado un cuarto de legua, cuando, al cruzar de una senda, vieron venir hacia ellos hasta seis pastores, vestidos con pellicos negros y coronadas las cabezas con guirnaldas de ciprés y de amarga adelfa. ...

En la línea 876
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Y la suerte, que sus cosas de bien en mejor iba guiando, aún no hubo andado una pequeña legua, cuando le deparó el camino, en el cual descubrió una venta que, a pesar suyo y gusto de don Quijote, había de ser castillo. ...

En la línea 1267
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Es, pues, el caso que el yelmo, y el caballo y caballero que don Quijote veía, era esto: que en aquel contorno había dos lugares, el uno tan pequeño que ni tenía botica ni barbero, y el otro, que estaba junto, sí; y así, el barbero del mayor servía al menor, en el cual tuvo necesidad un enfermo de sangrarse y otro de hacerse la barba, para lo cual venía el barbero, y traía una bacía de azófar; y quiso la suerte que, al tiempo que venía, comenzó a llover, y, porque no se le manchase el sombrero, que debía de ser nuevo, se puso la bacía sobre la cabeza; y, como estaba limpia, desde media legua relumbraba. ...

En la línea 1529
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Preguntónos que cuál parte desta sierra era la más áspera y escondida; dijímosle que era esta donde ahora estamos; y es ansí la verdad, porque si entráis media legua más adentro, quizá no acertaréis a salir; y estoy maravillado de cómo habéis podido llegar aquí, porque no hay camino ni senda que a este lugar encamine. ...

En la línea 259
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Pasamos la noche en Punta Alta y me puse a buscar osamentas fósiles: en efecto, ese lugar es una verdadera catacumba de monstruos pertenecientes a razas extintas. La noche estaba muy tranquila y clara, el paisaje era interesante de puro monótono: nada más que diques de barro y gaviotas, colinas de arena y buitres. A la mañana siguiente, al marcharnos, vimos las huellas recientísimas de un puma, pero sin poder descubrir al animal. Vimos también un par de zorrillos, animales pestíferos bastante comunes. El zorrillo se asemeja mucho al veso, pero es un poco más grande y mucho más grueso en proporción. Teniendo conciencia de su poder, no teme al hombre ni al perro y vaga en pleno día por la llanura. Si se azuza a un perro para que le ataque, detiénese al punto en su carrera, dándole náuseas en cuanto el zorrillo deja caer algunas gotas de su aceite fétido. Si este aceite toca a cualquier cosa, ya no puede hacerse uso de ella. Azara dice que puede percibirse su olor a una legua de distancia; más de una vez, al entrar en el puerto de Montevideo con viento de tierra, sentimos ese olor a bordo del Beagle. Lo cierto es que todos los animales se apresuran a alejarse para dejar pasar al zorrillo. ...

En la línea 472
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Acepté esa oferta con entusiasmo, y un oficial vino conmigo para cuidar de que en el camino no me detuviesen. Durante una legua, el camino estaba desierto; encontré un destacamento de soldados, que se limitaron a echar un vistazo a mi pasaporte viejo, y a la postre pude entrar en la ciudad. ...

En la línea 2380
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... mos atravesado el meridiano de los antípodas y nos hace dichosos la idea de que cada legua recorrida ahora nos acerca a Inglaterra. Los antípodas! Es esta una palabra que evoca en el espíritu innumerables ideas desarrolladas en la infancia, multitud de perplejidades experimentadas entonces. ...

En la línea 7437
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Hubo que dejar el país y por recomendaciones del párroco de Matalerejo, Paula fue a servir de ama de llaves al cura de La Virgen del Camino, a una legua de León, en un páramo. ...

En la línea 8868
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Si para algo había nacido, era, sin duda, para cómico de la legua, o mejor, para aficionado de teatro casero. ...

En la línea 13736
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Mira que es media legua larga. ...

En la línea 13790
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El reloj de la catedral, a media legua del Vivero, dio las diez, pausadas, vibrantes, llenando el aire de melancolía. ...

En la línea 687
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡Que no les importa!… —replicó Ido con entonación trágica de actor de la legua—. Ya sé que estas cosas a nadie le importan más que a mí, al esposo ultrajado, al hombre que sabe poner su honor por encima de todas las cosas. ...

En la línea 942
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Don José entró a pasos largos y marcados, con desplantes de cómico de la legua; los ojos saltándosele del casco; y repetía con un tono cavernoso la terrorífica palabra: ¡adúuultera! ...

En la línea 1942
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Dios sabe lo que iba a contestar el acusado. Quedó suelta en el aire la primera palabra, porque llegó una visita. Era el Sr. de Torquemada, persona de confianza en la casa, que al entrar iba derecho al gabinete, a la cocina, al comedor o a donde quiera que la señora estuviese. La fisonomía de aquel hombre era difícil de entender. Sólo doña Lupe, en virtud de una larga práctica, sabía encontrar algunos jeroglíficos en aquella cara ordinaria y enjuta, que tenía ciertos rasgos de tipo militar con visos clericales. Torquemada había sido alabardero en su mocedad, y conservando el bigote y perilla, que eran ya entrecanos, tenía un no sé qué de eclesiástico, debido sin duda a la mansedumbre afectada y dulzona, y a un cierto subir y bajar de párpados con que adulteraba su grosería innata. La cabeza se le inclinaba siempre al lado derecho. Su estatura era alta, mas no arrogante; su cabeza calva, crasa y escamosa, con un enrejado de pelos mal extendidos para cubrirla. Por ser aquel día domingo, llevaba casi limpio el cuello de la camisa, pero la capa era el número dos, con las vueltas aceitosas y los ribetes deshilachados. Los pantalones, mermados por el crecimiento de las rodilleras, se le subían tanto que parecía haber montado a caballo sin trabillas. Sus botas, por ser domingo, estaban aquel día embetunadas y eran tan chillonas que se oían desde una legua. ...

En la línea 2494
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Aunque andaba muy aprisa, tardaba mucho tiempo en llegar al altar, porque la capilla, que era tan chica, se había vuelto muy grande. Lo menos había media legua desde la puerta al altar… Y mientras más andaba, más lejos, más lejos… Llegó por fin y subió los dos, tres, cuatro escalones, y le causaba tanta extrañeza verse en aquel sitio mirando de cerca la mesa aquella cubierta con finísimo y albo lienzo, que un rato estuvo sin poder dar el último paso. Le entró una risa convulsiva cuando puso su mano sobre el ara sagrada… «¿Quién me había de decir?… ¡oh, mi re—Dios de mi alma que yo… ji ji ji!… ». Apartó el Crucifijo que está delante de la puerta del sagrario, alargó luego el brazo; pero como no alcanzaba, alargábalo más y más, hasta que llegó a dolerle mucho de tantos estirones… Por fin, gracias a Dios, pudo abrir la puerta que sólo tocan las manos ungidas del sacerdote. Levantando la cortinilla, buscó un momento en el misterioso, santo y venerado hueco… ¡Oh!, no había nada. Busca por aquí, busca por allí y nada… Acordose de que no era aquel el sitio donde está la custodia, sino otro más alto. Subió al altar, puso los pies en el ara santa… Busca por aquí, por allí… ¡Ah!, por fin tropezaron sus dedos con el metálico pie de la custodia. Pero qué frío estaba, tan frío que quemaba. El contacto del metal llevó por todo lo largo del espinazo de Mauricia una corriente glacial… Vaciló. ¿Lo cogería, sí o no? Sí, sí mil veces; aunque muriera, era preciso cumplir. Con exquisito cuidado, más con gran decisión, empuñó la custodia bajando con ella por una escalera que antes no estaba allí. Orgullo y alegría inundaron el alma de la atrevida mujer al mirar en su propia mano la representación visible de Dios… ¡Cómo brillaban los rayos de oro que circundan el viril, y qué misteriosa y plácida majestad la de la hostia purísima, guardada tras el cristal, blanca, divina y con todo el aquel de persona, sin ser más que una sustancia de delicado pan! ...

En la línea 2818
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Convenido esto, me fui a buscar a Ned Land, al que deseaba llevar conmigo. Pero el obstinado canadiense rehusó. Pude darme cuenta de que su mal humor y su taciturnidad aumentaban de día en día. Pero, después de todo, no sentí excesivamente su obstinación en esa circunstancia, al considerar que había demasiadas focas en tierra y que más valía no someter al empedernido pescador a esa tentación. Tras desayunar, me dirigí a tierra, con el capitán Nemo, dos hombres de la tripulación y los instrumentos, es decir, un cronómetro, un anteojo y un barómetro. El Nautilus se había desplazado unas cuantas millas durante la noche. Se hallaba a algo más de una legua de la costa en la que se elevaba un pico muy agudo de unos cuatrocientos a quinientos metros de altura. ...


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Más información sobre la palabra Legua en internet

Legua en la RAE.
Legua en Word Reference.
Legua en la wikipedia.
Sinonimos de Legua.

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