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La palabra lacayo
Cómo se escribe

la palabra lacayo

La palabra Lacayo ha sido usada en la literatura castellana en las siguientes obras.
Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra
La Regenta de Leopoldo Alas «Clarín»
Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós
El príncipe y el mendigo de Mark Twain
El jugador de Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
Por tanto puede ser considerada correcta en Español.
Puedes ver el contexto de su uso en libros en los que aparece lacayo.

Estadisticas de la palabra lacayo

La palabra lacayo no es muy usada pues no es una de las 25000 palabras más comunes del castellano según la RAE

Errores Ortográficos típicos con la palabra Lacayo

Cómo se escribe lacayo o lacallo?


la Ortografía es divertida

Algunas Frases de libros en las que aparece lacayo

La palabra lacayo puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 183
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -¡Ah, cobarde! ¡Ah, miserable! ¡Ah, falso gentilhombre! -exclamó D'Artagnan lanzándose a su vez tras el lacayo. ...

En la línea 353
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... -El señor de Tréville espera al señor D'Artagnan -interrumpió el lacayo abriendo la puerta del gabinete. ...

En la línea 1147
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Y el cardenal, como había dicho Su Majestad, se puso efectivamente furioso, tan f urioso que durante ocho días abandonó el juego del rey, lo cual no impedía al rey ponerle la cara más encantadora del mundo, y todas las veces que lo encontraba preguntarle con su voz más acari-ciadora:-Y bien, señor cardenal, ¿cómo van ese pobre Bernajou x y ese pobre Jussac, que son vuestros?Capítulo VIILos mosqueteros por dentroCuando D'Artagnan estuvo fuera del Louvre y hubo consultado a sus amigos sobre el empleo que debía hacer de su parte de las cuaren ta pistolas, Athos le aconsejó que encargase una buena comida en la Pomme de Pin, Porthos que tomase un lacayo, y Aramis que se echase una amante conveniente. ...

En la línea 1148
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... La comida se celebró aquel mismo día, y el lacayo sirvió la mesa. ...

En la línea 6668
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra alguna Resolviéronse el duque y la duquesa de que el desafío que don Quijote hizo a su vasallo, por la causa ya referida, pasase adelante; y, puesto que el mozo estaba en Flandes, adonde se había ido huyendo, por no tener por suegra a doña Rodríguez, ordenaron de poner en su lugar a un lacayo gascón, que se llamaba Tosilos, industriándole primero muy bien de todo lo que había de hacer. ...

En la línea 6770
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entre don Quijote de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija de la dueña doña Rodríguez No quedaron arrepentidos los duques de la burla hecha a Sancho Panza del gobierno que le dieron; y más, que aquel mismo día vino su mayordomo, y les contó punto por punto, todas casi, las palabras y acciones que Sancho había dicho y hecho en aquellos días, y finalmente les encareció el asalto de la ínsula, y el miedo de Sancho, y su salida, de que no pequeño gusto recibieron. ...

En la línea 6771
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Después desto, cuenta la historia que se llegó el día de la batalla aplazada, y, habiendo el duque una y muy muchas veces advertido a su lacayo Tosilos cómo se había de avenir con don Quijote para vencerle sin matarle ni herirle, ordenó que se quitasen los hierros a las lanzas, diciendo a don Quijote que no permitía la cristiandad, de que él se preciaba, que aquella batalla fuese con tanto riesgo y peligro de las vidas, y que se contentase con que le daba campo franco en su tierra, puesto que iba contra el decreto del Santo Concilio, que prohíbe los tales desafíos, y no quisiese llevar por todo rigor aquel trance tan fuerte. ...

En la línea 6775
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Presente don Quijote en la estacada, de allí a poco, acompañado de muchas trompetas, asomó por una parte de la plaza, sobre un poderoso caballo, hundiéndola toda, el grande lacayo Tosilos, calada la visera y todo encambronado, con unas fuertes y lucientes armas. ...

En la línea 9554
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Era preciso seguirle o abandonarle; él no era el capellán complaciente que sirve a los grandes como lacayo espiritual; él era el padre del alma, el padre, ya que no se le quería oír como hermano. ...

En la línea 3433
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... De pronto vio que al portal se acercaba un coche. ¿Traería gente o venía a tomarla? A tomarla porque no salió nadie; el lacayo entró en la casa, y Deogracias se puso a hablar con el cochero. «Van a salirse dijo la infeliz, sintiendo otra vez los ardientes impulsos que la sacaron de su casa—. Ahora sí que no se me escapan… Me voy encima, y a las dos las afrento… tal suegra para tal nuera… ¡buen par de cuñas están!… ¡Cuánto tardan! La cabeza se me abrasa, y parece que me vuelvo toda uñas… ». ...

En la línea 3434
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Salieron las señoras. Fortunata vio primero a una de pelo blanco, después a Jacinta, después a una pollita que debía de ser su hermana… ; vio terciopelo, pieles blancas, sedas, joyas, todo rápidamente y como por magia. Las tres entraron en el coche, y el lacayo cerró la portezuela. ¡Pero qué cosas! Lo mismo fue ver a las tres damas, que a Fortunata le entró un fuerte miedo. ¡Y ella que pensaba clavarles las puntas de sus dedos como garfios de acero! Lo que sintió era más bien terror, como el que infunde un súbito y horrendo peligro, y tan impotente se vio su voluntad ante aquel pánico, que echó a correr y alejose a escape, sin atreverse ni siquiera a mirar hacia atrás. Oyó el ruido del coche que rodaba por la calle abajo, y aún lo vio pasar por delante con tan rápida vuelta que por poco la arrolla. «¡Eh!… » gritó el cochero, y la señora de Rubín dio un grito, saltando hacia atrás… ¡Qué susto, pero qué susto, Señor!… Siguió hacia la Puerta del Sol, dándose cuenta de aquel miedo intensísimo que había sentido y preguntándose si en él había también algo de vergüenza. Pero no le era difícil discernir si su espanto era como el del exaltado cristiano que ve al demonio, o como el de este cuando le presentan una cruz. ...

En la línea 142
del libro El príncipe y el mendigo
del afamado autor Mark Twain
... Mientras permanecía allí, paralizado de terror, por el palacio circulaban espantosas noticias. El susurro –porque era siempre susurro– voló de lacayo en lacayo, de caballera en dama, por los extensos corredores, de piso en piso, de salón en salón: '¡El príncipe se ha vuelto loco! ¡El príncipe se ha vuelto loco!' Muy pronto cada sala, cada vestíbulo de mármol vio grupos de engalanados caballeros y damas, y otros grupos de gente de menor alcurnia, pero también deslumbrante, –charlando a media voz, y todos con muestras de pesar. Pronto apareció por entre ellos un pomposo oficial, haciendo esta solemne proclamación: ...

En la línea 918
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —¡Basta! —interrumpió la abuela—. ¡Lo comprendo todo! Siempre he pensado que acabaría así y le he considerado siempre como el más nulo y frívolo de los hombres. Se envanece con su grado —le ascendieron a general cuando le retiraron— y se da tono. Lo sé todo, querida, todo, hasta los telegramas enviados a Moscú. “¿Cerrará pronto los ojos la vieja?” Esperaban mi herencia. Sin dinero esa tía indecente… esa Cominges, según creo, no querría ni por lacayo a ese general de dientes postizos. ...

En la línea 977
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Pero la abuela ganó muy poco con que la librasen de los dos polacos. En su lugar acudió un tercero a ofrecer inmediatamente sus servicios. Esta hablaba perfectamente el ruso y parecía un lacayo vestido de señor. Tenía grandes bigotes y mucho amor propio. El también “se arrastraba a los pies de la pani”, pero se mostraba arrogante con los que le rodeaban, mandaba como un déspota. En una palabra, se afirmó no como el servidor, sino como el tirano de la abuela. En todo momento, a cada jugada, se dirigía a la abuela y juraba por todos los dioses que era un panz honorem —un hombre honrado— y que no cogería un solo kopek. A fuerza de oírle repetir estos juramentos la abuela acabó por tenerle miedo. ...

En la línea 1281
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... —Oui, oui c’est ça, c’est magnifíque! Y sé de seguro que ganarás y me traerás la ganancia. Lo haces tan bien que voy a acabar amándote de veras. Para recompensarte te amaré todo este tiempo sin serte infiel. Ya ves, sin amarte, parce que je croyais que tu n’est qu’un outchitel —una especie de lacayo, ¿no es verdad?—; te he sido fiel, parce que je suis bonne fille. ...

En la línea 1343
del libro El jugador
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Partí entonces, en efecto, para Homburg, pero apenas llegado me fui de nuevo a Ruletenburg, a Spa e incluso a Baden, en donde acompañé en calidad de criado al consejero Hinze, un canalla, que es aquí mi amo. ¡Sí, he sido lacayo durante cinco meses! Fue inmediatamente después de mi salida de la cárcel —pues he estado en la cárcel, en Ruletenburg, por deudas. Un desconocido me sacó de allí… ¿Quién fue?¿Mr. Astley? ¿Paulina? Lo ignoro, y la deuda fue pagada, doscientos talers en total, y me pusieron en libertad—. ¿Adónde podía ir? Entré al servicio de Hinze. Es un joven atolondrado, le gusta vagar y yo sé hablar y escribir tres lenguas. Me coloqué primero en su casa como una especie de secretario, por treinta florines al mes, pero acabé siendo un criado suyo. No estaba ya en situación de ser secretario y disminuyó mi sueldo. Yo no tenía dónde ir, así que me quedé con él y de este modo me transformé yo mismo en un lacayo. Pude ahorrar, sin embargo, setenta florines en cinco meses. ...


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Más información sobre la palabra Lacayo en internet

Lacayo en la RAE.
Lacayo en Word Reference.
Lacayo en la wikipedia.
Sinonimos de Lacayo.

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